Corea del Norte: Escenarios de riesgo

LONDRES (apro).- La muerte el pasado 17 de diciembre del líder norcoreano Kim Jong Il y el reemplazo por su hijo Kin Jung Un podría poner fin al sangriento régimen totalitario en ese país asiático, aunque también dar comienzo a nuevos peligros para el mundo entero.

En un informe elaborado el mes pasado por Mark Fitzpatrick, director del Programa de No-Proliferación y Desarme del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), con sede en Londres, el experto subrayó que la muerte de Jong Il “podría ser la gota que derrame el vaso”.

El documento, titulado La muerte de Kin Jong Il podría llevar al fin del régimen, y también a nuevas amenazas, destacó que la reacción de la elite norcoreana es uno de los aspectos más impredecibles de ese hermético régimen.

“Hace dos décadas, se asumía que el régimen colapsaría una vez que el padre fundador Kim Il Sung dejara la escena. Sin embargo, su muerte en 1994 no provocó inestabilidad, a pesar de que a ello se sumó la desintegración de la Unión Soviética –en ese entonces el principal aliado de Corea del Norte— y la hambruna que eventualmente provocó la muerte de 2 millones de personas”, indicó Fitzpatrick en el informe.

Por el contrario, “se produjo una transición sin problemas a su hijo Kin Jong Il, quien demostró ser un fuerte líder político, a pesar de carecer de cualquier tipo de carisma y experiencia militar como su padre”.

“Lo que, sin embargo, sí tuvo Kin Jong Il fue un largo periodo de tutelaje bajo la guía de su padre. Él fue educado para la sucesión durante tres décadas, a partir de una sucesión de puestos en el partido, y de esa forma logró crear un círculo bastante extenso de simpatizantes y seguidores”, continuó.

Según el documento del IISS, el sucesor designado por él, su tercer hijo Kim Jung Un, “no contó con ninguna de estas ventajas”.

“Introducido a la nación sólo hace poco más de un año, luego de su nombramiento como general de cuatro estrellas y heredero de facto, el delfín de 28 años no tuvo tiempo para desarrollar experiencia o poder de base. La muerte repentina de su padre deja al joven general en un papel muy incierto”, afirmó.

De acuerdo con el instituto londinense, que cada año elabora un informe anual sobre la situación militar y de balance de poder en el mundo, desde el nombramiento de Jong Un en octubre de 2010 “no hubo rajaduras visibles en el sistema”.

“Si hubo algún descontento por la sucesión, fue cuidadosamente enmascarado. Pero ahora, es más probable que emerjan rivalidades institucionales entre el partido, el ejército y el gabinete, y con ellas conflictos políticos entre tecnócratas y aquellos determinados a continuar con la línea militarista de Kim Jong Il”, agregó.

“Crisis existencial”

Esto ocurre en momentos en que Pyongyang enfrenta “desafíos severos en todos los frentes” –subraya el IISS–: una economía muerta, un sistema de raciones en bancarrota, una relación rota con Occidente y una competencia sin esperanzas con Corea del Sur en el que el régimen de Kim retrocede día a día. No puede darle de comer a su población, o atraer asistencia extranjera, con excepción de China.

“Al mismo tiempo, el régimen enfrenta una especie de crisis existencial. El mito de la pureza de propósito del Norte ha sido quebrado y expuesta la mentira de la auto-dependencia. La población empobrecida y cada vez más alienada se ha dado cuenta que la gente del otro lado de la frontera en Surcorea y China viven mucho mejor”, indicó en el informe.

Aunque una crisis “probablemente no erupcionará inmediatamente, sí ocurrirá en un futuro no muy lejano”, vaticinó.
“Es muy probable que las políticas sigan sin cambios a medida que Corea del Norte atraviesa el periodo de duelo. Pyongyang continuará buscando un resurgimiento de las ‘Negociaciones de Seis Partes’ (para hallar una resolución pacífica al programa nuclear de Norcorea), pero no acordará tomar paso alguno con Seúl y Washington con pre-condiciones, en especial la suspensión del recientemente revelado programa de enriquecimiento de uranio. Si no estaba listo para tomar ningún paso bajo el liderazgo incuestionable de Kim Jong Il, seguramente no lo hará bajo el régimen de su sucesor”, destacó.

El informe advirtió sobre las provocaciones militares –como las del año pasado contra un buque de guerra surcoreano y contra una isla poblada– “son siempre una posibilidad real”.

“Corea del Norte debe darse cuenta que esta vez Corea del Sur responderá con una estrategia de ‘ojo por ojo, diente por diente’. Pero si Kim Jung Un determina que necesita hacer algo para demostrar el peso de su liderazgo, es muy probable que lance una campaña agresiva por los reclamos territoriales de Corea del Norte en las aguas disputadas donde fue hundido el año pasado el buque Cheonan”, continuó.

Con las Fuerzas Armadas de Corea del Norte que seguramente estarán en una posición incluso más fuerte que en el pasado bajo el nuevo líder, los programas nucleares y misilísticos “continuarán creciendo”.

“Son probables nuevas pruebas tanto de armas nucleares como de misiles balísticos, para que de esa forma los militares tengan más confianza acerca de que las armas realmente funcionan”, afirmó el reporte.
Según el IISS, el escenario más preocupante de todos “es una guerra de poder, en que el arsenal nuclear sea el trofeo clave”.

“La pesadilla es que jefes militares enfrentados logren obtener el control de dichos arsenales y estén dispuestos a proveer de materiales fisionables o incluso ojivas nucleares de guerra a grupos terroristas. Desde hace tiempo Estados Unidos y Corea del Sur han buscado una oportunidad para poner en práctica tácticas de guerra y hacerse con esos armamentos nucleares. Sin embargo, una intervención de las fuerzas especiales estadounidenses o surcoreanas, podría provocar que China envíe sus tropas.

Los poderes centrales en la región deben consultar antes de que sea demasiado tarde para planear semejante eventualidad y coordinar una respuesta”, concluyó el informe.

“Pecados imperdonables”

El pasado 30 de diciembre, el régimen de Pyongyang volvió a rechazar cualquier posibilidad de diálogo con el actual gobierno de Seúl, al día siguiente de la asunción de Kim Jong Un.

“Como habíamos ya dicho, continuamos rechazando todo tipo de relación con el traidor Lee Myung-bak (presidente de Surcorea) y su grupo”, declaró la Comisión de la Defensa Nacional en un comunicado difundido mediante la agencia oficial KCNA.

Corea del Norte advirtió también que la toma del poder por parte de Kim Jong Un no cambiará la política de Pyongyang.
“Declaramos solemne y orgullosamente a los responsables políticos estúpidos del mundo, incluidos los fantoches de Corea del Sur, no deben esperar ningún cambio de parte nuestra”, dijo el comunicado de la Comisión.

“El mundo verá claramente cómo millones de nuestros soldados y ciudadanos, unidos firmemente alrededor de nuestro querido líder Kim Jong Un, transformarán el dolor en coraje y las lágrimas en fuerza, hasta la victoria final”, señaló.

Además, agregó que hará pagar a Seúl por los “pecados imperdonables” cometidos en ocasión de los funerales de Kim Jong Il, en referencia a la prohibición por parte de Corea del Sur de las visitas de condolencia a Pyongyang: sólo dos delegaciones surcoreanas fueron autorizadas a cruzar la frontera.

El régimen de Pyongyang también acusó a Corea del Sur de haber lanzado sobre el norte, en el día de las exequias de Kim Jong Il, volantes que incitaban a una insurrección popular contra la “dinastía” Kim.

Dos días antes de ese comunicado y durante el multitudinario funeral de Kim Jong Il, cientos de miles de personas acompañaron las exequias del “querido líder”, en Pyongynag, en medio de una imprevista nieve.

Ese mismo día, su tercer hijo Kim Jong Un fue coronado líder “supremo del Estado, del Partido y del Ejército”, según la terminología usada por la prensa norcoreana que sugiere que el “gran sucesor” estará en el control, al menos formal, del Partido de los Trabajadores, la Comisión de Defensa y las Fuerzas Armadas.

“El líder supremo de nuestro Partido y de nuestra gente, Kim Jong Un, se hace cargo con amor del pueblo dejado por Kim Jong Il”, reportó una edición especial Rodong Sinmun, el diario del Partido de los Trabajadores, que eligió en primera plana un gran retrato del líder fallecido.

En un régimen caracterizado por el hermetismo, para tener un cuadro del posible eje de poder, en la fase se transición, fue suficiente observar las imágenes del cortejo fúnebre en la partida y al ingreso del mausoleo Kumsusan. El “gran sucesor” caminaba sobre la parte anterior derecha de la limusina con el féretro, y a sus espaldas su tío Jang Song Thaek, considerado el “tutor” y a cargo de la vicepresidencia de la Comisión Nacional de Defensa, en la cúpula del estado luego de una reciente reforma constitucional.

Del otro lado del vehículo, estaban Ri Yong ho, jefe del Estado Mayor del Ejército popular de Corea, que precedía al ministro de las Fuerzas Armadas, Kim Yong chun.

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