El Papa Francisco y los mercaderes del templo en México

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Uno de los pasajes bíblicos más representativos de la vida de Jesucristo es la expulsión de los mercaderes del templo (San Marcos, 11: 15-18). Jesucristo comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; volcó las mesas de los que cambiaban dinero y los asientos de los que vendían palomas, y les advirtió a los mercaderes:

“¿No está escrito: ‘Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones’? Pero ustedes la han convertido cueva de ladrones”. Relata San Marcos que al oír esto, los principales sacerdotes y los escribas “buscaban cómo destruir a Jesús, pero le tenían miedo, pues toda la multitud estaba admirada de su enseñanza”.

Han pasado más de dos mil años de este relato y la historia es igual o peor que en los tiempos del Nazareno, fundador de la religión mayoritaria de México.

En vísperas de la visita del obispo de Roma, el Papa Francisco, “los mercaderes del templo” vuelven a aparecer con ambición desmedida y vulgaridad a toda prueba:


En primer lugar el cuestionado cardenal y arzobispo primado de la Ciudad de México, Norberto Rivera, que ante la evidente contraposición de la pastoral a favor de los más desposeídos que proclama el Papa de origen argentino, se esmera en mostrar todo lo contrario: una pastoral a favor de los más poderosos e impunes, y se pelea con otros obispos como Alberto Suárez Inda, de Michoacán, con quien mantuvo una típica guerra de mensajes cifrados a través de su periódico Desde la Fe.

Apenas el domingo 7, en medio del escándalo publicado por Proceso y Aristegui Noticias por su participación en la irregular anulación de la boda religiosa de Angélica Rivera para favorecer su matrimonio católico con Enrique Peña Nieto, Norberto Rivera anunció que su gran “regalo” al Papa Francisco será una medalla conmemorativa de plata, elaborada por la Casa de Moneda de México, en un estuche de plata, realizado por artesanos de Taxco, Guerrero.

La impudicia del cardenal Rivera lo lleva a confundir la hospitalidad con la opulencia y la pastoral con lo monetario. No hay mejor símbolo de lo monetarizado que ha estado la Arquidiócesis de México bajo el mandato de Rivera que esta medalla de plata.

En segundo lugar están los gobernadores que confunden la visita pastoral con la autopromoción de sus pequeños y grandes egos y millonarias “derramas económicas” por turismo confesional.

Utilizando el erario, Miguel Ángel Mancera ha llenado la Ciudad de México con carteles y espectaculares en su peculiar color rosa, que dibujan la silueta de Bergoglio, cual si se tratara de un rock star. En lugar de la mesura, Mancera prefiere el despliegue ostentoso en las estaciones del Metro, en las principales avenidas, en el Zócalo.

El incontenible gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, en una de las entidades más pobres del país y con brotes de la epidemia de zika, presume ante los medios el despliegue de un lujoso hospital ambulante por si el Papa se marea ante tanta miseria e impudicia en la entidad del Chiapasionate. Su esposa, la actriz y cantante Anahí, se autopromueve con una canción de bienvenida al pontífice católico.

En el mismo carril del oportunismo, el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, cree que el Papa visitará esta entidad para promover el turismo de las mariposas Monarca y no para confrontar la grave situación de violencia y violaciones reiteradas a los derechos humanos. Aureoles también ha mandado a desplegar propaganda con cargo al erario para darle una cálida bienvenida al pontífice católico.

Eruviel Ávila, el del Estado de México, cree que la misa de Ecatepec debe ser como un acto de campaña del PRI, y sus “promotores” ya anuncian lugares VIP en una de las zonas más pobres del Valle de México, comandados por uno de los obispos más ricos, Onésimo Cepeda.

Los gobernadores pretenden convertir la visita del Papa en un parque temático y evadir la agenda problemática. Aureoles presume una “derrama económica” generada por 3.5 millones de visitantes y Velasco calcula que serán 800 mil turistas en Chiapas, mientras Mancera habla de “más de cinco millones” de turistas en la Ciudad de México.

Hasta donde se puede observar, Bergoglio no visita México para llenar de votos y dinero a los promotores políticos y turísticos de su visita, sino para plantear los problemas más graves de la pastoral católica frente a la situación del país.

En tercer lugar aparecen los medios de comunicación, masivos e impresos. Televisa ha desplegado toda su maquinaria de reporteros, camarógrafos y publicistas para “apropiarse” de la visita del Papa, al mejor estilo autorreferencial de la empresa de la dinastía Azcárraga. Menos ostentosa, TV Azteca pretende quedarse con una parte de ese pastel publicitario y de rating.

Luis de Llano, uno de los productores estelares de Televisa, se hará cargo de las misas de Ecatepec y de Chiapas, y el Canal de las Estrellas también pretende apropiarse de todo el despliegue de cámaras en la Basílica de Guadalupe.

La misa en un estadio de Morelia, Michoacán correrá a cargo de TV Azteca, y unas migajas les dejarán a los sistemas estatales de televisión.

Se desconoce el monto exacto del pago de Televisa a TV Vaticano por los derechos de transmisión de la imagen de Bergoglio. Los más enterados mencionan que pudo ser de entre 1.7 y 3 millones de euros.

Al final del día, los mercaderes se apropiarán no sólo del templo sino de la imagen del pontífice católico.

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