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Los otros “dreamers”

Para el gobierno de México hay activistas de primera y de segunda. La semana pasada, 40 dreamers fueron invitados por la administración de Enrique Peña Nieto para que visitaran México, su país natal. Sin embargo, la Secretaría de Relaciones Exteriores “olvidó” convidar a otros dreamers: muchachos deportados que, desde este país, buscan lo mismo que los agasajados: entrar y salir de las dos naciones que consideran suyas.

El 28 de septiembre Nancy Landa ingresó junto con otros 40 jóvenes al edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), en la avenida Juárez de la Ciudad de México, para celebrar un encuentro con el canciller José Antonio Meade. Como los demás chicos, Nancy nació en México, pero también es estadunidense. Pasó la mayor parte de su vida en aquel país, a donde llegó indocumentada cuando era menor de edad. Y como los demás, hoy está de vuelta en su patria natal después de muchos años. La diferencia es que los 40 jóvenes vienen de visita, y Nancy no: a ella la deportaron hace cinco años, llegó sin nada y no puede volver. Los otros muchachos, en cambio, atravesarán la frontera el siguiente fin de semana.

Un hecho fortuito provocó que fueran tan diferentes las situaciones de los dreamers (soñadores, visionarios) que visitaron México con la que viven Nancy y otros 500 mil jóvenes deportados o retornados desde Estados Unidos en la última década. Hasta agosto de 2012, los dreamers en Estados Unidos no tenían posibilidad de evitar la deportación o salir del país y regresar legalmente; pero en junio de ese año, el presidente Barack Obama anunció, mediante una orden ejecutiva, el Programa de Acción Diferida, conocido como DACA, que aunque no soluciona su estatus migratorio, les permite seguir estudiando, trabajar legalmente y viajar fuera del país.

Según cifras del Pew Research Center, 1.7 millones de jóvenes eran candidatos a beneficiarse de esta medida al momento de su anuncio. Hasta la fecha, poco menos de 450 mil se han acogido a ella.

Aunque muchos de los dirigentes dreamers se inscribieron al DACA –y por esa razón 40 de ellos pudieron viajar a México–, los más radicales se han negado, como una forma de resistencia ante lo que consideran una medida paliativa que agrava la situación de la comunidad indocumentada.

En 2013, un año después de la entrada en vigor del DACA, la administración Obama deportó a 430 mil personas, 20 mil más que el año previo y 51 mil más que en 2011. Muchos de ellos son padres o hermanos de dreamers. En toda su administración, la cifra supera los 2 millones, más que cualquier otro presidente en la historia del país.

México lindo

“Siento maripositas en el estómago y no puedo dormir. Mañana es el viaje que he estado esperando por ¡17 años! México lindo y querido, regreso a ti, y no deportada, como muchas veces lo pensé.”

Erika Andiola, una de las dirigentes más activas del movimiento Dreamer en Arizona, compartía así en Facebook, el 29 de septiembre pasado, su emoción por el viaje que estaba a punto de emprender.

Originaria de México, Erika obtuvo gran cobertura mediática a principios de 2013, cuando el 10 de enero, a unos días de la toma de protesta de Obama para su segundo periodo de gobierno, agentes de inmigración arrestaron a su madre, María Arreola, y a su hermano Heriberto. Erika subió a las redes sociales un video en el que explicaba el caso y pedía a la comunidad que hiciera llamadas a las autoridades de inmigración para detener la deportación. La campaña se volvió masiva y unas horas más tarde la madre y el hermano fueron liberados. Erika, así, devino en una de las líderes dreamers que alcanzaron un alto perfil mediático.

“Se trata de la primera ocasión en que los jóvenes indocumentados pueden viajar fuera de Estados Unidos, por lo que la cancillería organizó una visita en la que se han incluido actividades culturales, académicas y de intercambio con estudiantes”, dio a conocer la SRE a través de un comunicado. “Los jóvenes pertenecen a una nueva generación de migrantes mexicanos que son reconocidos como líderes comprometidos con la promoción del bienestar de sus comunidades y como auténticos agentes de cambio.”

A los chicos se les hospedó en un hotel del Centro Histórico, frente a la Alameda Central y a unos pasos de la cancillería. El programa incluyó visitas a Teotihuacán, Garibaldi, Coyoacán, la UNAM y a un concierto en el Palacio de Bellas Artes. La reu­nión con Meade quedó programada para la primera noche de la visita oficial.

Los “dacamentados” y los otros

Unas horas antes de que Erika compartiera en internet su emoción por el viaje a México, otro grupo de jóvenes que vivieron indocumentados en Estados Unidos y están de vuelta en el país celebraban su primer gran éxito. La noche del 27 de septiembre, el grupo Los Otros Dreamers presentó el libro homónimo, escrito por la investigadora Jill Anderson e ilustrado por la fotógrafa Nin Solís. Esa obra reúne las historias de 26 jóvenes dreamers que fueron deportados o que tomaron la decisión de retornar a México ante la falta de oportunidades en el país del norte. Para ellos, el DACA llegó demasiado tarde.

Nancy Landa es una de las jóvenes perfiladas en el libro. Tras 20 años de vivir en Estados Unidos, con una exitosa vida académica y profesional, recibió una orden de deportación en 2009, a los 29 años de edad. La noche de su expulsión, Nancy se encontró en Tijuana sin amigos, sin familia, sin dominar el español, sin más pertenencias que su bolso de mano con 20 dólares y un teléfono celular. De la nada, tuvo que iniciar una vida en el país que se supone es suyo y no conocía.

En los años siguientes, Nancy enfrentó el rechazo social en México –“pocha”, “gringa”, “deportada”, “habla bien”–, la falta de apoyos gubernamentales para reincorporarse a la vida cotidiana y el nulo acceso a un buen empleo a pesar de estar bien calificada: en México, si no tienes un historial de trabajo a los 30 años y no dominas el español, las posibilidades de ser contratado son inexistentes.

Nancy terminó trabajando donde la mayoría de los dreamers deportados termina: un call center. El perfil de los dreamers es perfecto para esa labor: el inglés es su primer idioma y conocen la cultura del país de donde les llaman y esto les permite tener un ingreso.

Cinco años más tarde, Nancy ha logrado adaptarse a la vida en México y forma parte activa del colectivo Los Otros Dreamers, que busca reunir a jóvenes en esta situación para formar una red de apoyo ante la dolorosa experiencia de la deportación o el retorno.

Tras la presentación del libro, Los Otros Dreamers comentaron las noticias: en unas horas empezarían a llegar los “dacamentados”, como conocen coloquialmente a quienes han recibido algún tipo de documento gracias al DACA. Éstos serían recibidos como invitados especiales por el gobierno mexicano. En esa invitación no se consideró a ningún dreamer deportado o repatriado viviendo en México.

“Lo habían mantenido muy en secreto”, comenta Anderson, quien también es colaboradora del colectivo. “Creo que hubo una decisión deliberada de no invitar a Los Otros Dreamers ni a Dream in Mexico (otra organización que agrupa a muchachos que han retornado al país). Es mucho más fácil invitar a dreamers que siguen con su idea romántica de México, porque están lejos, que dialogar con dreamers que llevan cinco años aquí, luchando, y que ya conocen la realidad”.

Mojados y colados

Cuando Nancy Landa se enteró de la visita, logró, a través de amigos comunes, establecer contacto con Julieta Garibay, dirigente del movimiento en Texas y de la red United We Dream. Originaria del DF, Garibay volvió a México tras 14 años sin estar aquí. Ya antes, a los 17 años, se había “autorretornado” por un tiempo, pero se dio cuenta de las dificultades de adaptación y aceptación de un joven criado en “el otro lado”, así que volvió a Texas poco después.

“Varias personas que nos conocen, académicos, incluso dentro de la misma secretaría (de Relaciones Exteriores), nos preguntaban si Los Otros Dreamers íbamos a estar en la reunión, porque era lógico, ¿no? Pero nadie nos avisó”, cuenta Nancy.

“Cuando se enteró Julieta, me pidió que fuéramos para encontrarnos con ellos. Así lo hicimos. Llegamos al lobby de su hotel, donde daban los gafetes para la reunión con el secretario, y ella pidió que nos dieran a los cuatro representantes de Los Otros Dreamers y Dream in Mexico, porque éramos sus invitados. Insistió y nos dejaron entrar.”

La reunión tuvo un sabor agridulce para Nancy. En uno de los salones, entre bebidas y canapés, Meade habló de reforma migratoria y de liderazgo. Más tarde, alguien le presentó a Nancy. El secretario estrechó su mano e intercambiaron un breve saludo.

“Le dije ‘Hola, soy Nancy y fui deportada’; el canciller, claro, no supo qué hacer. Nuestra presencia incomoda, no sólo a los de la secretaría, sino a los dreamers que no nos tenían en el radar y que no sabían cómo reaccionar cuando me presento como ‘dreamer deportada’”, rememora.

“Es una ironía la forma en que el movimiento Dreamer de Estados Unidos está desconectado de nosotros. A mí me molesta eso. Nosotros somos la prueba de lo que ha fallado en el movimiento y no queremos que hablen por nosotros. Tenemos una voz y ahora necesitamos que nos ayuden a crear los espacios en Estados Unidos.”

Nancy asegura que la falta de sensibilidad no sólo viene de los dreamers que vienen de Estados Unidos, sino del propio personal de la SRE.

“Cuando salimos del hotel caminamos hacia la cancillería; llovía y no llevábamos paraguas. Entramos al elevador y un empleado de la secretaría bromeó: ‘¿Ya llegaron los mojados?’. Adentro nos dimos cuenta de que algunos de los meseros con los que platicamos eran deportados o retornados. Los deportados estuvimos en el acto o como colados o como meseros; los dreamers que pueden regresar a Estados Unidos fueron recibidos con alfombra roja.”

Al finalizar la reunión, el grupo se dirigió caminando al Palacio de Bellas Artes para asistir a un concierto. Sólo podían entrar los invitados por la SRE. Nancy y sus tres compañeros se fueron caminando por la Alameda Central.

El “Peña Nieto Express”

La visita de los dreamers a México tiene lugar en un momento en el que resulta conveniente para la administración Obama demostrar que ha hecho algo por la comunidad inmigrante en Estados Unidos.

A un mes de la elección intermedia, que podría costarle el control del Senado al Partido Demócrata, el voto latino se tambalea ante la falta de respuesta de la administración para lograr algún avance en materia migratoria. Elegir a los líderes mediáticos del movimiento pro inmigrante más visible del país puede tener algún impacto positivo en la opinión pública de ese país.

Empero, la bienvenida a los dreamers “visitantes” contrasta con el mecanismo de invisibilización de los dreamers deportados y retornados a México durante décadas. No existen mecanismos de identificación o apoyo de esta población de medio millón de personas durante la última década, de acuerdo con la investigación de Anderson.

Daniel Arenas, fundador de Dream in Mexico, afirma que en los últimos años él y sus compañeros han buscado acercarse a organizaciones como el Instituto de los Mexicanos en el Exterior y con algunos senadores, sin resultado alguno.

“Para nosotros fue un choque tremendo ver esta bienvenida, porque ellos llegan comprando artesanías del sol azteca, y qué bonito que puedan hacerlo, pero es súper obvio que no entienden la realidad mexicana”, puntualiza Anderson.

“Alguien de nuestro grupo dijo que venían en el ‘Peña Nieto Express’, porque traen una idea de la política estadunidense, pero ninguna de la política mexicana que ha facilitado su llegada y jugado con su visita, su interés y su derecho real de estar aquí.”

Nancy agrega: “Si querían que conocieran México, ¿por qué en vez de Bellas Artes no los llevaron a visitar un call center? Ese es el México que encontramos nosotros a nuestro regreso”.

“Sí, varios de nuestro grupo han mencionado que nos trajeron a ‘turistear’, y creo que nos gustaría más estar en nuestras ciudades o estados de origen, ver el México real”, reconoce Garibay. “Para mí ha sido muy alentador escuchar a Los Otros Dreamers. “Descubro que cuando estuve en México, en realidad no estaba sola. Muchos de los beneficiarios del DACA vivimos en una burbuja dentro de nuestro propio mundo de dreamers y nos olvidamos de lo que significa regresar.”

A pregunta expresa, la Dirección de Protección a Mexicanos en el Exterior de la SRE acepta que aunque, en efecto, no se consideró la asistencia de los grupos de deportados –debido a que “se organizó a partir de las alianzas que se han formado entre los jóvenes Dreamers y la red consular en Estados Unidos”–, se acordó un encuentro antes de la partida de los chicos para que ambos grupos pudieran conversar. Dicho encuentro se realizó el viernes 3.

Durante el cuarto día de su visita a México, Erika Andiola compartió en su muro de Facebook: “Estar en México me ha provocado una ligera crisis de identidad. Aquí se refieren a nosotros como ‘estadunidenses’. No sabemos nada sobre el gobierno, aunque nos emocionamos cuando empezamos a hablar de nuestro movimiento y de la política en Estados Unidos. Pero cuando estoy en Arizona, soy demasiado mexicana. Soy una ‘ilegal’. Soy el otro. Es muy extraño”.

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