“El Yugo Zeta” en Coahuila: control de penales, secuestros, matanzas, quema de cuerpos…

El movimiento iconoclasta del siglo XXI

No te harás ningún ídolo ni nada que guarde semejanza con lo que hay arriba en el cielo, ni con lo que hay abajo en la tierra ni con lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les rendirás culto.

Éxodo, capítulo 20. Versículos 4 y 5.

El pasaje de la Biblia que abre el presente texto como epígrafe ha tenido inmensas repercusiones en las prácticas religiosas de la cristiandad y con base en él se han pretendido legitimar los diferentes movimientos iconoclastas que se han gestado a través de la historia del cristianismo. Es en este texto donde la tradición talmúdica justifica la proscripción de las imágenes en sus templos.

En el Corán no existe ningún pasaje equivalente; antes al contrario, a mediados del siglo VIII d.C  Ibn Ishaq, primer biógrafo de Mahoma, narra cómo este profeta toleró que en la Kaaba, una construcción en forma de cubo ubicada en La Meca, lugar sagrado del Islam, permanecieran retablos de Cristo y de María. Otro historiador, al-Mas’udi (896-956), refiere que un mercader árabe, al ver una pintura china de Mahoma, “rompió en lágrimas” (Sadakat Kadri).

Lo cierto es que los hadiths –recopilaciones que consolidan la tradición canónica islámica (sunnah) y a las que se les confiere una interpretación sagrada de su historia– prevalecen sobre cualquier otro texto. En torno a las imágenes, manifiestan que “los ángeles no entran a ningún hogar en el que se encuentren perros o pinturas” (al-Bukhari). Este pasaje fundamenta la actitud iconofóbica en el Islam.

En la actualidad, empero, dicha polémica teológica debe contextualizarse en un campo de batalla en donde se puede visualizar claramente todo un movimiento de iconoclasia en pleno siglo XXI. El grupo fundamentalista que ha postulado el proyecto del Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS, por sus siglas en inglés) controla ya el noreste de Siria y partes estratégicas de Irak, como lo es Mosul, capital de la provincia de Nínive y segunda ciudad en importancia de ese país. Este grupo reivindica el movimiento iconoclasta.

La gravedad de las confrontaciones en el Medio Oriente siguió una ruta inesperada, y en este contexto la iconoclasia en la región ha conocido una virulencia sin precedentes. Aun cuando la belicosidad del conflicto dificulta enormemente el acopio de información, que fluye con lentitud, en forma paulatina se empiezan a conocer los estragos culturales de la guerra en Levante y en Irak. Entre las acusaciones que intercambian los contendientes, es difícil separar el grano de la paja. Ante este torbellino de iconoclasia, Occidente no puede llamarse sorprendido y asir los blasones de la tolerancia cuando en su tradición ha registrado movimientos similares de una gran profundidad.

La pugna entre iconoclasia e iconodulía

El primer movimiento de iconoclasia fue auspiciado desde el mismo poder por el emperador bizantino León III, el Isáurico, quien en el año 726 d.C., ordenó quitar la imagen de Cristo de la puerta de Calcis, la entrada ceremonial del Sagrado Palacio, para que fuera reemplazada por una cruz.

El Gran Palacio de Constantinopla, ahora en ruinas, fue la sede del poder bizantino de los siglos IV al XII, régimen que marca el inicio de la iconoclasia en la cristiandad, lo cual le generó a ésta graves tensiones internas. A partir de dichos eventos León III prohibió la veneración de imágenes y santos, acto que lo confrontó con Germano, el patriarca de Constantinopla, y con el Papa Gregorio III.

El debate teológico sobrevino enseguida: El emperador Constantino V (741-775), hijo de León III, con apoyo del Concilio de Hieria, decretó como dogma a la iconoclasia. Sin embargo, otros sínodos sujetos a la potestad del pontífice romano descalificaron ese dogma en respaldo de la iconodulía.

Al margen de la polémica teológica, el movimiento iconoclasta tuvo un trasfondo político evidente; la mejor forma de combatir la idolatría era precisamente la erradicación de las imágenes. A ello hay que agregar la hegemonía del poder monacato: el vínculo entre los monasterios y el pueblo opacaba fuertemente el poder del emperador. Los primeros se habían convertido en centros de peregrinación y destinatarios de importantes donaciones y fundaciones; sus mayores atractivos eran precisamente los íconos milagrosos, fuente inagotable de gloria y de riqueza.

La noción correlativa de la veneración de los íconos era la vigorización no solamente de la riqueza monacal, sino la de su autoridad, lo que contrariaba la fundación de un Estado militar. Las rutinas castrense y burocrática resultaban frecuentemente alteradas por las peregrinaciones, lo cual en los hechos tendía a disolver la estructura imperial. La única manera de debilitar a los monasterios era mediante la destrucción de sus imágenes (Arnold Hauser).

Al final de esta pugna, que duró más de un siglo, prevaleció el monacato y la iconografía fue restituida en los templos… y en los monasterios.

La reforma religiosa

Habría de pasar mucho tiempo para que la cristiandad experimentara otro movimiento iconoclasta, la legendaria “tormenta de las estatuas” (Beeldenstorm) en los Países Bajos (Flandes en la época del dominio español), acaecida durante la insurrección calvinista; tuvo su epítome en el saqueo y los actos vandálicos perpetrados en contra de la catedral de Amberes el 20 de agosto de 1566 por una turba azuzada por la nobleza reformista.

Con estos hechos dio inicio la Guerra de los Ochenta Años, que culminó con la independencia de los Países Bajos a raíz de la paz de Westfalia. Nuevamente fueron intereses políticos, representados esta vez por los reformadores y los nobles calvinistas, los que sirvieron de trasfondo.

Muy pronto el referido movimiento iconoclasta se expandió por toda Europa central, significándose por destruir de manera especial las imágenes en los templos y monasterios de la región, que entre 1522 y 1566 formó parte del Sacro Imperio Romano Germánico. Juan Calvino en Ginebra y Ulrico Zwinglio en Zurich, Basilea, San Gallen y Berna, ordenaron el retiro de las imágenes de los templos y su consecuente destrucción en privado.

Ya en pleno siglo XX, la guerra civil española (1936-1940) fue especialmente cruenta y devastadora del patrimonio cultural religioso. El movimiento iconoclasta ibérico se caracterizó por las profanaciones, saqueos e incendios de templos en prácticamente todo el territorio de España. Posiblemente Valencia es en donde están mejor registrados los eventos de iconoclasia; testigos de ello son las obras pictóricas de Joan de Joanes y de Gonçal Peris Sarriá en el antiguo museo de la catedral de Valencia; las pinturas de El Greco y de Michelangelo Merisi da Caravaggio en el Real Colegio Seminario del Corpus Cristi; las obras de Jerónimo Jacinto de Espinosa en el Antiguo Ayuntamiento; las de la iglesia de San Esteban y los retablos en la Real Basílica de la Virgen de los Desamparados y en el Palacio Arzobispal de Valencia.

De la pugna facciosa al fratricidio islámico

En el Islam, los odios ancestrales consumen hoy sus entrañas. De la pugna facciosa, sunnitas y chiitas han transitado al fratricidio, lo que ha galvanizado un movimiento de iconoclasia que se extendió por Siria e Irak.

Dar cuenta pormenorizada de tal tragedia cultural escapa a los límites de este espacio. La devastación es tan amplia que ante ella prevalece la estupefacción. La caída de Mosul, desde la óptica de la preservación del patrimonio cultural, es por demás inquietante. Esta ciudad no solamente es la segunda en importancia en Irak; también alberga edificios medievales, tanto religiosos como seculares, de una gran importancia. Se estima que de un total de 35 iglesias y monasterios, 11 han sido consumidos por el fuego.

Se tiene conocimiento además de que en Mosul los sunitas han bombardeado la iglesia armenia cercana al hospital al-Salaam, así como la iglesia del Espíritu Santo. El monasterio sirio cristiano de Mar Benham, fundado en el siglo IV d.C., y situado cerca de Qaraqosh, ciudad cristiana asentada en la llanura de Nínive, también ha sido profanado. La misma suerte corrieron la tumba del profeta Jonás, figura relevante en el Antiguo Testamento, y el santuario del tercer hijo de Adán, llamado Set por su esposa y reverenciado tanto por cristianos e islamitas como por judíos (Quinta aliyá de la Torá).

También, la iglesia ortodoxa siria del Apóstol Tomás (Mar Toma) en Mosul fue seriamente dañada. El inmueble, construido en el siglo VIII, albergaba incontables manuscritos pertenecientes a los cristianos medievales y cuyos trazos podían observarse en todo el templo. Esta iglesia era reconocida por su Biblia escrita en siriaco, idioma proveniente del arameo, la lengua en la que se expresaba Jesús. Dicha Biblia, conocida también como Peshittô o Peshitta, fue traducida al coiné, idioma griego alejandrino, y constituye la versión bíblica más antigua registrada en Occidente. Afortunadamente el fraile Pius Alfaz, de la Universidad Católica de Lovaina, en colaboración con el Centro de Estudios Cristianos Orientales de la Universidad Católica de Nijmegen, en los Países Bajos, logró fotografiarla.

La destrucción también alcanzó a la catedral de San Pablo, sede de la cristiandad caldea y que recientemente fue promovida como archieparquía bajo la prelatura de un arzobispo impuesto por el Vaticano.

El 17 de junio del presente año, ante la inminencia de la profanación, las reliquias atribuidas a Tomás de Aquino fueron puestas a salvo en el monasterio sirio-ortodoxo de San Mateo, ubicado en las afueras de Mosul.

El director de museos del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Irak, profesor Qais Hussein Rashid, ha expresado su enorme preocupación por el acoso al personal museístico por parte de los extremistas sunnitas.

Mosul, sin embargo, no ha sido la única ciudad dañada. En Samara, el 30 de junio último fue bombardeada nuevamente la cúpula dorada de la mezquita de al-Askari, uno de los sitios sagrados del Islam chiita, edificada en el año 944 d.C.

La belicosidad afecta por igual a templos y monasterios cristianos e islámicos. Son incontables las alteraciones al patrimonio cultural religioso islámico. En Tal Afar, en el noroeste de Irak, las mezquitas de Hashim Antr, Imam Sadiq y al-Abbas, Ar Mahmoud –también conocido como ar-Mamut o santuario de Arnaout–, fueron profanadas. Y en medio de esta oleada iconoclasta, santuarios islámicos tan venerados como el de Ahl al-Bayt (oal-Bayt), cuya figura resulta fundamental para el Islam chiita, y la tumba del historiador árabe Ibn al-Athir (1160-1233), de gran influencia en la historiografía árabe, también fueron profanados.

En Siria, los eventos que se han sucedido son igualmente críticos. Los extremistas islámicos emprendieron la destrucción sistemática de mosaicos bizantinos y esculturas griegas y romanas, ya que las representaciones humanas en esas obras son contrarias a sus convicciones religiosas. A mediados de enero de este año, cerca de la ciudad de Raqqa, en la ribera del Éufrates, fueron destruidos unos mosaicos del siglo VI; pertenecientes a la época bizantina, y de suyo ya importantes, habían sido elaborados con técnicas romanas que los hacían especialmente relevantes.

A la destrucción del alminar de la Gran Mezquita Omeya en Alepo habría que agregar la de los bajorrelieves de Shash Hamdan, cementerio romano situado a las afueras de esta ciudad. En su campiña han sido deliberadamente destruidas estatuas esculpidas en el valle de al-Qatora. El director del Departamento de Antigüedades y Museos del Ministerio de Cultura de Damasco, profesor Maamoun Abdulkarim, quien se declaró políticamente neutral, ha sostenido que de continuar este movimiento iconoclasta, en el futuro cercano todas las cruces del inicio del cristianismo, los mosaicos de figuras mitológicas e incontables estatuas griegas y romanas habrán sido destruidos. Abdulkarim atribuye los referidos eventos no solamente a ISIS, sino a otros grupos extremistas como Jabhat al-Nusra, una extensión de Al Qaeda.

La Asociación para la Protección de la Arqueología en Siria reporta graves daños en todo el territorio sirio, como el perpetrado contra la iglesia del Sagrado Corazón de Santa María (Umm Al-Zinnar) en Homs, construida en el año 50 d.C., y uno de los templos más antiguos de la historia. Según la tradición, el apóstol Tomás llevaba consigo el cinturón de María, madre de Cristo, un objeto de gran valía para la cristiandad. La reliquia fue depositada, después de muchas vicisitudes, en esta iglesia. A lo anterior se suma el caso de un templo erigido en el siglo V d.C., en Qusayr, Siria, dedicado a San Elián, cuyos restos se alojaban en una cripta. Hoy, este inmueble se halla completamente devastado.

Epílogo

La comunidad internacional cultural ha reaccionado con firmeza para hacer frente al Armagedón cultural descrito aquí. El grupo de trabajo que se instituyó en Siria con la misión de proteger el legado cultural nacional que se encuentra en peligro, junto con la Alianza para la Restauración del Legado Internacional,  el Instituto Smithsoniano y la organización Blue Shield, ha hecho esfuerzos loables para enfrentar esta tragedia cultural.

En diversos ámbitos se ha sostenido que pugnar por que se prohíba la presencia de milicias y armas en los sitios patrimoniales de Siria e Irak es una candidez. El lenguaje de la realpolitik ve con sorna esta posibilidad, que considera, con benevolencia, estéril. Pero no lo es. La princesa jordana Sumaya bint El Hassan, comprometida con el salvamento cultural de la región, lo ha expresado con una gran claridad: el conflicto armado no es ni debe ser la identidad de una nación, y si bien es cierto que la guerra ha sido una constante en la civilización, no debe permitirse que altere la sobrevivencia de una nación ni que se permita asociarla a una identidad artificial y sombría.

Las primeras muestras de lo que sería un bálsamo cultural en la región quizás estén representadas en el festival de Baalbeck, que se realiza actualmente en el Valle de la Becá. De hecho las autoridades de Líbano se negaron a cancelarlo a pesar de la espiral de violencia que se vive en la zona; haberlo suspendido  hubiera significado la capitulación de un modelo cultural que está asociado a los fundamentos del Estado.

En ese festival, el más prestigiado en Levante, entre los acordes de la orquesta de Assi El Helani en el templo de Baco y con las voces de Angela Gheorghiu, Tania Saleh, Assi el Hallani, José Cura y Tiziana Fabriccini, se reafirma el único lenguaje capaz de contrarrestar la pérdida o desagregación de prácticas culturales que envilecen a un pueblo y alteran su memoria colectiva.

*Doctor en derecho por la Universidad Panthéon Assas.

Comentarios