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Los estragos de internet en el patrimonio cultural precolombino

La propagación de la revolución informática al ámbito comercial es reciente; el vértigo de su expansión, empero, ha desafiado la imaginación e impuesto nuevos retos en lo que respecta a la protección de bienes culturales, panorama que obliga a una profunda reflexión. De manera simultánea, esta situación denota una grave parálisis en lo que respecta a la prevención del tráfico ilícito de antigüedades, incluyendo, desde luego, el de bienes precolombinos.

Existe consenso en que el inicio de las ventas al menudeo por internet se sitúa en agosto de 1994 (Godwin Ariguzo, Efren Mallach y Seven White). Pero es a partir de 1995 cuando pueden identificarse claramente dos modelos comerciales en la red: uno que privilegia el vínculo entre el detallista y el consumidor, conocido en el argot informático como B2C y que es promovido fundamentalmente por Amazon, y otro en el que se desarrolla el vínculo entre consumidores, denominado C2C, el cual se caracteriza por las subastas en línea de empresas como eBay (Neil Brodi).    

Era predecible que el crimen organizado lucraría con estos modelos comerciales para traficar antigüedades de manera ilícita. Hasta antes del desarrollo informático del mercado, las ventas de ese tipo de piezas se habían circunscrito a un público reducido, de gran poder económico y ferviente prosélito de la “alta cultura”.

Las ventas por internet, sin embargo, irradiaron a un segmento inexplorado de los consumidores mediante la oferta de “antigüedades” de mala calidad o declaradamente falsas. Más aún, el comercio por esta vía impactó financieramente a las galerías establecidas, ya que, contrariamente a éstas, los operadores de los portales les permiten reducir costos de manera significativa al estar en condiciones de ahorrarse la renta de locales en sitios de alto estándar y alquilar centros de acopio de bajo perfil.

Ante la expansión del mercado en estas circunstancias, los arqueólogos expresaron graves inquietudes por la inminencia de que las ventas por internet detonarían las excavaciones ilícitas, ya que el sistema de comercialización en la red permite conservar el anonimato y dificulta la incriminación penal.

En 2006, la UNESCO, Interpol y el Comité Internacional de Museos (ICOM por sus siglas en inglés) emitieron un comunicado conjunto para alertar sobre el tráfico ilícito de bienes culturales por esta vía. A pesar de esos esfuerzos,  hacia 2009 el mercado por internet había logrado una mejor estructura y madurez: se establecieron entonces centros comerciales como Trocadero y VCoins, en donde son fácilmente localizables los mercaderes de antigüedades (Renae Cooper y Katina Michael).

En el mercado de antigüedades por internet raramente se previene a los consumidores de que observen las reglas internacionales dispuestas por la Convención de la UNESCO de 1970, como aquella que supone exigir el certificado de exportación correspondiente, y cuando así se hace, los compradores o bien las ignoran o actúan con displicencia (Neil Brodie).

En general, los esfuerzos de los mercaderes de arte se orientan más a darle seguridad al consumidor sobre la autenticidad de los objetos adquiridos y a depurar de antigüedades falsas el mercado informático. Son proverbiales las recomendaciones hechas en este sentido por galerías establecidas como las de Robert Dodge, dueño de Artemis, quien en un sitio de su portal advierte: “No haga su primera compra de antigüedades en eBay”.

En lo que respecta a bienes culturales del antiguo Egipto, Dodge apunta que el riesgo de comprar piezas falsas o réplicas es de 95%, en arte grecorromano de 75% y en precolombino de 50%. Más grave aún, Jerome Eisenberg, propietario de la exclusiva galería neoyorkina Royal-Athena, alerta en su portal de que comprar en eBay es altamente riesgoso, a menos que se conozca bien al ofertante. Al buen entendedor…

La reacción del consumidor

Ante el problema aquí expuesto, se han creado agrupaciones como The Fakebusters, que difunde imágenes de piezas egipcias falsificadas, o Ancient Artifacts (Yahoo Groups Ancienartifacts), que organiza a los consumidores de antigüedades.

Por su parte, el sitio eBay.com ha sido constantemente denostado por estas asociaciones y muchas otras más por ser especialmente riesgoso para la compra de antigüedades que pudieran resultar falsas. Por ello, los administradores del portal han hecho grandes esfuerzos para depurarlo de vendedores “inescrupulosos”, y para el año 2009 ya habían suspendido a varios mercaderes (Emily Fan). Esta política de depuración también fue seguida por los centros comerciales informáticos Trocadero y VCoins. Sin embargo, la delación hecha en contra de eBay.com pudiera tener varias intenciones, entre otras la de concentrar el escrutinio público en este portal con el propósito de crear un efecto distractor para dejar a salvo otros canales informáticos empleados por traficantes de antigüedades (Neil Brodie).

En un polémico artículo, el arqueólogo Charles Stanish, de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), sostuvo que el mercado de internet estaba plagado de antigüedades falsas y malas réplicas, y reveló que para los traficantes resultaba más ventajoso este negocio que continuar con las excavaciones ilícitas por el riesgo que implicaban.

El efecto primario de este fenómeno, sostuvo Stanish, es todavía más devastador, ya que provoca un sensible deterioro en los precios de antigüedades auténticas. Es lo que se conoce eufemísticamente como mecanismo de “autocorrección” del mercado.

Stanish ilustra su hipótesis con bienes pertenecientes a la antigua cultura moche en Perú, cuyos textiles son muy preciados por los traficantes. Una pieza de este tipo falsificada puede venderse en 25 dólares en las calles de Lima y en 250 dólares en la subasta de eBay.com, pero puede alcanzar hasta los 15 mil dólares si es auténtica. Su conclusión es clara: el mercado informático es un disuasivo para el pillaje de bienes arqueológicos.

No obstante, las aseveraciones de Stanish han suscitado posiciones encontradas, como la del académico escocés Neil Brodie, quien reveló que, de acuerdo con imágenes satelitales, en la región de Lambayeque, en Perú, se detectaron evidencias de excavaciones ilícitas realizadas entre 2003 y 2010. Brodie añadió que entre 2008 y 2012 el Servicio de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE por sus siglas en inglés) había restituido 4 mil 525 piezas auténticas a ocho países de América Latina que habían sido contrabandeadas en territorio estadunidense y ofertadas a través de internet.

Brodie advierte que, por sí solas, estas cifras sobre el incremento del tráfico ilícito de bienes precolombinos no son concluyentes, puesto que se carece de registros históricos e investigaciones sistemáticas que permitan demostrar el número y clases de negocios en internet, así como ubicar físicamente a los mercaderes, los orígenes y los precios de las piezas.

Como parte de su investigación, Brodie, quien se encuentra adscrito al Centro Escocés contra el Crimen y por la Justicia de la Universidad de Glasgow, monitoreó tres casas de subastas “físicas” (Sotheby’s, Bonhams y Heritage Auctions), y portales de subastas como eBay.com, Arte Primitivo y Antiquities Saleroom durante el periodo 2011-2013. Los resultados dan una muestra clara de la estructura del mercado informático: la mayoría de los portales de internet que comercializan bienes precolombinos se encuentran en Estados Unidos, salvo el de Mermoz, que se halla en Francia, y la Galería Barakat, que tiene representaciones en Estados Unidos, Reino Unido y Abu Dabi.

Esta investigación contradice la tesis de Stanish… y su optimismo. En efecto, eBay.com emplea a MercadoLibre para los países de América Latina; en este último sitio se puede constatar que, en el caso de Perú, los mercaderes de arte no han recurrido a él para comercializar bienes precolombinos, réplicas o piezas falsificadas. La hipótesis de trabajo de Stanish la desmienten los análisis del propio mercado.

Las fuerzas del mercado

Las conclusiones de Brodie son trascendentes: el mercado de bienes precolombinos traficados de manera ilícita no puede ser subestimado. En éste se privilegia la comercialización personalizada, y para estos efectos se reservan las piezas de mayor valía. Para dar una idea de lo anterior, las ventas privadas de Sotheby’s representan el 20% del total de sus ventas. A ello habría que añadir que el monitoreo de los portales de internet se ve enormemente entorpecido por la rapidez con la que se realizan las transacciones, de tal suerte que la fugacidad caracteriza el ingreso y el egreso en esos portales.

La investigación de Brodie permitió constatar que la falta de certificados de origen es una constante dentro de este tipo de mercado y que, en caso de existir alguno, su verificación es imposible, motivo por el cual son fácilmente falsificables.

En este orden, la envergadura del mercado de internet debiera ser motivo de una serie de medidas de prevención eficaces en contra de la destrucción de bienes arqueológicos precolombinos. Sin embargo, la expansión de este mercado evidencia el fracaso de las políticas públicas concebidas para impedir el tráfico ilícito.

La información disponible, explica Brodie, demuestra que las ventas van en aumento y la mayoría carece de documentación verificable. Ni las réplicas ni los bienes falsificados han sido capaces de mermar la febrilidad del mercado, en tanto que los mercaderes de arte concentran sus esfuerzos en dar certidumbre al consumidor acerca de la autenticidad de los bienes. Por lo demás, la ilicitud del tráfico no parece serles un motivo de preocupación.

En el pasado reciente se han multiplicado los esfuerzos de los gobiernos para prevenir el tráfico ilícito de sus bienes culturales mediante convenios con el portal eBay.com. Los resultados están todavía por verse.

Las repercusiones del comunicado de la UNESCO, Interpol y el ICOM han sido mínimas, pues rara vez este documento aparece en los sitios de internet, y en los pocos en donde se ha colocado se ha hecho por consideraciones meramente cosméticas.

Ante la expansión de este tipo de mercado, los pronósticos en materia de protección de bienes precolombinos son sombríos, concluye Brodie. La única reclamación que se ha registrado es la que tuvo como consecuencia la suspensión de una subasta organizada por eBay.com a petición de la embajada egipcia ante el gobierno de Washington en 2014 (Mena). Este hecho es lo suficientemente elocuente para revelar los letargos gubernamentales y la desidia de sus mandarines respecto del fenómeno descrito. La actitud reactiva de los gobiernos se circunscribe a combatir con fragor, pero con poca efectividad, sólo los casos de alto impacto en la opinión pública. Entre tanto, siguen primando los intereses del tráfico ilícito en el mercado.

*Doctor en derecho por la Universidad Panthéon Assas.

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