Los casineros quieren volar

Durante meses, dos empresarios vinculados a la industria del entretenimiento: Juan José Rojas Cardona y Ramón Agustín Madero Dávila, intentaron adquirir acciones de la endeudada Aviacsa para echar a volar sus naves y de paso controlar la codiciada ruta Monterrey-Las Vegas. Hasta ahora sólo los ha frenado la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, que en julio pasado canceló una operación, con lo que evitó que Madero Dávila, vinculado a Atracciones y Emociones Vallarta, se quedara con la aerolínea… Después vino el ataque al casino Royale y todo se le complicó.

Aviacsa, en una época una de las aerolíneas de bajo costo mejor posicionadas en el mercado, tuvo graves problemas económicos hace dos años: debía cuando menos mil 600 millones de pesos al Sistema de Administración Tributaria (SAT) y al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México… adeudaba hasta la turbosina que usaban sus unidades.
El 6 julio de 2009 el gobierno la declaró en concurso mercantil y desde entonces la aerolínea ha sido la joya más buscada por algunos propietarios de casinos –quieren tenerla bajo su tutela y explotar, de paso, la ruta Monterrey-Las Vegas–, entre ellos Juan José Rojas Cardona, El Zar del Juego, y Ramón Agustín Madero Dávila, del coahuilense Grupo Madero.
El primero en la puja fue Rojas Cardona, quien solicitó la compra en el juzgado Tercero de Distrito en Materia Administrativa de Nuevo León, donde se había radicado el concurso mercantil de Aviacsa con el número 24/2009.

A finales de 2008 El Zar del Juego logró que sus hermanos Gerardo y Arturo Rojas Cardona firmaran un contrato de compra-venta con Provotel S.A. de C.V., e Impulsora Montesalt S.A. de C.V. –empresas de los hermanos Manuel y Mauricio Morales Kuhne, dueñas del consorcio Aviaxsa al que pertenece la aerolínea–, por 24.5 millones de dólares a cambio de 49% de las acciones.
Juan José Rojas, dueño de los casinos Palmas, se comprometió a llegar a un acuerdo con los acreedores y liquidarlos y le entregó en prenda al gobierno federal el terreno donde está el primer centro de apuestas que fundó: el Bellavista, en el antiguo hotel Ramada Inn de San Nicolás de los Garza, Nuevo León. Los hermanos Rojas sumaron al depósito su galgódromo en Nuevo Laredo.
Pese a lo avanzado de las negociaciones con la familia Morales Mega y de que el gobierno federal tenía bajo custodia dos empresas de los Rojas Cardona como garantía de la transacción, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), entonces encabezada por Juan Molinar Horcasitas, no autorizó la operación y la aerolínea entró de nuevo en concurso mercantil.

La apuesta por Aviacsa

En 1990, el entonces gobernador de Chiapas, Patrocinio González Blanco Garrido, y un grupo de inversionistas crearon el Consorcio Aviaxsa para manejar una línea aérea de bajo costo: Aviacsa. Ésta fue vendida después a los hermanos Alejandro y Eduardo Morales Mega, quienes la trasladaron a Monterrey.
A partir de los noventa y hasta mediados de la primera década del siglo XXI Aviacsa consolidó una flota de 30 naves con 23 rutas. Una de ellas es la codiciada Monterrey-Las Vegas.
El 2 de junio de 2009 la SCT ordenó la suspensión de operaciones de 25 aeronaves de Aviacsa, lo que le ocasionó a la aerolínea pérdidas por unos 30 millones de pesos. Pero dos días después el juez federal con sede en Ciudad Valles, San Luis Potosí, Felipe Sifuentes Servín, le concedió una suspensión provisional, lo que le permitió reanudar vuelos.
En 2009 El Zar del Juego pretendía quedarse con 49% de las acciones de la aerolínea. Según uno de sus colaboradores de aquella época, Rojas entregó grandes cantidades de dinero a autoridades judiciales para que Aviacsa volviera a volar. De hecho el juez que le permitió reanudar operaciones, Felipe Sifuentes, había encabezado hasta 2008 el Juzgado Segundo de Distrito de Monterrey y desde ahí en 2007 otorgó 10 amparos para mantener en operación varios casinos en la capital nuevoleonesa.
Pero el 2 de julio de 2009 la SCT volvió a detener a la aerolínea, ahora por un adeudo de turbosina y de pagos por servicios de navegación aérea. Ahí acabaron los intentos de Rojas Cardona de obtener la ruta Monterrey-Las Vegas de Aviacsa.
En octubre de 2010 varios periodistas de finanzas afirmaron que la aerolínea ya tenía nuevo dueño. Se trataba del coahuilense Ramón Agustín Madero Dávila, quien meses antes había dejado el Consejo de Administración de una empresa de casas de apuestas, Atracciones y Emociones Vallarta, operadora del casino Royale de Monterrey.
Según el plan de negocios de Madero, que dio a conocer el periódico El Norte, los nuevos dueños pagarían inicialmente 893 millones de pesos con los que se liquidarían dos deudas: la de 300 millones al SAT y la de 500 millones con Servicios de Navegación al Espacio Aéreo Mexicano.
Para liquidar un adeudo de 293 millones de pesos con Aeropuertos y Servicios Auxiliares, Madero entregó en garantía un terreno de 600 hectáreas en La Paz, Baja California Sur. El Juzgado Tercero de Distrito en Materia Civil y de Trabajo de Nuevo León dictó sentencia de aprobación al convenio propuesto por Madero Ávila el pasado 21 de enero.
Luego se anunció en los medios que en breve Aviacsa volaría otra vez por lo que empezaría a vender boletos. Pero eso no ocurrió. El subsecretario de Transporte, Felipe Duarte, anunció el pasado mayo la suspensión de la venta y aclaró que fue por “decisión de la propia empresa”.
El 28 de junio de 2011, en documentos de la Judicatura en poder de Proceso, se estableció que diversos actores apelaron la autorización a Madero Dávila para operar Aviacsa pero que se falló a favor del coahuilense.
El texto señala que:
“En el convenio concursal se pactaron quitas y plazos para el pago, con el soporte financiero de un inversionista de nombre Lic. Ramón Agustín Madero Dávila, quien operará el título de concesión y garantiza con bienes propios el cumplimiento del convenio. El señor Madero Dávila deberá solventar los gastos de operación una vez que la concursada, redimensionada en cuanto a rutas, flotas, etcétera, reanude operaciones e incluso, se renovó la vigencia de los permisos y acreditamientos necesarios para operar”.
Sin embargo Aviacsa seguía sin poder despegar.
En los documentos que Proceso tiene en su poder se aclara que pese a no haber inconvenientes para hacer los pagos o iniciar operaciones “ello no ha sido factible porque el señor Madero no ha expensado los importes necesarios o cubierto con bienes propios lo insoluto. Se conoce que está integrando un grupo de inversionistas y negociando nuevas líneas de crédito para ello”.
La Judicatura indica que los juzgados verificaron que Madero Dávila es solvente y estaba en condiciones de prestar el servicio, pero no hace más señalamientos de las razones que lo obligaron a suspender el boletaje y a no emprender el vuelo.

Grupo Madero

El 25 de agosto de este año a Madero se le presentó otro inconveniente: el incendio en el casino Royale de Monterrey, del que el empresario era socio y el que en algún momento tuvo a su cargo.
El conciliador del concurso mercantil, Miguel Arroyo Ramírez notificó a la Judicatura Federal que “Madero Dávila fue accionista de la empresa Atracciones y Emociones Vallarta S.A. de C.V., a partir de 2006 y hasta marzo de 2010. Conocemos que incluso fungió como vicepresidente del Consejo de Administración de la citada sociedad”.
La Judicatura le hizo una recomendación a Madero. “A fin de mantener el consentimiento por parte de la autoridad concedente, respecto de la autorización para operar el título de concesión, se indicó al señor Madero que debe informar a la SCT en relación con su liga accionaria con Atracciones y Emociones Vallarta S.A. de C.V., e indicó, por conducto del conciliador, que ya cubrió el requisito a través de una carta”.
En ese documento –fechado dos días después de la tragedia del Royale– el empresario le asegura al secretario de Comunicaciones y Transportes, Dionisio Pérez-Jácome, que nada tiene que ver con Atracciones y Emociones Vallarta, que nunca fue accionista y sólo formó parte del Consejo de Administración.
“Hace unos momentos sostuve una plática con el Mtro. Felipe Duarte (subsecretario de Transporte), por la vía telefónica, en donde comentamos la serie de rumores provocados por los infaustos acontecimientos que se suscitaron en la ciudad de Monterrey; entre los cuales se ha manejado en algunos medios de comunicación, mencionando mi nombre y el de mi hermano José Francisco como accionistas de la empresa Atracciones y Emociones Vallarta, S.A. de C.V. (AEVSA), me permito hacerle las siguientes acotaciones”, se indica en la carta en poder de Proceso.
“Nunca hemos sido dueños de capital accionario de esta empresa permisionaria del Gobierno Federal, para la operación de salas de juego”, sostiene, y luego aclara que en 2006 entró como integrante del Consejo de Administración, que renunció en marzo de 2010 “por así convenir a nuestros intereses”. Su afirmación se corrobora con el acta notarial 16.603 del 9 de marzo de 2010.
En esa acta hay una relatoría pormenorizada de AEVSA desde su surgimiento, el 17 de marzo de 1992, hasta el 9 de marzo de 2010. Ahí se establece que los primeros accionistas fueron Luis Miguel Martínez Anzures, Beatriz Eugenia Martínez Anzures, Inocencio Bautista González, Noé Álvarez Mora y Ricardo Henaine Mezher, pero luego sus nombres desaparecen y no se aclara a quién le vendieron sus acciones.
En la asamblea del 7 de marzo de 2008 se habla de la aprobación “de emisión de nuevos títulos accionarios previo canje y cancelación de los actuales”.
Luego “se ratifica” en el Consejo de Administración a Ramón Agustín Madero Dávila como vicepresidente, a Rodrigo Madero Covarrubias (padre de Ramón) como presidente, a José Luis Madero Covarrubias (su tío) como secretario; dos vocales: Miguel Monraz Acosta y Jorge Romero Ramírez; vocales independientes, Gustavo A. Madero Covarrubias y Alejandro Valles Barajas.
Es decir que no se registra ningún cambio en la conformación directiva de AEVSA de 2006 a 2008. El 8 de marzo de 2010 aparece VH Entretenimiento S.A. de C.V., como accionista y se revoca como miembro del consejo a Ramón Agustín Madero Dávila, como efectivamente lo comunicó a la SCT el 27 de agosto pasado.
Lo que no dice es que ese mismo día su padre quedó como presidente del consejo y su tío como secretario, además de que se inscribe como “accionista” a su tío: “Accionistas, José Luis Mario Madero Covarrubias, presidente VH Entretenimiento S.A. de C.V.; David Santoyo Amador, secretario VH Entretenimiento, Ricardo Jorge Marcos Marcos, tesorero VH Entretenimiento”.
En el acta notariada de 109 páginas de Atracciones y Emociones Vallarta se cancela la participación del futuro dueño de Aviacsa pero quedan las de su tío y la de su padre en el Consejo de Administración.
En la misma carta que envía al titular de SCT, Ramón Madero aclara que en su trabajo como miembro del consejo –no como accionista– “la colaboración fue de asesoría comercial y manejo de relaciones públicas exclusivamente. Por tal motivo es menester aclarar que no tuvimos injerencia en la designación de operadores externos, para hacer uso de licencia de esta permisionaria”.
Igualmente exculpa a Cymsa, que hasta 2008 administró “la sala de juego denominada casino Royale”, como se notificó a la SCT.
Cymsa, propiedad de Raúl Rocha Cantú, presuntamente operaba el casino cuando ocurrió la tragedia, aunque la Secretaría de Gobernación no lo ha confirmado.
Y aunque pareciera que la SCT no quiere entregar Aviacsa a nadie que tenga que ver con los casinos, tendrá que poner de nuevo la lupa en Ramón Madero, pues el Grupo Madero ha diversificado sus operaciones, entre las que destacan minería, comunicaciones, asesoría de negocios e iluminación y que posee además la subempresa Eventos Festivos de México, Casinos y Entretenimiento.
El nombre coincide con el de Eventos Festivos de México, del Grupo Empresarial Ángeles (compañía de Olegario Vázquez Raña y manejada por Olegario Vázquez Aldir) que en 2005 obtuvo permiso para manejar casinos, aunque luego se deshizo de esa compañía.

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