“El Yugo Zeta” en Coahuila: control de penales, secuestros, matanzas, quema de cuerpos…

Apuesta por la desmemoria

El gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto decidió demoler el edificio que ocupó la Escuela Preparatoria Técnica Piloto Vocacional 7 del Instituto Politécnico Nacional, ubicada en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Su objetivo: borrar la historia del movimiento estudiantil popular mexicano de 1968. Con acciones como ésta se evidencia una clase política que no acepta su pasado ni admite las luchas de un pueblo como una apuesta para el desarrollo y bienestar de la sociedad mexicana.

Desde siempre nos opusimos a que Gustavo Díaz Ordaz o Luis Echeverría Álvarez desaparecieran dicho plantel, cuyas instalaciones fueron escrituradas el 27 de noviembre de 1970 a favor del IMSS. Mediante una operación de compra-venta el predio se le arrebató al Instituto Politécnico Nacional (IPN). Con ello refrendaron su actitud represiva hacia esa institución por el desafío que sus estudiantes lanzaron al poder presidencial durante el movimiento estudiantil de 1968, el acontecimiento social más significativo de la historia contemporánea de México, que este año conmemora su 45 aniversario.

¿Aprendieron los del PRI el significado que tiene gobernar con cara y lengua autoritarias? Es evidente que no. La historia de este país tiene innumerables hechos que prueban que los priistas están educados para ser autoritarios, incluso bajo el amparo de la ley en la que han encontrado el aval para frenar a quienes se oponen al ejercicio de su poder, extremo por ausencia de consenso, originando un orden social opresivo y carente de libertad. Así que nada de lo que sucede hoy en este país difiere mucho de lo que ya ocurrió en el pasado.

La historia reciente nos muestra la manera en que Felipe Calderón hizo de su gobierno un escenario de muerte e impunidad, al igual que gobernantes como Ángel Aguirre Rivero, mandatario de Guerrero, quien lleva a cuestas la muerte de dos jóvenes normalistas de Ayotzinapa, asesinados en un intento por frenar los brotes de inconformidad social en esa entidad. Estos hechos confirman que vivimos una época de barbarie.

Por lo demás, la sumisión hacia Estados Unidos es total. Los oligarcas asentados en México presentan a Barack Obama como si hubiese bajado el Mesías a Chapultepec. Lo aman hasta el delirio porque él puede decir lo que a ellos no se les ocurre porque son pobres de pensamiento, incultos y estúpidos por naturaleza, y porque carecen de valores básicos. Han engatusado a millones de mexicanos al decirles que los maestros son unos pobres diablos que deben someterse a evaluación, pues ellos, junto a sus sindicatos, han dado al traste con la educación y hundido en la desesperanza a millones de niños y jóvenes.

La idea de que la evaluación docente es la panacea para remediar los rezagos en el ámbito de la enseñanza ya fue desacreditada por académicos y especialistas en la materia.

A pesar de los deseos gubernamentales y partidistas por presentarla como una solución cuasi milagrosa, en realidad la evaluación educativa, tal y como se presenta en la actualidad, basada en pruebas estandarizadas y en la entrega de estímulos económicos o de sanciones a los profesores, ha demostrado su ineficacia para mejorar la calidad de la educación.

Desde hace más de dos décadas la Secretaría de Educación Pública (SEP) sometió a estudiantes y maestros a diversos procesos de control de calidad de dudoso apego a los preceptos pedagógicos más elementales. Estas acciones no ayudaron en nada a corregir problemas socioeconómicos como pobreza, marginación e inequidad social. Tampoco sirvieron para remediar problemas institucionales como el abandono presupuestal, la opacidad, la corrupción y la ineficiencia en el manejo de los recursos públicos que convergen en el ámbito de la enseñanza.

Nos han mentido, pero ciertamente hemos cedido libertad a cambio de concederles más poder. ¡Concesión ilusoria que, además, no nos satisface! Por ello continuamente buscamos formas para eludir su vigilancia. ¿Para qué? Para ver si avanzamos, a sabiendas de que esas evaluaciones son mentiras que terminan golpeándonos más. En el mejor de los casos dejarán las cosas como estaban en lo monetario, pero con mayor afectación a nuestra economía, medio ambiente y sistema productivo.

¿Hasta qué punto están destruyendo nuestros valores básicos; no hablemos ya de derechos humanos, sino de la justicia, la dignidad, la libertad, que son elementos constitutivos de la civilización? La barbarie ataca los valores de la civilización. La barbarie adopta la apariencia de nuevos autoritarismos convirtiéndonos en una sociedad donde gobierna una élite y se simula la libertad, como si ésta fuera un papalote. Vuela pero está atada y los hilos los tienen quienes detentan el poder. La clase gobernante termina por convertirse en un ente autoritario e intolerante.

 

Viejas costumbres

 

Al inicio del movimiento estudiantil de 1968, en una desafortunada conferencia de prensa la noche del 30 de julio de 1968, el secretario de Gobernación Luis Echeverría intentó deslindar al presidente Gustavo Díaz Ordaz de su responsabilidad por la intervención del Ejército para reprimir a los estudiantes y derribar a punta de bazuca la puerta del colegio de San Ildefonso. En esa ocasión, Echeverría dijo que solicitó, junto con el jefe del Departamento del Distrito Federal, la intervención del Ejército, facultad reservada para el presidente de la República. De esta manera reconoció que incurrió en un acto ilegal.

¿Olvidamos que Echeverría fue hombre importante de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, tras de que, el 18 de octubre de 2006, al desclasificar unos documentos secretos, se reveló que siendo secretario de Gobernación colaboró con la agencia con el nombre clave de Litempo 8, y que fue reclutado por Winston Scott, jefe de la CIA en México entre 1956 y 1969? ¿Es mentira que junto a Felipe Calderón muchos gobernadores priistas estuvieron al frente de los estados integrantes de la Federación durante el tiempo en que la muerte ensombreció a nuestro país?

En México los tiempos no cambian demasiado. Las conductas se repiten. En nombre de la nación y el progreso se cometen y se han cometido terribles crímenes, como la privatización de empresas para beneficiar a los ricos que expolian a millones de compatriotas. Estas acciones se repiten, se ocultan y quedan protegidas en el más riguroso secreto. También esto es barbarie.

Ahora que se cumplen 45 años del movimiento estudiantil de 1968 hay actos que muestran la brutalidad con que los gobernantes priistas mantienen sus viejas costumbres. No debería ser necesario recordarles que el 2 de octubre de 1968 se perpetró un genocidio en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Algunos hemos dicho que el presidente Díaz Ordaz, el secretario de Gobernación Echeverría, el secretario de la Defensa Marcelino García Barragán y el jefe del Estado Mayor Presidencial José Luis Gutiérrez Oropeza urdieron un plan para capturar a los miembros del Consejo Nacional de Huelga sin importar el costo en vidas. Se masacró a los asistentes al mitin, previo simulacro de un encuentro armado que duró más de seis horas a fin de justificar la intervención del Ejército.

El corresponsal de la BBC de Londres en México, Julian Petiffer, testigo de los hechos, mencionó en un despacho noticioso que “en una destacable demostración de estupidez, brutalidad, o ambas juntas, el Ejército y la policía pasaron fuego de ametralladoras por miles de manifestantes pacíficos y gentes que iban de paso por el lugar…” y estimó el número de estudiantes asesinados en al menos 200.

Cerca de las seis de la tarde, casi al inicio del evento, un helicóptero sobrevoló la plaza. Sus ocupantes dispararon bengalas, como señal para que los francotiradores del Batallón Olimpia apostados en el edificio Chihuahua abrieran fuego contra los manifestantes y militares que resguardaban el lugar, para hacerles creer que los estudiantes eran los agresores. Los militares repelieron la agresión, pero sus disparos no se dirigieron contra los agresores, sino hacia la multitud que se encontraba en la Plaza de las Tres Culturas.

 

Despojo

 

El Politécnico ha sido traicionado y golpeado más que cualquier institución del país, y ahora lo despojan de una parte de su propia historia…

Sin duda la Escuela Preparatoria Técnica Piloto Vocacional 7 tiene un fuerte simbolismo en el movimiento del 68. Fue por ello que a instancias de Díaz Ordaz o de Echeverría, el 27 de noviembre de 1970, mediante una operación de compra-venta, las instalaciones pasaron a formar parte del patrimonio del IMSS y ahí comenzó a operar un Hospital General de Zona 27 y un teatro.

En la actualidad, tanto el presidente Enrique Peña Nieto como el director general del IMSS, José Antonio González Anaya, apoyan la demolición de ese edificio. Hasta ahora nadie les ha dicho que no lo destruyan, pero estamos obligados a exigirles que devuelvan ese espacio al IPN porque el predio le pertenece a la nación, a su memoria, a su dignidad.

En su libro sobre el 68, Ramón Ramírez escribió: “Los cientos de miles de mexicanos preocupados por el desarrollo del movimiento estudiantil iniciado el 26 de julio no desconocen el carácter eminentemente popular y democrático del mismo.” Acerca de nuestro pliego petitorio consideró “que su cumplimiento abriría, sin duda, un proceso democrático en la vida política y social del país. El problema que se nos presenta no es tanto precisar el alcance del movimiento como saber si podría lograrse tal proceso dentro del actual sistema político social”.

Por su parte, el autor de La democracia en México, Pablo González Casanova, consideró: “El análisis de todas las instituciones implantadas en México (…) revela que hay un partido preponderante, dependiente y auxiliar del propio gobierno, que el movimiento obrero se encuentra en condiciones semejantes de dependencia, que el Congreso es controlado por el presidente, que los estados son controlados por la federación, y (…) hay una concentración del poder.”

Cuarenta y cinco años después es importante volver a estos autores y repensar lo que decían, pues ciertamente las circunstancias actuales son distintas, han cambiado, pero siguen ahí como pesadas cargas para el pueblo.

Uno de los puntos expresados en las demandas que formaron parte del pliego petitorio de los estudiantes mexicanos en 1968 fue la desaparición del Cuerpo de Granaderos. Ahora el gobierno de Peña Nieto nos informa que en 2013 empezará a operar la gendarmería nacional con 10 mil elementos, quienes están siendo adiestrados en su mentalidad militar, readaptada, para convertirlos en policías de proximidad; se prevé que el comandante de esta corporación será un militar.

Una gran parte de las luchas de 1968 en México se dieron con la participación de los estudiantes de la Escuela Preparatoria Técnica Piloto Vocacional 7, del IPN, situada en la Plaza de las Tres Culturas, no en la respetable Facultad de Ciencias o la respetable Facultad de Derecho. Antes expliqué el camino que nos llevó al 2 de octubre de 1968.

Nos asiste la razón para pelear por un espacio que le pertenece a todo el pueblo, al que llamamos el Espacio de la Historia Contemporánea de México; hemos puesto el caso en manos de la directora general del IPN, la doctora Yoloxóchitl Bustamante Díez, para su conocimiento. Nuestro papel como egresados, maestros y estudiantes es convencer al gobierno mexicano para que desista de su empeño en demoler las instalaciones que albergaron a la Vocacional 7.

Aceptar la destrucción de este edificio para convertirlo en un símbolo de la desmemoria significaría un golpe brutal asestado por una clase política que no acepta su pasado ni admite las luchas de un pueblo como una apuesta para el desarrollo y el bienestar de la sociedad mexicana.

 

*Miembro del Consejo Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968. Representante de la Escuela Superior de Ingeniería Química e Industrias Extractivas del IPN.

Comentarios