Los zoológicos capitalinos, un desastre

Llevan años en el abandono. Y aun cuando el Gobierno del Distrito Federal destina 200 millones de pesos al año para su manutención y el pago a los empleados, los zoológicos de Chapultepec, San Juan de Aragón y Los Lobos dejaron ya de ser los espacios de exhibición de animales de todo el mundo y escuelas para recreación ambiental de escolares y adultos. Hoy las especies están confinadas en lugares insalubres y son mal alimentadas, en tanto que las autoridades capitalinas toleran el tráfico de especies.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Una somnolienta jirafa posa su cabeza en el barandal verde que rodea el sitio que comparte con otros tres largos ejemplares en el zoológico de Chapultepec.

Es viernes. Un hombre con su hija en brazos le pide a un joven que le tome una foto, al tiempo que le ofrece hojas de un árbol cercano al animal. Dos policías observan la escena desde lejos. Una treintañera le pregunta a los uniformados si esa acción está permitida.

–¿Por qué no les dice nada?

–Trabajan aquí. –responde uno de ellos.

–¿Pero es ilegal lo que están haciendo? –insiste la muchacha.

Los interpelados asienten con la cabeza, se dirigen a “los trabajadores” y les advierten: “Los está viendo la gente”.

El ejemplo ilustra la forma en que funcionan los tres zoológicos capitalinos a cargo de la Dirección General de Zoológicos y Vida Silvestre de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México.

Junto con el zoológico de Chapultepec, los de Los Coyotes y San Juan de Aragón han sido abandonados por las autoridades. Varias jaulas están vacías; las aves conviven con los antílopes y éstos con las jirafas; hay anuncios de avestruces, pero no se ven por ningún lado; el panda rojo se parece mucho a un mapache.

Son 2 mil los ejemplares de animales silvestres que sobreviven en los tres zoológicos; los tres dejaron de ser lugares educativos y de entretenimiento familiar. Así han estado desde la década de los noventa, desde la administración de Cuauhtémoc Cárdenas como jefe de Gobierno del Distrito Federal.

A ese abandono se suma la opacidad en el manejo de recursos que, al año, suman 200 millones de pesos, repartidos en los programas de reproducción de animales, atención a los decomisos de especies de animales en el aeropuerto, mantenimiento de las instalaciones y pago de nómina.

Pero también, como lo demuestran facturas obtenidas por Proceso, parte de esos fondos se destinan a comprar especies a particulares, algunos de los cuales son identificados como traficantes de animales. Un ejemplo es el de la elefanta Maggy, presuntamente decomisada por las autoridades capitalinas al circo Hermanos Vázquez. Lo cierto es que fue comprada en alrededor de 3.5 millones de pesos.

Apenas en marzo el director general de Zoológicos y Vida Silvestre, José Bernal Stoopen, declaró al diario Reforma que “los tres zoológicos de la Ciudad de México tienen un amplio reconocimiento a nivel nacional e internacional; muchos de los visitantes y especialistas de otros zoológicos –cuando los visitan, sobre todo el de Chapultepec y el de San Juan de Aragón–, se impresionan mucho de las instalaciones, de la colección animal y del trabajo que se realiza y no necesariamente se ve”.

No obstante, en Los Coyotes –antes llamada Escuela Ecológica Comunitaria Los Coyotes, dedicada a la exhibición de fauna del Valle de México–, en sus jaulas no hay mapaches, tampoco están la zorra ni el zorrillo. Lo que sí se ve es una víbora cincuate, una tortuga, una rana verde, una tarántula.

El único lince encerrado deambula de un lado a otro, desesperado; el lago artificial está seco, en la jaula de las palomas de ala blanca hay patos y pájaros de distintas especies, y en el “sendero del puma” no hay ningún felino.

En el de San Juan de Aragón los venados sika apenas se sostienen en pie, no hay agua en los contenedores ni en gran parte de las áreas verdes; sólo hay un tigre de Sumatra y un wapití o ciervo canadiense; los lobos mexicanos no están visibles, aunque los anuncian separados de la gente con una barda de medio metro. Su jaula está junto a los 11 gamos adultos y 10 crías. Del otro lado, en otra jaula se observa a los lobos mirando al wapití.

Un par de osos pardos beben agua, el líquido es verdoso y huele a podrido; hay cuatro monos japoneses: dos adultos y dos crías; algunos teporingos, dos osos negros cuyos contenedores de agua están vacíos; además, los pavos reales conviven con venados porque son herbívoros. Hay 15 antílopes eland que están ubicados en la jaula de las grullas.

 

“Talkshow” animal

 

En la entrevista con Reforma, Bernal Stoopen afirmó que en 2001 había decomisado una elefanta al circo Hermanos Vázquez y ahora residía en el zoológico de San Juan de Aragón, donde sobrevive abandonada en un sitio enorme donde sólo la visitan algunas aves.

Bernal, quien se presenta como doctor en manejo y conservación de fauna silvestre, asegura que adquirió el paquidermo, natural de África perteneciente a la especie loxodonta, el 13 de enero del año pasado en 3 millones 460 mil pesos, al “importador y exportador” Jesús Enrique Bueno Teista, de la comercializadora Reserva Salvaje. El vendedor, según Bernal Stoopen, labora bajo el régimen fiscal de “persona física con actividad empresarial y profesional”.

De acuerdo con la factura 502 expedida por la Secretaría del Medio Ambiente del Gobierno del Distrito Federal, Bueno Tiesta recibió el cheque SECOFI 22594580 en una sola exhibición. En realidad él fue el intermediario, pues las autoridades adquirieron la elefanta al Circo Hermanos Vázquez.

La diputada capitalina Polimnia Romana Sierra Bárcena indica a Proceso que es muy peligroso mezclar a los animales de circo con los que se exhiben en los zoológicos porque, dice, están acostumbrados a diferentes estilos de vida.

A Bueno Tiesta se le ha implicado en el presunto tráfico de animales. En el sitio http://aquinegocio.com.mx/cs33986-reserva-salvaje-import, por ejemplo, se anuncia la venta de aves, marsupiales venenosos, reptiles, roedores, antílopes, peces, tigres, anfibios, etcétera. El contacto es un tal “Enrique”. Todo es legal, indica la empresa, aun cuando se trata de especies en peligro de extinción.

El 22 de marzo de 2010 la revista Emeequis publicó un reportaje titulado El narco también le entra al tráfico de animales, en el cual reproduce diálogos que Bueno Tiesta sostuvo con posibles compradores entre 2008 y febrero de 2010.

Cuando uno de los interesados le preguntó el precio de un mono araña para Argentina, Bueno Tiesta lo tasó en 2 mil 500 dólares. Respecto de los delfines, el vendedor comentó que no se venden en México, “pero más o menos se cotizan en 120 mil dólares. Un tigre blanco cachorro, según él, cuesta 23 mil dólares “de contado”; un cachorro de lince u ocelote, 15 mil pesos. Un oso polar baby para Durango, 45 mil dólares “más envío”.

A pesar de que la directiva de los tres zoológicos capitalinos –el de Chapultepec, el de San Juan de Aragón y Los Coyotes– promueve que los padres no lleven a sus hijos a los circos, porque son sujetos de maltrato animal, los zoológicos capitalinos están abandonados y hay acusaciones sobre la mala administración y cuidado de los animales.

“Las políticas de protección, así como la Ley de Protección Animal, aprobada en enero último, sólo son buenas intenciones. No se llevan a la práctica en los zoológicos, circos, granjas y mercados capitalinos”, destaca la diputada Sierra Bárcena.

 

El abandono

 

Maggy, quien durante su cautiverio en el circo no dejaba de mover su trompa y abanicar sus enormes orejas, hoy está en un amplio espacio abandonado de uno de los tres zoológicos abandonados, donde las 2 mil especies de animales de Chapultepec tienen seguro de vida.

De acuerdo con la legisladora, los zoológicos “son centros educativos, no sólo recreativos. Más que ser parte de un parque de diversiones, son espacios para la educación de los niños y adultos, para que tomen conciencia de la conservación del medio ambiente, la flora y la fauna silvestre, para que conozcan y respeten a las especies que se exhiben”.

Bernal Stoppen, quien asumió el cargo en 2007, ha sido denunciado por los trabajadores del zoológico de Chapultepec por maltrato a los animales; también lo señalan como el causante de la muerte y desaparición de algunas especies y de la deforestación.

“Para acondicionar un estacionamiento para los trabajadores fueron derribados muchos árboles y plantas; incluso hoy siguen acabando con lo que les estorba”, señalaron los trabajadores en una carta.

Se quejan también por la colocación de una salida de visitantes al lado de la sala de necropsias de los animales. Muchas de las muertes –como de orangutanes, osos polares, elefantes, jirafas, pumas, jaguares y un osito “de anteojos que no pudieron criar”– son inexplicables.

“Imagínense el olor intenso que es inevitable cuando se hacen necropsias. Por eso, Necropsias está aislada de las áreas de oficinas y el hospital veterinario. A la Dirección del Zoológico no le importa las zoonosis –enfermedad animal que se transmite a los humanos– que se pudieran generar para los visitantes que saldrán por ese sitio:

“Se está destruyendo el interior del zoológico. Pregunten cuántos animales se han muerto por errores cometidos y la corrupción del equipo. Sólo basta darse una vuelta y verán jaulas vacías y animales enfermos”, señalan.

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