“La Bohème” en Bellas Artes

Giacomo Puccini (1858 – 1924) fue el más grande compositor italiano de óperas, después de Verdi, y el auténtico heredero de la tradición operística del viejo maestro.

Puccini es el autor de la ópera más representada de todos los tiempos: La Bohème (1896). Trabajó con todo cuidado en esta obra durante cuatro años.  Está basada en la novela del francés Henry Murger Scénes de la Vie de Bohème que originalmente apareció como un folletín por entregas a partir de 1844 en el periódico Le Corsaire  y después se convirtió en un éxito literario en 1851. Ruggiero Leoncavallo hizo su propia versión de La Bohème, el autor de Los Payasos también musicalizó la novela de Murger; creó una magnífica partitura que se estrenó un año después de la de Puccini. Con el tiempo esta última fue la que logró consolidarse como favorita del público.

La Ópera de Bellas Artes presenta esta obra durante noviembre y diciembre. Asistimos a la premier, que fue además el debut de María Alejandres en el rol de Mimí: una delicia. Esas funciones de La Bohéme estarán a cargo del Serbio Srba Dinic que desde la primera vez que lo vimos dirigir en aquella Gala Verdi nos pareció mediano, sin ningún detalle de genialidad musical, y a quien se le ha favorecido con cantidad de funciones, más las que están en puerta: es obvio que la principal carta de presentación de Dinic es ser muy amigo de Ramón Vargas. ¿Porqué no invitar al joven mexicano Iván López Reynoso, quien con tan sólo 22 años sacó adelante con absoluto profesionalismo esta difícil partitura no hace mucho con la Sinfónica del IPN?

El elenco tuvo de todo. María Alajandres, adorada por el público, una de las mejores sopranos jóvenes del mundo, interpretó una Mimí llena de emoción y de control vocal, destaca su creíble actuación y la hermosura de su canto, en este rol que le viene como hecho a la medida. Héctor Sandoval, tenor mexicano, cantó a Rodolfo, el joven poeta; emotivo, pero con una emisión vocal carente de italianidad, bajó medio tono su aria, lo que ocasionó una momentánea pérdida de rumbo del clarinete primero.

Marcello el pintor fue encomendado al joven italiano Guido Loconsolo, estupenda estampa y creíble actuación. Posé una bella voz baritonal que sabe manejar diestramente, los agudos un poco opacos a ratos.

Schaunard, el músico, fue encarnado por el joven Óscar Velázquez una voz impresionante, ganador de varios concursos nacionales, ya debutó en el extranjero cantando en el “Parsifal” Wagneriano (Klingsor), y “Un Baile de Máscaras” de Verdi (Renato).

Colline el filósofo estuvo a cargo de Rosendo Flores, veterano bajo regiomontano quien cantó como siempre, con seguridad y certera actuación en este rol que lo tiene muy hecho, para el que Puccini escribió el aria “Vecchia Zimarra” la única para la cuerda de bajo surgida de la pluma del compositor.

Musetta la coqueta novia de Marcello estuvo a cargo de Leticia de Altamirano, cantó muy bien, como siempre, aunque en la actuación le faltó un poco del desparpajo y cinismo propios de las damas que como Musetta, ejercen el oficio más antiguo.

Los personajes de Benoit el casero y Alcindoro, el viejo amante ocasional de Musetta, estuvieron al cargo de Leszec Zawadka, estos caracteres ya son cómicos de por sí, no hace falta extremar la comicidad pues resultan grotescos. Leszec Zawadka los resuelve más con una exagerada actuación que con canto.

Muy redondo el segundo acto, una delicia el cuadro de pueblo: bohemios peinadoras y costureras, “pequeñas mariposas agridulces de la pobreza” las llama András Batta, muy disfrutable.

La dirección de escena de Luis Miguel Lombana, llena de altibajos y de incongruencias. El Vestuario y escenografía de Nicola Benois ya la han usado en la OBA en varias ocasiones, no deja de sorprendernos por su belleza.

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