RETIRA EL GOBIERNO SU APOYO A LOS LIBREROS DE VIEJO; DE NUEVO PIDEN UNA SEDE PERMANENTE

RETIRA EL GOBIERNO SU APOYO A LOS LIBREROS DE VIEJO; DE NUEVO PIDEN UNA SEDE PERMANENTE
Alejandro Toledo
El comercio del libro antiguo parece haber llegado a un camino sin salida: sus más asiduos compradores —la clase media ilustrada— se ven gravemente afectados por la crisis económica Algunos de los más prestigiados libreros han tenido que cerrar sus negocios y dedicarse a actividades mejor remuneradas, sobre todo en la burocracia; y los que tomaron el apoyo del gobierno en la Casa Talavera de la calle de El Salvador, ahora tienen que desalojar el edificio a pedido del Departamento del Distrito Federal
A todo esto debe sumarse el clima hostil que parece reinar entre los propios libreros, quienes frente a sus divergencias han formado más de seis asociaciones y para los cuales el futuro inmediato es poco alentador como expresó Alfonso Reyes: “Pobres libros, arrojados a la calle como familias menesterosas”

De las “cadenas” que rodeaban los atrios de la Catedral de México a principios del siglo pasado a la clásica Plaza del Volador; de los puestos de la calle República de El Salvador al tianguis de la Plaza del Angel en la Zona Rosa, la historia del comercio de libro antiguo en la ciudad de México es larga y azarosa
La gran diáspora de impresos y manuscritos parece iniciarse con la desamortización de los bienes del clero en el siglo XIX, en que las bibliotecas conventuales fueron abandonadas y sometidas al saqueo Hacia 1880 los primeros grandes bibliógrafos mexicanos iniciaron un rescate que ha atravesado diferentes momentos Los lugares tradicionales de venta de libros antiguos también han sufrido el paso de las generaciones, y ahora los libreros se encuentran en un punto en que nada es del todo claro
“El libro que forma nacionalidad, que dibuja el perfil de una cultura, está desapareciendo”, dice don Víctor García Colín, representante de una de las más de seis asociaciones de libreros de antiguo que funcionan actualmente; él ve en los que se dedican a esta actividad una suerte de auxiliares de la investigación histórica Añade: Si el libro viejo desaparece, eso quiere decir que estamos perdiendo memoria; y un pueblo que no se mira en su historia, se debilita y es susceptible de ser conquistado”
En noviembre de 1988, el presidente Miguel de la Madrid cedió a los libreros la Casa Talavera, un inmueble que inició el ambicioso proyecto —nunca llevado a cabo— de crear un “corredor de la cultura” entre las calles de San Pablo y de Peña y Peña Actualmente los libreros carecen de sede permanente y, en carta enviada al Departamento del Distrito Federal, solicitan al menos su reubicación, si bien no todos están de acuerdo Firma la petición la Asociación de Libreros, AC, con sus socios al frente: Víctor García Colín Fernando Villanueva Sánchez, Francisco Orduña Bustamante y Orso Arreola Sánchez, entre otros
En su pequeña librería de Orizaba número 13, en la colonia Roma, don Víctor García Colín recuerda a Fernando Villanueva, su maestro en el oficio, “quizá el mejor librero de México” También le vienen a la mente otros nombres: Orso Arreola, Xorge del Campo y J9sé Antonio Montero, los cuales en su mayoría han abandonado esta actividad para dedicarse a actividades un poco más seguras económicamente “Ahora otros de mis colegas venden cintas de video o trabajan sólo con best-sellers, lo que me parece ilegítimo”, explica
Ha desaparecido, ademas, la imagen de librero que compara bibliotecas familiares; el capital es limitado Al parecer, la fuente más segura de acopio son los basureros Apuntó García Colín: “Hay gente especializada en recuperar libros de la basura Al no saber qué hacer con ellos, los deudos de algún más o menos ilustre bibliófilo se los ofrecen al ropavejero a cambio de prendas de vestir o simplemente los arrojan al bote de la basura Otros rescatan el libro y nos lo ofrecen”
En la feria
Cerrada la Casa Talavera, el espacio de comercio de libro antiguo que más importancia tiene ahora en al ciudad de México es el de la explanada de la Plaza del Angel Domingo a domingo, se reúne un grupo selecto de libreros y compradores, y al parecer —a vista de lejos— no es difícil que se consigan verdaderas joyas bibliográficas El lugar y los precios están a la mano de los turistas Las cifras en las páginas iniciales de 1,800, 1,200, etcétera, no indican miles sino millones de pesos: un millón ochocientos, por ejemplo, cuestan los cinco volúmenes de México a través de los siglos Quizá un término más apropiado para este mercado dominical sea el de “libros selectos”, ya que incluso pueden conseguirse novedades españolas
También la XI Feria Internacional del Libro incluyó por lo menos tres puestos formales de libros de miedo —además de los libreros de segunda que tomaron las banquetas de la calle Tacuba por asalto—; entre éstos, el más destacado fue el de Librerías de Ocasión que admitía casi todas las tarjeta de crédito y promovía sus locales de Donceles, Palma, Durango, Claudio Bernard y Perú
Otro tipo de libro antiguo es el que ofreció Verónica Loera y Chávez en el stand de Ediciones Cultura, quien persiste en su afán de dar presencia a la editorial que tuviera su mejor época en la primera mitad de este siglo con las ediciones originales, exhibe además el riguroso facsímil de Muerte sin fin de Gorostiza y presenta Suite en dolor de Luz Valderrain, con inéditos de poeta tabasqueño Verónica cuenta que al decidirse a rescatar la bodega de Cultura contó con el consejo de Orso Arreola; luego tuvo otras asesorías: “Pero nunca se valuó como lote y hubo un único ofrecimiento claro con el que me compraban la bodega por cinco millones, lo que me pareció ridículo Mi idea, además, era revivir la etapa de presencia editorial de Cultura y ofrecer nuevas ediciones”
—¿Cómo distribuyes tus libros?
—Las librerías establecidas no se interesan por l libro antiguo, precisamente porque no son nuevas ediciones Piensan que esto le quita valor Donde logro mayor número de ventas es en esta Feria; además, tengo precios muy razonables: van de veinte a treinta y cinco mil pesos Lo más caro, una colección incompleta de Las iglesias de México del doctor Atl, con fotografías de Guillermo Kahlo, vale trescientos mil
Portadas
En la misma Feria Internacional de libro, Orso Arreola y Claudia Montoya mostraron la exposición Portadas en Movimiento, con un total de cien volúmenes —en su mayoría de este siglo—, en la que se trata de rescatar el libro como objeto artístico y la portada como expresión directa del contenido, según explica a Proceso Orso Arreola “La gran obra impresa es al que reúne a un gran autor, un gran editor y un gran ilustrador, como la Divina comedia ilustrada por Gustave Doré e impresa hacia 1869 en Barcelona por Montaner y Simón”, señala
—¿Cuál es el origen de esta colección?
—En casa teníamos libros muy bellos; siempre he vivido entre libros Esto me llevó en 1978 a abrir Arreolarte, a partir de lo cual han surgido otras ideas Yo quiero rescatar el libro de otra manera, no como bibliófilo En México el bibliófilo deviene en coleccionista, comprador o vendedor; tenemos ejemplos muy notables: Guillermo Tovar y de Teresa, Jorge Denegre, Tohatiuh Gutiérrez, Alejandro Mayagoitia, Fernando Villanueva, Ubaldo López, Miguel García Ramírez Arreolarte mostró el libro como objeto artístico y no sólo como objeto artístico y no sólo como texto, que es a mi modo de ver, una manera parcial de verlo El libro tiene en sus orígenes un valor sagrado; la portada se torna como un par de ojos, un búho ensimismado que observa al lector
La apertura de esa pequeña librería de la calle Río Guadalquivir, le sirvió a Orso como puerta de entrada al mundo del comercio de libro antiguo: “Trabajé en La Lagunilla durante cuatro años, con mi amigo y maestro Fernando Villanueva Otro de mis maestros, Enrique Navarro, ya murió Ellos han sido quienes me han iniciado en el oficio Fernando Villanueva, a pesar de ser un hombre joven, tiene treinta y cinco años de dedicarse al libro antiguo
En la Lagunilla conocí al gremio, a los miembros más destacados del gremio, y mi especialidad fue la literatura, primeras ediciones de autores mexicanos y españoles Esto singularizó en ese espacio una rama del comercio de los libros raros, antiguos y curiosos He utilizado estos términos a propósito, pues siento que se puede definir cada uno con exactitud; igualmente nos referimos a cosas precisas cuando hablamos de joyas bibliográficas o incunables”
—¿Cómo se mantiene este mercado? ¿Quiénes son los proveedores?
—Parece que al oferta de libros antiguos tiende a desaparecer; por instinto, la gente los conserva, los guarda Hasta hace veinte años todavía era posible encontrar bibliotecas que se podían adquirir a un precio justo para ser vendidas a un precio justo En cuanto a libros de gran valor, como saben los historiadores, hubo un saqueo muy grande en México a partir de las Leyes de Reforma Hasta mediados de este siglo, las autoridades, los investigadores, los bibliotecarios, los intelectuales, se comienzan a dar cuenta con horror de que la mayoría de las grandes bibliotecas de México se estaban trasladando al sur de los Estados Unidos Ahora ya hay una legislación que pretende evitar a nivel biblioteca la fuga de libros
“Por otro lado, la compara venta de libro viejo —que así se le denomina en el mercado— tiene sus particularidades Entre los libreros de más polilla hay un término que me gusta mucho que es el de comprar por kilo Cierta vez uno de estos hombres se acercó a mi puesto de La Lagunilla y me dijo: es que usted paga el libro muy caro, así no el negocio para usted Debe comprar por kilo Yo me quedé sorprendido pensando en qué mundo vivía este hombre que compra de este modo los libros Y resultó que él compraba saldos, libros que se descontinuaban, que movían de una bodega o tiraban a la basura Es curioso, sí, pero hay que decirlo: el libro corre por muchas partes, incluso en la basura Los particulares han sido los que siempre proveen los libros raros Hay que pensar que mucha gente en México reúne bibliotecas, o que forma una biblioteca un poco más rica de lo que pediría su actividad profesional Esto hace interesante la búsqueda, aunque en los últimos años parece disminuir la oferta Ello se debe quizá al problema del precio; me ha tocado oír la frase: ‘Si me los van a mal pagar, no los voy a mal vender'”
—¿Cómo se puede determinar el valor de un libro?
—Para contestar esta pregunta entraríamos al reino de los valuadores En Francia, Inglaterra, España y Europa en general, existe un mercado de libro antiguo que, al igual que en otros productos artísticos, es el que fija el precio Algo indiscutible es que el comprador es quien tiene la palabra Mucha gente se molesta porque no hay un precio fijo, pero es muy difícil darlo manejando toda esa serie de entidades en abstracto, como son la antigüedad, la belleza de la edición, la calidad del autor, la importancia de la obra, el país de origen, el impresor Todo esto va va creando el mundo del precio de un libro Pero no se puede improvisar ni se debe sorprender: hay que ir educando a la gente En mi librería Arreolarte, dos frases representaban mi cartilla moral Una era: Su completa satisfacción espiritual o la devolución de su dinero, porque yo sabía lo que estaba vendiendo La otra: Un buen libro es un cheque al portador, que puede sonar muy mercantilista pero lo que menos tenía Arreolarte era una actitud mercantil Por eso cerró cuando se especializó en poesía , pues hay público muy limitado”
Orso insiste en distinguir entre los que se dedican a la actividad: hay libreros anticuarios, libreros de segunda mano, libreros de ocasión o de lance “Normalmente estos términos se confunden, estamos acostumbrados a la librería comercial, que es la que vemos más estable”

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