Proyecto para concentrarlo en El Parián de la Roma; su función, decisiva en la cultura: Guillermo Tovar

Proyecto para concentrarlo en El Parián de la Roma; su función, decisiva en la cultura: Guillermo Tovar
Sin dinero, sin clientes, sin libreros, el mercado del libro de viejo, en extinción
José Alberto Castro y Miguel de la Vega
Los libros se amontonan por todas partes En las librerías de viejo se puede encontrar lo que ya no hay, a veces a precios increíbles Hay libros antiguos, libros usados, libros autografiados, libros raros, libros ilustrados, libros que pertenecieron a gente famosa, libros para todos los gustos, para todos los presupuestos

La aventura de entrar a una librería de viejo fue descrita así por el escritor José Emilio Pacheco:
“Aún reservan sorpresas Uno puede encontrar sus propios libros (dedicados), los que prestó y jamás le devolvieron, cosas tan insólitas como El Estado y la revolución proletaria (Madrid: Biblioteca Nueva, 1920) de, por supuesto, Lenin, traducido del inglés por ¡Pedro Henríquez Ureña, Carlos Pereyra y Alfonso Reyes!”
Sin embargo, la magia y el romanticismo que envuelven estas librerías se desvanecen ante la dureza de la crisis que enfrentan: ya hay pocas bibliotecas en venta, escasean los libros considerados antigüedades y unas y otros acaban por irse, en su mayoría, a Estados Unidos
Hay lectores, no dinero Los libreros se quejan de que faltan recursos para adquirir libros y los consumidores arguyen insolvencia para comprarlos
Lo peor: se ha perdido el oficio de librero
El mercader de libros
Mercurio López llegó a donde lo llamaba su padre Don Ubaldo platicaba con un sujeto desconocido para el niño, mientras acariciaba un voluminoso libro que se notaba antiquísimo:
—Mire, mi’jo: esta es la Crónica de la Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo Es una edición príncipe El señor lo acaba de comprar Andele, dele un beso al libro porque tal vez no lo vuelva nunca a ver
Escenas como la anterior eran frecuentes en la casa de los López Casillas Ubaldo, el padre, ha sido librero desde los 20 años Ahora tiene 72 y dice que una de sus mayores satisfacciones es haber legado a sus trece hijos la pasión por los libros
Don Ubaldo se inició como librero con un puesto en el suelo del mercado La Lagunilla La barata Libros antiguos, libros usados De aquel puesto, la familia ha formado un auténtico emporio librero
En la calle de Donceles, entre Palma y Brasil, está El Mercader de Libros, fundada en honor de don Ubaldo, quien siempre se ha considerado a sí mismo como un mercader, pues rechaza el romanticismo que supuestamente envuelve la profesión de librero: “Me gustan, me extasío con ellos, pero nunca dejo de venderlos, si no de qué como”
En la misma calle está El Inframundo, Bibliofilia y El Mundo Feliz, de los hermanos Fermín, Mercurio, Juan Antonio y Leonardo López, que no son los únicos dedicados al negocio:
Silvia López y su esposo, Jaime Hernández, tienen las librerías A Través del Espejo, Teorema y Atico Francisco López maneja dos librerías llamadas El Tomo Suelto; Ubaldo López, hijo, La Selecta; y su hermana Josefina, Los Iniciados Todas de los López
En total, calculan que tienen algo así como un millón de libros
Entrevistado en su librería Mercurio, en el corazón de la colonia Doctores, Ubaldo López reconoce que fijar el precio de un libro es algo bastante complejo, dado que, aunque existen catálogos para guiarse, hay que tomar en cuenta la oferta y la demanda de las obras:
“Hay libros que son muy escasos y si se trata de un ejemplar único su valor se dispara”
En una lógica personalísima, analiza: “No han caído las ventas, es que no hay dinero”
Don Ubaldo López se ufana de haberle formado sus bibliotecas a Ignacio Bernal y Jesús Reyes Heroles: “A don Jesús le vendí La víspera de Chilpancingo, un ejemplar que estaba más completo que el de Porrúa”
Cuenta que, además, cuando su negocio estaba en el Centro, era común que se reunieran con él el pintor Francisco Goitia y el escritor Juan Rulfo, “que llegaba todo serio el güerito, con su abrigo, pero era bien pipa, igual que yo”
Con más de 50 años dedicado a vender libros, Ubaldo López se resigna a formar parte de una especie en vías de extinción: “Ya quedamos pocos libreros Uno de ellos es Jorge de Negre Otro es Jesús Medina, de la librería El Volador Nicolás Casillas también Isidoro Pérez, Amado Vélez, Gustavo Navalón ¿Quién más?”
Entre las mejores transacciones que dice haber realizado está la compra de la biblioteca de Antonio Soto y Gama, brazo derecho de Emiliano Zapata: “Nadie le quiso entrar, yo porque soy maje Ahí venía La víspera de Chilpancingo”
Sin embargo, lamenta que en la actualidad haya muy pocas bibliotecas, además de que cuando son puestas a la venta, dice, se las llevan a Estados Unidos
Cuenta que ha tenido en sus manos libros únicos, como la primera edición de La Crónica de la Conquista de la Nueva España, de Fray Alonso de Ramón o El arte de la Lengua Mexicana, de Fray Alonso de Molina, en edición príncipe
De formar alianzas con otros libreros para rescatar el mercado, Ubaldo López dice ya no querer saber “nada de nada”: “Me quedo con la satisfacción de que mis trece hijos le hayan agarrado el amor a los libros”
El Parián
Ante la dispersión y desunión de los libreros, el historiador Guillermo Tovar de Teresa, ex Cronista de la Ciudad de México, propone concentrarlos en un solo lugar para evitar su extinción
Comprador asiduo de las librerías de viejo —a las que asiste desde niño—, Tovar explica uno de los proyectos en boga para lograr esta unión: “Reunir a los libreros de viejo en el edificio El Parián, ubicado en Alvaro Obregón, en el corazón de la Colonia Roma, para concentrar a los dispersos libreros de viejo de la ciudad Ese pasaje comercial tiene 22 locales”
Para el historiador urge se recupere el antiguo abolengo de las librerías de viejo: “Sería fantástica la cristalización del proyecto porque puede traer una consecuencia positiva para la ciudad”
Entre los libreros que persiguen la idea de un centro de librerías de viejo figuran Orso Arreola y Fernando Villanueva
Nostálgico, Tovar recuerda la desaparecida librería Robredo y apunta que una de las causas de la crisis librera es que la gente dejó de ir al centro después de los terremotos de 1985
El autor de La ciudad de los palacios explica: “Los libreros de viejo cumplen con una función cultural decisiva: poner en circulación los libros que no encuentras en las librerías La cultura contemporánea está formada por los libros viejos y por las novedades bibliográficas Una cultura no la haces porque estés atento a lo que publican las editoriales de hoy La cultura la formas leyendo lo que se ha publicado en el tiempo Un instrumento clave de difusión cultural es el comercio del libro de viejo, gracias a él puedes leer autores que ya no están de moda o que ya no interesan a los editores, de ahí que sus libros se agoten y pasen a formar parte de los libros raros Sin embargo, tienes necesidad de leerlos No siempre vas a poder ir a una biblioteca Por qué no obtener el libro si te interesa tenerlo en tu casa y ahí leerlo”
Avecindado en la colonia Roma, a sus 40 años sostiene: “Uno de los indicadores del nivel cultural de cualquier ciudad son, entre otras cosas, sus librerías de viejo es un dato revelador En Estados Unidos son miles, al igual que en otros países Las de México se han venido a pique Si no fuera por las familias de los libreros de viejo, ya las hubieran sepultado Siempre existe la idea estatista de que todos los libros deben estar en las librerías públicas Esa es un tontería porque el libro tiene que circular, ser objeto de azar, de casualidad, de encuentro Uno debe tener la oportunidad de hojear un libro, fascinarse con él y comprarlo aunque no sabías que existía”
Remata: “La maravilla de que existan libreros en México, buenos y competentes, es que ellos pueden recuperar del extranjero lo que ha salido El día en que se forme un mercado aquí, toda esa cantidad de libros mexicanos que están circulando por el mundo van a regresar Por eso es importante fomentar buenos libreros, porque ellos tienen la capacidad para recuperar libros”
Satisfacer al coleccionista
Eduardo Flores cumple el papel de corredor de libros de arte Su sitio de encuentro con los clientes es la Plaza del Angel, en plena Zona Rosa Desde ahí, al lado de una decena de libreros, en un ambiente informal plagado de negociaciones condicionadas por la oferta y la demanda, por el toma y daca, sin pensarlo demasiado, anticipa:
“Mi función es el rescate del libro antiguo y hacerlo circular Los familiares de los coleccionistas, cuando éstos han muerto, me venden sus libros o también ocurre la posibilidad de crear nuevos coleccionistas dentro del mercado del libro de arte Lo importante en mi oficio es satisfacer las nuevas tendencias de coleccionismo en esta área”
Flores exhibe sus libros todos los sábados en una de las escalinatas de la Plaza del Angel; ahí establece contacto con, aproximadamente, unos 20 coleccionistas de libros de arte
“Hay entre ellos desde los improvisados hasta los expertos”, dice Explica que “hace algunos años estaba de moda la litografía del siglo XIX entre los coleccionistas, algunos de ellos son Elías Trabulse, Isaac Bacal, Carlos Monsiváis, `El Fisgón’ Rafael Barajas, Alejandro Aisli, Carlos Slim, Carlos Monsiváis, Juan José Arreola y Octavio Paz”
Dice: “Trato de dar un servicio al conseguir libros raros y exclusivos sobre temas mexicanos”
Antes de la crisis iba a ferias de libro en San Francisco, en Nueva York, Los Angeles y Sudamérica, donde rescataba libros mexicanos
“Los libros se reciclan y vuelven Mi servicio es rescatar libros de arte mexicanos raros en buenas condiciones, de temas importantes que se encuentran en el extranjero, para incorporarlos en las colecciones privadas Las joyas de alto nivel ya no son frecuentes porque se fueron al extranjero, sin embargo, me he encontrado con libros de viajeros extranjeros en México rescatados en los idiomas originales”
Bibliofilia
Pese a los llamados de alerta sobre la desaparición de las librerías de viejo, han surgido algunos intentos de revivir estas negociaciones Así sucede con La Torre de Lulio y La Estación de Lulio, que ya cuenta con dos sucursales, una en la Colonia Condesa y otra en la ciudad de Guadalajara
El joven periodista Diego Antoni, socio de La Estación de Lulio, comenta que la idea de meterse en el mundo de las librerías obedece a que “sentíamos que la oferta tapatía no correspondía al tamaño de la ciudad”
En su tienda se venden tanto libros nuevos como usados “La mitad de nuestras existencias es de libros de ocasión, muchas veces ya descatalogados, pero que siguen siendo muy interesantes Por ejemplo, la mayor parte de la obra de Elena Garro ya no está en catálogo, y lo que buscamos es ofrecer una amplia variedad para satisfacer la demanda”
Para Antoni, el afán de ser exhaustivos lo ha llevado a completar su oferta con la mejor selección posible de literatura y poesía Y es que, dice sorprendido, la poesía sí se vende Entre las obras sobresalientes que se venden en La Estación de Lulio están una primera edición, en inglés, de Por quién doblan las campanas, de Ernest Hemingway; una edición de sólo doce ejemplares de poemas de Ludwik Zeller, realizada en serigrafía; así como primeras ediciones de Xavier Villaurrutia y de Octavio Paz
Otra representante de esta nueva y pequeña generación de libreros es Selva Hernández, continuadora de la zaga de los López Esta diseñadora de 21 años emprendió la travesía de rescatar y difundir las librerías de viejo con la publicación de La Galera, revista especializada en el tema y que se distribuye en las mismas librerías
Selva atiende, junto con su madre, la librería A Través del Espejo, en Alvaro Obregón, colonia Roma Ahí aclara que, por ejemplo, un libro del siglo pasado no necesariamente es un libro valioso, como ocurre con las obras religiosas
“La idea de la librería de viejo es vender libros de ocasión Uno compra montones de libros que nunca sabes cuándo los vas a vender Si llega el cliente adecuado lo compra, que es al único que le interesa Además vendemos a precios de un 60 a un 40 por ciento más bajos”
Dice, al explicar que las librerías de viejo no se dedican sólo a comercializar libros antiguos, sino, en su mayoría, libros usados, más que viejos: “Aquí se encuentran cosas que no hay en ningún otro lado”
Un ejemplo, señala, es que los libros más vendidos en estas tiendas son los que tienen que ver con esoterismo y superación personal
“Historia de México es lo que más se vende, lo que más se compra y lo que más se busca Los libros antiguos de Historia de México son los más valiosos”
Cuenta que La Galera surgió “por amor al libro” No existía nada parecido: “La gente siempre pregunta, quiere saber más, y de ahí se hizo Además, estoy convencida de que hace falta más unión entre los libreros, pues casi todos se conocen, pero se pelean mucho”
Actualmente, dice, hay sólo unas 50 librerías de viejo No obstante, asegura que “la gente siempre quiere leer, aunque digan que no; la gente lee, aunque sean libros de superación o esoterismo”
Pero la demanda de libros no termina en la línea de la buena suerte, ya que “buscan muchos de los libros de los años veinte a los cincuenta Libros ilustrados por Leopoldo Méndez, hechos por Francisco Díaz de León No es moda, lo que pasa es que son muy bellos”
Reconoce que se ha perdido mucho el mercado del libro antiguo: “Antes era muy fácil porque había muchos libros circulando, mucha gente vendía y así se compraban Y se vendían inmediatamente Ahora es muy difícil, se ha agravado la crisis, porque el libro antiguo es muy caro y hasta a los grandes bibliófilos les duele el codo Por ejemplo, libros del siglo XIX ya casi no hay; es como si se hubieran acabado Hay más libros de los 20 a los 40, y son los que más se buscan, es lo que se está moviendo”
Para Selva, quien de niña sólo recibía libros en sus cumpleaños, pues sus papás, tíos y un abuelo son libreros, el oficio se demuestra al enfrentarse a una pared de libros en venta:
“¿Qué hace uno? El papel del librero, más que saber vender es saber comprar Más que vender, comprar es lo fundamental en este negocio El papel del librero es saber de libros Un libro de Alianza vale más que uno de Diana o Grijalbo, por ejemplo”
Lamenta que “actualmente la gente que vende libros, se dice librera, pero no conoce del oficio Un librero es alguien que sabe vender, que sabe comprar, que sabe de libros, de la historia del libro en México; que si ve una buena edición la reconoce Aparte, el librero tiene que conocer al cliente, qué libros le interesan, pues sabe qué comprar, porque sabe a quién vende”
Pero esto no se aprende fácilmente: “La bibliofilia es como una enfermedad”

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