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Un maestro deplora la estrategia “chimoltrufiana” de Chuayffet

Señor director:

Le solicito dar espacio en Palabra de Lector a esta carta, dirigida al secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet.

Señor Chuayffet: El gobierno federal lleva tres años de confrontación con los maestros, empecinado en una reforma que no termina de aceptarse y que, por lo que se ve, seguirá en esta misma condición el resto del sexenio. Ante la opinión pública pareciera que todo se reduce al rechazo de los maestros a ser evaluados, y creo que no es así. Hay más de fondo.

El presidente Peña Nieto llegó imponiendo sus reformas más como una estrategia mediática que efectiva. Empezó cobrando facturas a Elba Esther hasta llevarla a la cárcel y manteniendo “arraigado” al sucesor del CEN del SNTE, amenazado de correr la misma suerte si no se mantenía sumiso para declarar lo que el gobierno quisiera. En lo que va de esta última confrontación, lo mantiene callado.

Por el contrario, Osorio Chong, quien en principio recibió ostentosamente a los maestros disidentes, con el trato de representantes legales del  magisterio,  en  demérito de la representación del SNTE, ahora cierra la puerta para obligarlos a levantar el plantón. Seguramente así será, pero no por la voluntad de Osorio, sino como un repliegue táctico, pues sin duda regresarán fortalecidos en el nuevo curso escolar, como sucedió el 19 de septiembre de 1979.

En este momento, el magisterio carece de un SNTE políticamente fuerte que medie entre la disidencia y el gobierno. Peña minó ese canal de transmisión establecido desde hace 36 años de disidencia.

Por su parte, los gobernadores están cómodamente omisos, cuidando su popularidad. Sufragan los traslados y estancias en el DF. Comisionan a un número importante de maestros y gratifican generosamente a los líderes a cambio de no ser exhibidos en pintas o consignas. La propia SEP mantiene a un número importante de comisionados encubiertos en un departamento técnico. La simulación es total.

En cuanto a la evaluación de los docentes, hay mucho que cuestionar. Personalmente, como maestro, creo que es necesaria, pero hay que definir con los maestros cómo, qué, a quiénes, dónde y quiénes evaluarán. No puede ser estándar ni generalizada; menos punitiva, como lo aprobaron los diputados sin conocimiento de la problemática, sino diferenciada, porque somos un país multicultural y pluriétnico, con clara voluntad de conocer para mejorar.

La escuela misma es un universo. Hay suficiente experiencia en diferentes evaluaciones que arrojan falsas conclusiones. Pongo dos ejemplos: en carrera magisterial existen trabajadores con grados de maestría y doctorado que gozan de los mayores beneficios, pero que son un fracaso en el aula, a diferencia de otros docentes que perfeccionaron su metodología en la práctica para obtener un 100% en el rendimiento escolar. No buscaron la credencialización ni los exámenes que privilegian conocimientos teóricos. Estos docentes están condenados a reprobar.

Ya no digamos lo que pasa en la educación indígena, en donde debemos preguntarnos si es más importante que los maestros enseñen cuáles hojas son fanerógamas o criptógamas o cuáles son comestibles, curativas o venenosas.

Otra parte débil de las evaluaciones nacionales está en su aplicación y sus aplicadores. En las entidades en conflicto, con una orografía de difícil acceso y sin recursos, las evaluaciones nacionales se las aplican los mismos mentores. Si lo que quiere evaluarse es la calidad y el rendimiento escolar, este proceso debe ser directamente en cada escuela, pero primero habría que modificar muchas prácticas, como los procesos de cambios y ascensos, para corregir la frecuencia de la movilidad docente en pleno curso escolar. Debe eliminarse la corrupción en la compra y venta de plazas y de exámenes, que no sólo se da en las entidades, sino que surgen del mismo DF, así como la simulación docente y administrativa, entre otros muchos aspectos.

El fenómeno de la mala calidad de la educación va más allá. Tiene que ver con el proceso descentralizador inconcluso porque la Federación no cumplió y los gobiernos de los estados lo pervirtieron al disponer discrecionalmente del presupuesto. Fue únicamente una descentralización de los problemas a los estados, pero pretender centralizar la nómina en el DF es un despropósito que preludia un mayor caos para la Ciudad de México, sobre todo para la educación.

La parte más sensible es el pago puntual de los salarios, y si en los estados es un problema no resuelto, imaginemos lo que pasará a nivel nacional. Para la Federación, el proceso descentralizador se concretó con la asignación de los recursos a entidades, y se desentendió de otras obligaciones.

El ejemplo más grave que hoy agravia al país es el abandono de las escuelas normales, que fueron elevadas al rango de educación superior sin proporcionarles los recursos necesarios hasta que se olvidaron de ellas. Peor les fue a las normales rurales, que por su ubicación terminaron quedando dentro de las zonas urbanas. Hoy los estudiantes buscan cómo completar su ingreso para sobrevivir en esa férrea resistencia de mantenerse internados. No hay docentes que se ocupen de la seguridad de los jóvenes pasado el horario de clases. Los alumnos tienen instaurado un autogobierno que, entre otras cosas, pone en riesgo la seguridad e integridad de los propios alumnos, como vimos recientemente.

Ahora bien, la estrategia chimoltrufiana suya, pues como dice una cosa dice otra, o lo mandan a decir lo que el otro no dice para no desgastarse políticamente, es jugar con la contraparte que lleva años ejercitada en este tipo de confrontación. El país está crispado y es riesgosa la posición del gobierno si no antepone una visión política educativa sobre la partidista futurista. El manejo político que la Secretaría de Gobernación ha dado al problema de los maestros, en donde a usted no se le ve, es grave.

Hasta ahora, no vemos a nadie con disposición de sentarse con los maestros para encontrar la solución a esta problemática. La actitud del todo o nada daña a los maestros, al igual que al propio gobierno y, sobre todo, a la sociedad. Pensar que este asunto está solucionado porque ya pasó el proceso electoral y viene el receso escolar es engañoso. No se confíe. Los maestros, después del receso, volverán con lo mismo en el próximo año escolar. Tal vez Peña Nieto tenga ya un sustituto para usted, como sucedió con el procurador, pero eso no resuelve la situación. Sus declaraciones provocadoras tensan más las relaciones.

Atentamente

Alfredo Palacios Espinosa

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

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