Rulfo al alemán: “Pedro Páramo” no es “Peter Ödland”

GUADALAJARA, JAL. (Proceso).- Aunque hay una pugna entre quienes opinan que la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo, debió quedarse con la traducción al alemán hecha por Mariana Frenk hace más de 50 años, para el especialista Alberto Vital la más reciente de Dagmar Plöetz logró revitalizar el mercado del autor jalisciense en Alemania.
El investigador del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM participó en el encuentro académico Miradas recíprocas. Literaturas alemana y mexicana, realizado en la Casa Julio Cortázar de esta ciudad, en el marco de la XXV Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que este año designó a Alemania como país invitado de honor.
Vital presentó la ponencia “Dos traducciones alemanas de Pedro Páramo”, en la cual adelantó algunas de las reflexiones y comparaciones, iniciadas en un trabajo que –anticipó– se enriquecerá con los comentarios de los germanohablantes nativos. Su propósito no es señalar “errores” pero sí para mostrar palabras y frases intraducibles, y comparar cómo lo resolvió cada una de las traducciones: Frenk en 1958 y Plöetz en 2008.
Desde el título, que pudo traducirse como Peter Öde o Peter Ödland, pero ninguno lo hizo pues “habría sonado ridículo… empiezan los problemas para el traductor: el nombre Pedro Páramo y el título Pedro Páramo no se traducen, no porque no necesiten traducirse, sino porque son intraducibles. Incluso el humilde acento o tilde en Páramo proporciona un efecto visual de algo extranjero para el lector alemán, pues en la lengua de Goethe y de Hölderlin no existen las tildes”.

Puso otras frases como ejemplo. Desde luego el principio. Así inicia Frenk: “Ich kam nach Comala, weil man mir gesagt hatte, dass mein Vater hier lebe, ein gewisser Pedro Páramo. Meine Muter hatte es mir gesagt (Vine a Comala (sin perífrasis) porque se me había dicho que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo había dicho).”
Y Plöetz así: “Ich bin nach Comala gekommen, weil mir gesagt wurde, dass hier mein Vater lebt, ein gewisser Pedro Páramo. Meine Muter hat mir das gesagt. (Vine a Comala (con perífrasis) porque me dijeron que acá vive mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo).”
El público reía al escuchar a Vital cómo quedaron las traducciones. Una más, recordó, donde Rulfo escribió “así se lo haiga (y no es nada político como el haiga sido como haiga sido –bromeó el investigador–)” quedó en Frenk en un “tiene que ver por sí mismo cómo terminará” y en Plöetz como “entonces tiene que ver (por) usted mismo”.
En una breve entrevista con Proceso, el académico explicó que a pesar de estas frases, las dos versiones lograron rescatar muy bien la descripción de Comala, pues se tradujo prácticamente palabra por palabra. Percibe sin embargo, como un problema cultural, que la segunda traducción no capte todos los matices de la primera:
“El texto original está construido de forma tal que se puede captar muchísimo, tanto es así que, por ejemplo, Günter Grass –que adora a Pedro Páramo, adora la novela, escribió elogios muy grandes sobre Juan Rulfo– la pudo leer en la traducción alemana, entonces eso también es muy revelador de que sí se capta finalmente.”
Comenta que llama la atención a los alemanes el mundo de los muertos, el que estén enterrados en una misma tumba y deambulen por ahí, como “ánimas en pena”, pero como es un concepto enraizado en la cultura católica, no es exclusivo del mexicano, aunque aquí arraigó más fuerte por el sustrato náhuatl donde el mundo de los muertos también es muy importante.
–¿Cómo se lograron las traducciones de Rulfo al alemán, quién las gestiona?
–Son dos casos muy distintos, muy característicos. Es una pregunta que complementa lo que he dicho ahora. En el primer caso fue Mariana Frenk quien hizo la labor de una institución que no existía entonces. Ella se convirtió en el primer paso para construir una institución al rededor de la obra de Juan Rulfo y sus traducciones, fue quien se entusiasmó mucho, quien fungió como agente literario, sin percibir un sueldo. El de Dagmar Plöetz es totalmente distinto porque ya estamos ante la Fundación Juan Rulfo que gestiona una nueva traducción, con 50 años de diferencia.
Wolfgang Vogt, de la Universidad de Guadalajara, precedió la ponencia de Vital y comentó que Rulfo es más aceptado que Juan José Arreola en Alemania, pese a que cada uno tiene dos obras traducidas. Vital aclaró que en realidad ya está traducida toda la obra rulfiana, pues además de Pedro Páramo y El Llano en llamas, existen las de El gallo de oro (Der goldene Hahn) y las cartas de amor a Clara tituladas Aires de las colinas (Luft der Berge), pues aunque Rulfo no hubiera aceptado hacerlo y su esposa Clara fue renuente en un principio, la familia aceptó al fin.
Cuestionado sobre la aceptación de Rulfo en Alemania, Vital comentó que “más que un éxito de venta, es una venta continua”, y la nueva traducción es una forma de volver a entrar al mercado. Habló también de los derechos editoriales: Frenk publicó en Carl Hanser Verlag de Francfort, la cual obtuvo los derechos directamente de Rulfo, en un momento en que se adquirían a perpetuidad. Plöetz publica con Suhrkamp, de Munich, que paga un subarriendo a la primera, que “fue la afortunada editorial que en 1958 percibió la enorme importancia del material que le estaba ofreciendo Mariana Frenk y lo publicó.
“De este modo, dos de las tres o cuatro más grandes editoriales alemanas comparten a Rulfo en sus respectivos catálogos… Ninguna de las dos quiere tenerlo fuera de sus catálogos.”

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