De la fiesta cultural al show

El crecimiento de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara se explica por el trabajo ingente de cientos de personas, entre organizadores, expertos y trabajadores de las editoriales, así como de los autores locales y extranjeros. Sin embargo, a decir del excoordinador del programa literario, Dante Medina, en ocasiones se olvida el objetivo principal de promover los libros y la lectura por imponer un ambiente de farándula.

La Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara cumple 25 años entre éxitos, críticas y la necesidad –reconocida por sus organizadores– de reflexionar sobre el futuro del que se ha convertido en el principal escaparate para editores y autores de lengua española en el mundo.
El escritor Dante Medina, quien coordinó el programa literario de la FIL durante varios años, dice que él vio nacer esta feria con aires de fiesta provinciana, pero que entre 1987 y 2011 se transformó en el gran éxito de la Universidad de Guadalajara (UdeG).
Ahora “a la feria se le suele olvidar, y hablo en presente y también en pretérito, que es una feria del libro, que somos convocados en torno al libro… pero a veces el encuentro parece ser una convocatoria alrededor de las vedetes”. Recuerda que en la presentación de El amor en los tiempos del cólera un lector le pidió a Gabriel García Márquez que le firmara su cuaderno, y el Premio Nobel colombiano le respondió que sólo firmaba libros.

Medina cuestiona que la FIL invierta mucho dinero y trabajo en fiestas, recepciones y otros asuntos que halagan las vanidades, antes que la promoción de los libros. “Es una fiesta de la egolatría y no siempre los grandes escritores son los alabados y homenajeados”, enfatiza.
No obstante, aclara, “la crítica que yo hago no es contra los organizadores de la feria del libro. Las editoriales que saben más de negocios que la UdeG y se las han arreglado para comerse a la feria. Lo que era un espacio cultural y de escritores se ha convertido en un lugar de negocio y mercadeo. Los grandes emporios internacionales o compañías de pinturas de casa que compraron editoriales ahí están”.
El entrevistado asegura que a pesar de esas fallas la FIL debe tener un justo reconocimiento: “Es una maravilla que haya nacido siendo un proyecto muy ambicioso, con muchas ganas, pero al mismo tiempo tan limitado, tan pequeño, modesto y provinciano. La feria se ha convertido en la grandísima feria del libro en español. Yo lo veo a 25 años y digo: es la misma. El crecimiento, su desarrollo, su calidad, al igual que su empuje, la administración y su capacidad de convocatoria, hoy parecen un verdadero milagro”.
Cuenta que al principio había que rogarles a los escritores para que vinieran a Guadalajara: “Les pedíamos que vinieran, que trajeran a sus esposas, a sus hijas o a sus amantes y nosotros les pagábamos todo. Eran tiempos en que había que seducir. Ahora son los escritores los que piden que se les invite”.
Incluso recurrían a grandes autores jaliscienses, como José Luis Martínez y Antonio Alatorre. “Yo le decía: ‘Oiga, don José Luis, dígale a fulano que venga a la feria, acuérdese que es su tierra’”.
A diferencia de otros escritores, que se hacían los remilgosos, José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis contribuyeron a acrecentar la fama de la FIL. Al invitar al autor argentino César Aira dijo abiertamente que no tenía dinero para venir, pero otros contestaban de inmediato: “Yo bebo whisky”… “Y aquí –insiste Medina– les ofrecíamos todo para que vieran el producto que estábamos promoviendo”.
Continúa: “Muchos aceptaban casi como un favor… y en un país donde todo pasa en el Distrito Federal, que alguien invitara a Guadalajara era como ir a ranchear”. Sin embargo, ya la FIL tuvo que aprender a decir no a muchas figuras que querían venir. “Si algo define actualmente a la FIL es que ya no hay lugar”, asegura el escritor.
Actualmente la FIL es un escenario ine­ludible: “Hoy todo escritor que se precie de serlo sabe, quiere y siente que debe estar en la Feria de Guadalajara. Dicho de otra manera, este es un escaparate para decir: soy un escritor y existo. Igual, una editorial no se puede dar el lujo de no venir a la feria porque aquí acontecen las cosas más importantes que tienen que ver con el libro en español”.
Dante Medina, ganador del Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2011 y del Premio Casa de las Américas por sus obras Te ve, mi amor TV (2001) y Cómo perder amigos (1994), está convencido de los valiosos aportes de la FIL a la UdeG y vuelve a recordar que, si bien hoy convoca a miles de asistentes a un sólo acto literario, en sus primeras ediciones apenas se juntaban decenas: “En uno de los actos más concurridos en 1994 se reunieron 100 o 150 personas, cuando presenté mi novela Tola”.
La seducción

Nubia Macías, directora de la FIL, informa que hoy la feria convoca a más de 600 mil personas y que se despliega en 34 mil metros cuadrados en Expo Guadalajara y otras sedes. Participan aproximadamente 2 mil casas editoriales y durante nueve días la cubren mil 800 reporteros de más de 400 medios del mundo.
Destaca que en la FIL se entregan 14 galardones relacionados con el mundo de los libros, el arte, la cultura y la arquitectura. Uno de ellos es el premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, anteriormente llamado Juan Rulfo, que asciende a 150 mil dólares (cerca de 2 millones de pesos).
En el portal de internet de la FIL se indica que en 2010 vinieron 17 mil profesionales del libro y que desde 1993 cada edición tiene un país o región como invitado de honor. En 2011, dice Macías, se trata de Alemania.
La directora comenta que, pese a las críticas, la FIL es reconocida como la segunda más importante en el mundo y que la derrama económica para Jalisco, con datos de la Secretaría de Turismo, supera los 300 millones de dólares.
Sin embargo, en entrevista por separado, Dante Medina aclara que, precisamente con base en ese éxito, ya es tiempo de que la FIL promueva a Jalisco como el gran invitado de honor.
“Para Gabriel García Márquez no hay mejor novela que Pedro Páramo (de Juan Rulfo) y esa obra la escribimos aquí. Uso el plural a propósito. Somos una potencia mundial en literatura y, si estamos felices con las medallas que ganamos (en los Panamericanos), yo lo aplaudo; ojalá hubiera olimpiadas de literatura para que vieran cómo ganamos medallas de oro para Jalisco.”
Asegura que desde hace cinco años un grupo de escritores lo propuso, pero no hubo respuesta. “Yo le envié una carta a Raúl Padilla (presidente de la FIL) con esa petición”, dice Medina.
“La FIL se interesa por los traigables, y aclaro que esa frase es mía. Son todos aquellos que pueden traer de fuera; son los importantes para la feria, los que viven aquí no interesan. Cuando yo dirigí la parte de literatura de la FIL, en cada mesa o en cada homenaje había un escritor jalisciense sentado. Los locales estaban invitados a las inauguraciones, las comidas o los paseos”. Ya fuimos corteses con los de afuera, ahora faltan los de adentro.
En opinión de Medina, el amor retórico que el gobernador Emilio González dice tenerle a Jalisco no se ve en Raúl Padilla. “Yo no veo que la FIL, encabezada por Raúl, demuestre interés por la literatura de Jalisco, y lo peor es que si los escritores de Jalisco queremos presentar un libro en la feria tenemos que pagar en dólares”.
Según los organizadores, este año habrá en la FIL 550 presentaciones de libros, cada una de las cuales –según el sitio en internet– cuesta de 120 a 220 dólares.
Según los datos difundidos en los medios de comunicación, la FIL 2011 costó a la UdeG 60 millones de pesos, en tanto que produjo 64 millones, o sea que sólo ganó 4 millones. Nubia Macías asegura que el estimado de costos para 2011 es similar al del año pasado.
“Capricho y vanidad”

Dante Medina, quien rechaza ser uno de los “ángeles caídos de la FIL”, cuestiona que la feria invierta millones de pesos en extensiones innecesarias, como la de Los Ángeles, California:
“Lo he dicho de muchas maneras: la UdeG confunde cultura y arte con espectáculo y farándula, en eso soy clarísimo. Incluso en asuntos de literatura confunde calidad cultural con farándula. Hay cosas que no le toca hacer a una universidad pública.”
Aclara que la universidad debe atender primero las necesidades básicas de educación, investigación y difusión. “La UdeG está hambrienta en esos tres rubros y es principesca en promoción farandulesca. La UdeG no tiene nada que ver en la organización de una feria del libro en California, no somos la Secretaría de Relaciones Exteriores ni Casa Jalisco; somos una universidad destinada a educar a los jaliscienses que viven en Jalisco.
“La FIL en Los Ángeles es una aberración, un capricho, y el centro universitario en Los Ángeles (campus que abrió recientemente la UdeG) es una idiotez. Falta mucho más un campus en Jilotlán de los Dolores que en Los Ángeles.”
Dice que es uno de los aspectos donde la FIL y la UdeG deben rectificar, pues no es obligación de la universidad organizar conferencias internacionales con escritores famosos en otros lugares del mundo, sea Río de Janeiro –lo que está sucediendo ahora–, Los Ángeles o París. “No le toca a la UdeG porque la casa de estudios no tiene una gran editorial… evidentemente estoy en contra; esto me parece el resultado del capricho y la vanidad”, reitera Medina.
Al respecto, Macías destaca por separado que la FIL no desarrolla esa extensión en Los Ángeles y que las acciones de la universidad en esa ciudad son ajenas a la FIL Guadalajara. Afirma que el uso de recursos en la feria es transparente y que para 2011 se prevé un pequeño aumento en relación con el gasto de 2010.
Por su parte, Medina atribuye su salida de la FIL a sus diferencias con la exdirectora, Margarita Sierra.
“Tengo una relación personal muy mala con ella. Siempre chocamos porque los dos somos mujeres dominantes”, dice en sentido figurado. “Tú sabes que entre dos mujeres dominantes no se pueden llevar, pero es evidente que hay que ser estrictamente justos con la historia: la idea de la Feria Internacional del Libro fue de Margarita Sierra”.
–¿Ella se la vendió a Raúl Padilla? –se le pregunta al escritor.
–Bueno, yo estoy en la edad de hacer hasta indiscreciones. En 1984 yo vivía en Francia y vine a visitar a mi madre. Fui a ver a Raúl Padilla, que siempre ha sido mi amigo y de jóvenes fuimos muy amigos. En su oficina me dijo: ‘Vamos a comer juntos, adelántate con Margarita’. Ella me llevó en su auto a un restaurante y en el camino me dijo: ‘Ayúdame a convencer a Raúl de esta idea’, y yo le dije: ‘por supuesto, me parece estupendo y maravilloso, es un gran proyecto’. Cuando llegó Padilla le hicimos el uno dos, pero para ser justos la idea es de Margarita.
“Ahí debemos incluir la estructura, la organización, el diagrama y todo. Cuando Margarita se fue de la feria, la FIL ya iba nadando de muertito.”
El escritor relata que cuando la FIL era encabezada por Sierra y Maricarmen Canales cada día era una lucha extenuante. Entonces, dice, “yo estaba en el apartado de actos literarios”. Destaca que entonces se decidió no enviar a choferes que recogieran en el aeropuerto a los escritores invitados, sino que ese trabajo se les asignó a jóvenes autores jaliscienses, para que tuvieran contacto con los consagrados.
Al principio, cuenta, se organizó un homenaje a Juan Rulfo y se convocó a escritores muy conocidos. Después Raúl Padilla promovió la idea de formalizar un gran premio en el marco de la FIL. “Cuando Raúl me preguntó qué nombre le ponemos, yo le dije: Juan Rulfo. No conforme con mi opinión, consultó a dos o tres personas, entre ellos a Monsiváis, y así se le quedó ese nombre”.
Asegura que a raíz de sus diferencias con Margarita Sierra se le excluyó a él del Premio Juan Rulfo, y que años después ese galardón perdió su razón de ser, ya que alguien en la organización de la FIL no hizo el trabajo que le correspondía.
Asegura que no guarda ningún rencor: “Si me preguntas del asunto personal, te diré que ya estaba cansado de ser edecán; y yo no nací para ser edecán, soy escritor y en la feria del libro andaba de edecán… Por eso te puedo decir que cuando me echaron de la FIL no me gustó, pero no me dolió, porque eso abrió otra etapa de mi vida”.
Al que sí cuestiona es al presidente de la FIL, Raúl Padilla López: “A Raúl Padilla le pasa lo mismo que al Peje, Andrés Manuel López Obrador: tienen muchas cosas muy interesantes por hacer, pero no quieren oír; no oyen porque están convencidos de que tienen razón y están rodeados de gente que les dicen que tienen razón. Los errores de Raúl Padilla en la promoción cultural se sustentan en que no convoca a los que saben, sino a los que le dicen que sí… Un ejemplo máximo: yo quiero saber si alguna vez Raúl consulta a Fernando del Paso sobre una decisión de la FIL, y yo te contesto: no, a pesar de que Fernando trabaja para la UdeG”.
Al respecto remata: “A mí tampoco me consultan, pero eso no me importa porque últimamente cobro por las consultas. Quiero mandar el mensaje de que esto de ser escritor es una profesión y hay que cobrar por ello”.

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