Tierra de cárteles: Colusión de policías rurales y el narco en Michoacán

Este jueves se estrena en las principales ciudades de México y en Nueva York un documental sobre la resistencia civil armada en ambos países contra el embate del narco. Del lado mexicano, Tierra de cárteles testimonia el enlace de la Policía Estatal Fuerza Rural con los grupos organizados. Habla su director Matthew Heineman.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- El estadunidense Matthew Heineman muestra en su documental Tierra de cárteles (Cartel land) a miembros de la Policía Estatal Fuerza Rural de Michoacán, que “cocinan” metanfetamina para enviarla a Estados Unidos.

A estrenarse en salas comerciales en la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Morelia este jueves 2 de julio, y el viernes 3 en Nueva York, en el filme se ve, en algún lugar de Michoacán y de noche, a unos hombres con el rostro tapado elaborando cristales de esa droga. Unos vigilan armados. A cuadro habla otro que porta la cachucha y la camisa de la Fuerza Rural. Su frente luce sudorosa y se comunica en inglés:

“Esta guerra está para proteger los intereses económicos de otras personas. Claro que los cárteles, la mafia o como quieras llamarles, están metidos en esto. Ellos están metidos en todo. O sea, en algún momento, de algún modo, todo mundo se ha corrompido. Los autodefensas y la gente que cocina metanfetaminas básicamente somos el mismo equipo. Realmente nosotros le proveemos fondos a los autodefensas y les proveemos de cualquier modo que podemos hasta con droga para vender y conseguir armas, camiones y gente para trabajar. Nosotros como cocineros tenemos que mantener un perfil bajo, en especial porque somos ahora parte del gobierno.”

Enseguida la cámara capta al personaje desde su cintura hasta su cabeza para detenerse en su cachucha.

Continúa el uniformado:

“Que nosotros vendamos o cocinemos droga simplemente no se ve bien. Pero siempre va a suceder. No puedes detener al cártel, no importa lo que hagas. Es Michoacán lo cocina, Sinaloa lo cocina, Guerrero lo cocina. ¡Simplemente no va a parar! Punto. Es una historia de nunca acabar. Somos los afortunados, por ahora.”

Heineman filmó 9 meses en Michoacán, tiempo en que también siguió con su cámara al médico cirujano José Manuel Mireles Valverde (quien este sábado 27 de junio cumplió un año en la prisión de máxima seguridad de Hermosillo, Sonora, y se ha puesto en huelga de hambre desde ese día 27 hasta el 29). De manera paralela el también productor del documental ofrece un retrato de Tim Foley, líder de Arizona Border Recon (Reconocimiento Fronterizo de Arizona), quien también combate a los cárteles mexicanos para defender la frontera estadunidense.

El documentalista Heineman visitó a México para promocionar Tierra de cárteles, el filme que ganó los premios a Mejor Director y Especial del Jurado a Mejor Fotografía en la competencia Documental Estadunidense del Festival de Cine de Sundance, efectuado del 22 de enero al 1 de febrero de este 2015. En el Instituto Francés de América Latina, donde se proyectó, se le pregunta cómo logró las escenas de los productores de metanfetaminas y que uno de ellos mostrara el uniforme de la Fuerza Rural, la cual fue presentada el 10 de mayo de 2014 por el entonces comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán, Alfredo Castillo Cervantes, y narra:

“Para mí filmar el laboratorio de metanfetaminas era una parte importante de la historia porque a los cárteles esta droga es la que más dinero les deja, y casi toda se consume en Estados Unidos. Llega de México, específicamente de Michoacán. Estuvimos preguntándole a muchas personas y a muchos contactos que tenemos, ¿cómo lograr entrar a un laboratorio?

“Finalmente es una de las filmaciones de las últimas escenas, cuando todo estaba saliendo mal (se había descompuesto el coche), recibimos una llamada para citarnos en la plaza del pueblo a las 18 horas, y de ahí nos llevaron a uno de sus laboratorios, y esa escena del final es una de las más importantes de la película junto con la escena del inicio.”

–¿Cómo consiguió cuestionar a los “cocineros” y que uno de ellos se dejara filmar con el uniforme de la Fuerza Rural?

–No voy a responder esa pegunta por motivos de seguridad…

–¿Qué opina de que esa persona tenga el uniforme en esas imágenes?

–De alguna manera es eso, el ciclo continúa. Al estar en un operativo para filmar daba miedo porque no sabías si eran parte de los buenos o de los malos. Al final como que todo se mezclaba, no había líneas claras entre el bien y el mal. Entre el gobierno tratando de controlar o los cárteles produciendo drogas y esta gente (las autodefensas) luchando en contra de los cárteles. Al final todo se mezcló.

–¿Cree que esas escenas del policía rural-narco incomode a las autoridades mexicanas?

–Es una película que puede incomodar a muchas personas. Yo como periodista y como cineasta siento la obligación de mostrar no sólo lo bueno, también lo malo, todo lo que sucedió, la tortura de las autodefensas, los enfrentamientos de las autodefensas con Los Caballeros Templarios, como lo documento. Para mí, es una obligación mostrar lo que estoy viendo, lo que pasa, aunque incomode.

La ganadora de seis Óscar, la estadunidense Kathryn Bigelow, al ver en Sundance Tierra de cárteles, de 98 minutos, se unió al proyecto como productora ejecutiva para ayudar a promoverlo. El otro productor del filme es Tom Yellin y el coproductor es Myles Estey.

En México Proceso avala este largometraje y Mantarraya es la empresa que lo distribuye en el país con 50 copias. En Inglaterra se estrenará en septiembre próximo y luego recorrerá otras naciones europeas.

Un miembro más de los narcotraficantes del mismo laboratorio de metanfetaminas platica en español ante la cámara que son los “cocineros” número uno en Michoacán de esa sustancia adictiva:

“¿Por qué somos los mejores?, porque sacamos cantidad, mayoreo y calidad. Estaba un par de estadunidenses, papá e hijastro, los cabrones que son estudiados vinieron a México a enseñar a trabajar esta madre. El lugar donde más se vende es en Estados Unidos, en todo Estados Unidos.

“Qué te voy a decir. ¡Claro que hacemos daño! Lo sabemos. Toda droga que se va pa’lla, pero te vuelvo a decir, semos de bajos recursos, estamos pobres, porque si estuviéramos bien, andaríamos como ustedes, viajando por todo el mundo, haciendo trabajos limpios, buenos como los de ustedes…

“…Pues no más la voy a hacer hasta que Dios quiera. Hasta que Dios quiera, hasta allí vamos a dejar de hacer droga, cada día semos más y vamos a ser más, porque esto no se va a acabar, ¿o sí?, ¿verdad que no, batos?”

Sus compañeros le responden: “No, ¡claro que no!”

Otra vez el entrevistado interviene:

“¡Yo creo que no! ¡A penas va empezar lo bueno!…”

De los periódicos al cine

–Se pone en huelga de hambre Mireles Valverde, a pesar de su mal estado de salud por la diabetes, una lesión en la columna y una cirugía programada. Además, el también fundador de las autodefensas, Hipólito Mora y el sacerdote Alejandro Solalinde se unirán al ayuno del doctor. ¿Qué opina de que su documental se exhiba en los cines en estos momentos?

–Lo que eran las autodefensas en Michoacán y los que son los autodefensas en Arizona, son completamente distintos. Cuando empecé la película pensé que eran personas con camisetas blancas luchando contra personas con camisetas negras, que era una historia muy sencilla, pero con forme fui avanzando, se fue difuminando esta línea entre el bien y el mal.

“Deseaba sacar esta historia de los encabezados de los periódicos y realmente aterrizarla, como en una especie de trabajo de campo. No soy un reportero de guerra, nunca había estado en esas situaciones, pero de pronto me encontré en medio de un laboratorio de metanfetamina, en un lugar de tortura y entre enfrentamientos con balazos, como en medio de una guerra. Repito, mi finalidad era sacar los encabezados y aterrizarlos al elemento humano.”

–¿Cuál fue la meta de sacar esos encabezados hacia la pantalla grande?

–Es muy fácil hablar estando fuera de algo, entonces mi intención era ir a Michoacán y experimentar lo que estaba pasando de primera mano, sobre todo ver cómo era vivir en una sociedad en la que han fallado las instituciones gubernamentales, instancias que en principio deberían proteger a los ciudadanos, pero no sólo no cumplen con ese deber, sino que incluso están en colaboración con los cárteles. A partir de ahí nació el movimiento de las autodefensas. Lo que me interesaba era saber ¿qué pasa cuando fallan las instituciones?, ¿qué pasa con la gente cuando el gobierno no está cumpliendo con ese deber?, ¿qué pasa cuando la gente toma la ley por su propia mano?

–¿Cuál es su visión al comprobar que las instituciones no protegen al pueblo?

–Me parece muy complicado responder la pregunta. En su apogeo, las autodefensas de Michoacán contaban con 20 mil personas con armas y que tomaron la ley por su propia mano. ¿Cómo es posible controlar o detener a personas que tengan otras intenciones dentro de ese movimiento que opera fuera de la ley? Existe otra interrogante: ¿El poder inevitablemente corrompe cuando se actúa fuera de un marco legal?

“Vemos en el documental que si no cumplen las instituciones, se crea un vacío de poder y alguien finalmente debe llenarlo y alguien sigue “cocinando” las metanfetaminas para continuar el negocio. Vemos que personas dentro de las autodefensas poseían otras intenciones, conciben que se repita todo este ciclo que es finalmente lo que se comprueba al final de la película.”

Heineman ofrece en el largometraje unas escenas desgarradoras de un sepelio de 15 personas en Michoacán, asesinadas en una limonera el 26 de agosto de 2013. De esos, 13 eran de una sola familia, desde un bebé de tres meses hasta un señor de 60 años. Los otros dos apenas habían llegado allí a trabajar.

Una señora con lágrimas en los ojos charla pausado:

“Víctor Rivera Cortés, Alicia Torres Marín, su hijo Evaristo. La hija de mi hermano Jaime Rivera, Diana Lizbeth Jaimes Rivera, de 18 años de edad, y su esposo se llamaba Abelino. Su bebé Jorge Luis, Jorgito. María de Jesús, de seis años de edad. Felipe Casares Marín, tío de Alicia, de 60 años. El bebé de tres meses era Cruz Rivera Loya.”

“Todas las víctimas cortaban limón. Se fueron a vivir a las parcelas. Sabemos que el patrón tenía que pagar un dinero a los Caballeros Templarios y creo que no lo pagó, y se vengaron con ellos. Que eran inocentes: jóvenes, niños, y a los bebés los agarraban de sus piecitos y les pegaban contra una piedra. Los aventaron al pozo. Yo quisiera que el gobierno dijera ‘éste fue’, pero no… Eso es lo que hay en Michoacán. Que ya quiere uno hacer justicia.”

En otra escena, Mireles Valverde, en su rancho, muestra por celular una foto de tres cabezas humanas:

“Tenemos muchas tragedias por culpa de los criminales. Son los vecinos de frente a la casa. Los Templarios les mocharon las cabezas por ser de aquí de Tepalcatepec. Seguíamos nosotros. ¿Qué harías tú, esperar que vinieran por ti… o comprar unas cosas de estas (señala un arma) y defenderte? ¿Qué harías tú? El gobierno no proporciona las garantías de seguridad que el pueblo necesita. Nosotros nos podemos armar en legítima defensa de nuestras vidas, de nuestra familia, de nuestra propiedad.

“A todos los sobrevivientes ya nos mataron a alguien, nos secuestraron a alguien y violaron a alguien. Llegó el momento en el que nosotros decidimos nuestra forma de morir, no morir amarrados como animalitos y descuartizados, como lo han hecho durante más de 12 años. Decidimos que la mejor forma de morir para nosotros era luchando.”

Heineman produjo y dirigió el largometraje documental Escape fire: The fight to rescue american healthcare (2012), un llamado de alerta sobre el estropeado sistema de salud estadunidense, la industria médica diseñada para curas rápidas y no un sistema de prevención, además del negocio en torno a estas áreas, ganador de abundantes premios en festivales.

Con Tierra de cárteles desea mostrarles a los estadunidenses “que hay una guerra en el país vecino, de la cual nosotros tenemos mucho que ver, y en México que desate una conversación muy necesaria”.

Acerca del autor

Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha.

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