CARLOS TORRE: LA INCOMPATIBILIDAD DEL AJEDREZ CON LA EXTREMADA MISERIA

CARLOS TORRE: LA INCOMPATIBILIDAD DEL AJEDREZ CON LA EXTREMADA MISERIA
Marcel Sisniega*
* Marcel Sisniega es el mejor ajedrecista mexicano y candidato al grado de Gran Maestro Internacional
Pronto se cumplirán 60 años del día en que un joven ajedrecista mexicano, Carlos Torre Repetto, venció en Moscú al excampeón Mundial Emmanuel Lasker Tan notable victoria sería el punto culminante en la carrera de Torre Poco después alcanzaría la mayoría de edad y, en once meses, con la salud quebrantada, se vería obligado a emprender una larga vida de penuria y a cruzar puentes en los que no siempre se sabía de que lado quedaba la locura

De origen yucateco, Carlos Torre inició la carrera ajedrecística cuando su familia decidió trasladarse de Mérida a Nueva Orleáns En esta ciudad —cuna de Paul Morphy, con cuya historia guarda ciertos paralelismos la de Torre— el adolescente halló un medio propicio para sus facultades en seguida se dio a conocer por su fulminante juego de ataque Pocos se sorprendieron cuando, en 1924, ganó invicto el campeonato del estado de Luisiana A raíz de este triunfo el joven maestro probó suerte en Nueva York, donde se mantuvo precariamente escribiendo artículos para el American Chess Bulletin y demostrando su habilidad en las partidas rápidas Tras de unos meses de estudio intensivo su juego adquirió profundidad A tal grado que Torre salió vencedor en el torneo abierto de los Estados Unidos, delante de rivales como el exniño prodigio, Samuel Reshevsky
Fue comparado con Morphy, con Capablanca y a principios de 1925 llegó la ansiada invitación a Europa Recién desembarcado, debió jugar su primera partida en el viejo continente, contra el temible Alejandro Alekhine Este emigrado ruso, de porte altanero y extraordinarias dotes tácticas, no quiso discutir la fama del mexicano y ofreció tablas en la jugada quince Tablas que, pos supuesto, fueron aceptadas Difícilmente podía esperarse un mejor augurio
En los meses sucesivos Carlos Torre tomaría parte en los torneos de Marienband y Moscú En este último, además de vencer al Doctor Lasker, empató un final con dos peones de menos contra Capablanca y se mantuvo a la cabeza durante buena parte del certamen El quinto puesto que ocupó es, sin duda, un indicio de lo que hubiera podido lograr en circunstancias menos adversas, pues como contraparte se desliza la leyenda del mexicano de frágil complexión, que a falta de dinero para adquirir un abrigo, afrontaba el invierno moscovita colocándose periódicos bajo la ropa
De Moscú partió a Leningrado, en donde escribió El desarrollo de la habilidad en el ajedrez, un breve tratado en el que reunió media docena de sus partidas y expuso opiniones que continúan siendo válidas Aludía, por ejemplo, a la necesidad de aprender de cada partida, el esfuerzo real, al desgaste casi físico que el ajedrecista debe procurar
En abril de 1926, a su regreso a México, fue recibido con todos los honores por la ascendente casta militar Ofreció exhibiciones en diversas ciudades de la República y colmó la euforia de los aficionados al ganar la totalidad de sus partidas en el campeonato nacional
Chicago, 1926 Nada parecía indicar que se avecinaba el derrumbe Antes de la última ronda Torre aventajaba a sus perseguidores y tan sólo debía obtener tablas para asegurar el primer lugar Desde la apertura puso en aprietos a su contrincante, Edward Lasker (sin parentesco con Emmanuel), al entregarle un peón a cambio de la iniciativa Los alfiles de Torre llegaron a dominar por completo el tablero y el rey de Lasker permanecía sin enrocar Y entonces sobrevino el error Un descuido, motivado quizá por la impaciencia, propició que Torre perdiera el hilo de la partida y, en consecuencia, el primer puesto
¿Qué factores determinaron la crisis psíquica que se apoderó de Torre después de esta derrota? Algunas fuentes han especulado con la posibilidad de un desengaño amoroso, otras con una sífilis terciaria Cuando yo mismo pregunté al anciano maestro la causa de su retiro se limitó a contestar: “Fue por ayudar a mi hermano en la botica” De tal suerte que fue necesario recurrir a una entrevista concedida por Torre en 1934 En aquella ocasión atribuyó su desvarío “al efecto que me hizo perder el primer lugar en Chicago, pues lo tenía ganado; a las preocupaciones de carácter económico y al esfuerzo grandísimo que hice para leer y comprender perfectamente la teoría y filosofía del Doctor Lasker en su libro Manual de Ajedrez, escrito en alemán Todo esto ha sido la causa de mi enfermedad, pues tanto mi trabajo cerebral como los problemas de distintos órdenes que tenía que resolver, hicieron que todo se revolviera en mi cabeza”1
Lo cierto fue que Torre sufrió su primera crisis en Nueva York, “tras beber unas copas con unos amigos”2 y sólo recuperó el sentido cuando se hallaba en el barco que lo llevaría a Mérida A partir de ahí resulta extremadamente difícil reconstruir su vida, sobre todo en los decenios siguientes Parece ser que trabajó durante algún tiempo en la botica de su hermano En 1934 jugó un par de partidas contra el gran maestro estadunidense, Reuben Fine; pero las informaciones restantes apuntan al hecho de que pasó la mayor parte de esos 30 años recluido en el manicomio de Monterrey Ese habría sido su miserable destino si en 1955 un general aficionado al ajedrez no hubiera realizado las gestiones para facilitar su salida
Torre llegó, harapiento y casi olvidado, a la ciudad de México Alejandro Báez, uno de los mejores ajedrecistas de la época, le organizó algunas simultáneas en las que se puso en evidencia que para Torre el ajedrez había perdido cualquier valor competitivo Cuantas veces obtenía una posición ganadora ofrecía tablas Y sólo si su rival se rehusaba procedía a derrotarlo Curiosamente, su pasión por los problemas y por el análisis de partidas jamás disminuyó
En 1960, una de sus dos hermanas lo llevó a vivir con ella a Minatitlán y, posteriormente, a Mérida, donde la Universidad de Yucatán le asignó un modesto sueldo como instructor de ajedrez
Fumando un cigarrillo detrás de otro, don Carlos recordaba con asombrosa precisión las partidas de su gira por Europa En torno del tablero se agrupaban jóvenes yucatecos a los que apodaba ‘angelitos’ (por su extrema inocencia) y en quienes trataba de inculcar los secretos del juego
Cada cierto tiempo las autoridades se acordaban de él, ofreciéndole homenajes a los que Torre, cortésmente, accedía Aunque no parecía conceder demasiada importancia a estos asuntos, quizá porque el mejor homenaje ya se lo había brindado él mismo al salir vivo de aquel manicomio regiomontano
Unos años antes de su muerte, ocurrida en 1978, la Federación Internacional de Ajedrez le otorgó el título de gran maestro
1 Citado por Germán de la Cruz en su libro, 64 variaciones sobre un tema de Torre, Ediciones El Caballito, 1983
2 Idem

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