“Ocho minutos antes de morir”

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Cuando el capitán Colter Stevens (Jake Jyllenhaal) despierta en un tren rumbo a Chicago todo le es extraño, el hecho mismo de estar ahí, los pasajeros de alrededor, el boletero, la guapa mujer (Michelle Monoghan) que se dirige a él familiarmente con otro nombre; el mayor susto es verse al espejo sin reconocer su propia imagen. A los pocos minutos el tren explota. Colter despierta de nuevo atrapado en una cápsula con monitores donde le informan que forma parte de una misión imposible: identificar al terrorista que puso la bomba en el tren; para ello debe revivir, repetidas veces en un cuerpo prestado, los últimos momentos antes de la explosión.

8 minutos antes de morir (Source Code; Estados Unidos-Francia, 2011) es el segundo largometraje del británico Duncan Jones que se diera a conocer como cineasta inteligente de corte clásico con Luna (2009). Aunque ahora tuvo que ceñirse a un esquema de blockbuster en el que se imponen el suspenso policíaco y los efectos especiales, Jones logra concentrar la atención, y la identificación del espectador, en la vida interior del protagonista, Colter, atrapado en un tiempo y un espacio claustrofóbicos.

El guión de Ben Ripley no oculta sus plagios a Hechizo del tiempo (Groundhog Day) y 12 monos, pero en la repetición de episodios de 8 minutos… en los que Colter llega a coordinar la realidad virtual dentro del experimento y trágicamente real para él, Duncan Jones condensa una serie de géneros como el thriller a la Hitchcock donde el tren se convierte en metáfora del destino y de la posibilidad de burlarlo; el romance, Colber llega a enamorase de su compañera de viaje; la política, la referencia a los daños ocasionados a un combatiente en Afganistán y al experimento científico militar. Todo dentro una ciencia ficción con leyes de física cuántica fantasiosa, de corte popular, que justifica cualquier paradoja del espacio tiempo, y que, no obstante, acierta a reflexionar sobre nociones subjetivas de la llamada realidad.

Anamorfosis, una imagen que cambia de forma desde diferentes puntos de vista, sería el término aproximado para definir el procedimiento en 8 minutos antes de morir que repite la misma acción siempre con detalles y resultados diferentes, aclarando la situación paso a paso y desarrollando mejor la dimensión del héroe. Esta manera de condensar la transformación dentro de un sistema repetitivo permite el cambio gracias a una falla inesperada del código, el elemento humano, y parece ser la obsesión y el sello de este cineasta en ciernes. Aun dentro del minimalismo de Luna, su cinta anterior, heredera del universo de Kubrik, el personaje principal se descubre a sí mismo en una línea de producción en serie.

El epílogo de 8 minutos… pesa, se siente excesivo, adornado, pero Jones se perfila como un talentoso director de ciencia ficción que se apoya más en el desarrollo de sus personajes que en los efectos especiales.

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