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La escuela rusa de ajedrez

MÉXICO, D.F. (apro).- Todo aquel que ha tenido contacto con el ajedrez, incluso aunque sea de manera casual y temporal, ha descubierto que los rusos, antes soviéticos, eran los más grandes exponentes del juego-ciencia.

Por alguna razón, el régimen soviético había tomado el ajedrez casi como un símbolo cultural de gran valor para la naciente Unión Soviética y en una veintena de años había alcanzado la madurez suficiente para poco a poco desafiar a las naciones que en esa época eran potencia y convertirse ellos mismos y por muchos años, en los más grandes jugadores de ajedrez que haya conocido el mundo.

Es claro que el desarrollo actual del ajedrez se debe, en la mayoría de los casos, al esfuerzo del gobierno soviético, que permitió el desarrollo del juego de mesa como una actividad pensante, aunque lúdica. De ahí salieron los grandes exponentes, quizá comandados por el “patriarca” Mijail Botvinnik, que de pronto se mostró como uno de los jugadores más brillantes de su momento histórico.

Así, empezando por el mencionado maestro (que se convertiría en campeón mundial), y de los siguientes jugadores de una talla inmensa, como Geller, Smyslov, Tahl, Keres, Averbach, Kotov, Bronstein, Korchnoi y Petrosian, formaron un colosal equipo de maestros que ganaban los torneos a los que iban. Durante todo ese tiempo Botvinnik dominó el panorama, pero poco a poco empezó a ceder terreno a los jóvenes, como Mijail Tahl, que le arrebató el campeonato mundial (para recuperarlo Botvinnik al siguiente año), de manera sorprendente.

Después surgieron figuras como Spassky, Karpov y Kasparov. (Desde luego que en esta particular historia del ajedrez soviético dista de ser completa, pues es probable que deje fuera a alguno de los grandes jugadores de ese país. Lo importante es, sin embargo, dar cuenta de la importancia que ha tenido la exUnión Soviética en el desarrollo del ajedrez mundial).

Desde luego que Kasparov es un tema aparte. El mejor jugador vivo de todos los tiempos mostró un gran carácter al vencer al casi invencible Anatoly Karpov y mantenerlo como el segundo mejor del mundo torneo tras torneo.

Además, Kasparov demostró que un jugador de su talla puede no sólo legar al mundo sus grandes partidas, sino también generar una cantidad de bibliografía ajedrecística de gran calidad. En ese sentido, Kasparov rebasa las expectativas de cualquier otro jugador de ajedrez en el mundo. Bobby Fischer, por ejemplo, sólo se le conoce una obra: “Mis Sesenta Memorables Partidas”, pero no escribió más y quizá nos hemos perdido de lo que Fischer pudo haber mostrado sobre su comprensión del ajedrez.

Sin embargo, en todo esto, lo que realmente define a la Unión Soviética como la meca del ajedrez fue el sistemático empuje que el juego-ciencia tuvo en la población. Los niños en el verano iban a los palacios de Pioneros, donde el ajedrez era una de las tantas actividades que se daban. De esos “palacios” surgieron las estrellas que después vimos como grandes jugadores. Una vez que algún entrenador hallaba a un candidato con talento, entonces lo ubicaban para que se preparara en los secretos del ajedrez hasta que, en general, se convertía en un extraordinario exponente.

Muchos grandes maestros rusos deben agradecerle al Estado comunista el haber facilitado su vida cuando se tenía talento para el ajedrez, pues al ser el símbolo cultural de la URSS por antonomasia, esto representaba un honor para quien fuese un elemento distinguido del ajedrez soviético.

Hoy, curiosamente, con el retiro de Kasparov y el desarrollo de talentosos ajedrecistas fuera de Rusia, tenemos que el campeón mundial es un gran maestro de la India, Viswanathan Anand. Obviamente, las nuevas generaciones de ajedrecistas rusos, como Kramnik, Grischuk y Svídler, por ejemplo, le siguen los talones a Vishy Anand, pero digamos que la supremacía soviética empieza un poco a encontrar jugadores de fuera que bien pueden dar batalla a tantos años de ajedrez, donde los rusos fueron los mejores.

No obstante, los rusos siguen manteniendo un nivel de trabajo en el ajedrez que resulta fantástico. Hay aún desarrollos teóricos importantes. Probablemente los mejores entrenadores se sigan encontrando en Rusia (aunque Ucrania ahora es un buen contendiente).

En mi opinión, no se puede entender el ajedrez actual sin repasar el fenómeno que representó el ajedrez en la ahora desaparecida Unión Soviética. Gracias a los esfuerzos de ese momento podemos ver un juego-ciencia por demás lleno de dinamismo, de capacidad imaginativa, de grandes combinaciones, de mejores métodos defensivos, etc. Y todo esto hay que agradecérselo a la URSS. Sin ella, el ajedrez actual no tendría ni remotamente el nivel que tiene actualmente.

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