El crimen detrás de “Obladí Obladá”

MÉXICO, D.F. (apro).- Víctima de la reciente ola incendiaria en Inglaterra, una bodega Sony ubicada al norte de Londres, quedó reducida a cenizas con millones de productos discográficos que almacenaba ese edificio de 20 mil metros cuadrados para su venta, incluyendo las bien cotizadas grabaciones de la vocalista pop Adele y el conjunto de rock The Arctic Monkeys en los sellos X y Domino, subsidiarios de Sony.
También el rocanrolero Liam Gallagher del grupo Oasis fue alcanzado por iracundas hordas juveniles que saquearon su afamada tienda en la ciudad de Manchester.
Los disturbios en Gran Bretaña han sido atribuidos al efecto de la música de rap entre los jóvenes, toda vez que “glorifica la violencia y el odio a la autoridad, exalta el materialismo más barato y delira con las drogas” según reporta una crónica publicada por el diario hispano El País (“Banda sonora del descontento”, por Diego A. Manrique, en Revista de verano del tabloide, jueves 11 de agosto).
Sin embargo, hay quienes sin temor a equivocarse trazan las verdaderas causas de la protesta juvenil a los años de la década de los ochentas, cuando fueron instauradas severas políticas antilaborales por La dama de hierro Margaret Thatcher, cuya Guerra de las Malvinas al sur de Argentina desencadenaría asimismo ideas de supremacía imperialista que fomentaron racismos en Inglaterra.

Un lamentable ejemplo de esto último nos remite al año de 1986, cuando la policía de migración en el aeropuerto londinense de Heathrow provocó la muerte al percusionista africano Jimmy Scott, quien inspiró a Paul McCartney la canción “Ob-La-Dí Ob-La-Dá” y participara en su grabación con Los Beatles el 5 de julio de 1968 para el llamado Álbum Blanco.
Es una historia con trágico desenlace que el propio McCartney ha tratado parcamente, a partir de la primera entrevista que le hiciera Radio Luxemburgo acerca de “Ob-La-Dí Ob-La-Dá” en noviembre de 1968, dos días antes de la salida del Álbum Blanco al mercado.
“Me gusta todo tipo de música. Pero no tengo un costal lleno de canciones como dicen (bromea), a excepción del que está allá afuera en el pasillo. ‘Ob-La-Dí Ob-La-Dá’, ‘Regreso a la URSS’ y ‘Martha querida’ son tres muy diferentes, resulta que todas son mías y están en el disco LP.
“Soy bastante diverso porque, es decir, no tengo un solo tipo de onda. Y de esta canción no sé porqué haya salido medio jamaiquina, o lo que sea. Sólo se me dio así porque me gustó.”
–¿Fue escrita totalmente por ti o es una combinación de Lennon y McCartney?
–Pienso que soy yo principalmente. Yo principalmente (bromea), digamos que John es un poco más nigeriano (carcajadas).”
Mucho tiempo después, en diciembre de 1984, cuando la periodista Joan Goodman de Playboy preguntó el origen de “Ob-La-Dí Ob-La-Dá”, Paul McCartney abundó:
“Cierto cuate que acostumbraba rolar en bares solía decir (acento jamaiquino) ‘Obladí obladá, la vida va’, pero se quedó anonadado cuando escribí una canción de eso pues quería una tajada. Le dije: ‘Vamos, Jimmy, es sólo una expresión. Si hubieras compuesto la canción tendrías tu tajada.’ Solía decir también: ‘Nunca nada me es demasiado, quizá yo sólo estoy muy excitado’, de hecho era uno de esos chavos que tienen expresiones grandiosas.”
Para su libro de memorias Many Years from Now (First Owl Book Edition, New York) redactado en 1998 con Barry Miles, McCartney hace referencia a la pieza en los capítulos “El Maharishi” y “El álbum Blanco”. Relata cuando Los Beatles se encontraban en el campo de meditación de Rishikesh, India, con el Maharishi Mahesh Yogi, a comienzos de 1968:
“…Fuimos a la ciudad una noche que proyectaban una película; el cinema viajero llegó con un templete donde montaron una pantalla. Era una tarde tan agradable en la India que hasta el Maharishi estaba presente, todos íbamos caminando congregados cual peregrinación.
“Y todo fue muy pero muy placentero; ahí íbamos en ligero descenso rumbo a la polvosa colina a través de un camino selvático, desde el campamento de meditación, yo con mi guitarra cantando ‘Ob-La-Dí Ob-La-Dá’ que por entonces componía, como guiando la procesión.
“Por supuesto que ‘Ob-La-Dí Ob-La-Dá’ nada tiene que ver con la meditación, excepto el fragmento ‘La vida va’, y es una pequeña historia que trata sobre Desmond y Molly (Jones). De hecho, yo creo que gustaba mucho, al Maharishi le encantaba que fuera cantando en las caminatas.
“Yo tenía un amigo de Nigeria llamado Jimmy Scott que tocaba las congas y a quien solía encontrarme en los clubs de Londres. Era muy dicharachero y una de sus expresiones propias que acuñó, decía: ‘¡Obladí obladá, la vida va!, ¡bra!’, y a mí me fascinaba esa frase. Cada vez que nos topábamos, me saludaba así…
“O si alguien le llegaba a comentar: ‘¡Oh, ya está bueno, basta, eso ya es demasiado…!’, acostumbraba contestarles: ‘Nunca nada es demasiado ya, tal vez sólo esté todo un poco excitado y ya’. En cierto momento de nuestra existencia, probablemente nos dimos cuenta de que se trataba de un verdadero gurú. Para mí sonaba como un gran filósofo.
“De cualquier modo era un magnífico camarada y un día le dije: ‘En serio que aquella expresión tuya me gusta bastante y pienso poder usarla”, y posteriormente le envié un cheque en reconocimiento por ella debido a que, si bien yo había compuesto toda la canción, la expresión era suya… Es una canción muy mía… Aquel amigo nigeriano murió ya hace algunos años, pero en verdad que era un cuate muy cool.”
Enseguida, Barry Miles revela:
“Jimmy Anonmuogharan Scott Emuarpor llegó a Inglaterra por la década de los años 50 y desde entonces tocaba en la escena musical de los clubs de Londres. Su expresión ‘Obladí obladá’ es una frase que en lengua yorubá significa ‘La vida sigue’.
“Jimmy tocó las congas cuando Los Beatles grabaron la pieza para el Álbum Blanco. Murió en 1986 cuando se hallaba a la mitad de su sexta década de vida, víctima del racismo inglés…
“Apenas arribó al aeropuerto internacional de Londres, los de inmigración lo desnudaron para esculcarlo y se quedó dos noches así, en un cuartito como jaula. Contrajo pulmonía y falleció un día después (páginas 420 a 422).”
Miles probablemente halló referencias para complementar su versión en el libro de McCartney, tras leer A Hard Day’s Write. The Story Behind All The Beatles Songs (La historia detrás de todas las canciones de Los Beatles. It Books, 2005) del periodista londinense Steve Turner, quien relata que el nigeriano solía gritar en los conciertos: “¡Obladí!”, a lo que el público le respondía “¡Obladá!”, para entonces culminar él con: “¡La vida sigue!”.
“El grupo musical de Scott se llamaba Ob-La-Di Ob-La-Da Band, a Paul le gustó y compuso una pieza alrededor de la frase, ya luego Scott le pediría dinero y llegaron a un acuerdo financiero”, escribe en aquel libro suyo Turner siguiendo la información que obtuvo de las declaraciones del músico Doug Trendel, de los amigos cercanos al conguero hasta su final.
“Acabábamos de realizar una gira con Bad Manners por Estados Unidos y cuando (Jimmy Scott) regresó a Gran Bretaña, lo desnudaron para revisarlo en el aeropuerto debido a que era de Nigeria. Allí se quedó sin ropa durante dos horas. Al día siguiente fue llevado al hospital donde murió. Nadie sabe cuántos años tenía, porque mintió sobre su verdadera edad para que le otorgaran su primer pasaporte inglés. Se supone que tendría unos 64 años”, fueron algunas cosas que explicó Trendel en su largo comentario.
Hacia 1996, en el tercer CD Anthology (Apple/EMI Capitol) apareció otra versión de la pieza con Los Beatles, donde se escucha la conga de Scott (http://www.youtube.com/watch?v=4cCcxmBaucE&feature=related).

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