El Salvador: A Comisión de la Verdad el “Genocidio indígena” de 1932

San Salvador (apro) – El año 1932 es simbólico en El Salvador Es un punto de partida de la división contemporánea en que ha vivido esta nación centroamericana
El 22 de enero de 1932 se produjo una revuelta popular; el ejército, por orden del entonces presidente de facto, general Maximiliano Hernández Martínez, masacró en pocos días, a unas 30 mil personas, en su mayoría indígenas del occidente del país
Recientemente, distintas personalidades nacionales e internacionales, crearon una “Comisión de la Verdad” que investigará lo que denominan “genocidio indígena”, el cual marcó gravemente a la sociedad, pese a que el hecho se ha tergiversado y, en el peor de los casos, ocultado
El asesinado poeta salvadoreño, Roque Dalton (1935-1975), escribió refiriéndose al acontecimiento histórico:

Todos nacimos medio muertos en 1932/ Ser salvadoreño es ser medio muerto/ eso que se mueve/ es la mitad de la vida que nos dejaron (Las Historias Prohibidas de Pulgarcito, UCA Editores, San Salvador, 1988) Pero, no sólo ello, Dalton rescató en su testimonio de Miguel Mármol, la gesta de los líderes sindicales, campesinos, indígenas y del entonces recién fundado Partido Comunista de El Salvador (PCS), que se incorporaron a la revuelta y que, en mayoría, fueron fusilados por la dictadura, entre ellos Farabundo Martí, el líder revolucionario reivindicado por la guerrilla durante la guerra civil (1980-1992), y por el actual partido de izquierda y segunda fuerza electoral: Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)
Wil Pinto, joven descendiente de indígenas y miembro de la Fundación Amas, explicó a Apro:
“En enero de este año realizamos un foro académico, cultural y político El resultado de este foro fue la creación de la Comisión de la Verdad para el Esclarecimiento del Genocidio Indígena de 1932 Tal entidad la confirman personalidades descendientes de las víctimas de Izalco (donde se centró la masacre), como Juliana Ama –sobrina nieta del cacique José Feliciano Amas, ahorcado y luego decapitado en 1932–; antropólogos como Ramón Rivas; especialistas en derechos humanos como Benjamín Cuellar y Salvador Menéndez Leal, entre otros
“Queremos esclarecer la verdad, que se haga justicia y que se repare el daño causado Han pasado 75 años de intentar negarnos con represión, genocidio y olvido, pero ¡Aquí estamos!”, expresa enfático Pinto, quien junto con los integrantes de la Fundación Amas y otras organizaciones comunales realizan gran labor por el rescate y la preservación de la cultura y la tradición indígena en El Salvador, aunque oficialmente se reconoce que la población autóctona es de apenas un seis por ciento
“Dando cifras bajas referente a la población indígena es un intento más de negarnos En occidente del país somos, cuando menos el 80 por ciento de la población”, afirma Pinto, quien agrega que “hay temor del despertar indígena por los triunfos que están teniendo en la política en Sudamérica”
El Kosovo y el Ruanda local
El consultor y especialista en derechos humanos, Salvador Menéndez Leal, aseguró que la Comisión de la Verdad trabajará y analizará el fenómeno por medio de estándares internacionales que definen ciertos delitos de lesa humanidad como genocidio: “Creemos que en El Salvador tuvimos nuestro Kosovo, nuestra Ruanda Los indígenas se alzaron para recuperar sus tierras comunales, sus ejidos, y fueron exterminados Después de la masacre de 1932 se les reprimió y se les discriminó, siempre en el intento de exterminarlos como grupo, como sociedad”
“Han pasado 75 años y las heridas no se han cerrado La población víctima ha estado callada por casi un siglo, pero ahora quiere lo justo: verdad, justicia y reparación”, apuntó Menéndez Leal, quien fustigó a la política oficial que quiere continuar manteniendo en el olvido tal hecho y sin reconocer a la víctimas que, en su mayoría, era una población indefensa
Por su parte, el escritor, crítico literario y académico Luis Melgar Brizuela, afirmó que 1932 significó la pérdida, no total ni absoluta, pero si demasiado fuerte y grave de la cultura indígena “La última gran etnia que tuvimos en El Salvador fue la nahua-pipil y nonualcos Antes de 1932 la cultura izalca (referido a la zona de Izalco, en el occidente salvadoreño), tenía mucho esplendor: en cultura, rituales, vestuarios, trabajo, cocina, etcétera Todo eso se pierde en 1932, con el genocidio y la posterior proscripción”, explicó
“Creo que con la labor que se hace para esclarecer la verdad de lo ocurrido en 1932 y reparar desde el Estado el daño causado será importante para recuperar nuestra cultura autóctona, nuestras raíces históricas”, apuntó Melgar Brizuela
“Todo esto vendrá a abonar el asidero que nos lleva a recuperar nuestra tradición y cultura histórica, que de alguna manera, debido a la extrema dominación y transculturación que hemos sufrido, se ha ido difuminando Hay que tomar en cuenta que en El Salvador nuestra identidad está difusa y confusa Entonces, creo que este asidero será un punto de partida de una nueva etapa que fortalecerá nuestra nación”, dijo finalmente el académico
No será fácil El Salvador está dividido profundamente Los grupos de poder tienen en sus manos la economía, la institucionalidad y la mayoría de los medios de comunicación, adversos por lo general a las luchas liberadoras “Pero nuestro lema es ¡Aquí estamos!”, recalcó el descendiente izalco Wil Pinto, al reiterar que “no hay peor lucha que la que no se hace”
El año 1932, en el plano político, marcó el inicio de las dictaduras militares salvadoreñas que, en contubernio con las oligarquías y Estados Unidos, gobernaron hasta 1992, cuando concluyó una cruenta guerra civil por medio de un pacto entre gobierno y guerrilla El pacto significó el desmontaje del militarismo local: supresión de la dictadura y de la lucha armada insurgente La polarización se mantiene en la actualidad, pero por medios políticos La democracia mantiene sus vaivenes de avances y retrocesos (5 de febrero de 2007)

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