Europa: Ante los refugiados, oídos sordos

Londres (apro).- “Hacia las siete de la tarde, el bote empezó a perder aire y a llenarse de agua. La gente empezó a caer al mar. Con cada ola desaparecían dos o tres personas. Nos aferramos a una cuerda, con el agua hasta el vientre”.

Así narra su aterradora experiencia el joven Ibrahim, de 24 años y procedente de Malí, quien en febrero pasado logró sobrevivir a un naufragio al intentar cruzar el Mar Mediterráneo en una patera. Un buque de carga con bandera italiana lo rescató junto con otro superviviente hacia las 3 de la tarde del día siguiente. El resto de los tripulantes –sirios, pakistaníes, afganos, eritreanos, entre otros– murieron ahogados.

El joven de Malí evitó así sumarse a la lista de al menos 3 mil personas refugiadas y migrantes que murieron en el último año mientras intentaban atravesar el Mediterráneo.

De acuerdo con un informe publicado este mes por el grupo británico Amnistía Internacional (AI) y titulado “Resolver la crisis mundial de refugiados”, los gobernantes y políticos de la Unión Europea (UE) prestan oídos sordos a las advertencias que lanzan grupos de defensores de derechos humanos y organizaciones humanitarias para resolver de forma efectiva la peor crisis de refugiados y migrantes que se haya producido en el mundo desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Las cifras de la crisis global de refugiados hablan por sí solas: unas 560 mil personas llegaron a Europa por mar desde enero pasado –muchas de ellas en viajes peligrosos en los que se ahogaron miles–, 84% llegaron por mar desde los 10 principales países de procedencia de los refugiados, en tanto que al menos 4 millones fueron los refugiados sirios acogidos en sólo cinco países cercanos, con al menos 11 millones de sirios que se vieron obligados a desplazarse de su país por la violencia y conflictos bélicos.

Del total de refugiados que llegaron a Europa por mar, al menos 133 mil lo hicieron llegando a Italia, mientras que 428 mil arribaron a las costas de Grecia desde Turquía.

Según el informe de la ONG con sede en Londres, aunque los líderes de la UE “han dado un positivo paso adelante al decidir compartir la responsabilidad de recibir a 120 mil solicitantes de asilo”, dicha medida “no resolverá por sí sola la emergencia humanitaria que se está produciendo a las puertas de Europa”.

En ese sentido, AI se preguntó cuánto sufrimiento humano y cuántas maniobras diplomáticas harán falta aún para que los políticos y autoridades de la UE se ocupen con determinación de la emergencia humanitaria que se está produciendo en Europa y que podría escalar en caso de no tomarse medidas.

“En este mismo momento –advierte el informe–, miles de niños, niñas, mujeres y hombres se ven obligados a arriesgar la vida o a caminar, agotados, de una frontera de la fortificada UE a otra en busca de refugio”.

De acuerdo con el informe, elaborado por expertos de la ONG en el área de Europa y Asia Central, la crisis de refugiados, que comenzó hace algunos años, se intensificó debido a brutales regímenes, enconados conflictos y la enorme pobreza en Medio Oriente y África “que están obligando mes de personas a migrar, dejando atrás todo lo que conocen y aman”.

En los últimos meses las rutas de los refugiados fueron diversas y peligrosas, y en muchos casos terminaron en la muerte de migrantes.

“La mayoría de las personas refugiadas se quedan cerca de su país de origen, pero algunas intentan buscar seguridad en Europa, pese a los miles de millones de euros que destina ésta a impedir la entrada de personas, a menudo a un costo exorbitante desde el punto de vista humano y económico”, indica el documento de AI.

Explica que a principios de 2015, cuando un número cada vez mayor de personas se dirigían a Europa como consecuencia del agravamiento de la situación en Siria e Irak, la operación italiana de búsqueda y salvamento en el Mediterráneo conocida como “Mare Nostrum” llegó a su fin y fue sustituida por una iniciativa “mucho más pequeña y menos eficaz de la UE”.

En ese momento, varias organizaciones de derechos humanos advirtieron sobre el aumento por el número de naufragios mortales y el peligro que corrían las frágiles y abarrotadas embarcaciones que partían de Libia con rumbo a Italia.

“Sin embargo, los gobiernos europeos apenas hicieron nada para ayudar, hasta el trágico fin de semana de abril en que más de mil 200 personas murieron ahogadas en dos naufragios”, agrega AI.

Durante esas semanas se llevaron a cabo reuniones de emergencia con autoridades europeas y se destinaron rápidamente más buques y aviones a patrullar en alta mar y salvar a personas en dificultades.

En julio se produjo un drástico descenso del número de muertes en el Mediterráneo, pero al no haber rutas legales y sin riesgos, siguieron llegando barcos, destaca el reporte.

“En los meses de verano (boreal) murieron centenares de personas, e incluso ahora sigue ahogándose gente”, denuncia AI, que se apoya en cifras de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Subraya que mientras cientos de miles de europeos preparaban sus vacaciones estivales, creció “la espantosa situación de personas que solicitaban asilo, llegadas por mar de Turquía a las islas griegas de Lesbos y Kos”, dos de los destinos más comunes de arribo de refugiados. Allí, las autoridades locales “no querían o no podían” atender necesidades básicas como la comida, el agua, el saneamiento o la vivienda.

Amnistía notó que aunque los habitantes de las zonas receptoras hacían cuanto podían para ayudar a los millares de recién llegados, la tensión iba en aumento por la falta de políticas oficiales y presupuesto adecuado.

“Era evidente que el gobierno griego no podía afrontar tal afluencia y que sus vecinos de la UE sí podían hacer mucho más para ayudar”, destaca el informe. Y explica que miles de personas refugiadas y migrantes tomaron además peligrosas rutas para llegar al norte de Europa a través de los Balcanes, pasando por la exRepública Yugoslava de Macedonia en dirección a Serbia y Hungría.

El documento detalla cómo el mundo vio incrédulo de qué forma, en la frontera de Macedonia con Grecia, “la policía antidisturbios utilizaba granadas aturdidoras para impedir el paso a los refugiados que se dirigían a Serbia”.

“El 21 de agosto, la frontera estaba ya cerrada y se habían traído refuerzos militares”, añade.

Muchas personas, incluidas familias con niños de Siria, llevaban días o semanas caminando, sólo para acabar atrapadas en tierra de nadie, incapaces de cruzar las fronteras legalmente, solicitar asilo e incluso conseguir alimentos o encontrar un lugar donde dormir”, continúa.

Cientos de personas –incluidas mujeres embarazadas y menores no acompañados– permanecieron detenidas durante periodos prolongados en el Centro de Recepción para Extranjeros de Macedonia –conocido como Gazi Baba– sin ninguna salvaguardia legal ni oportunidad de pedir asilo.

“En Gazi Baba había unas 400 o 450 personas cuando entramos… Había gente durmiendo incluso en las escaleras, el hacinamiento era terrible. Había colchones en el suelo y en el pasillo”, contó un refugiado sirio a AI.

Algunos exdetenidos dijeron además que la policía los había golpeado o habían presenciado palizas propinadas por la policía en Gazi Baba, y uno contó que cuando un grupo de sirios amenazó con hacer una huelga de hambre, un policía les dijo: “Si mueren aquí no vendrá nadie a preguntar por ustedes. Nos desharemos de sus cadáveres.”

A finales de agosto, la policía húngara impidió tomar trenes a los refugiados que se dirigían a Austria y Alemania, que dejó a miles atrapados en la principal estación de tren de Budapest. “Algunas personas echaron simplemente a andar por la carretera en dirección norte, recorriendo kilómetro tras kilómetro y durmiendo a la intemperie”, sostiene el informe.

Cuando el 2 de septiembre los periódicos del mundo publicaron la fotografía del niño sirio de tres años, Aylan Kurdi, ahogado en una playa turca, la reacción de Occidente “pareció cambiar de velocidad” y una oleada de compasión se extendió por Europa al tomar la gente conciencia “de toda la intensidad del horror”.

“El deterioro de la situación recibió la atención de todo el mundo”, sostiene AI, y hace notar que “miles de personas que llevaban semanas varadas fueron recibidas con flores y globos en Alemania.

“Por un breve momento, Europa declaró que las personas refugiadas eran bienvenidas. Pero al terminar Hungría de levantar en la frontera una valla de alambre de espino y penalizar la entrada ilegal, esas personas quedaron atrapadas en la frontera serbia, y la policía húngara utilizó gas lacrimógeno y medios violentos contra ellas”, denuncia.

Desde entonces, “los líderes europeos mantuvieron conversaciones y, una vez más, no se pusieron de acuerdo sobre cómo abordar la crisis de refugiados”, lamenta.

“Con Hungría cerrada completamente, personas ancianas, adolescentes en silla de ruedas, enfermas de cáncer, niños y niñas que lloraban desconsolados y familias agotadas volvieron la vista a Croacia y Eslovenia”.

En ese sentido, explica que a medida que el otoño se vuele más frío ante la llegada inminente del invierno, la necesidad de un liderazgo decisivo de la UE “es más acuciante que nunca”.

“Esta crisis no va a esfumarse. Y la alternativa a crear un sistema común y efectivo de asilo y proporcionar a las personas refugiadas rutas sin riesgos hacia un lugar seguro es ahora dejar simplemente que la gente sufra y muera ante el alambre de espino que cierra las fronteras de Europa”, advierte.

Europa ya vivió esa realidad tras la Segunda Guerra Mundial con miles de personas desplazadas de sus hogares o devastadas por la tragedia del Holocausto, cuando dijo decididamente “nunca más”.

“Una vez más, nuestra responsabilidad compartida y nuestra humanidad son la solución”, finaliza el informe.

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