70 aniversario de la derrota del nazismo: La desmemoria de Occidente

MÉXICO, D.F. (apro).- El próximo sábado 9 de mayo Rusia conmemorará el 70 aniversario de la victoria sobre el nazismo en la Segunda Guerra Mundial. Se apresta para ello a realizar un gran desfile militar que rinda homenaje al Ejército Rojo y a las casi 30 millones de víctimas que puso la Unión Soviética en ese conflicto. Participarán 16 mil soldados y se está programado un espectacular despliegue de tanques, cohetes y aviones.

Pero en lo alto del Mausoleo de Lenin en la Plaza Roja, habrá muchas sillas vacías. La razón: los líderes europeos y de Estados Unidos no piensan asistir y, de hecho, boicotean dicha celebración.

El aniversario de esta fecha que parte en dos la historia del siglo XX se festeja el 8 de mayo en Europa y el 9 de mayo en la exUnión Soviética, porque la capitulación del ejército alemán se firmó a la medianoche, cuando ya era la madrugada del día siguiente en Moscú.

Esta vez Ucrania, rompiendo la tradición de 69 años, celebrará el 8 de mayo, para coincidir con el festejo europeo, reemplazando la emblemática bandera roja y la cinta naranja y negra de San Jorge, de la cual colgaban las medallas de los héroes del Ejército Rojo, por una amapola roja tomada de la tradición británica, y eliminando la definición soviética de “Gran Guerra Patriótica”, para referirse a la Segunda Guerra Mundial.

Fecha fundacional

La “Gran Guerra Patriótica” tiene más peso hoy en la memoria colectiva de los países que formaron la Unión Soviética, que la propia revolución de 1917. En cada ciudad y pueblo, hay un fuego eterno al soldado desconocido, como el dispuesto en las murallas del Kremlin, donde las novias ofrecen sus ramos y se toman fotos.

El 9 de mayo hay fiestas populares en los parques, los veteranos, cada vez menos, lucen sus pechos cargados de medallas, y carros de comida reparten kasha, la papilla de trigo sarraceno que alimentó a los soldados desde Stalingrado hasta Berlín, al compás de conjuntos musicales que entonan la canción Katiusha.

La Segunda Guerra Mundial comenzó el 1 de septiembre de 1939 con la invasión de Polonia por la Wehrmacht. El 22 de junio de 1941, bajo el nombre de Operación Barbarroja, se lanzó la invasión contra la Unión Soviética con 4 millones de soldados, que ocuparon un frente de casi 3 mil kilómetros, desde el Báltico hasta el mar Negro.

Los alemanes llegaron hasta la ciudad de Stalingrado, a orillas del río Volga, donde, en el invierno de 1942-1943, se libró la batalla decisiva del siglo XX, en la cual 2 millones de soviéticos dejaron su vida, derrotando al VI Ejército del general Von Paulus. Ello marcó el comienzo del fin del nazismo.

Desde Stalingrado se inició la marcha triunfal del Ejército Rojo hacia Berlín, liberando a su paso toda Europa del Este y los campos de exterminio de Auschwitz, Majdanek, Buchenwald, Bergen Belsen, Sachensehausen, Ravensbruck, entre otros, hasta hacer ondear la bandera roja en lo alto del Reichstag.

La población soviética tuvo 20 veces más víctimas que Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos juntos; 80% de los soldados alemanes que murieron, combatían contra el Ejército Rojo. El Holocausto, o extermino de los judíos, cobró 7 millones de vidas, la mayoría de ellos polacos y soviéticos.

 

Negar la historia

En los últimos años, el papel liberador del Ejército Rojo y la dimensión del Holocausto se quieren diluir a favor de una versión que equipara los crímenes nazis con las represiones estalinistas, igualando a quienes combatieron al nazismo, con los que lucharon contra la Unión Soviética del lado de los nazis, asesinando millones de judíos.

En enero el gobierno polaco no invitó a Vladimir Putin al 70 aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, y el canciller de ese país, Grzegorz Schetyna, negó el papel soviético en la liberación del campo: “Fue el Primer Frente Ucraniano el que liberó Auschwitz”, dijo, pero ese frente era parte del Ejército Rojo, formado por todas las nacionalidades de la URSS.

La Rada (Parlamento) de Ucrania aprobó el 9 de abril una ley que condena tanto al comunismo como al nazismo y prohíbe los símbolos de ambos; y otra ley “sobre el estatus legal y la honra a los combatientes por la independencia de Ucrania en el siglo XX”, otorga categoría de héroes a los que lucharon junto con los nazis contra la URSS. La Organización Nacionalista Ucraniana (OUN) de Stepan Bandera y el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), son reconocidos como legítimos combatientes de la Segunda Guerra que lucharon por la independencia de Ucrania, garantizándoles beneficios sociales y condecoraciones, y de ahora en adelante será delito cualquier crítica a estas organizaciones.

El Centro Simon Wiesenthal, dedicado a la investigación del Holocausto y a la persecusión de criminales de guerra alemanes, condenó la ley en duros términos. “La prohibición del comunismo y del nazismo coloca un signo igual entre el régimen más genocida de la historia, con el régimen que liberó Auschwitz y ayudó a terminar el terror del Tercer Reich”, afirmó Efraim Zuroff, el más importante “cazador de nazis” en la actualidad.

Un grupo de profesores e intelectuales de las más importantes universidades europeas y de Estados Unidos escribió en abril una carta al presidente ucraniano Petró Poroshenko, publicada en el sitio web krytika.com, en la que manifestaba su preocupación por la inclusión de la OUN y la UPA como “combatientes por la independencia de Ucrania”, y por la ley que prohíbe la propaganda de “los regímenes comunista y nacional socialista”, que considera un delito negar “el carácter criminal del régimen totalitario comunista en Ucrania entre 1917 y 1991”.

“La condena en su totalidad al periodo soviético tendrá consecuencias injustas e incongruentes”, pues podría ser acusado “cualquiera que destaque el desarrollo de la cultura ucraniana y de su lenguaje en los años veinte”, cuando nació la República Soviética de Ucrania y se estableció por primera vez su idioma como oficial.

De aplicarse la ley, “no solo será un crimen cuestionar la legitimidad de una organización como la UPA, que asesinó decenas de miles de polacos en uno de los más odiosos actos de limpieza étnica en la historia de Ucrania, sino que también impedirá criticar a la OUN”, que colaboró con la invasión alemana.

El profesor Dovid Katz, editor de DefendingHistory.com y profesor de yiddish en la Universidad de Vilnius, Lituania, explica Apro que esta revisión histórica se ha dado en todos los países del Báltico.

Según Katz, la teoría del “doble genocidio” que equipara los crímenes nazis con los soviéticos, “es un sinsentido”, porque “es absurdo decir que los liberadores de Auschwitz son iguales a los que perpetraron el genocidio allí”.

“En el este de Europa, se ha vuelto común hablar de los crímenes soviéticos como ‘genocidio’, mientras que los perpetradores locales del Holocausto son convertidos en “luchadores por la libertad” y “héroes nacionales”, porque fueron anti soviéticos”, agrega.

“Lavarle la cara al genocidio hitlerista está muy vinculado con racismo, antisemitismo, homofobia y supremacía aria”, dice, al tiempo que se permiten marchas neonazis en las capitales de Lituania y Letonia, la construcción de monumentos y nombramiento de calles en honor a los colaboradores nazis. “¿Qué tipo de educación ética, de valores occidentales y europeos, puede tomarse en serio en la Universidad Vytautas Magnus de Kaunas, cuando un salón de actos tiene el nombre del primer ministro títere nazi de 1941, que puso su firma en los documentos que enviaban a los judíos de Kaunas a un campo de exterminio?”, pregunta el profesor.

Para Katz, Ucrania “ha superado en un año lo que pasó en el este de Europa durante las últimas décadas”. El profesor comenta una foto en la cual el presidente Poroshenko viste un traje militar con el nombre de Stepan Bandera: “Podría ser una broma, si no fuera porque Bandera fue uno de los grandes perpetradores del Holocausto. Al convertir en fiesta nacional el día en que se fundó una organización hitlerista, al erigir estatuas de Bandera, cuyos seguidores fueron culpables de la carnicería de cientos de miles de judíos y polacos”, Ucrania ha perdido el derecho moral de cualquier ayuda occidental”, agrega.

Esta revisión histórica está al servicio del curso acelerado de Ucrania hacia la OTAN y la Unión Europea, tras las manifestaciones de la Plaza Maidán que llevaron a la caída del presidente Víctor Yanukovich en febrero de 2014. En un país partido en dos, con una amplia población pro-rusa, las medidas del nuevo gobierno de Kiev, como prohibir el idioma ruso, provocaron el estallido de protestas en las regiones orientales y el plebiscito en el cual la península de Crimea decidió reincorporarse a la Federación Rusa. Kiev respondió con una guerra abierta contra las regiones de Donetsk y Lugansk, que proclamaron su independencia, causando más de 6 mil muertos en menos de un año.

Los enfrentamientos se redujeron tras la última tregua pactada en la ciudad de Minsk en febrero pasado, pero la violencia no ha cesado. En lo que va de este año, han sido asesinados en Kiev varios opositores al gobierno de Poroshenko, como Oleg Kalashnikov, dirigente del Partido de las Regiones, y los periodistas Oles Busina y Serhiy Sukhobok.

Sin embargo, la glorificación de los perpetradores del Holocausto y el genocidio nazi, no han sido condenadas por la Unión Europea y Estados Unidos. Por el contrario, a fines de abril se iniciaron ejercicios militares conjuntos entre Ucrania y Estados Unidos en el cual toman parte 300 soldados de la Brigada Aérea 173 con sede en Italia, que entrenarán a mil 200 soldados del ejército regular ucraniano y cerca de mil miembros de la Guardia Nacional, entre ellos, miembros de los batallones paramilitares financiados de manera privada que han combatido en Donetsk y Lugansk, como el batallón Azov, comandado por Andriy Biletsky, de clara tendencia pronazi, cuyas banderas son una suástica modificada, y que, según un cable del 25 de marzo de Reuters, “propaga consignas de supremacía blanca y pureza racial”.

En este 70 aniversario del horror, el profesor Katz concluye: “Occidente tiene que defender los valores básicos y recordar sus propios sacrificios junto con la Unión Soviética, en la gran alianza que derrotó a Hitler, una de las mayores logros de la civilización Occidental”.

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