PANAMA PAPERS GANA PULITZER

“Memorias de dos hijos caracol”

Dos amigos se encuentran en el teatro y hacen una obra de teatro donde se encuentran en la escuela. Ella llegó a Chihuahua desde Yucatán y él es de Chihuahua. Comparten su lunch como el escenario y nos cuentan una historia entrañable.

Conchi León y Antonio Zúñiga escriben, dirigen y actúan la pieza para niños Memorias de dos hijos caracol, con base en sus vivencias y recuerdos, para crear los personajes de Coco y Toto.

Con un mínimo de elementos vamos y venimos de historias de su casa y de su escuela, y aunque sus mamás estén lejos, ellos las hacen presentes. Zúñiga es también la mamá de Coco que le jala el pelo cuando la peina, y León es la mamá de Toto que le pone un simple sándwich en su mochila aunque él quisiera una gran hamburguesa.

La propuesta de Conchi León y Antonio Zúñiga en Memorias de dos hijos caracol se centra en la sencillez de las resoluciones escénicas y de las situaciones dramáticas, en donde lo fundamental se convierte en la profundidad de los sentimientos y las experiencias. El resultado es una obra de gran aliento.

La actuación de Memorias de dos hijos caracol tiende a la naturalidad, aun cuando los actores también representan a la mamá del otro. Con un chal o una bolsa establecen serlo sin necesidad de una sobrecaracterización. La ingenuidad que define a los niños se manifiesta en las preguntas que le hacen o en los razonamientos a los que llegan después de sus respuestas. Ambos son niños que no se conforman, que quieren volar, ser lo que son y que los demás los miren así. El poder de la madre es innegable, pero las fugas que ellos encuentran son una gran liberación.

Los personajes, cuyo lugar de origen son de los dos extremos de México, dan una sonoridad relevante al montaje, ya que el yucateco y el norteño son de una musicalidad radicalmente diferente, y los actores lo manejan a la perfección. Los personajes se vuelven aún más particulares y de ahí se salta a lo general. La diferencia entre los individuos es una de las realidades fundamentales que el poder hegemónico intenta borrar, y partiendo del lenguaje se hace patente su importancia. A los pocos objetos que aparecen se les da un significado específico. El reloj grande de Coco, por ejemplo, es el último regalo de su padre, y los zapatos que ella quisiera tener son los que Toto puede regalarle.

Tanto los niños (mayores de ocho años, se señala en el programa) como los adultos que los acompañan pueden compartir las vivencias de los personajes, reírse de lo simple y llorar por lo complejo de las relaciones; resaltar los detalles que sellan la infancia y las heridas que provocan.

Memorias de dos hijos caracol, que se presenta sábados y domingos en el Teatro El Granero del Centro Cultural del Bosque, es una visión de la infancia cargada de ternura y comprensión. A pesar de las dificultades, la amistad y el amor filial prevalecen y corroboran que la vida está llena de piedritas que golpean y también hacen el camino. La alegría de vivir y de aceptarse a sí mismo es una de las tantas impresiones que nos quedan al salir del teatro.

Comentarios