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El CUCEI, sin laboratorios

Por la reconocida “falta de inversión institucional”, el CUCEI tiene en el abandono sus instalaciones destinadas a las carreras ingenieriles. Los estudiantes tienen que pagar sus materiales y hasta equipo básico, además de cursar sus carreras en condiciones lamentables, mientras el exrector Raúl Padilla derrocha presupuesto en los espectáculos y eventos internacionales de la UdeG. El colmo es que las obras para un edificio destinado a formar ingenieros tuvieron que detenerse porque se detectó tardíamente un manto freático.

En el Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingeniería (CUCEI), de la Universidad de Guadalajara, las clases en laboratorios no se llevan a cabo porque la rectoría dejó inconclusos dos edificios que alojarán a los estudiantes de la División de Ingenierías, Ciencias Básicas, Electrónica y Computación. Además, carecen de equipos, reactivos y otros materiales indispensables.

Alumnos consultados dicen que uno de los inmuebles se encuentra en obra negra desde hace tres años. El otro empezó a construirse el 26 de octubre de 2012 y dos meses después la obra se paró porque se hallaron mantos freáticos en el lugar donde se planeaba cimentar, lo que supone la inviabilidad del proyecto o un alza considerable en su costo.

La falta de laboratorios está afectando la calidad de la educación, al sustituir las necesarias prácticas por clases teóricas, ya sea por falta de laboratorios o de materiales. Por esa razón, alumnos del CUCEI consultados por este semanario lamentan la falta de seriedad y transparencia del centro universitario en la aplicación de su presupuesto anual, que estiman en  alrededor de 377 millones de pesos.

Un joven que cursa el séptimo semestre de ingeniería en mecánica eléctrica destaca que esta carrera es una de las más castigadas en el CUCEI, porque no tiene el material necesario y el poco equipamiento con que contaba fue desapareciendo, como un torno de control numérico en el que hacían algunas prácticas:

“Ese torno estaba computarizado, ya se lo llevaron. Hacemos lo más básico, como echar soldadura. De mediciones de alta tensión tampoco hemos visto nada, y desde que entré no hay prácticas de laboratorio de termodinámica.”

Por si fuera poco, prosigue, hay profesores “bien barcos” que sólo van a los salones a pasar lista y se retiran, aunque algunos venden hasta en 250 pesos un manual que todo estudiante debe adquirir como requisito para aprobar la materia.

Confirman esta situación dos alumnas de ingeniería industrial, quienes desde el primer semestre deben comprar el material para sus prácticas, como protorresistencias, leds y multímetros. En la licenciatura de químico farmacobiólogo los estudiantes tienen que aprender en su salón materias que por su naturaleza exigen trabajar en el laboratorio, como análisis químico y química orgánica.

Una estudiante de esta licenciatura, a quien le falta poco más de un año para egresar, dice que trabaja con lo que se tiene, pero hace notar que la industria utiliza tecnología más sofisticada. “A veces (en el CUCEI) se tienen los reactivos, pero son muy viejos y no dan los mismos resultados”, comenta.

Ofrece otro ejemplo. Hace un año, en la materia de bioquímica I se realizó el ejercicio de medir el PH del agua destilada. El resultado fue de 9, cuando el PH del agua destilada es neutro porque carece de electrolitos, sodio y sales. Asimismo, para tecnología farmacéutica se requiere una máquina para hacer grageas o tabletas y no hay recursos para comprarla.

La estudiante expone que las precariedades en los laboratorios se agudizaron en el segundo semestre de 2011, con la apertura de la carrera de ingeniería en alimentos y biotecnología, pues no tenían material para sus prácticas y los alumnos de las otras ingenierías han escuchado que este semestre les quitarán espacio a los laboratorios que ellos usan para cederle un área a la nueva carrera.

 

Carencias inexplicables

 

De acuerdo con un boletín emitido por la Unidad de Difusión del CUCEI, el edificio que comenzó a construirse el último trimestre del año pasado tuvo una inversión inicial de 20 millones de pesos, de un total previsto de 52 millones. El inmueble tendrá una extensión de 7 mil metros cuadrados y contará con tres niveles para los laboratorios de mecánica eléctrica, ingeniería industrial e ingeniería civil, además de que dispondrá de sistemas de captación de energía solar y agua pluvial.

Muchos estudiantes se quejan de que para esta construcción les quitaron el estacionamiento que había en ese espacio, y ahora resulta que la obra no avanza por errores técnicos que pudieron preverse con un adecuado estudio de mecánica de suelos.

Mientras se resuelve el problema técnico, la construcción permanece abandonada. Los estudiantes relatan que días antes del arranque oficial de la obra, el 26 de octubre del 2012, encabezado por el rector general de la UdeG, Marco Antonio Cortés Guardado, y el rector del CUCEI, César Octavio Monzón, se informó a la comunidad que tendría mejores instalaciones y hasta se mandó colocar un mapa informativo con detalles para que todos lo vieran. Ya habían excavado como tres metros y colocado cientos de varillas para construir los cimientos cuando se descubrieron los mantos freáticos.

Aunque uno de los fundamentos de la Ley de Transparencia e Información Pública de Jalisco es que la información de carácter público debe estar a la vista del sujeto sin que éste la pida, el portal de transparencia de la UdeG es un laberinto que impide conocer en forma exacta a qué se destinan los recursos.

De lo que se obtiene en claro, tan sólo el año pasado el CUCEI destinó poco más de 5 millones de pesos al desarrollo de infraestructura, equipamiento y ampliación de servicios de la ingeniería en alimentos y biotecnología. En 2011 se ordenó la compra de mobiliario, así como de sustancias y materiales por más de 17 millones para el funcionamiento y el mantenimiento de  equipos e instalaciones del núcleo tecnológico; ese mismo año el rector César Monzón expidió una orden por 6 millones para abatir el rezago en los laboratorios de ingeniería en electrónica.

El año pasado el rector volvió a canalizar dinero para los laboratorios de electrónica (3 millones 382 mil pesos). Los universitarios no comprenden por qué no cuentan con insumos para las prácticas.

 

Pobre inversión

 

De acuerdo con el Plan de Desarrollo Institucional 2010-2030 que se encuentra en su página de internet, el CUCEI ofrece 13 licenciaturas y 15 posgrados, una planta de mil 100 profesores y cupo para más de 11 mil 500 alumnos. Se agrega que ante la insuficiente inversión institucional para los  proyectos de investigación, esta actividad está supeditada al financiamiento externo por cerca de 15 millones de pesos anuales.

En ese documento oficial se reconoce que en el CUCEI aún predominan los métodos tradicionales de enseñanza y que las aulas carecen de instalaciones adecuadas para el uso de nuevas tecnologías.

Más aún, “la infraestructura es insuficiente y no se utiliza óptimamente, las aulas se encuentran en malas condiciones, con frecuencia las butacas no son suficientes, los baños están cerrados y descuidados, faltan espacios para cubículos de profesores, nuevos laboratorios y talleres; asimismo el número y aforo de los auditorios es insuficiente”, dice en el mencionado plan.

Esta situación, indica, se suma al histórico problema de equipamiento y mantenimiento de los laboratorios, que se agudiza por el alto costo del equipo y su corta vida útil. Y agrega que, “ya sea en docencia o en investigación, equipo que puede ser compartido no se utiliza óptimamente. Los laboratorios carecen de planes específicos de mediano y largo plazo para la adquisición de equipo”.

Tampoco existen programas de ahorro de energía ni de agua, clasificación de residuos o rediseño ecológico de la infraestructura, lo cual es preocupante porque muchos de sus egresados se incorporarán al sector industrial, donde programas de este tipo están ganando terreno.

Sin embargo, la UdeG continúa canalizando recursos millonarios y publicitando el Festival Internacional de Cine, la Feria Internacional del Libro y administra, no exento de lujos, el Centro Cultural Universitario, donde opera para el mundo del espectáculo el auditorio Telmex, uno de los mayores y más exitosos del país.

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