BUSCAR A SOR JUANA

NERVO, Amado: Juana de Asbaje (Introd de Antonio Alatorre); CNCA; México, 1994
No sé por qué, pero los centenarios —de nacimiento o muerte— fomentan la memoria y el interés editorial Es el turno de Sor Juana: cumple ya 300 años de morar en el breve y desconocido claustro de su sepulcro Responde el CNCA con el desenterramiento de un trabajo pionero de nuestro siglo sobre la insigne poeta: el Juana de Asbaje, de Amado Nervo
Por cierto que el libro obedece a otra fecha mágica: le encargaron el libro como parte del gran borlote del porfirista Centenario de la Independencia Ahora, una de nuestras plumas más empapadas en el tintero sorjuanista toma el encargo de desempolvar el trabajo de Nervo: Antonio Alatorre
Indudablemente la más clara profesión de Alatorre dentro de su mundo de amistad al lenguaje es Sor Juana Sus veinte páginas prologales meten en materia al lector moderno, seguramente desconocedor de la pequeña monografía de Nervo Con estilo sabroso y ligero, Alatorre deja en estas páginas una nuez interesante: la crónica del largo purgatorio neoclásico que padeció la novohispana


En efecto, del Padre Feijoó, quien en 1726 empezó el descrédito (“lo menos que tuvo —Sor Juana— fue el talento para la poesía, aunque es lo que más se celebra”); hasta Marcelino Menéndez Pelayo quien, ya en nuestro siglo, se disgustó del barroco por ser el colmo, según él, “del mal gusto” y de Sor Juana como parte de los transpeninsulares “que todavía exageraban las aberraciones de sus modelos”
Así, Nervo es parte de los héroes del buen gusto que se sacudieron los prejuicios y dogmas neoclásicos para revalorar y gustar —como en su tiempo de virreyes y villancicos— la fuerza imaginativa, la inteligencia sin par, la agudeza y angustia de Sor Juana
“La Juana de Asbaje es un libro con alas”, dice Alatorre Dos son sus virtudes centrales, que ameritaron la reedición: la amenidad de su estilo y la agilidad para armar el relato biográfico con la información dispersa que en la época se tenía En nuestros días, gracias a que el siglo XX volvió a gustar del barroco, se tiene más información en todos los tópicos que interesan a la vida y época de Sor Juana; pero ello no sepulta el trabajo de Nervo Alatorre tiene razón cuando dice que, para “el lector general”, “es una introducción excelente y de muy grata lectura, y no me extrañaría que lo indujera a adquirir las Obras completas de la poetisa”
Y también podríamos revirarle la situación y decir que él es la persona más indicada para hacer la nueva Juana Ramírez “con alas” para el lector común, incorporando todo lo que él sabe por encima del tiempo de Nervo
Realmente hay placer en Nervo Desde el desenfado que a él se deba la popularización del incorrecto Juana de Asbaje contra Juana de Asvaje, en uno de los caprichos más frescos que jamás filólogo alguno podrá tener Dice Nervo: “Hay quien escribe Asbajé; pero ni se escribe así ni a mí me da la gana escribirlo, porque el apellido sonaría feo (Con la peculiar ortografía del tiempo resulta Asuaje)”
Otra virtud, no menor, es su aguda sugerencia de hacerle a la novohispana una especie de familia del espíritu; Nervo la ubica no sólo dentro del temperamento de Góngora, sino también de Quevedo (los poemas con miga existencial), Fray Luis de León (las canciones y teatro religioso), Santa Teresa (las dos escritoras más bravas de las Españas), y aun Calderón (el teatro profano)
Nervo manifiesta, a partir de su afinidad con Sor Juana (a pesar de que él prefería escribir sencillito y de que el Primero sueño le pareciera escrito “en cuneiforme”) un deseo de apreciar, ordenar, gozar el tipo de poesía de Sor Juana, en su propio caldo barroco de cultivo Las digresiones, anécdotas personales, comentarios que fueran innecesarios en una monografía más ceñida, todo ello Nervo no lo escatima Este es el libro de un querer a Sor Juana; es decir, de un caminar hacia ella La misma razón impele espontáneamente al autor a privilegiar todos aquellos elementos de vida cotidiana que hoy llamamos microhistoria y que ante la vieja guardia de los Menéndez Pelayo eran anécdotas y circunstancias de escasa o ninguna monta Con esos detalles pequeños, Nervo obtiene el sabor de época: se trataba de sentir a Sor Juana
De hecho, conforme el opúsculo entra en la obra y vida adulta de la poeta, Nervo va en pos, ahí mismo, de lo “trascendental” y de lo cotidiano como nutrientes poéticos Lo mismo trata de comprender la encrucijada de aquella criolla arrogante y sobredotada ante sus constantes censores (tema reiterado de sus poemas “serios”), que imaginarse la vida diaria de un convento de privilegio y de una amiga de la casa vicerreal
“Se charlaba devotamente en el locutorio”, dice Nervo; se comentaban temas religiosos y mundanos “las hazañas de los piratas, las pestes y rebeliones, las noticias de Madrid; y las jícaras de chocolate aderezadas por las monjas con el mejor soconusco iban y venían”
Ese es el libro, tal el buscar a Sor Juana de Nervo Por supuesto que el suyo, con otros tres o cuatro esfuerzos de principios de siglo, es responsable de que la obra de Sor Juana esté desempolvada y vaya y venga de manos de un cada vez más numeroso contingente de aficionados Por mientras los estudiosos toman los temas arrojados por Nervo hace 85 años, nosotros, “lectores generales” podemos volver a llegar a Sor Juana a través suyo

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