Gran Bretaña: Corbyn promete un golpe de timón en la economía

LONDRES (apro).- La fila de activistas, delegados, políticos y estudiantes que esperaban ingresar al centro de convenciones de Brighton (sur de Inglaterra) para escuchar el discurso de Jeremy Corbyn, se extendía por metros y metros, y doblaba la avenida King’s Road, frente al mítico Canal de la Mancha.

El Partido Laborista celebraba su primer Congreso Anual con Corbyn como jefe, tras la aplastante victoria a comienzos de septiembre del veterano político socialista, de 66 años, en la elección interna de la agrupación opositora.

La expectativa era muy alta. Reporteros, camarógrafos y fotógrafos esperaban la llegada de Corbyn al podio, que para la ocasión fue decorado con la leyenda: “Hablar claro. Políticas honestas”. Ese pareció ser el preludio para el discurso de una hora que dio el flamante líder laborista, ovacionado de a pie antes, durante y después de su ponencia.

En primera fila se encontraba su esposa, la activista mexicana Laura Alvarez, sonriente y emocionada. Ahí también se encontraban Thomas y Benjamin, dos hijos de Corbyn con su segunda esposa, la exiliada chilena Claudia Bracchita.

En medio de un fuerte debate interno sobre el futuro del partido, Corbyn llamó al cambio y pidió poner fin a las políticas de ajuste que lleva a cabo el gobernante Partido Conservador de David Cameron.

“Les pido a los votantes británicos que no acepten la desigualdad y la injusticia como algo inevitable. Las cosas pueden y deben cambiar”, sostuvo el parlamentario, aplaudido y vitoreado por jóvenes delegados entusiasmados con la llamada “Corbynmanía”.

Durante su discurso, Corbyn prometió transformar la política en Gran Bretaña, y hacer que el país se vuelva un lugar “más justo y solidario”, atacando duramente las promesas “incumplidas” de Cameron.

“El Laborista va a desafiar los planes de austeridad” del gobierno, gritó el jefe del partido ante miles de delegados congregados en el recinto.

Aunque durante su discurso Corbyn no hizo anuncios específicos de políticas, sí cubrió una serie de temas:

Desafió a Cameron por el caso de Ali Mohammed al-Nimr, un activista que enfrenta la pena de muerte en Arabia Saudita por un crimen que supuestamente cometió a los 17 años.

Prometió renacionalizar los ferrocarriles británicos y ayudar a los trabajadores del sector metalúrgico en Teeside (norte de Inglaterra) que enfrentan una oleada de despidos.

También prometió más controles en las escuelas primarias, el fin de recortes a subsidios y alivios impositivos por hijo; resolver la crisis de vivienda en el país; mejorar los servicios de salud mental y expandir las licencias de paternidad y maternidad para los empleados autónomos.

En su ponencia, el nuevo jefe del Laborismo atacó a Cameron por haber dicho que él representa una amenaza a la seguridad de las familias británicas.

“¿Cómo se atreve esta gente a hablar de seguridad para las familias y la población en Gran Bretaña? No hay seguridad para 2.8 millones de familias en el país forzadas a endeudarse por sus salarios estancados, y el récord de los Tories (Conservadores) por la mayor caída en los estándares de vida desde que comenzaron estos registros”, sostuvo.

Según Corbyn, el gobierno de Cameron “representa las fallas de la economía Tory, una economía que ayuda a unos pocos, no a la mayoría”.

El político, que lleva más de 32 años representando su banca de Islington Norte (Londres) en el Parlamento británico, se mostró desafiante acerca de reformar la economía para combatir la desigualdad y proteger a los trabajadores.

“La gente no debe aceptar lo que le impongan las corporaciones globales, y no debería haber límite acerca de aquello que los ciudadanos puedan lograr. Somos un país rico. Estas cosas (ajustes y recortes presupuestarios) no son necesarias, o inevitables. Pueden y deben cambiarse”, reiteró.

Durante su discurso, repitió que la mayoría de los británicos “quiere una sociedad más igualitaria, sin pobreza ni personas en la calle”.

A diferencia de lo que esperaba la prensa y algunos analistas políticos, Corbyn no utilizó su ponencia para pedir disculpas por el papel del Partido Laborista en la guerra de Irak (2003), bajo el mando del expremier Tony Blair.

Sin embargo, dijo ante los presentes en el Centro de Brighton: “No ayudó a nuestra seguridad nacional ir a la guerra en Irak, desafiando a las Naciones Unidas y bajo premisas falsas”.

Con respecto a la política exterior británica, el jefe laborista dio a entender que su agrupación se opondrá a cualquier intento del gobierno para lograr el apoyo del Parlamento y así lanzar una acción militar contra Siria.“Sólo una estrategia diplomática a través de la ONU permitirá alcanzar la paz”, destacó.

También reiteró su oposición a la renovación de los arsenales nucleares Trident, que le cuestan miles de millones al erario británico, posición que comparte con su ministra de Defensa en la sombra, María Eagle, quien inició una revisión sobre el tema.

De todos modos, Corbyn sostuvo que la fuente de empleo de los trabajadores en el sector de Defensa “debe ser protegida, para ganar, en lugar de perder”.

El líder del Laborismo pidió a toda la agrupación mayor unidad, y poner fin a especulaciones sobre divisiones internas: “Este es un partido adulto, donde la gente en serio debate temas concretos”.

“Terminemos con los abusos personales, con el bullying cibernético, y especialmente terminemos con los abusos misóginos”, continuó Corbyn, al hacer referencia a las críticas que recibió por haber conformado un gabinete opositor sin mujeres en los principales puestos.

“Trabajemos por los valores verdaderos de la política. No voy a imponer líneas (de pensamiento) desde mi liderazgo. No creo que nadie tenga el monopolio de la sabiduría: todos podemos tener ideas y una visión acerca de cómo mejorar las cosas”, sentenció.

En ese sentido, se mostró “abierto al debate y a escuchar a todos”.

“Creo firmemente que el liderazgo es escuchar. El voto (que le dio mandato para encabezar al Laborismo) fue para un cambio en la forma en que se hace política, tanto en el Partido Laborista como en el país”, concluyó.

Tras una ovación de pie que duró varios minutos, Corbyn se sacó fotos con los delegados y seguidores, y celebró más tarde hasta altas horas de la noche con sus colegas laboristas en un pub local de Brighton.

Según la BBC, el discurso inaugural de Corbyn durante el Congreso Laborista “estuvo dirigido principalmente a su partido y no fue un mensaje al mundo externo”.

“La referencia a las aspiraciones de la gente fue germen de una idea muy interesante”, destacó.

Desde el sector sindical, los gremialistas elogiaron el discurso de Corbyn, al considerar que bajo su mandato “existe ahora una oposición verdadera”.

Mark Serwotka, secretario general del sindicato de trabajadores estatales PCS, sostuvo que el jefe laborista “respondió de una manera brillante a sus críticos”, en tanto que el jefe del Sindicato de Bomberos británicos, Matt Wrack, consideró que la ponencia “marca un antes y un después en la política de Gran Bretaña”.

De todos modos, los conservadores salieron a atacar a Corbyn y su discurso, al indicar que el Laborismo “quiere endeudar a la gente imprimiendo dinero y aumentando los impuestos”.

El ministro de Justicia, Michael Gove, sostuvo que las políticas del nuevo líder laborista “destruirán la economía”.

“Esas medidas debilitarán nuestras defensas nacionales, dañarán nuestro Servicio Nacional de Salud y lastimarán a los trabajadores británicos, especialmente a los que menos ganan”, sostuvo el funcionario Tory.

A las críticas también se sumó el sector empresarial, ya que la Cámara de Comercio británica sostuvo que los empresarios “no quieren un Estado intervencionista que rescate a compañías que fallan, re-nacionalizando empresas e imprimiendo dinero”.

Por su parte, la Cámara de la Industria sostuvo que aunque comparte la idea de Corbyn de redistribuir mejor la riqueza en Gran Bretaña “no reconoce la descripción que él hace de la economía”.

Mientras, una encuesta elaborada por la consultora ComRes/Daily la semana del Congreso Laborista, concluyó que Corbyn aún enfrenta un enorme desafío para lograr ser el próximo primer ministro del Reino Unido. El sondeo indicó que para 54% de los británicos, Cameron es mejor primer ministro que el jefe laborista, mientras que sólo 30% dijo que preferiría a Corbyn para ejercer el mandato en el número 10 de Downing Street, la residencia oficial en Londres del mandatario británico.

La encuesta sugirió que la brecha entre el Laborismo y los Conservadores se achicó desde que Corbyn asumió como nueve líder de la oposición.

En caso de unas elecciones generales, el Partido Conservador obtendría 39% de los votos, delante de los laboristas, con 30%, estos últimos con dos puntos más que hace algunos meses.

Tom Mludzinski, director de ComRes, consideró que tras el cierre del Congreso Laborista en Brighton “el sondeo dio resultados muy interesantes”.

“Los ratings de Corbyn y aquellos de su partido son más o menos parecidos a los que registraba el previo líder laborista, Ed Miliband, durante las elecciones generales (de mayo último)”, explicó el politólogo y analista.

“Aunque pareciera que no hubo demasiado avance para los laboristas, lo importante es que no vimos una retracción. Pero más importante aún es que la imagen de Corbyn es peor entre los potenciales votantes –un grupo clave que decide elecciones generales– que en la población en su conjunto”, finalizó.

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