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La expurgación ideológica de la cultura (Primera de dos partes)

Un video que ha circulado profusamente en la red global exhibe la destrucción de bienes de aparente gran valía que albergaba el Museo de Mosul por parte del grupo Estado Islámico (EI). A este hecho, que conmocionó a Occidente y provocó indignación general, se suma ahora el arrasamiento de la antigua ciudad asiria de Nimrod a manos de la misma organización fundamentalista, según reportó el pasado jueves 5 la agencia AFP.

El video contiene una arenga en árabe antiguo dirigida específicamente a la comunidad islámica. Este discurso, asociado a una estrategia de masas con un predecible efecto de reacción social y política, privilegia la destrucción sobre la preservación del legado cultural.

De confirmarse que la destrucción afectó bienes culturales auténticos, se habrá consumado una de las atrocidades culturales más significativas en la época contemporánea. Las noticias empero no dejan de ser contradictorias. En un artículo publicado en Le Monde (A Mossoul, l’État islamique mène une guerre contre la culture), Lamia Al-Gailani Werr, arqueóloga de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres, había referido que el Museo de Mosul carecía ya de piezas importantes y de hecho funcionaba como oficina recaudadora de impuestos. Según esta versión, las antigüedades más preciadas no habrían sido, por lo tanto, destruidas.

De las versiones que fluyen con mucha dificultad de la zona de conflicto en Oriente Medio, es muy difícil separar el grano de la paja. Existe, sin embargo, certidumbre en torno a una realidad: las comunidades islámicas transitaron de la facción al fratricidio. Se tiene conocimiento de que EI, radicado ahora en su nueva capital, Mosul –la antigua Nínive–, expurgó las bibliotecas Central y de la universidad de esta ciudad, de las que retiró incluso libros para infantes.

Un obispo sirio popularizó la siguiente sentencia que le atribuyó al califa Omar (577-644) respecto de la Biblioteca de Alejandría: Si sus libros están de conformidad con el Corán, son inútiles y deben quemarse, y con mayor razón si son contrarios. Inspirado en esta frase, EI procedió a la quema de libros, y únicamente aquellos que están de acuerdo con su ideología pueden circular en la región bajo su control.

Los manuscritos siríacos, caldeos y armenios, que se contaban entre los más valiosos de la Biblioteca Central de Mosul, están bajo resguardo en el Monasterio de Erbil, en el Kurdistán iraquí, bajo la tutela del dominico Najeeb, quien emprendió la tarea de preservarlos y numerarlos. Sin embargo, el destino de una cantidad importante de manuscritos del siglo XIII es incierto.

El experto en terrorismo internacional Peter R. Neumann, del Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización y la Violencia Política del King’s College de Londres, ha sostenido que EI se comporta como un Estado y quiere ser reconocido como tal. En Mosul ya tomó bajo su mando las escuelas y universidades, cuyo vértice ahora es el oscurantismo religioso propio de un totalitarismo ideológico.

Las ambigüedades de EI han sido, sin embargo, constantes, para decir lo menos. Por una parte, el tráfico ilícito de bienes culturales le significa una fuente importante de recursos, pero por la otra fomenta la profanación de todos los santuarios y fosas emblemáticas. La prohibición de las imágenes empero no es sólo atribuible al Islam; también lo es en la tradición talmúdica. Esta sentencia no es tan categórica como se quisiera: El primer biógrafo del profeta Mahoma permitió que imágenes de Jesús y de María se conservaran en la Kaaba (Saddat Kadri), y el primer historiador islámico, al-Mas’udi (896-956), refiere que un mercader árabe se conmovió hasta las lágrimas cuando pudo ver una pintura china de Mahoma.

La aversión por las imágenes en el Islam proviene de los Hadiths del siglo IX: tradiciones que recogen testimonios de Mahoma y cuya autenticidad hace profesión de fe. El Corán no contiene ningún párrafo al respecto; es la sunna –serie de conductas y aforismos atribuidos al profeta– la que determinó que “los ángeles no entran a ninguna casa en donde habiten perros e imágenes” (Malik ibn Anas en al-Muwatta), precepto que ha servido históricamente para erradicarlas.

La información disponible reporta el caso de un comerciante de arte turco que intentó comprar en el mercado negro un mosaico bizantino del siglo VI cerca de Rakka, a las orillas del Éufrates, pero EI interceptó la información y de inmediato procedió a la destrucción total de los mosaicos. Los leones monumentales provenientes del sitio arqueológico de Arslan Trash que permanecían resguardados en los jardines Rashid, en el centro de la misma Rakka, fueron igualmente destruidos. Las estatuas de Tell Ajaja/Tell Ajuja, la antigua Sadikanni, en el bajo Jabur, corrieron con la misma suerte. De esta manera se perdieron fuentes de información valiosa para el estudio de la interacción de las culturas arameas y asirias.

Las revelaciones del mercado

El 16 de junio del año pasado, el periódico británico The Guardian publicó un artículo de Martin Chulov, su corresponsal en Bagdad, que causó revuelo en el ámbito internacional. Provisto de datos muy sensibles en relación con EI, el texto reveló cómo los servicios de inteligencia de Irak interceptaron a un miembro relevante de EI, Abu Hajjar, quien los condujo a Abdulrahman al-Bilawi, el segundo hombre más importante de la organización después del califa Abu Bakr al-Baghdadi.

Al-Bilawi, quien tenía las funciones de un “ministro de Guerra”, fue hallado muerto, quizás ejecutado, en un refugio cerca de Mosul, en donde se encontraron más de 160 memorias USB que contenían información muy valiosa sobre EI, como códigos secretos, datos acerca de las infiltraciones de sus miembros dentro del gobierno iraquí y su red de financiamiento.

Esta información es la más preciada que se tiene en Occidente después del dossier Abbottabad, compuesto por documentación requisada por las tropas de élite estadunidenses durante la incursión que llevaron a cabo en Pakistán para darle muerte a Osama Bin Laden.

La conmoción en los mercados de arte, especialmente los europeos, fue enorme, e inmediata la reacción en la Unión Europea. Fuentes cercanas a los servicios de inteligencia europeos, especialmente los británicos y los alemanes, emitieron comentarios, con su habitual lenguaje críptico, en torno a la confiabilidad de los contactos de The Guardian.

Los medios de información alemanes se desplazaron con rapidez a Bagdad. Las radiodifusoras Norddeutscher Rundfunk y Westdeutscher Rundfunk (NRD y WDR, por sus siglas en alemán, respectivamente), y los reporteros Georg Mascolo y Volkmar Kabisch,del periódico Süddeutsche Zeitung, asociados con su colega iraquí Amir Musawy, lograron tener acceso a las USB a través del subsecretario del Interior de Irak, Adnan Al-Assadi,. Su conclusión fue terminante: la información publicada por The Guardian era exacta… el tráfico ilícito de bienes culturales representa una fuente importante de recursos para EI. Más grave aún, dichos recursos, provenientes de la Unión Europea, hacen viable la violencia política en la citada región de Oriente Medio y evidencian los vínculos entre el comercio y el conflicto en la zona.

El efecto primario de ese reportaje es claro: neutraliza el argumento de que las adquisiciones se realizan como un “acto humanitario de salvamento” de civilizaciones antiguas, cuando en la realidad ha precipitado, en combinación con otros factores, el conflicto bélico; demuestra asimismo la distancia tan estrecha entre el coleccionista y el saqueador, y la aún más estrecha entre el coleccionista y la delincuencia organizada o los grupos armados.

La citada información periodística ha puesto nuevamente en primer plano el debate sobre el tráfico ilícito de bienes culturales y cuestiona la tesis de libre mercado en relación con ellos sostenida en los foros internacionales por los países de destino. En su texto, el reportero Mark Tran, de The Guardian, detalla que EI obtuvo más de 36 millones de dólares sólo por la venta de antigüedades que datan de hace más de 8 mil años, provenientes de excavaciones ilícitas en el área de al-Nabuk, situada en una zona montañosa del oeste de Damasco.

La información disponible (Tommy Livoti) permite saber que el saqueador obtiene sólo de 1 a 2% por ciento del valor del bien robado. Si se considera la cifra de 36 millones de dólares, se puede tener una idea aproximada de la cantidad de bienes culturales que tuvo que exportar EI únicamente del área de al-Nabuk (Counterinsurgency Approaches to the Archeological Record on the Aymmetric Battlefield).

Estos últimos datos corroboran la información de la agencia federal estadunidense de investigaciones (FBI por sus siglas en inglés), a través de su unidad de crímenes de arte robado (FBI Art Crime Team), en el sentido de que el tráfico ilícito de bienes culturales se halla entre los negocios más rentables del crimen organizado a escala internacional. La otra publicación relevante que abordó el fenómeno es Foreign Policy, revista estadunidense que el 17 de octubre de 2014 dio a conocer el polémico artículo The Black Market Battleground, sobre el saqueo de bienes culturales perpetrado por EI en la región del conflicto. La información se le atribuye a Michael Danti, profesor asistente de la Universidad de Boston y codirector de la Escuela Americana de Investigaciones Orientales (ASOR, por sus siglas en inglés), financiada por el Departamento de Estado.

Días después, en una conferencia en el Carnegie Endowment, David S. Cohen, subsecretario estadunidense para Asuntos de Terrorismo y de Inteligencia Financiera, se vio obligado a revelar los diversos canales de financiamiento de EI, entre los que se encuentra el tráfico ilícito de antigüedades.

Fuentes del gobierno de Estados Unidos calculan que por esa práctica EI obtiene más de 100 millones de dólares al año. De los 12 mil sitios arqueológicos identificados en Irak, 4 mil 500 se encuentran bajo el control de EI (John C.K. Daly); declaraciones similares fueron hechas por Tim Loughton, miembro del Parlamento inglés.

Se tiene conocimiento de que un tercio de los museos de Siria y 16 sitios arqueológicos importantes de ese país han sido saqueados para posteriormente ser destruidos. EI estimula el saqueo e impone el sistema conocido como Khums, que obliga a los islámicos a pagar como impuesto un porcentaje predeterminado del valor del bien, el cual puede alcanzar hasta 50% en el caso de los bienes culturales que provienen de Rakka, mientras que en la región de Aleppo ese impuesto puede llegar hasta 20%. Estos números fueron corroborados por el doctor Maamoun Abdulkarim, responsable del Departamento de Antigüedades de Damasco.

El tráfico ilegal de antigüedades es legendario y ha crecido exponencialmente desde la intervención estadunidense en la región. El recuento no encuentra fin. Filtraciones realizadas por los servicios de inteligencia alemanes permitieron conocer que en 1999 Mohammed Atta, uno de los autores de los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York, le ofreció a un profesor de Gotinga bienes culturales provenientes de Afganistán para financiar su actividad terrorista. A su vez, Amir Ganor, director de la Unidad de Prevención de Robo dependiente de la autoridad de antigüedades israelí, ha sostenido que de cada 10 piezas exportadas ilícitamente nueve son controladas por Hezbollah y la Jihad islámica.

El teniente coronel libanés Nicholas Saad, jefe del área de investigación de robos internacionales de Beirut, detectó un incremento de contrabando de antigüedades grecorromanas, especialmente originarias de la región de Rakka, ahora bajo el control de EI, e incluso algunas de Palmira. En un búnker y en casas de seguridad aledañas al Museo Nacional de Beirut, y bajo la responsabilidad del doctor Assaad Seif, jefe de excavaciones de la Dirección General de Antigüedades de la capital libanesa, se almacenan las piezas que han sido requisadas. Ambos admiten, sin embargo, que Líbano es un país de tránsito de bienes culturales cuyo destino natural son los grandes centros de arte europeos y estadunidenses.

Las revelaciones del coronel Matthew Bogdanos en su obra Los ladrones de Bagdad van el mismo sentido. Comisionado en Afganistán, posteriormente en Irak y actual asistente del fiscal de Nueva York, este marine realizó labores de inteligencia por las cuales fue condecorado con la National Humanities Medal del gobierno estadunidense en reconocimiento a sus esfuerzos en la recuperación de los tesoros robados al Museo Nacional de Bagdad.

Bogdanos sostiene que desde 2004 los sunitas y Al-Qaeda en Irak ya exportaban bienes culturales para financiar sus actividades, seguidos posteriormente por las milicias chiitas. Su investigación, que se realizó junto con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés), estableció que las antigüedades provenientes de la zona de conflicto son una fuente importante de recursos financieros para las diversas facciones regionales en pugna.

La reacción del mercado en Europa era predecible, ya que es precisamente ahí donde se localiza gran parte de los centros de arte más importantes del mundo. Ante las revelaciones de la prensa internacional y de los funcionarios involucrados en la fiscalización del tráfico ilícito de bienes culturales, los galeristas europeos se encontraban ahora en un serio predicamento.

Ursula Kampmann, de la Asociación Internacional de Mercaderes de Arte Antiguo (IADAA, por sus siglas en inglés), fundada en Londres en 1993, cuestionó de inmediato estas revelaciones y dejó entender que los periodistas británicos y alemanes no habían tenido acceso a todas las memorias USB y que éstas no contenían la información que se revelaba. La defensa hecha por Kampmann tuvo como eje la descalificación, cuando el debate apunta más bien hacia la evidencia de que el mercado de antigüedades es un catalizador de la destrucción del patrimonio cultural de la humanidad.

Ahora, un número significativo de comerciantes de arte ha sostenido que el código de ética de la IADAA y sus procesos de diligencia requerida (due diligence) no eran lo suficientemente rigurosos (David Gill). Jérôme Eisenberg, dueño de las Galerías Royal-Athena, con representaciones en Londres y Nueva York, se vio obligado a restituir ocho antigüedades a Italia y expresó su desencanto con dicho código, que, dijo, carecía de efectividad.

La reflexión

Las más variadas tesis cardinales de las ideologías religiosas y librecambistas han terminado por socavar los fundamentos de la cultura en Occidente. Sus heraldos nos confrontan ahora con la dialéctica que gobierna la noción misma de patrimonio cultural: su conservación y su destrucción. De la simbiosis de los fundamentalismos religioso y económico ha emergido un espíritu vandálico que ha hecho posibles estas destrucciones.

El discurso del vandalismo cultural pretende dotar de sentido a este movimiento en el actual momento político, en una búsqueda afanosa de su significación. Este discurso vandálico se caracteriza por una conducta escandalosa e ignorante, pero sobre todo ilegítima porque proviene de una facción.

Esta expurgación cultural cambió sustancialmente la morfología patrimonial. Ignora que el patrimonio cultural no es un instrumento de manipulación social ni tampoco la panacea de desarrollo local. Ignora también que a través de la noción de patrimonio cultural el cuerpo social elabora hipótesis culturales sutiles propias de los eruditos o encantos delicados de expertos.

La función del patrimonio cultural es darle sentido a una sociedad, hacer referencia a una forma vital y no a una forma meramente racional. Los totalitarismos religiosos y económicos, ahora con el velo de los fundamentalismos, atraíllan a las sociedades a una nueva época de oscurantismo.

*Doctor en derecho por la Universidad Panthéon Assas.

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