Cambio climático: Cuando las aves nos falten

LONDRES (apro).- Un gran número de especies de aves ha comenzado a dirigirse a los polos norte y sur del planeta, como también a zonas más elevadas y montañosas, debido a que el cambio climático provocado por la actividad humana está transformando completamente sus hábitat naturales, poniendo en serio peligro su existencia.

De acuerdo con un reporte del grupo británico Birdlife International, elaborado por ornitólogos y biólogos que tomaron en cuenta varias investigaciones previas al respecto, 25% de las 570 especies de aves estudiadas globalmente se han visto afectadas negativamente por el cambio climático.

Y sostiene que los problemas que enfrentan las aves son paradigmáticos de lo que podría ocurrirle a los humanos como consecuencia del aumento de las temperaturas.

El informe fue dado a conocer en Londres el pasado 27 de noviembre, en vísperas de la vigésimo primera Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP-21) que se celebra en París, Francia.

Afirma: “Los pronósticos son muy oscuros: desde migraciones forzadas debido a la pérdida de hábitat naturales a una mayor amenaza por las enfermedades, más competencia por los alimentos y una mayor frecuencia de eventos climatológicos extremos. Todo indica que si no se hace algo, el futuro será muy pesimista”.

Debido a la velocidad en la que aumenta el cambio climático, patrones migratorios y de apareamiento de muchas especies de aves han resultado dañados, lo que ha provocado un decline de poblaciones de pájaros.

Al mismo tiempo, especies que habitan en islas se vuelven cada vez más vulnerables al aumento de los niveles del mar.

En Hawai, por ejemplo, un aumento del nivel del mar de dos metros inundará los nidos de entre 39% y 91% de los albatros de patas negras (Phoebastria nigripes), y entre 44 y 100% de los petreles o fardelas de las Bonin (Pterodroma hypoleuca), según Birdlife International.

El informe también advierte que especies como el charlatán cuellirojo (Kupeornis rufocinctus), que habita en la falla Albertina en el África Oriental, perderá todo su hábitat natural para 2085.

La investigación subraya que 13% de las aves ha respondido al cambio climático en los últimos años debido a que pudieron adaptarse al aumento de las temperaturas o suelen beneficiarse de climas cálidos.

Especies que tradicionalmente poblaban zonas bajas, como los tucanes pico iris o piquiverde (Ramphastos sulfuratus), ahora suelen encontrarse en zonas más elevadas de Costa Rica, hasta los mil 500 metros sobre el nivel del mar, todo como consecuencia de los cambios del clima.

Por su parte, el arrendajo gris (Perisoreus canadensis) está concentrándose cada vez más al norte de su hábitat natural, en promedio 18.5 kilómetros más al norte que hace 26 años.

Una de las tendencias halladas por Birdlife International involucra a las llamadas especies “de adaptación al calor” que se vuelven cada vez más comunes en Europa, mientras que las que tienden a adaptarse al frío registraron dramáticos declines en su número poblacional.

Las especies como el frailecillo atlántico o frailecillo común (Fratercula arctica), y también los pingüinos adelaida (Pygoscelis adeliae), se han reducido hasta en un 50% en sólo algunas generaciones.

“A medida que más especies de aves modifican su distribución en nuevos hábitat naturales, la composición de comunidades de aves y no-aves cambiará, y con ello se modificará radicalmente la relación entre los predadores y las presas. Nuevas competencias por recursos alimenticios presentarán amenazas significativas para la supervivencia de algunas especies”, destaca el informe.

El británico Tris Allinson, uno de los autores principales del informe de Birdlife International, afirmó que la gente percibe al cambio climático “como algo allá lejos en el horizonte o que va a pasar dentro de bastante tiempo”.

“Lamentablemente, las señales de las aves son que están ocurriendo cambios significativos y profundos, con efectos negativos para una gran proporción de aves estudiadas”, subrayó el ornitólogo.“Estamos viendo patrones consistentes de viajes de aves hacia los polos norte y sur en sus respectivos hemisferios, y un traslado hacia zonas más elevadas en las laderas de las montañas”, continuó.

Allinson también explicó que el cambio climático está provocando modificaciones en los comportamientos de las aves y en la sincronización de sus migraciones, “que tienen varios efectos dominó, como desajustes con otras especies”.

Los cucúlidos (Cuculidae), por ejemplo, normalmente sincronizan su regreso anual de África para utilizar los nidos de otras especies locales, las cuales crían a sus recién nacidos. A medida que aumentan las temperaturas, los cucúlidos adelantan sus viajes migratorios, pero siguen llegando demasiado tarde, y como consecuencia de ello las poblaciones de esas aves se están reduciendo en varios países.

El informe destaca que un incremento de las temperaturas en el Ártico está provocando apareamientos más tempranos para algunas especies de aves, como el correlimos de Baird (Calidris bairdii), “pero esto no siempre se ajusta a los cambios en la disponibilidad de insectos que la cría de los correlimos precisa para alimentarse, llevando a una reducción en los niveles de crecimiento de esos polluelos”.

La publicación oficial de Birdlife International, el magazine ‘The Messengers’, predijo que la mayoría de las especies de aves registrará una reducción de sus hábitat naturales y épocas de apareamiento interrumpidas, y muchas modificarán demasiado lentamente la distribución de sus poblaciones para hacer frente a las consecuencias del cambio climático.

“La amenaza de extinciones y declines en poblaciones de aves aumentará rápidamente como resultado de ello. Un tercio de las aves de Europa ya están en peligro”, destaca el informe.

Birdlife International, que tiene su sede central en Cambridge, en el centro de Inglaterra, explica además que la mayoría de las aves de América del Norte perderán para finales de este siglo más de la mitad de su hábitat natural geográfico, mientras que partes del este de África perderán por completo hábitat adecuados.

La deforestación y el aumento de los niveles del mar empeorarán aún más el problema, destruyendo hábitat naturales de gran importancia en humedales y bosques del planeta, mientras que hábitat con enfermedades contagiosas aumentarán dramáticamente debido a más calor.

“El clima extremo provocará incendios forestales, tifones y olas de calor, que aumentarán en intensidad y frecuencia. Para 2100, estimamos que 52 millones de personas en 84 países en vías de desarrollo se verán afectadas por inundaciones”, subraya la investigación.

“Muchas especies actualmente amenazadas sufrirán incluso más, y creemos que la mayoría de las especies de aves sufrirán algún tipo de impacto. Globalmente, sólo 25% de las especies de aves son consideradas ‘muy vulnerables al cambio climático’, pero ese porcentaje aumenta mes a mes”.

Según Birdlife International, aunque algunas especies se beneficiarán por el aumento de las temperaturas (aquellas que viven en climas cálidos), “más de la mitad de las especies del planeta perderán debido a la velocidad del cambio climático”.

De todos modos, el informe da cuenta de algunas señales de esperanza, con ejemplos exitosos de recuperación de turbas en el este de Europa y la creación de corredores migratorios en la región del Mar Rojo, permitiendo que al menos 1.5 millones de aves puedan cruzar zonas con torres de alta tensión, cables eléctricos y turbinas eólicas.

El grupo ambientalista, que considera a las aves como “centinelas de los efectos del calentamiento global en la naturaleza”, también explica que implementar ciertas medidas como el apoyo a medio-ambientes fragmentados, la reforestación, salvaguardas para la bioenergía y más leyes de conservación y planeamiento ecológico, “podrían ayudar a garantizar el futuro de las aves del mundo”.

En ese sentido, indica que la protección y restauración de ecosistemas naturales “es una estrategia efectiva para mitigar el cambio climático”.

Al respecto, puso como ejemplo el trabajo que realiza la Asociación de Burundi para la protección de la Naturaleza, que en colaboración con la comunidad local de aborígenes Serukubeze ha logrado un mejor manejo de los ecosistemas de estos últimos ante el avance del cambio climático.

“Las comunidades han sido empoderadas para lidiar con el gobierno e integrar estrategias de adaptación fundadas en ecosistemas a planes municipales de desarrollo”, agrega.

De todos modos, advierte que para lograr esos objetivos los gobiernos deben reducir las emisiones de gases de invernadero –como el dióxido de carbono–, incrementar la eficiencia energética y transformar las economías para que éstas se basen en baja producción de carbón.

“La Naturaleza tiene un rol vital a la hora de ayudar a combatir el cambio climático, pero muchas veces es ignorada por completo”, afirmó Edward Perry, otro de los autores del reporte de Birdlife.

“Las soluciones que tienen en cuenta a la Naturaleza no sólo ofrecen una respuesta efectiva y accesible al cambio climático, sino que también aportan una serie de beneficios a la gente y la biodiversidad del planeta”, concluyó.

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