Big Brother y CISEN, millonario negocio en puerta

MÉXICO, D.F. (apro).- El escándalo de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos a través de redes sociales y cuentas de Internet detonado por la revelación del sistema PRISM está muy cerca de replicarse en México. En el seno del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) se negocia desde hace meses un ambicioso proyecto, a través de un personaje responsable de la investigación de “fuentes abiertas” en el organismo: Manuel Cossío Robles, el exinfiltrado del movimiento #YoSoy132.

Según la información que circula entre las empresas dedicadas a dar servicios de información, tecnología y manejo de datos para el gobierno mexicano, IBM y Hewlett Packard son las dos grandes trasnacionales que fabricaron el sistema informático capaz de realizar un sistema de vigilancia a profundidad en las interacciones entre usuarios de Facebook, de Twitter, cuentas de correo electrónico y otras redes sociales.

IBM y HP negocian desde hace meses con el CISEN un ambicioso contrato, cercano a los 230 millones de pesos, para echar a andar un sistema de vigilancia entre los mexicanos, a través de otras empresas contratistas involucradas en el proyecto.

La negociación se ha realizado a través de funcionarios como Raymundo Reyes, responsable de Tecnologías de Información, y de Cossío Ramos, el mismo personaje que se “infiltró” en el #YoSoy132, haciéndose pasar como un empresario de las páginas web.

El proyecto busca monitorear y espiar a los ciudadanos en redes sociales. Todo lo discutido se ha hecho en la absoluta confidencialidad. No es para menos. El proyecto de espionaje por 230 millones de pesos no cuenta con el aval del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, ni con el de la responsable de las estrategias de tecnología digital en el gobierno federal, Alejandra Lagunes, exfuncionaria de Google y de Grupo Televisa.

Al margen de Osorio Chong y de Lagunes, los intermediarios del CISEN han negociado con representantes de IBM y de HP. Otras empresas que estarían involucradas, según los datos obtenidos entre el gremio informático y de seguridad, son Intellego y EMC Computer Systems SA, compañías que han tenido varios contratos con el centro de inteligencia nacional desde 2007.

Por ejemplo, Intellego es un corporativo que ofrece servicios de gestión de información (Information managment), servicios de tecnología, y managment consulting, según los datos del propio sitio web de la empresa. CISEN le compró a Intellego en septiembre de 2007 un “servicio de consultoría para el diseño del Sistema Integral de Información” por un monto de 4 millones 57 mil pesos, según el contrato CISEN/006/007, que se puede consultar en Compranet.

Intellego ha crecido de manera espectacular en los últimos 12 años, a tal grado, que la revista Expansión la considera una de las 500 empresas más importantes del país por ofrecer “las mejores soluciones de información y de TI”.

En 2012, Intellego fue el ganador de la licitación del portal Club Digital de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y ha obtenido otros contratos con dependencias públicas.

Desde 2009, Intellego se asoció con EMC Computer Systems SA, otra compañía que ofrece servicios en manejo de datos.

Apenas en abril de 2013, EMC Computer, representada por Miguel Ángel Campos Neri, recibió un contrato por adjudicación directa de 2 millones 438 mil pesos del CISEN para “mantenimiento y conservación de maquinaria y equipo”, según el contrato 01/04/2013, consultado en Compranet.

Todos estos contratos son menores frente al ambicioso proyecto de gestionar y ofrecer la tecnología de IBM y de HP para espiar las redes sociales en México, es decir, las “fuentes abiertas”, a través del CISEN.

Es un negocio jugoso, delicado y presumiblemente anticonstitucional, si tomamos en cuenta el perfil y los antecedentes de personajes como Cossío Ramos, pero también violatorio a la ley de datos personales y al más elemental derecho a la privacidad entre los ciudadanos.

El escándalo detonado por el joven contratista Edward Snowden ha alumbrado los opacos intereses de las compañías involucradas y sus tratos con las agencias gubernamentales. La industria del mercado mundial de seguridad no se limita solamente a la asesoría a cuerpos policiacos o fiscalías mundiales. Desde hace cinco años el objetivo es vigilar y espiar a los ciudadanos en los medios interactivos, a la usanza del Big Brother orwelliano.

La paranoia desatada desde 2001 en Estados Unidos, a raíz de los atentados a las Torres Gemelas, ha disparado esta industria a nivel global. Tan sólo la división IBM Security Sistems aspira a vender 2 mil millones de dólares hacia 2015 en el mercado mundial de seguridad, cuyo valor absoluto asciende a unos 90 mil millones de dólares. Entre esos grandes clientes se encuentran las agencias de inteligencia y seguridad nacional de los países periféricos, como México.

PRISM es un programa informático que persigue no sólo los mensajes por correo electrónico sino las comunicaciones de SMS y mensajes privados en los dispositivos móviles de todo el mundo.

En un texto reciente, Anne Flaherty explicó que PRISM es “como una pieza triangular de vidrio que toma grandes cantidades de información y ayuda al gobierno a encontrar fragmentos individuales y manejables… Documentos muestran que es una de las grandes fuentes de la información que llega a diario al presidente. PRISM da sentido a la cacofonía de la información a granel que pasa por internet y ofrece al gobierno los nombres, direcciones, historial de comunicaciones y archivos completos de mensajes electrónicos”.

Imagínense un sistema similar en manos de los espías y agentes infiltrados del CISEN mexicano. Imagínese el gusto que les daría anticipar quiénes son los ciberactivistas más importantes y cómo se relacionan entre sí.

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Twitter: @JenaroVillamil

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