Polémica en torno a la conducción del Movimiento por la Paz

Señor director:

Escribo estas líneas con el ánimo de que el señor Javier Sicilia haga un alto en el camino y revise hacia dónde se están dirigiendo sus acciones.

Enarbolando inicialmente la bandera de las víctimas Sicilia, por un lado, ha olvidado a la sociedad (que también es víctima, no sólo de la inseguridad, sino de la injusticia económica) y, por otro, impulsa en los hechos la agenda de los más poderosos en este país.

Cuando Sicilia exige “reforma política ya” parece no darse cuenta de que en este país el duopolio televisivo influye de manera determinante en la población. El noble objetivo del poeta palidece cuando se hace un análisis de la realidad mexicana: una candidatura ciudadana sería construida por la televisión y los grandes capitales (que además no pagan impuestos). Hablemos con claridad y sin romanticismos: la reforma política significa pasar de la partidocracia que los ciudadanos rechazamos, a la teledictadura en la que la ciudadanía sería sometida y que también rechazamos.

Sicilia se pronuncia en todos los foros por una reforma política que fomente la participación efectiva de la ciudadanía. Sin embargo, la reforma aprobada por los senadores que se discute en San Lázaro no contempla la creación de las figuras de referéndum, plebiscito o revocación de mandato, indispensables para fortalecer la democracia participativa. Esta omisión tan relevante es ignorada y/u omitida por Sicilia, quien parece conformarse con las candidaturas independientes, curiosamente tan funcionales para los grandes capitales y personajes influyentes, que esperan con ansias participar directamente en política sin verse restringidos por los partidos. A esto también debe sumársele la declaración de Sicilia en la que se pronuncia a favor de un candidato ciudadano de unidad en 2012, al margen de los partidos.

¿En verdad cree Sicilia que esa es la solución a los problemas del país? Lo que se requiere es apoyar decididamente el proyecto alternativo de Morena, que plantea soluciones de raíz para terminar con la violencia, en lugar de seguir con el enfoque de guerra de los gobiernos del PRIAN.

Voy aún más lejos: en el último texto publicado por Sicilia (Proceso 1811) señala: “(…) mientras continúen parasitando a la ciudadanía y se nieguen a darle instrumentos políticos de participación vía una profunda Reforma Política”, al tiempo que la solicitud de Felipe Calderón al Congreso para que se lleve a cabo un periodo extraordinario de sesiones se sostiene: “El país requiere una reforma política de fondo que permita ampliar el ejercicio de las libertades y las capacidades ciudadanas…”.

Las coincidencias entre ambos textos lamentablemente se reproducen en un tema aún más dañino para la sociedad, como es la legalización de los anticonstitucionales actos del Ejército. Mientras Calderón afirmó: “La ley (…) requiere ser revisada para que (…) se apruebe y publique las reformas que permitan mejores instrumentos legales para garantizar la seguridad de todos los mexicanos”, sin distinguir entre seguridad pública y seguridad nacional (uso de las Fuerzas Armadas), Sicilia, por su parte, habló sobre la necesidad de “…una verdadera Ley de Seguridad y de Víctimas”, cayendo en la misma omisión del ocupante de Los Pinos.

No conozco a Javier Sicilia y no puedo afirmar por qué actúa de esa manera. Lo que sí sé es que está apoyando muy fuertemente la agenda de quienes no pagan impuestos, de quienes monopolizan la riqueza de nuestra patria, de quienes han propiciado la inseguridad y de quienes sacaron al Ejército a las calles y han producido tanto dolor. Hago entonces un llamado a que reconsidere sus posturas y decisiones, para que un fin noble, humano y loable no termine siendo una bandera que catapulte la agenda de los poderosos.

Atentamente

René Sánchez Galindo

Respuesta de Javier Sicilia

Querido René:

Mil gracias por su carta. Mil gracias por las observaciones que en ella vierte. Sus argumentos me son familiares. Los he escuchado mucho de mis amigos que están cerca de López Obrador y de Morena. Un hombre y un Movimiento por los que siento un inmenso respeto y una profunda admiración. Sin embargo, siento que ustedes no comprenden mi posición y la de muchos ciudadanos de este país a los que el 20 de julio acompañé a la Cámara de Senadores a exigir “reforma política ya”. Obnubilados por lo ideológico, miran, al igual que Felipe Calderón, de manera puritana, pero en el otro extremo, y por ello, como le sucede a Calderón y a la clase política, pierden de vista la emergencia nacional en la que nos encontramos y la necesidad de buscar un candidato y una agenda de unidad nacional.

Hasta hoy en día, los ciudadanos no hemos tenido instrumentos de participación ciudadana para fiscalizar y castigar a nuestros políticos –de allí la corrupción que impera en todos lados–. Si usted revisa el documento que leímos el 8 de mayo en el Zócalo de la Ciudad de México y lee el punto 6, se dará cuenta que una de nuestras demandas es la Reforma Política con los agregados de revocación de mandato, plebiscito, voto blanco, limitación del fuero. Lo exigimos desde entonces y desde entonces nadie tomó ese camino. Empecinados en pelearse en función de intereses partidistas, los diputados simplemente obstaculizaron la reforma incompleta que aún está en sus manos y que contempla sólo dos verdaderos instrumentos de participación ciudadana: los candidatos independientes y las iniciativas ciudadanas.

A causa de las dilaciones de la Cámara, de discusiones partidistas, ideológicas y mezquinas, de que una gran parte de la ciudadanía no ha viso la importancia de la Reforma Política, nadie atendió la necesidad de ampliar esa reforma. Ahora la única que tenemos es ésa. Insisto en que hay que aprobarla –la política del todo o nada es la política del fracaso– y después luchar por ampliarla en el sentido en que lo pide el punto 6 del documento del 8 de mayo y en el que usted mismo indica. Es lo único que podemos tener para, al menos, buscar un candidato civil de unidad nacional frente a la emergencia que vivimos y la necesidad de salvar la democracia.

Usted, sin embargo, me reprocha que eso es darle entrada a la teledictadura. Esa ya existe, querido René. ¿Quién es Peña Nieto sino el candidato de lo que usted llama teledictadura? ¿Qué fue la guerra sucia de las pasadas elecciones contra AMLO? Por desgracia, las elecciones que se avecinan no serán las del sexenio anterior. Me encantaría que lo fueran, porque entonces la lucha democrática tendría sentido. Serán, por desgracia –en las circunstancias de la guerra de Calderón, la corrupción de las instituciones y de los partidos, y la impunidad con la que la delincuencia vive–, las de la ignominia: gane quien gane sólo lo hará para continuar administrando la desgracia de esta nación. La razón está a la vista: ningún partido ganará esas elecciones con la mayoría ciudadana –vea simplemente las del Estado de México: El PRI las ganó con el veintitantos por ciento del electorado, es decir, las ganó sin legitimidad alguna– y sin la anuencia de los cárteles –hay zonas en el país en las que no será posible colocar una casilla sin esa anuencia.

Por ello, me parece que sólo con un candidato de unidad nacional se puede lograr rescatar la democracia. Las candidaturas ciudadanas –en la conciencia que se ha despertado en el país– pueden ser esa mínima vía siempre y cuando los partidos lo entiendan y, dejando sus mezquindades, se pongan verdaderamente al servicio de la nación.

Aunque López Obrador y Morena me simpatizan mucho, no son, por desgracia, la unidad nacional. ¿Cómo construirla? Ese es el desafío ciudadano, un desafío inédito y necesario, un desafío que, tomando en cuenta una mirada profunda del país, que tiene que ver con rehacer el tejido social de cada parte de la nación, nos una a todos para crear el mínimo suelo, sin el cual la democracia dejará de existir. Le sugiero, por lo demás, que relea el discurso ante Felipe Calderón en el Castillo de Chapultepec y el discurso de apertura de las mesas de trabajo para el seguimiento del diálogo con el Ejecutivo: verá que el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad busca una Ley, contraria a la de Calderón, ciudadana y que tome en cuenta las múltiples necesidades del país. Nuestra apuesta es por la ciudadanización del Estado y la paz de la nación, no por su partidización, sea del color que sea.

Vivimos un parteaguas histórico donde la realidad y los ciudadanos han rebasado las viejas formas de la vida política. Tenemos que sacar de allí algo nuevo y distinto, algo verdaderamente humano, algo que trascienda la forma en que el Estado –una construcción histórica en crisis– ha vivido hasta ahora. Es un camino largo, pero por el momento  –es lo que creo junto con muchos–sólo podemos hacerlo rehaciendo su vida moral mediante una candidatura ciudadana de unidad nacional trabajada por los ciudadanos. ¿Cómo se insertaría Morena, más allá de AMLO y de la partidocracia, en una búsqueda de esa naturaleza? Es una pregunta necesaria, que busca una respuesta necesaria.

Paz, Fuerza y Gozo

Javier Sicilia

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