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Estado Islámico: Comercio irresponsable de armas

LONDRES (apro).- Pistolas, revólveres y otras armas pequeñas; ametralladoras, armamento antitanque, morteros y artillería, además de rifles Kalashnikov de la época de la Unión Soviética, son algunas de las mortíferas armas en poder del Estado Islámico (EI), de las cuales ellos mismos se han adueñado o bien se las han vendido de manera ilegal.

Dicho armamento le permite al EI cometer de forma flagrante asesinatos atroces contra la humanidad, así como crímenes de guerra a escala masiva en Siria e Irak, donde miles de personas han sido ejecutadas salvajemente.

De acuerdo con un amplio informe dado a conocer el pasado 8 de diciembre en Londres por parte del grupo Amnistía Internacional (AI), los combatientes del EI utilizan armas –la mayoría procedentes del saqueo de los arsenales del ejército iraquí– que fueron fabricadas y diseñadas en al menos 25 países, entre ellos Rusia, China, Estados Unidos y países de la Unión Europea.

El documento revela que los combatientes extremistas del EI y otros grupos armados fabrican su propio armamento en burdos talleres, por ejemplo, morteros y cohetes, granadas de mano y dispositivos explosivos improvisados (bombas caseras), como automóviles-bomba y armas trampa, e incluso municiones de racimo reutilizadas, un arma prohibida internacionalmente.

Esas armas y otras armas han facilitado las ejecuciones sumarias, las desapariciones forzadas, las violaciones y la tortura, y otros graves abusos contra los derechos humanos.

“En algunos casos los dispositivos explosivos constituyen minas terrestres prohibidas por la Convención sobre la Prohibición de las Minas Antipersonal”, subraya el documento titulado “Haciendo balance. Armar al Estado Islámico”.

La investigación destaca que el arsenal mortífero del grupo islamista es consecuencia de una mala regulación de los flujos de armas hacia Irak durante décadas, además de una falta de controles sobre el terreno.

Indica que la numerosa y variada gama de armas que utiliza el Estado Islámico “es un caso de manual de cómo el comercio irresponsable de armas da pábulo a la perpetración de atrocidades a escala masiva”.

Entre las armas avanzadas con que cuenta el EI hay sistemas portátiles de defensa antiaérea (MANPADS), misiles guiados antitanque y vehículos blindados de combate, así como rifles de asalto como la serie AK, de fabricación rusa, y los M16 y Bushmaster estadunidenses.

El arsenal data del periodo comprendido entre las décadas de 1970 y 1990, y se exacerbó desde la invasión anglo-estadunidense a Irak en 2003.

“Estos flujos de armas se financiaron con diversos trueques de petróleo, contratos del Pentágono y donaciones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). La mayor parte de estas armas han sido tomadas o filtradas de los arsenales del ejército iraquí”, sentencia el documento, que fue elaborado a partir de los análisis que realizaron expertos a miles de vídeos e imágenes verificadas.

Para Patrick Wilcken, investigador sobre Control de Armas, Comercio de Seguridad y Derechos Humanos de Amnistía, “la mala regulación y la falta de supervisión de los inmensos flujos de armas hacia Irak en los últimos decenios han supuesto para el Estado Islámico y otros grupos armados una excelente coyuntura para lograr un acceso sin precedentes a la potencia armamentística”.

Por ejemplo, explica que al tomar Mosul, la segunda ciudad de Irak, en junio de 2014, los combatientes del EI se hicieron inesperadamente de armas de fabricación internacional del arsenal iraquí, así como de vehículos militares fabricados en Estados Unidos, que utilizaron para controlar otras zonas del país, con “devastadoras consecuencias” para la población civil que las habitaba.

La evidencia del reporte revela que la amplia variedad de tipos de armamento tomado y adquirido ilegalmente “permitió que el Estado Islámico lleve a cabo una terrible campaña de abusos”, como homicidios ilegítimos, violaciones, tortura, secuestro y toma de rehenes, a menudo a punta de pistola.

Todo ello ha obligado a cientos de miles de personas a huir y convertirse en desplazados internos o refugiados, agrega el informe.

De acuerdo con los expertos que elaboraron el documento, la variedad y amplitud del arsenal del Estado Islámico “refleja decenios de transferencias irresponsables de armas a Irak”, algo que se ha visto agravado “por los diversos fracasos a la hora de gestionar las importaciones de armas e implantar mecanismos que evitaran usos finales inadecuados durante la ocupación dirigida por Estados Unidos a partir de 2003”.

A ese problema se añade los controles poco estrictos de los arsenales del ejército y la corrupción endémica de los sucesivos gobiernos iraquíes.

El informe da cuenta de la larga historia de proliferación de armas en Irak y las complejas cadenas de suministro “que muy probablemente hicieron que algunas de las armas más recientes fueran a parar a manos del Estado Islámico”.

Los investigadores explican que a finales de la década de los setenta y comienzos de los ochenta, el arsenal del ejército iraquí aumentó de manera significativa, especialmente en torno a la guerra Irán-Irak.

“Éste fue un momento decisivo en el desarrollo del moderno mercado global de armamento, cuando al menos 34 países distintos suministraban armas a Irak y 28 de ellos también se las proveían a Irán. Entretanto, el entonces presidente de Irak, Saddam Hussein, supervisó el desarrollo de una sólida industria armamentística nacional que fabricaba armas pequeñas, proyectiles de mortero y bombas de artillería”.

Tras el conflicto que siguió a la invasión de Kuwait en 1990 por el poderoso ejército iraquí, se supo que ese país estaba repleto de armas que le habían proporcionado los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Seguridad de las Naciones Unidas.

Contra toda lógica, varios de esos países también habían armado a Irán en la década anterior, alimentando una guerra de ocho años contra Irak que tuvo como resultado cientos de miles de muertes de civiles. Luego de la invasión de Kuwait, el embargo de armas de la ONU hizo disminuir las importaciones hasta 2003, pero durante la invasión dirigida por Estados Unidos y después de ella, “Irak volvió a inundarse de importaciones de armas”.

Amnistía Internacional explica que muchas de esas armas nunca fueron aseguradas y verificadas adecuadamente por las fuerzas de la coalición dirigida por Estados Unidos y las fuerzas armadas iraquíes reconstituidas.

Y como consecuencia de ello, “cientos de miles de esas armas pasaron a paradero desconocido y aún no se sabe nada de ellas”. El problema incluso se agravó, debido a iniciativas más recientes de reconstruir y volver a equipar el ejército iraquí y fuerzas asociadas. Ello volvió a generar un flujo masivo de armas a Irak.

“Entre 2011 y 2013, Estados Unidos firmó contratos por valor de miles de millones de dólares en tanques 140 M1A1 Abrams, aviones de combate F16, unidades portátiles Stinger 681, baterías antiaéreas Hawk y demás material. En 2014, Estados Unidos había suministrado al gobierno iraquí armas pequeñas y munición por valor de más de 500 millones de dólares”, detalla la investigación, y agrega que la corrupción endémica del ejército iraquí, así como la falta de controles estrictos sobre los arsenales y el seguimiento de armas, “implicaron el peligro constante de que tales armas se desviaran a grupos armados, incluido el Estado Islámico”.

Para Amnistía, los Estados deben aprender de los sucesivos errores del pasado y tomar medidas urgentes para evitar una futura proliferación de armas en Irak, Siria y otros países y regiones inestables.

Al respecto, llama la atención el hecho de que las medidas de evaluación y mitigación de riesgos en la exportación de armas a regiones inestables “exigen un análisis exhaustivo y a largo plazo, que deberá incluir la evaluación de si las unidades del ejército y las fuerzas de seguridad son capaces de controlar realmente los arsenales y cumplen las normas del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos”.

La organización no gubernamental pide además a todos los Estados que adopten un embargo total sobre las fuerzas gubernamentales sirias, así como sobre los grupos armados de oposición implicados en la comisión de crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y otros abusos graves contra los derechos humanos.

Por tal motivo, demanda adoptar una norma de “presunción de denegación” de las exportaciones de armas a Irak, que significa que las transferencias sólo podrían realizarse tras una estricta evaluación de riesgo.

AI considera que las unidades del ejército o la policía de Irak con las que se hagan excepciones “deben demostrar primero que respetan de forma estricta y constante el derecho internacional humanitario y de los derechos humanos”.
“Ellas deben disponer de los mecanismos de control necesarios para garantizar que las armas no se desviarán a grupos armados”, advierte.

A los Estados que piensen realizar una posible transferencia de armas a fuerzas armadas en Irak, les pide que primero hagan “una sólida inversión en controles previos y posteriores a la entrega, así como en una formación y un seguimiento que cumplan las normas internacionales para la gestión y el uso de tales armas”.

Uno de esos pasos incluye que los países que aún no lo hayan hecho, se adhieran o ratifiquen inmediatamente el Tratado sobre el Comercio de Armas, que ha ganado un amplio apoyo en la comunidad internacional, incluido el de cinco de los diez mayores exportadores de armas: Francia, Alemania, Italia, España y Reino Unido.

Estados Unidos, el mayor productor y exportador de armas con amplia diferencia, está entre los 58 Estados que firmaron el Tratado, pero aún no lo ha ratificado. Otros grandes productores de armas, como China, Canadá y Rusia, han rehusado hasta ahora firmar o ratificar el acuerdo.

Uno de los principales objetivos de ese Tratado es “prevenir y eliminar el tráfico ilícito de armas convencionales y evitar su desvío”, además de que contiene disposiciones para “detener las transferencias de armas cuando haya un riesgo manifiesto de que puedan utilizarse para cometer violaciones graves del derecho internacional humanitario o de derechos humanos”.

Cuantos más países se sumen al Tratado y cuanto más sólidos y transparentes sean los controles y equilibrios, mayor será el cambio en las turbulentas aguas del comercio internacional de armas. Además, obligará a los gobiernos a ser más reflexivos a la hora de decidir con quiénes hacen negocios.

Según Wilcken, el legado de la proliferación y el abuso de las armas en Irak y sus alrededores “ya ha destrozado las vidas y los medios de subsistencia de millones de personas, y sigue constituyendo una amenaza”.

“Las consecuencias de transferir irresponsablemente a Irak y Siria armas que posteriormente caen en manos del Estado Islámico debe ser una llamada de atención para los exportadores de armas de todo el mundo”, concluye el investigador.

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