“El Yugo Zeta” en Coahuila: control de penales, secuestros, matanzas, quema de cuerpos…

Acerca de En las Grutas de Cacahuamilpa

De Enrique Torre López

Señor director:

Nuevamente solicito la publicación de una crítica acerca de la sección de “Música” de este semanario. En el artículo titulado En las Grutas de Cacahuamilpa (Proceso 2014), Raúl Díaz vuelve a caer en evidentes errores, como los cometidos en Proceso 1952.

Esta vez, con motivo de un concierto de la Filarmónica de Acapulco y del flautista Horacio Franco, el señor Díaz incurre en falsedades, contradicciones y, desde luego, en confusiones. Asienta, primeramente, que “Bach no escribió sonatas para flauta”, y en seguida señala que “Franco reunió partes de las sonatas 29 y 35, a las que agregó algo de una ‘partita’ para crear una nueva obra”. Por lo dicho, parecería entonces que Bach sí escribió sonatas para flauta y, cuando menos, serían 35, aparte de esa enigmática “partita” –así, entre comillas.

Aclaremos esta lamentable confusión, que radica, esencialmente, en el desconocimiento de la obra bachiana, así como en ignorar la numeración del catálogo de sus obras: BWV por sus siglas.

Primero. Bach escribió únicamente seis sonatas para flauta, con los números BWV 1030, 1032, 1034, 1035, 1038 y 1039.

Segundo. Compuso, además, una obra para flauta sola, que corresponde a la Partita BWV 1013, a la manera de sus partitas para clave solo.

Por último, Horacio Franco no es un intérprete de “flautas barrocas” (denominación por todo incorrecta), sino del instrumento ancestral “recorder”, llamado también “flauta dulce” o “flauta de pico”.

Agradezco, en lo que vale, dar espacio a estas aclaraciones como un modesto homenaje a una de las figuras cumbre de la música y del arte, al igual que a un muy notable artista y músico mexicano.

Atentamente

Enrique Torre López

Respuesta de Raúl Díaz

Señor director:

En primer lugar, permítame agradecer la atención que don Enrique Torre López pone a lo que escribo, pues siempre es un aliciente contar con el interés de un experto como él. En cuanto a sus apreciaciones, es preciso hacer las siguientes consideraciones:

Tiene razón cuando advierte que Bach sí compuso obras para flauta. Al respecto debo admitir que fue un error mío no haber escrito “obras para flauta sola”, ya que, en efecto, don Johan Sebastian sí compuso sonatas para flauta, pero acompañada de otros instrumentos, como las que cita don Enrique.

Empero, en este punto tendríamos algunas pequeñas diferencias, pues él no menciona la 1030b (ya se sabe que el catálogo de las obras de Bach es el BWV; por eso ahorro espacio no poniéndolo en cada una de las obras) para flauta dulce, clavecín y, quizás (no se sabe con exactitud), oboe. Esto, claro, en el catálogo que yo –no experto en Bach– conozco.

Menciona también don Enrique que Bach compuso únicamente una obra para flauta sola, pero él mismo se encarga de aclarar que no es una sonata, sino una partita, la 1013.  ¿En qué reside entonces la “lamentable confusión”?

Por otra parte, escribí textualmente: “Franco reunió partes de las sonatas 29 y 35, a las que agregó…”.  Jamás escribí “de las sonatas para flauta 29 y 35”. Si don Enrique infirió que eran para dicho instrumento, fue su muy personal deducción.

Lo anterior es lo fundamental, en virtud de que la denominación de las flautas que utiliza el maestro Franco no tiene importancia. Pertenecen al período barroco y, por lo tanto, son barrocas, aunque, claro, son de pico. Poco después vendría el periodo clásico, y con él las flautas que ya pudiéramos, sin aplicar rigorismos, considerar antecedente más directo de las que ahora conocemos, la primera de las cuales es la “Flauta Quantz”, llamada así en honor de su creador, Joachim Quantz, que ya tenía una llave.

Atentamente

Raúl Díaz

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