Secretaría de Cultura, no; fortalecer al Conaculta, sí: Tovar y de Teresa

En el retorno del PRI al gobierno federal luego de 12 años, también volvió su equipo cultural, con Rafael Tovar y de Teresa presidiéndolo (en el INBA, María Cristina García Cepeda y en el INAH, Sergio Raúl Arroyo). Lo primero, es crear un programa de acuerdo a “una visión integral de la cultura”, en la que no descarta a la iniciativa privada, y al cual deberá sujetarse el marco jurídico del Conaculta, “y no al revés”, dice en entrevista. Revisa, además, la infraestructura en obras del panismo para ver cómo se integran para responder a necesidades sociales específicas. Y asegura no haber recibido las bases del Proyecto Cultural del Siglo XXI de su antecesora Consuelo Sáizar.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- De nuevo al frente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Rafael Tovar y de Teresa expone de manera general los aspectos que incluirá en su programa, entre ellos el uso de las nuevas tecnologías, la relación con otras instancias del gobierno, el apoyo a las industrias culturales y la participación en el programa de prevención del delito que, dice, impulsará el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Descartó la creación de una Secretaría de Cultura al asumir el cargo el pasado lunes 10 en sus oficinas de Arenal 40 y habló más bien de fortalecer al Conaculta. Ahora, en entrevista aclara: no significa dotar a la institución del marco jurídico del cual ha carecido desde su creación hace ya 24 años, sino de impulsar un programa cultural adecuado a los nuevos tiempos.

En sus discursos y entrevistas ha repetido, refiriéndose a la ola de violencia y al resquebrajamiento del tejido social, que el país es muy distinto al que se tenía hace 12 años –cuando dejó el cargo de presidente del Conaculta–, en el cual se desempeñó durante ocho, dos en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y los seis del de Ernesto Zedillo.

Considera entonces que el nuevo programa debe ponderar a esta cultura como un elemento fundamental en la prevención del delito. Es una oferta para mejorar la calidad del tiempo libre y una alternativa para los jóvenes frente a la actividad delictiva. Será una de sus líneas de acción, dice Tovar.

En la sala de juntas del Museo Nacional de Antropología, el diplomático, exembajador de México en Italia y también exresponsable del programa conmemorativo del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana, dice a Proceso que la segunda acción será la utilización de las nuevas tecnologías.

Para él, estos medios son como la imprenta y el libro en el Renacimiento, o la televisión en la segunda mitad del siglo XX: Podrán contribuir en la promoción y difusión de los contenidos, productos, bienes y servicios culturales, a fin de hacerlos llegar a un número ilimitado de personas. Y no piensa sólo en materiales impresos, sino en la posibilidad de proyectar espectáculos artísticos, todo lo que “dé la imaginación”.

Impulsará además la participación de productores culturales e instancias privadas en actividades, que “a lo mejor no son ya solamente responsabilidad del gobierno y de las instituciones públicas”, a fin de impulsar a las industrias culturales del país.

Un elemento más será vincular las tareas culturales con instituciones de otros sectores del país, como la Secretaría de Turismo, siendo “respetuosos” –asegura– del patrimonio cultural, de Economía, Desarrollo Social o Relaciones Exteriores. Se dice convencido de que la política exterior del país tiene un componente cultural, y la proyección de la imagen de México en el extranjero pasa por la cultura. Su propósito es mejorar esa imagen, pero en tanto que es reflejo de lo que se piensa al interior, considera necesario primero “tener una buena imagen de nosotros mismos”.

–Si no hay empleo, si hay problemas de marginación, de violencia en los barrios, comunidades y estados, ¿cómo proyectar una buena imagen? ¿No se ponen demasiadas expectativas en la cultura, cuando se le ve como base de un proyecto de desarrollo social o económico y no hay un proyecto integral?

–Absolutamente, por eso creo en la transversalidad. Debemos tener una visión integral de la cultura en su relación con las demás áreas del país. Para eso es necesario situarla en el corazón del desarrollo social.

Recuerda que cuando participó en la creación del programa de cultura 1988-1994 y creó el de 1994-2000, se trazaron siete líneas de acción: Patrimonio cultural, Estímulo a la creatividad, Educación artística, Difusión de la cultura, Proyección internacional, Fomento del libro y la lectura y Culturas populares. Siguen siendo las mismas, pero ahora el trabajo se enriquecerá con las herramientas tecnológicas y con formas de trabajo como la transversalidad.

–¿Y tendrá una relación de tú a tú con los titulares de esos sectores? Se ha dicho, por ejemplo, que siendo tan importantes las nuevas tecnologías el Conaculta quedó marginado en el tema de las telecomunicaciones y que la Secretaría de Economía promueve a las industrias en el exterior, pero no a las culturales.

–Claro, se trata de hacer un buen trabajo de relación con esas instituciones, y creo que vamos a tener buenos resultados. En el campo de Relaciones Exteriores (bueno yo soy miembro del Servicio Exterior Mexicano, conozco la secretaría, a su gente y sus objetivos), lo podemos enlazar perfectamente. En el turismo, si no hay contenidos culturales, nos limitamos a ser un competidor más de sol y playa como las regiones caribeñas.

“Y las industrias culturales, pues existen y surgirán porque a nadie le van a cortar la iniciativa, simplemente veremos que pueden enriquecer la creación y el fortalecimiento de las Pymes (pequeñas y medianas empresas), que es un objetivo importante en este gobierno, como ya quedó señalado.”

 

Infraestructura polémica

 

Sus antecesoras Sari Bermúdez y Consuelo Sáizar, a quienes reconoció al asumir el cargo, conservaron básicamente las líneas del programa inicial del Conaculta. Esta última manejó además como parte de sus objetivos el uso de las nuevas tecnologías y la digitalización de los acervos. Le llamó el Proyecto Cultural del Siglo XXI.

–¿Diría que sí recibe las bases del Proyecto Cultural del Siglo XXI?

–No conozco ningún documento al respecto.

–¿No existe?

–No sé, tengo que involucrarme para preguntar en qué documento está planteado. Se me hace interesantísimo que haya una visión de prospectiva. Si algo le ha faltado a México siempre es una visión a largo plazo en cada uno de los temas. Este concepto lo he oído y estoy muy deseoso de analizar ese documento cuando lo tenga en las manos.

Varios especialistas señalaron a lo largo de los dos sexenios pasados que el panismo no tuvo una política cultural, y se le pregunta su opinión. Subraya que muchos de los programas que se dejaron en el 2000 continúan y significa que se ha aprovechado lo invertido en recursos y en experiencia.

Anuncia, sin embargo, que en materia de infraestructura desea revisar y conocer con profundidad cuatro proyectos de ambos sexenios: La Biblioteca Vasconcelos de Buenavista (construida en el gobierno de Vicente Fox); la llamada Ciudad de los Libros (Biblioteca de México José Vasconcelos), en La Ciudadela; las obras en la Cineteca Nacional, y la remodelación de la sala de espectáculos del Palacio de Bellas Artes (emprendidas las tres con Felipe Calderón):

“No quiero hacer ningún pronunciamiento todavía, sería repetir algunos de los comentarios hechos en torno a la polémica, quiero conocer por qué se tomaron ciertas decisiones, cuál fue su programa de trabajo, etcétera. Lo que más me importa –lo digo en el sentido más positivo– es tener claro cómo se integran estas obras a la infraestructura cultural del país, porque no se trata solamente de hacer obras, sino que respondan a necesidades sociales y culturales muy específicas.”

Explica entonces que revisará cuál es la vocación de cada uno de esos recintos, su mecanismo de trabajo y modos de funcionamiento, pues –insiste– las obras deben tener una utilidad, una función social, se les debe sacar provecho y saber cómo se mantendrán.

Hay que recordar, dice, que esas obras se realizan con recursos públicos, lo cual obliga a ser “especialmente cuidadosos de su destino”. No pasa por alto que el Palacio de Bellas Artes y la Biblioteca de México son dos monumentos nacionales. Y que la Biblioteca Vasconcelos se planeó en el sexenio foxista como el cerebro electrónico de la Red Nacional de Bibliotecas.

Quiere saber qué sucedió y cómo en la administración de Sáizar se hizo el proyecto de La Ciudadela, pues ambos tienen que ver con una línea de política que es la del libro y fomento a la lectura. Le interesa conocer cómo se vinculan estos dos proyectos, pues no concibe que estén desligados.

Lo cierto es que en las críticas a las gestiones anteriores se hizo ver que la Vasconcelos no llegó a ser el famoso cerebro electrónico, y en el sexenio calderonista quedó prácticamente abandonada. Se ha dicho incluso que funciona como una biblioteca de barrio, no como la central que debió ser.

–¡Pues sí! Y fue una inversión de 120 millones de dólares. Todo eso lo vamos a revisar y a integrarlo en el sistema de infraestructura cultural del país.

–No menciona el Centro Cultural Elena Garro, que además tiene una demanda por parte de un grupo de vecinos resuelta en su favor.

–Conozco la polémica a través de los medios de comunicación. Desconozco los detalles, pero es otro punto importante. De lo que se trata es de nutrir la vida cultural, de que esa infraestructura satisfaga a los vecinos y a los usuarios de una determinada zona. Me cuesta trabajo pensar que una obra cultural vaya contra los intereses y la armonía del entorno donde vive gente. Creo que este es otro punto a analizar.

Ofrece que cuanto tenga sus conclusiones las dará a conocer y asegura que “todo aquello que haya enriquecido la vida cultural del país será aprovechado”.

–¿Y qué diagnóstico le entregó María Cristina García Cepeda (responsable de la transición)? Ella habló de continuidad. ¿Es continuar con lo dejado por usted en el 2000 o con la gestión recién terminada?

–Le hablaría más bien de continuidad de las buenas experiencias, da igual que hayan sido de la época en que yo dejé el Conaculta o del gobierno anterior. Es analizar las acciones que cumplieron su expectativa de modo que implique no interrumpirlas porque automáticamente se vería privado de esa satisfacción de necesidades culturales un determinado sector de la población.

 

Recorte presupuestal

 

Tovar y de Teresa descartó al asumir el cargo la creación de una Secretaría de Cultura. Explica ahora que no depende de él, sino de las condiciones políticas del país y de sus objetivos. Por ahora, el Conaculta sigue siendo una institución que es un subsector dentro de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y lo importante, dice, es tener claro lo que se llevará a cabo.

En ese sentido, plantea la necesidad de una mayor interacción con la SEP para vincular las tareas culturales con el sector educativo. Recuerda que en su época el programa Alas y Raíces realizó actividades dentro de las escuelas y atendió, en la última administración, a 42 millones de niños.

Otro tema a trabajar con la SEP será la educación artística. La pregunta es si sólo habla de la educación impartida por el Instituto Nacional de Bellas Artes y el Centro Nacional de las Artes (del cual también hará una revisión para conocer su estado) o habla de una educación artística en los niveles básicos de la educación en general. Admite entonces que el sector cultural “no tiene instrumentos” para realizar una tarea en el segundo sentido, pues existen entre 200 mil y 240 mil escuelas y no hay 240 mil maestros de educación artística.

–¿Sabe si la reforma educativa plantea incluir este tema?

–Es una parte muy importante, porque no puede quedar como tierra de nadie… ¿Pero de dónde saca 200 mil maestros? Ahora las nuevas tecnologías pueden ayudar, pero eso lo determinará el secretario de Educación Pública, es un área fundamental del trabajo cultural, debe dársele prioridad.

–Y cuando habla de fortalecer al Conaculta, ¿significa darle el estatuto jurídico?

–El fortalecimiento del Conaculta pasa por tener un muy buen programa de trabajo, más allá de un marco jurídico apropiado y una determinada estructura administrativa. Al Conaculta lo que lo fortalece es tener claros sus objetivos, poder enlazar las distintas instituciones que lo conforman y utilizar plenamente los recursos.

No cree que, como “varita mágica”, una nueva ley o estructura administrativa resolverán los problemas operativos del organismo. En su opinión se pueden tener el esquema jurídico y administrativo ideales, pero si no se conciben los contenidos de manera integral poco se avanzará. Le interesa primero tener un programa cultural, ver si hay vacíos jurídicos que impidan su cumplimiento y entonces sí mejorar el marco jurídico.

“No es al revés. Porque he oído: ‘¡Es que se necesita un marco jurídico!’ No, no, no, para mí lo que se necesita es un programa y de ahí ver dónde están las lagunas, las dispersiones, duplicaciones, y a partir de ahí buscaremos hacer una propuesta específica.”

–Ese tipo de comentarios que usted menciona los han hecho incluso legisladores, que quizá desconocedores de las leyes en la materia han dicho que la cultura carece de marco jurídico.

–Cuando parte del problema es que hay demasiadas leyes.

–Y, sin embargo, para muchos es un escándalo que luego de 24 años el Conaculta no tenga estatuto jurídico.

–Bueno, tiene un decreto que da el marco general, ojalá que con el tiempo podamos fortalecerlo, pero a la luz de las necesidades jurídicas reales, para cumplir un programa, no al revés.

Y cuando se le comenta que algunos desean ver delimitadas en un marco jurídico las atribuciones del Conaculta y las de los institutos nacionales de Antropología e Historia (INAH) y de Bellas Artes (INBA), pues consideran que el consejo invade funciones de los institutos, afirma que en el decreto de creación del consejo se establece que es el órgano coordinador, y agrega que él ha sido siempre respetuoso de los institutos a los cuales ve como “los brazos armados de la política cultural”:

“Cuando se cruzan otros intereses para quererlo ver de modo distinto entonces se puede argumentar que hay un vacío, o si no lo hay, que si se tiene facultad o no se tiene. Aquí el asunto es involucrar a todos en un proyecto cultural y ese será uno de mis objetivos.”

Uno de los retos inmediatos para su administración es el presupuesto. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público pidió un recorte de 4 mil 187 millones de pesos, con respecto a los 16 mil 662 millones de pesos aprobados por el Congreso para 2012, lo cual representa una reducción de 25.13%. La pregunta es si acudirá a las cámaras a cabildear un incremento, como lo hizo en su momento Sari Bermúdez.

Asegura que sí, pero primero quiere conocer cuánto es lo asignado y si el recorte corresponde a las instituciones culturales o a los llamados recursos etiquetados que se asignan a proyectos de la sociedad civil.

–¿No sería grave de cualquier modo si –como ha dicho– parte de sus objetivos es una mayor participación de la sociedad en la cultura?

–Por eso quiero hablar primero con los legisladores. Esto es una noticia de ayer, quiero saber exactamente dónde está el recorte, intuyo que no es en el trabajo directo de las instituciones. No me quiero adelantar a una respuesta, pero a lo mejor tiene qué ver con un reordenamiento de esos recursos.

Hasta el cierre de esta edición, el también autor de los libros Paraíso es tu memoria y El último brindis de don Porfirio no había nombrado a sus colaboradores. Sólo fueron designados por Emilio Chuayffet, titular de la SEP, los directores del INAH, Sergio Raúl Arroyo, y del INBA, María Cristina García Cepeda. Tovar argumenta que primero se trazarán las líneas de trabajo y luego se determinará cuál es el perfil adecuado de los funcionarios.

Se le pregunta finalmente por qué aceptó regresar a ese cargo. Dice que en primer término porque le apasiona el trabajo cultural. Añade el haber tenido la pena de no haber visto realizado el programa conmemorativo del Bicentenario y Centenario, lo cual le ha hecho pensar que puede aportar “un granito de arena” en el desarrollo de proyectos útiles para el país y la sociedad.

–El que usted no realizara el programa del Bicentenario se vio en algunos sectores como una falta de coherencia en la política cultural.

–Pues sí –se interrumpe por unos segundos y prosigue–, y creo que faltó ahí una integración de objetivos comunes. El Conaculta andaba por un lado, hubo objetivos generales que no se enlazaron con el resto de las instituciones… Pero bueno, yo ya no juzgo, pero realmente me dio mucha pena que una ocasión tan importante para el país, como el Bicentenario, no se reflejara en una conmemoración a la altura de la historia de México.

–¿Seguirá escribiendo?

–Sí, no sé si publicando, pero si tengo un poco de tiempo, no en detrimento de mi trabajo, seguiré escribiendo, ya es parte de mi vida.

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