“Sonda de exploración ferroviaria tripulada”

MÉXICO, D.F. (apro).- Mientras el mundo desarrollado privilegia el uso del ferrocarril de pasajeros, los mexicanos lo eliminamos.

Este libro, que narra el periplo de la “Sonda de exploración ferroviaria tripulada 1” (SEFT-1) en busca de las vías del tren en todo México, profusamente ilustrada con las fotografías del viaje, es un homenaje y una denuncia.

Homenaje al ferrocarril mexicano, denuncia de su privatización.

Y también es un libro de arte y un muestrario informativo por los datos certeros que ofrece.

No en vano se juntaron para la edición instituciones culturales como el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el Laboratorio de Arte Alameda, el Centro Nacional para la Preservación del Patrimonio Cultural Ferrocarrilero, Talleres Gráficos de la Nación y la Fundación BBVA Bancomer.

Veamos un fragmento:

“Desde una perspectiva social, el impacto que tuvo la privatización de los ferrocarriles en México fue de dimensiones enormes en la vida cotidiana: pérdida de empleos, quiebra total en pequeños poblados, aislamiento de poblaciones paupérrimas, migración masculina a los grandes centros urbanos, provocando modificaciones en los roles del género, suspensión del intercambio de mercancías entre mujeres artesanas (encargadas del comercio en diversas zonas) que afectaron a las economías domésticas.

“Como afirma el director del Museo de los Ferrocarriles ubicado en la Villa de Guadalupe: ‘Ferronales prestaba un servicio de corte social, no únicamente comercial y la suspensión del servicio ocasionó daños incuantificables que coadyuvaron a la fragmentación del tejido comunitario más de lo que ya estaba.’

“Es por eso que, al igual que la educación pública primaria, que en principio no tendría que tener una ganancia económica, el transporte ferroviario de pasajeros (subsidiado en la mayoría de los países) es un medio estratégico y constituye en cualquier parte del mundo una inversión social a largo plazo. El ferrocarril funciona como palanca para la integración territorial, posibilita el desarrollo cultural y económico, y permite la cohesión de la sociedad.”

Alejandra Valdés Teja, en el texto “Entre lo público y lo privado: El banquete rielero”. Asienta:

“Las fórmulas de la ‘sana política económica’ recomendada por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional trajeron como resultado en los años ochenta, el proceso de privatización de empresas paraestatales en gran parte del mundo.”

Y el dato duro: El gobierno de Zedillo privatizó el 92% del tráfico ferroviario.

Antes de la privatización había 85 mil trabajadores en servicio, y hoy se cuentan solamente 10 mil.

Solamente por esto se habría podido impugnar al expresidente.

Los artículos integrados al volumen de pasta dura, además del citado, son: “Ferronautas”, de Xitlalitl Rodríguez Mendoza: “Muestrario lunar”, de Shaday Larios (donde se muestran las fotografías de todos los objetos recogidos a lo largo del viaje por la SEFT-1); “Acerca del tiempo profundo”, de Tania Aedo, y “Acciones paralelas. Modernidad y alegoría de las vías imposibles”, de José Luis Barios.

La Sonda, una especie de nave espacial (entre jeep, carro aerodinámico y avioneta), viajó con sus ruedas por las rutas rieleras (cuando pudo), entre noviembre de 2010 y mayo de 2011, tripulada por dos expertos y con equipo de lujo (incluido el satelital, para rastrear los caminos de fierro perdidos), por 11 estados del país: Veracruz, Oaxaca, Yucatán, Durango, Coahuila, Guanajuato, Jalisco, Chihuahua, Tamaulipas, Michoacán y Guerrero.

Su recorrido de más de mil kilómetros por vías abandonadas, se fija en el libro, cuya edición general corrió a cargo de Iván Puig y Andrés Padilla Domene, los tripulantes, entre el texto y las imágenes de una manera que sólo ellos pudieron describir inmejorablemente:

“Estábamos viajando por ruinas modernas.”

Pobre México, tan cerca del dictador Porfirio Díaz (que creó la red de 11 mil kilómetros de tren en todo el país hace 10 años) y tan cerca de los neoliberales, que la destruyeron.

Acerca del autor

Hizo estudios de filosofía en la UNAM donde ha impartido clases. Reportero de las Secciones Culturales de Excélsior (entre 1967 y 1976) y de Proceso de la cual es editor.

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