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“Bajo la mirada de las moscas”

MÉXICO, DF (Proceso).- Estamos ante una familia mirada por las moscas y no por los ojos de Dios. Un hijo que quiere salir de ahí de la mano de su nueva novia; un primo encargado de la empresa familiar que intentará impedírselo cueste lo que cueste, y una madre que busca saber lo que realmente está pasando y a la cual se le ha ocultado la verdad.

Bajo la mirada de las moscas, escrita por el canadiense Michel Bouchard (1958) y dirigida por Boris Schoemann, nos sumerge en un universo contaminado donde las emociones de amor-odio se confunden y nos enfrentan a actitudes despiadadas en que la moral no existe. El humor ácido que maneja el autor nos hace reír, incómodamente, de las actitudes de los personajes ante la gravedad de la situación e impresionarnos de la agresividad que se genera. Es casi imposible liberarse de esas relaciones que destruyen todo lo bueno que hay en las personas.

Michel Bouchard no se toca el corazón para poner en escena la violencia interpersonal, o más precisamente, escarba en el corazón de sus personajes para sacar a la luz sus contradicciones, sus impulsos de amor-odio, sus miedos, sus incapacidades y sus dependencias.

Boris Schoemann dirige Bajo la mirada de las moscas con sobriedad y profundidad en los personajes. La anécdota está llena de misterio y la guía el regreso de Bruno a casa, acompañado de una chica con la que pretende cortar sus lazos familiares. Su dificultad está en que, debido a su adicción, necesita pedirle dinero a su madre y la droga a su primo, el cual la obtiene del veterinario con el que trabaja. Constantino Morán, como Bruno, consigue interpretar el desamparo y la fragilidad de su personaje, al mismo tiempo que la esperanza y la ilusión por salir adelante.

Teté Espinoza, en el personaje de Dócil, es la mirada externa que con ingenuidad y alegría observa y no entiende los hilos invisibles con los que se mueven los integrantes de la familia. Miguel Romero como el veterinario y Pilar Boliver como su mujer, la cual remarca el tono de comedia de la obra, son los invitados incómodos que se han beneficiado de la estrategia del primo para retener a Bruno. El primo, que es el manipulador de estos hilos invisibles, es interpretado con fuerza y complejidad por Antón Araiza, para mostrarnos sus tormentos internos, sus pasiones y resentimientos incontrolados y su capacidad de destrucción en la lucha por lo que él quiere.

Mención aparte está Pilar Pellicer, quien interpreta a la madre y con la cual celebra sus 55 años de carrera. Es admirable observarla en el escenario: segura, clara en sus intenciones y justa en su interpretación. Con naturalidad y un reflejo certero de su dolor, Pilar Pellicer se muestra como una madre atormentada por su decisión de concluir la vida de su hermana ante su enfermedad terminal y la confusión que le genera el actuar divagante de su hijo, al cual no sabe cómo ayudar. La presencia de dos sirvientas silenciosas que desinfectan continuamente el lugar, interpretadas con precisión por Mercedes Olea y Stefanie Izquierdo, dan énfasis a la existencia de las moscas y el olor nauseabundo que provocan las porquerizas.

Boris Schoemann dirige hábilmente al equipo de actores y, junto con su acertada concepción aséptica del espacio escénico –muy bien diseñado por Xóchitl González y excelentemente iluminado por Víctor Zapatero, como siempre–, dan a Bajo la mirada de las moscas, que se presenta en el Teatro El Galeón del INBA, gran profesionalismo, permitiéndonos disfrutar y padecer esta tragedia familiar que nos sacude.

Funciones hasta el 7 de febrero. Miércoles, Jueves y Viernes, 20 horas; Sábado, 19 horas y Domingo, 20 horas.

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