Los buenos salvajes según Oliver Stone

MÉXICO, D.F. (apro).- En la nueva cinta de Oliver Stone hay de salvajes a salvajes, es decir, al contrario de lo que Rousseau pensaba, el sí hace distinción entre los buenos y los malos salvajes.

En la cinta Salvajes (Savages, EU-2012), los malos salvajes son los narcotraficantes mexicanos que desean oprimir a unos buenos salvajes: una tercia de estadunidenses compuesta por Ben (Aaron Jonhson), un idealista con iniciativa, siempre preocupado por cambiar al mundo; Chon (Taylor Kitsch), un soldado con instintos asesinos, prácticamente una víctima de la guerra de Afganistán, y Ophelia (Blake Lively), una niña rica buena para nada, que está enamorada de los dos anteriores y ellos le corresponden. O, bueno, igual y ni tan buena para nada, porque al parecer es buena en la cama.

Ben y Chon se dedican a producir mariguana de invernadero, y su producto es tan bueno que los cérteles mexicanos, que se pelean territorio estadunidense entre ellos, comienzan a fijarse en los buenos salvajes que viven un triángulo amoroso idílico y que con el dinero de la droga que producen tienen proyectos donde ayudan a gente del tercer mundo.
Ben y Chon cuentan con un grupo de gente capaz de matar: un grupo de soldados, excompañeros de guerra de Chon. De hecho, su negocio lo deben a la guerra de Afganistán, pues gracias a ella pudieron traficar con semillas de mariguana provenientes de aquellas tierras.

Un día, el cártel de Elena (Salma Hayek) llega con una propuesta a la que ellos no deben rehusarse, pero como son los muchachos chichos de la película, lo hacen. Y, claro, arde Troya.

Elena y sus secuaces, un abogado mafioso llamado Alex (Demián Bichir) y un despiadado asesino que responde al nombre de Lado (Benicio Del Toro), les harán la vida imposible y pondrán en riesgo su triángulo amoroso, su vida y su negocio.

Su único aliado parece ser un policía corrupto del FBI llamado Dennis (John Travolta), pero en estos negocios nunca se sabe.

Por su parte, Elena tiene otros asuntos de qué preocuparse, en primer lugar de su hija que siempre le saca la vuelta (Sandra Echeverría) y de su rival llamado El Azul (Joaquín Cosío).

En este contexto, Oliver Stone plantea un drama de emociones baratas donde los buenos salvajes güeritos, que sólo quieren vender su mariguana y hacer el bien, son acosados por malvados salvajes de piel morena. No hay un mexicano bueno. Hay gringos malos, pero ellos salen ganando.

O sea que si los narcos se dedicaran, en lugar de pelearse entre ellos, a hacer buenas acciones, otra cosa sería o… ¿cómo? Bueno, el señor Stone debe saber que hay pueblos que tienen luz y muchos servicios gracias a los narcotraficantes, o al menos eso dice la leyenda urbana.

Stone es maniqueo en sus juicios y decide convertir en héroes a unos niños caprichosos y babosos, no mejores que los integrantes de los cárteles mexicanos porque, según nos muestra la película, pues Chon ha tenido que utilizar la fuerza bruta en bien del negocio.

En fin, es una cinta desafortunada, sostenida con argumentos infantiles… Una decepción para este director que se pavonea de estar a favor de varias causas sociales. Es como si de pronto Luis Estrada (La Ley de Herodes, El infierno) hiciera una telenovela tipo La reina del sur.

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