Colombia conmemora 50 aniversario de la muerte de Camilo Torres

BOGOTÁ, (apro).- Colombia conmemora este lunes el 50 aniversario de la muerte del cura guerrillero Camilo Torres con una serie de actos cívicos, marchas y seminarios que coinciden con los diálogos de paz que desarrolla el gobierno con la insurgencia para poner fin a un largo conflicto armado interno.

Según académicos y líderes religiosos consultados por Proceso, la coyuntura colombiana, marcada por la expectativa de que el mes próximo el gobierno y la guerrilla de las FARC suscriban un acuerdo final de paz, es propicia para revalorar la lucha por el pluralismo político que impulsó Camilo y su coherencia como “cristiano radical”.

Mientras que en las principales ciudades colombianas se desarrollan actos cívicos, litúrgicos y académicos para recordar al carismático sacerdote y sociólogo que sintonizó los conceptos de cristianismo y revolución, en La Habana, Cuba, delegados del gobierno y de la guerrilla de las FARC ultiman detalles para un cese bilateral del fuego que será verificado por Naciones Unidas.

En la Universidad Nacional (UN) de Colombia, donde el cura guerrillero dio clases y fundó la Facultad de Sociología, el rector Ignacio Mantilla inauguró esta mañana la “Semana Camilo Torres”, en la que catedráticos, religiosos, estudiantes y artistas participarán en conferencias sobre su obra y le rendirán homenaje.


En Patio Cemento, el paraje montañoso del noreste colombiano donde perdió la vida en un combate con el Ejército, centenares de personas se dieron cita desde el fin de semana para poner un busto del religioso y hacer una marcha.

En esa zona y en el occidente del país, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la organización guerrillera a la que se unió Camilo en octubre de 1965, desarrolla un “paro armado” para conmemorar la muerte del cura y sociólogo.

También ha perpetrado atentados contra puestos militares y la infraestructura eléctrica, lo que mantiene en alerta máxima a las fuerzas militares.

En medio de las hostilidades, el ELN ratificó su voluntad de alcanzar la paz, lo que parece contradictorio pero en la lógica del conflicto colombiano no lo es. Es común que en épocas de negociaciones con el gobierno, las guerrillas arrecien ataques para mostrar poderío y llegar a la mesa de diálogos en una posición de fuerza.

De hecho, desde hace dos años delegados del ELN y del gobierno mantienen un diálogo exploratorio y se espera que luego de que se firme un acuerdo con las FARC –lo que está previsto para el 23 de marzo próximo— las partes inicien una negociación de paz. Para esto, ya existe incluso una agenda.

El jerarca jesuita y Premio Nacional de Paz, Francisco de Roux, asegura que hoy que Colombia está a punto de terminar el conflicto armado el ejemplo de Camilo Torres adquiere “plena vigencia”.

“Con el fin de la guerra, Colombia necesita una convocatoria como la que lanzó Camilo con el Frente Unido en 1965, antes de entrar a la guerrilla, con una proyección de las transformaciones que necesitamos hacer y con una plataforma en la que quepan todos, desde campesinos y sectores populares, hasta empresarios”, dice a Proceso el ex provincial jesuita en Colombia.

El también doctor en Economía sostiene que Camilo fue “el primer sacerdote moderno de América Latina”.
Esto, “porque comprendió que habíamos salido de la época de la nueva cristiandad, en la que la iglesia creaba partidos católicos, sindicatos católicos, cooperativas católicas, y que teníamos que pasar a una iglesia al servicio de la sociedad, respetando las opciones políticas de la gente”.

Además, “porque se da cuenta de que la Iglesia no tiene el monopolio de la verdad y que somos ignorantes, lo que lo lleva a comprometerse con el espíritu científico, a estudiar y a dedicarse a las ciencias sociales”.

Camilo Torres murió de dos disparos del Ejército el 15 de febrero de 1966 en Patio Cemento, un paraje selvático del nororiental departamento de Santander, luego de que una columna guerrillera de la que formaba parte emboscó a una patrulla militar.

Sólo tenía cuatro meses de haber ingresado al ELN y su preparación militar era muy incipiente. Recibió los disparos cuando se acercó a tomar el fusil de un soldado que había caído en la emboscada.

Antes de viajar al monte para incorporarse al ELN, una guerrilla guevarista y procubana, el cura graduado como sociólogo en la Universidad de Lovaina, en Bélgica, pasó varios meses recorriendo el país para impulsar el Frente Unido, una coalición que congregaba a comunistas, cristianos, sindicalistas y liberales y conservadores disidentes de los partidos que dominaban la política colombiana en esa época.

Drama de conciencia

El historiador Vladimir Zabala, quien de adolescente conoció al cura en las giras del Frente Unido, afirma que Camilo era, ante todo, un pastor de la iglesia comprometido con la paz y con el ser humano. Dice que se hizo guerrillero “no para matar a nadie, sino para morir por la gente”.

De hecho, agrega, “murió en el primer combate que participó, lo que no es fortuito sino consecuencia de su sacrificio pastoral”.

Zabala, quien profesa la fe católica por influencia de Camilo Torres, dice que el cura guerrillero “nunca fue marxista, como cree mucha gente, sino un cristiano que comprendió a los marxistas y al resto de las ideologías”.

De acuerdo con el historiador y estudioso de los convulsionados años 60 en Colombia –cuando surgieron las FARC, el ELN y el Frente Unido–, Camilo tuvo la claridad política de ver más allá de las ideologías y lanzar una convocatoria pluralista en la que el humanismo cristiano era el elemento aglutinador.

El ex fiscal y político liberal colombiano Alfonso Gómez Méndez recuerda a Camilo como un personaje “imponente, como un actor de cine, que transmitía pureza de alma y compromiso con los pobres”.

De acuerdo con el jurista, de no haber sido “estúpidamente reclutado por el ELN, hubiese sido un extraordinario líder de la izquierda democrática por su condición de sacerdote en un país mayoritariamente católico, y por su carisma”.

Tanto Gómez Méndez como Zabala coinciden en que el legado político del cura guerrillero, en especial su capacidad para articular un proyecto nacional pluralista y con sentido social, está siendo revalorado en esta etapa de pacificación que vive Colombia.

El padre De Roux dice estar convencido de que “en este momento Camilo sería un impresionante luchador por la paz en Colombia, porque en su sensibilidad era central responder a lo que las mayorías querían, y hoy la inmensa mayoría del país quiere la paz, hay un clamor nacional para que paren esta guerra”.

De Roux era un estudiante de filosofía y aun no se ordenaba sacerdote cuando Camilo Torres desarrollaba un amplio trabajo social en los barrios bogotanos y comenzaba a articular el Frente Unido. Lo conoció en esas circunstancias en marzo de 1965.

“Era impresionante cómo movilizaba a la gente, cómo se llenaban las calles y los parques para oírlo, el fervor que suscitaba. Era un dirigente carismático, atractivo, directo, alegre, que tenía sentido del humor en los asuntos que planteaba”, indica De Roux, una de las más respetadas figuras de Colombia por su trabajo por la paz en las regiones más azotadas por la violencia.

Recuerda que “cuando Camilo se va a la guerrilla todos nos quedamos perplejos, nos preguntamos qué fue lo que pasó, qué lo llevó a tomar esa decisión, y la respuesta es que pensó que tenía que ser coherente con esa radicalidad cristiana que él llamaba el amor eficaz por el prójimo. Y a los cuatro meses, Camilo muere”.

De Roux imagina “el drama de conciencia de Camilo en el umbral de la muerte, cuando se acerca a tomar el fusil de un soldado que sus compañeros han matado. En Camilo debió haber una lucha tremenda entre auxiliar a un soldado caído, a un hombre que se muere, y quitarle el fusil, que es su responsabilidad como guerrillero”.

El sacerdote jesuita cree “que se acercó a las dos cosas, a auxiliar al soldado y a tomar el fusil, y cuando está en ese drama de conciencia, es cuando lo matan”.

La influencia

La muerte de Camilo Torres y el ideario del cura guerrillero tuvieron un enorme impacto en Colombia y América Latina. Él fue la génesis de lo que años después se conocería como la teología de la liberación, la cual pugna por una Iglesia católica con preferencia por los pobres y por sacerdotes que luchen junto al pueblo por sus necesidades sociales.

El teólogo fundador de esa corriente, el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, fue un cercano amigo de Camilo y este ejerció una influencia decisiva en él.

Camilo, antes que Gutiérrez, había hecho una interpretación del evangelio en la cual Cristo aparece como un liberador de los oprimidos que funda su fe en el amor por los demás.

Para el cura guerrillero, que antes de pasar sus últimos cuatro meses de vida en la guerrilla tuvo una fructífera trayectoria pastoral, política, académica y de lucha social, el principal principio que debe regir la vida de un cristiano es “el amor eficaz” al prójimo, que es lo contrario a la caridad cristiana, al paternalismo y a la inacción frente a la inequidad social.

Estos conceptos adquirieron un significado mayor cuando Camilo murió. Muchos religiosos en el mundo los hicieron suyos.

Los sacerdotes españoles Domingo Laín, José Antonio Jiménez y Manuel Pérez siguieron el ejemplo de Camilo e ingresaron en 1969 al ELN. Pérez, incluso, fue el comandante en jefe de esa organización guerrillera desde mediados de los 80 hasta su muerte, por hepatitis C, en 1998.

Para curas que optaron por los pobres, como Óscar Arnulfo Romero en El Salvador, Ernesto Cardenal en Nicaragua, Sergio Méndez Arceo en México o Fernando Lugo en Paraguay, Camilo Torres fue un referente central.

Una tumba para el cura guerrillero

El arzobispo de Cali, Darío de Jesús Monsalve, envió en octubre pasado una carta al presidente colombiano Juan Manuel Santos para solicitarle su ayuda para localizar los restos mortales de Camilo Torres con el fin de “sepultarlos cristianamente en un lugar de memoria abierta a todos”.

Y es que, tal como ocurrió durante años con los restos de Ernesto “Che” Guevara tras su muerte en Bolivia, el paradero del cadáver de Camilo Torres se convirtió en un secreto militar para impedir que su tumba se volviera un sitio de culto.

El general Álvaro Valencia Tovar, quien en 1966 era el responsable militar de la región donde fue abatido Camilo, dijo antes de morir, en julio de 2014, que los restos del cura estuvieron tres años enterrados en el sitio donde falleció, al cabo de los cuáles él los trasladó a Bucaramanga, capital del departamento de Santander, donde los sepultó en el mausoleo del Ejército en el panteón municipal.

Valencia Tovar justificó esa acción argumentando que Fernando Torres, hermano mayor de Camilo y muy cercano afectivamente a él pero su polo opuesto en preferencias políticas, le pidió en una carta impedir que el cadáver fuera objeto “de demostraciones vulgares y estentóreas promovidas por aquellos que solo lo vieron en vida y lo consideran después de muerto como un arma para crear el desorden y sacar provecho para sus propias ambiciones”.

El escritor y ex cura australiano Walter J. Broderick, biógrafo de Camilo, considera que Valencia Tovar recibió órdenes para impedir que la tumba del cura guerrillero fuera pública y se convirtiera en lugar emblemático para la izquierda colombiana. ´

Dice que quizás por ello, de común acuerdo con Fernando Torres –un prestigioso neurocirujano que radicó la mayor parte de su vida en Estados Unidos—, mantuvo en secreto la ubicación de los restos.

Pero en abril del 2007, tres meses después de la muerte de Fernando, Valencia Tovar aseguró que en el 2001 le entregó a él los restos de su hermano Camilo y que no supo qué hizo con ellos.

Broderick, autor de “Camilo, el cura guerrillero”, nunca creyó esa versión:

“A mí –asegura– no me cabe duda de que las autoridades siempre han sabido donde están los restos de Camilo. Los militares son muy organizados y todo lo manejan con documentos”.

Y los hechos parecen darle la razón al biógrafo del cura guerrillero. El pasado 25 de enero, forenses del Instituto Nacional de Medina Legal exhumaron en el panteón municipal de Bucaramanga los restos de quien, según la documentación militar consultada por los peritos, sería Camilo Torres.

Médicos forenses examinan la osamenta para determinar si se trata, en efecto, del cura guerrillero.
“Es Camilo, sin duda”, dice Broderick.

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