Acerca de Reporte Especial

De Stefan Gandler

Señor director:

En el número 2010 de Proceso se publicaron, en ocasión del 70 aniversario de la rendición incondicional de Alemania el 8 y 9 de mayo de 1945, cuatro artículos de Yetlaneci Alcaraz con una tendencia revisionista:

Alcaraz no habla en ningún momento de la liberación del nacionalsocialismo; de hecho, titula su primer artículo “Berlín bajo fuego”, como si el Ejército Rojo no hubiera atacado la capital alemana como reacción a una guerra de agresión comenzada por Alemania y que costó la vida a más de 20 millones de rusos.

A su segundo texto lo llama “La otra ‘solución final’”, como si el suicidio de 8 mil alemanes en las últimas semanas del nazismo fuera comparable con la “solución final” nazi: la Shoah, el genocidio de más de 5 millones de judíos, gitanos y otros perseguidos. No menciona los incontables suicidios de muchos de los que regresaron de la muerte pues no aguantaron, después de Auschwitz, la negación colectiva de la participación masiva y del consentimiento generalizado con la Shoah.

Alcaraz evita sistemáticamente el uso de los términos “genocidio”, “Shoah” o “solución final”, este último con la excepción absurda ya mencionada, y va tan lejos que cita afirmativamente a Hitler y Goebbels, sin comentario alguno sobre su ideología anti-rusa, racista y supremacista. Dice en la página 55: “El mismo Hitler, junto con su ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, habían alertado sobre que las primeras víctimas de los soldados de Stalin y quienes más sufrirían la venganza por la invasión alemana a la Unión Soviética serían las mujeres”.

Una de las fuentes que cita la periodista es Antony Beevor: Berlín. La caída. 1945 (2002). Este autor, a diferencia de la mayor parte de la prensa e historiografía alemana, no comete dos importantes omisiones: a) no hablar de las violaciones como método de guerra usado por todos los ejércitos en esta guerra y, podría decirse, que en toda conflagración bélica (Hernán Zin: La guerra contra las mujeres, 2013); y b) no mencionar las violaciones de mujeres y niñas judías cometidas por parte de soldados alemanes. La regla era que las mujeres fuesen violadas de noche y asesinadas por la mañana (Beevor: The Second World War, 2012).

La autora tampoco menciona otro tema que el historiador británico sí expone: En las últimas semanas, ante el avance de las tropas soviéticas, los SS llevaron a los restantes presos de los campos de concentración y centros de exterminio hacia el oeste, en las “marchas de la muerte”; en ellas fueron asesinadas entre 200 mil y 350 mil personas. Beevor subraya que se realizaron ante los ojos de la población alemana y que no existe dato alguno de muestra de compasión o ayuda por parte de los alemanes.

El primer artículo comienza: “Entre el 16 y el 30 de abril de 1945 los sueños de Hitler se consumieron bajo el fuego de la artillería soviética y el avance del Ejército Rojo”. Esta afirmación es doblemente falsa, porque: a) los sueños imperiales, de supremacía racista y de dominación mundial capitalista no eran simplemente “los sueños de Hitler”, y tampoco sólo de los nacionalsocialistas, sino también de otros millones de alemanes, austriacos y demás que creían en esta ideología. El nacionalsocialismo se basó sobre cuatro pilares igualmente importantes: el ejército, la estructura capitalista monopolista autoritaria, el partido nazi y la vieja burocracia Estatal; b) el proyecto principal de los nacionalsocialistas no era ganar la Segunda Guerra Mundial, sino “ganar la guerra en contra de los judíos”. Y esta guerra la ganaron los nazis, al asesinar a 5.4 millones de judíos.

Atentamente

Stefan Gandler

Respuesta de la reportera

Señor director:

Permítame advertir a nuestros lectores que los textos mencionados en la carta precedente no son de ninguna manera tendenciosos ni cuentan siquiera con un asomo de revisionismo o negacionismo, como afirma el señor Gandler.

Tampoco se trataba de ensalzar al nazismo, sino de ventilar aspectos poco abordados en la prensa mexicana –la caída de Berlín, la ola de suicidios que azotó a Alemania en la primavera de 1945, las violaciones que sufrieron mujeres germanas tras la derrota del nazismo–, y hacerlo fundamentalmente con base en fuentes documentales alemanas.

En cada uno de los cuatro artículos en cuestión se manifiesta claramente la responsabilidad que el régimen nazi, encabezado por Adolfo Hitler, tuvo en la guerra. Pareciera que, en su lectura, el señor Gandler pasó de largo los párrafos en los que ello queda señalado, en las páginas 48 y 53.

El señor Gandler critica el encabezado de “Berlín bajo fuego”, como si el Ejército Rojo no hubiera atacado la capital alemana. El segundo título, “La otra solución final”, se refiere a la decisión de poco más de 7 mil alemanes de suicidarse ante la inminente derrota del nazismo y la llegada del ejército soviético. Es una expresión que intenta captar esa idea, lo que es válido en las cabezas periodísticas, que, en este caso, fueron elaboradas por la Coordinación de Información Internacional y por los editores.

Afirma también que los reportajes evitan sistemáticamente los términos “genocidio”, “Shoah” o “solución final”. En efecto, no los mencionan por una sencilla razón: el genocidio de los judíos no era en esta ocasión el tema de nuestro Reporte Especial.

Asimismo, señala que esta reportera “cita afirmativamente” (sic) a Hitler y a Goebbles, “sin comentario alguno sobre su ideología anti-rusa, racista y supremacista”. Se aclara que, para afectos de un texto informativo, una reportera o reportero no deben opinar sobre personas o personajes, sino recoger testimonios relativos a ellos.

En cuanto a los crímenes cometidos por Alemania, y específicamente por el régimen nazi, Proceso ha publicado en recientes años textos de mi autoría al respecto. Por mencionar algunos: El Holocausto olvidado y Mexicanos en campos nazis (Proceso 1981); Los 7 milagros de Kaufering (Proceso 1943); Himmler: cartas sin remordimiento (Proceso 1945).

Eso no significa, sin embargo, que del lado alemán no haya habido igualmente víctimas. La población civil alemana –independientemente de si una parte de ella compartió o no los ideales del régimen– padeció y pagó las consecuencias del sueño imperial nazi. Este lado menos explorado de la guerra –y ante la publicación en Alemania de nuevas investigaciones al respecto– es el que me propuse abordar en esta ocasión para mostrar otra arista de este truculento pasaje de la historia.

La Segunda Guerra Mundial llegó a su fin hace 70 años. Durante todas estas décadas los alemanes han trabajado a conciencia el tema de la Culpa y la Responsabilidad (así, con mayúsculas) por los atroces crímenes del holocausto y la guerra misma. A las nuevas generaciones se les enseña el pasado oscuro de su país con la clara intención de que nunca quede en el olvido. Ya en mayo pasado, durante la conmemoración del fin de la guerra o Día de la Liberación, el presidente Joachim Gauck afirmó que Auschwitz está ligado a la historia alemana. “No hay una identidad alemana que excluya a Auschwitz”, dijo.

Es justamente esta asimilación de la Culpa y la Responsabilidad lo que permite que hoy temas que durante mucho tiempo fueron tabú salgan a la luz sin que ello provoque un dejo de sospechosismo, como el del señor Gandler. E inclusive la escritora e historiadora alemana Miriam Gebhardt expresó: “Es tiempo ya de hablar de las víctimas alemanas sin que ello relativice el tema entre buenos y malos. Podemos y debemos ocuparnos de los dos lados de la guerra: los victimarios y las víctimas”.

En la parte final de su carta, el señor Gandler toma en forma literal la expresión “los sueños de Hitler”, cuando es claro que se refiere a los sueños de todos aquellos que compartieron su ideología.

Por último, es cierto que el Reporte Especial no contiene los datos y hechos que pudieran llenar las expectativas del señor Gandler, por otra sencilla razón: No fueron escritos para satisfacer a alguien en particular. Por lo demás, no intentan agotar el tema, sino aproximarse a los hechos referidos a partir de las herramientas del oficio periodístico.

Atentamente

Yetlaneci Alcaraz

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