La experiencia intelectual de las mujeres

MÉXICO, DF. (Proceso).-

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Primer Congreso Internacional “La Experiencia Intelectual de las Mujeres en el Siglo XXI” es el larguísimo nombre de la reunión a la que convocó el Conaculta en el Palacio de las Bellas Artes de la Ciudad de México entre el 7 y el 11 de marzo. Felizmente, cada palabra se justificó en los hechos. 50 mujeres, de las distintas latitudes del mundo que habla en español, hablaron de su trabajo profesional, en un ambiente de rigor intelectual y cordialidad femenina.

Destaca la formulación “experiencia intelectual de las mujeres” y no “la experiencia de la Mujer”, como se decía antaño, antes de que el feminismo abriera a las mujeres la posibilidad de ser tan diversas como sus talentos y sus suertes.

 

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Somos, de cierto, las herederas de los triunfos de las feministas del siglo XX. En cada mesa se mencionó esto al vuelo o con detenimiento.

Nuestra ciudadanía fue el sueño de las Sufragistas del principio del siglo. El derecho a la planificación de nuestra reproducción fue “la campana de la independencia que abrió la puerta para que las mujeres pudieran decidir por sí mismas el tipo de vida que querían construir”. Palabras de la doctora Soledad Loaeza, de México. El derecho a la educación hoy se traduce en que la mitad de los egresados de las universidades de Occidente sean mujeres.

 

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Fascinante, fascinante, fascinante. De mesa en mesa el deleite intelectual al escuchar sobre el trabajo particular de cada una de estas mujeres, cada una en la cima de su profesión.  Las artistas, las científicas, las arquitectas, las historiadoras, las periodistas, las literatas. (¡Las miniaturas de Liliana Porter, de Argentina, [email protected] de [email protected] artistas plá[email protected] más relevantes del inicio de este siglo! ¡El asteroide Dubner, descubierto por Gloria Dubner, igual de Argentina!)

 

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Pero, pero, pero. Pero en cada mesa se mencionan también, así sea al margen, las dos brechas que apartan a las mujeres como género de la verdadera igualdad en el terreno intelectual.

Primera brecha. Lo dicho, desde 1990 las mujeres son la mitad de los egresados de las universidades de Occidente, y sin embargo un tercio de universitarias jamás ejercen su profesión. ¿Dónde están las universitarias que no están en la vida profesional? En sus casas, cuidando a sus hijos y el bienestar del hogar. La discriminación mayor, que como género padecemos, sigue siendo la imposición a las mujeres de la responsabilidad completa de los hogares.

Segunda brecha. Las mujeres, ya ejerciendo sus profesiones, apenas y ocupan unos cuantos lugares de poder social. Típicamente, son el 20% de los gabinetes. Las dos faldas rojas de las fotos de cualquier comité. El párrafo de buena voluntad abstracta en los discursos políticos.  ¿Cómo se ejerce esta silenciosa e inconfesable discriminación?

“El Patriarcado ha tenido una capacidad endiablada para reestructurarse a cada paso nuestro”. Palabras de la filósofa española Amelia Valcárcel, que a continuación previno contra la abnegada paciencia femenina, citando un lema sufragista. “Por el camino del poco a poco se llega al valle del Nunca Jamás”.

Es decir, tal vez la pregunta que vale la pena no es cómo se ejerce esa discriminación que crea los techos de cristal para las mujeres, sino cómo nos organizamos las mujeres para quebrar esos techos.

Un balde de agua helada cuando la Amelia Valcárcel lo resumió así al cuarto día del congreso: “Las mujeres sencillamente no hemos entrado a la estancia principal”.

 

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Por cierto, estas notas no aparecerán en la página principal de ninguna revista. Las mujeres seguimos siendo vistas como una minoría en cualquier aspecto menos el numérico.

 

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Por eso vino a cuento este congreso. Por eso viene a cuento su repetición cada año en los próximos años. Nos complazca o no, nos irrite o no, las mujeres tenemos todavía una agenda común que redactar y lograr.

La primera línea de esa agenda: disipar el espejismo de que hemos alcanzado la igualdad en las democracias. La segunda línea: premiar con nuestro voto e influencia los proyectos políticos que nos beneficien y castigar a los que acorten nuestros derechos.

 

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Cambio de tema al calce. El mundo en inglés se comporta como una cultura extensa, donde los bienes culturales viajan con soltura. De esa animación, su fuerza como el principal irradiador de cultura en el planeta. En cambio los países de Latinoamérica y España se miran a sí mismos como una veintena de islas, que casualmente comparten el español como idioma.

Si México se ha propuesto volverse la plataforma del encuentro y la proyección de los hispanohablantes, este congreso ha sido una maqueta promisoria.

 

(*) Este texto se publica en la edición 1795 de la revista Proceso.

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