Heces caninas: un creciente, enigmático y fétido problema

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- No hay estudios sobre el tema, tampoco normativas, depósitos especializados o políticas de reciclaje. Sí un hecho irrefutable: Las heces caninas son un problema gravísimo para los habitantes de esta metrópoli.

No se sabe con exactitud cuántas toneladas diarias se producen, pero las estimaciones indican que rondan entre 600 y 700 emitidas por aproximadamente 2 millones de canes. Los dueños responsables las recogen en bolsas de plástico y las entregan a los recolectores de basura, pero éstas acaban en los grandes tiraderos, con el riesgo de que acumulen gas metano y provoquen incendios. Hay muchos propietarios que no se toman la molestia de limpiar las heces de la vía pública y también miles de perros callejeros que dejan residuos altamente contaminantes, listos para pulverizarse y viajar a nuestros ojos, pulmones y estómagos.

Hay quienes sostienen que las heces caninas conllevan graves riesgos para la salud de los habitantes, provocando incluso ceguera. Otros especialistas aseguran lo contrario, que en realidad no son tan dañinas como se ha dicho. En lo que todos coinciden, dueños, autoridades, animalistas y médicos es que generan toneladas de basura y se han convertido en problema mayúsculo. Hay que añadir que cada vez hay más perros en la capital, y, por ende, más desperdicios.

Un recordatorio para los dueños de perros en la Ciudad de México. Foto: Miguel Dimayuga

Un recordatorio para los dueños de perros en la Ciudad de México. Foto: Miguel Dimayuga

En 2013 y 2014 el biólogo Fernando Leyva Hernández, el maestro en Administración de Negocios Alfredo Cuesta Godoy y el diseñador industrial Eduardo Leyva Hernández emprendieron una investigación sobre cuál era el destino de las heces caninas en el Distrito Federal.

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“Vimos qué estaba haciéndose y si bien la mayoría de los dueños recoge los desechos y los tiran en la basura, pasa el camión de la delegación y nadie se pregunta qué sucede después. Estuvimos buscando y nos dimos cuenta de que se mandan al sitio de transferencia, luego a los rellenos sanitarios; se descomponen dentro de las bolsitas, como está cerrado y no entra aire genera una descomposición anaeróbica, gas metano, malos olores y pueden producir incendios”, describe en entrevista Fernando Leyva Hernández.

Este equipo de investigación descubrió que los recolectores de basura están teniendo problemas con entregar las heces caninas a las estaciones de transferencia de residuos. “Los camiones separan el cartón, el plástico, le dan valor agregado, lo venden, pero las heces caninas no tienen valor para ellos, los mismos que la recolectan, y entrevistamos muchísimos, les dicen que ya no traigan más”, relata Alfredo Cuesta Godoy.

Se le preguntó a recolectores de basura cuáles son los problemas que les generan las heces caninas. Los entrevistados coincidieron en que se ha vuelto común que los dueños de perros las tiren en coladeras o las abandonen en alguna esquina.

Un paseador de perros en la Ciudad de México. Foto: Miguel Dimayuga

Un paseador de perros en la Ciudad de México. Foto: Miguel Dimayuga

Por separado, propietarios de perros señalan en que en sus colonias no hay contenedores especializados para las heces. Antonia pasea a su perro Nikie dos veces al día en la colonia Jardín Balbuena, en la delegación Venustiano Carranza: “Las popos las tiro en la basura de mi casa, sólo si vamos al parque hay bote, pero siempre está al tope; tengo muchos problemas para tirar la bolsa”.

Tampoco hay un consenso sobre qué hacer con la caca de perro. Algunos dueños las echan a la taza de sus propios baños, otros en la coladera de su casas y muchos las acumulan hasta entregarlas en bolsas grandes a los recolectores de basura.

“Las heces las recojo con una ‘manita’ de plástico y las tiro en la coladera de mi casa, porque donde lo paseo hay pocos botes”, menciona Samantha Lara, habitante de la colonia Prado Churubusco y dueña de Pouria, un American Pitbull Blue.

Este escenario motivó a Fernando Leyva Hernández, Alfredo Cuesta Godoy y Eduardo Leyva Hernández a fundar Composcan, la primera empresa mexicana especializada en recoger heces caninas para convertirlas en composta o energía. Han empezado a gestionar con las autoridades la instalación de contenedores en parques y delegaciones, aunque hasta ahora ningún delegado se ha animado a cerrar el trato. Por lo pronto, comenzaron a ofrecer su servicio a fraccionamientos y condominios particulares.

Un perro juega en un parque de la Condesa, en la Ciudad de México. Foto: Octavio Gómez

Un perro juega en un parque de la Condesa, en la Ciudad de México. Foto: Octavio Gómez

¿Mito o problema grave de salud?

El doctor Danilo Santos Acevedo, coordinador de Zoonosis de los Servicios de Salud Pública del Distrito Federal, no lo duda: “(Las heces caninas) son un problema de salud pública, al secarse producen enfermedades en vías respiratorias, gastrointestinales y conjuntivas. Sea perro con dueño o sin dueño, es excremento”.

Santos Acevedo está coordinándose con las 16 delegaciones de la capital para instalar contenedores exclusivos para heces caninas: “Hay un eslabón perdido, porque el excremento va a un relleno sanitario ¿Qué tenemos que hacer? Darle utilidad ¿y qué utilidad puede tener? Puede generar energía”.

El académico Juan Pablo García Acosta, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México campus Iztacala, observa que el país está lejos de instaurar políticas de aprovechamiento de las heces caninas: “Son buenas iniciativas, pero su impacto es mínimo”.

—¿Hay estudios sobre el tema?, ¿sabemos con exactitud qué porcentaje de las enfermedades se asocia a las heces caninas?, ¿hay cifras?

—No, no hay una cifra exacta y seguramente hay un subregistro importante. Los pacientes llegan a consulta por una infección intestinal, por una infección parasitaria, pero desconocemos qué porcentaje puede ser atribuible a esta causa, aunque sí podemos inferir que se trata de un porcentaje alto.

Una mujer recoge las heces de su mascota en un parque de la Ciudad de México. Foto: Octavio Gómez

Una mujer recoge las heces de su mascota en un parque de la Ciudad de México. Foto: Octavio Gómez

La bióloga Adriana Celada Zueck, de la organización Animal Heroes, difiere de la creencia popular de que “respiramos caca de perro” que enferma a la sociedad masivamente: “Se sospecha mucho de alergias y cuestiones de conjuntivitis, pero no está especificado en estudios, son sospechas.

“Donde sí hemos encontrado problema es cuando la popó está en la calle o en la misma casa y las personas la tocan y no se lavan las manos”, añade.

Los empresarios de Composcan coinciden, por separado, en que uno de los riesgos más graves es manipular las heces caninas y no lavarse las manos: “Puede llegar a producir ceguera, si un niño juega en un área verde y toca las heces con sus manos y luego se tocan un ojo puede desarrollar una bacteria que produce ceguera”.

Los fundadores de Composcan sostienen que las heces al aire libre están provocando una ola de enfermedades: “Tú puedes ir a un restaurante a comer y crees que todo fue muy higiénico, pero después te enfermas del estómago y no lo relacionas con las heces de perro que hay por todas partes”.

Un perro juega en un parque de la Condesa, en la Ciudad de México. Foto: Octavio Gómez

Un perro juega en un parque de la Condesa, en la Ciudad de México. Foto: Octavio Gómez

Algunos avances, muchos perros y una asesina

Nativo de Monterrey, Nuevo León, cuando llegó hace pocos años al Distrito Federal el doctor Danilo Santos percibió en la población capitalina más consciencia respecto a los desechos caninos que en otras partes del país: “Lo primero que vi fue la responsabilidad de los dueños, traen su bolsita, la recogen y eso indica un avance, falta definir qué se va a hacer con ese excremento”.

El investigador Juan Pablo García Acosta coincide: “Sí hay más cultura en cuanto a recoger las heces, hay avances tanto del gobierno de la Ciudad de México como de los ciudadanos”.

Es indudable que a los capitalinos se están inclinando por convivir cada vez más con los perros. Las investigaciones de Composcan arrojaron que el mercado canino crece entre 12 y 15 por ciento anual, lo que implica que cada año hay 300 mil nuevos canes en la ciudad.

“Hay una sobrepoblación de fauna canina, es un descontrol total, de cada diez perros que nacen entre siete y nueve acaban en la calle, hay mucha ignorancia (…) Necesita haber una regulación mucho más controlada”, aconseja Adriana Celada Zueck, de Animal Heroes.

A pesar de que comienza a permear la cultura de recoger las heces, también hay dueños que se niegan a hacerlo e incluso llegan a agredir a quienes les piden limpiar.

Un hombre pasea a su perro en un parque de la Ciudad de México. Foto: Octavio Gómez

Un hombre pasea a su perro en un parque de la Ciudad de México. Foto: Octavio Gómez

Antonio José Escalante adopta perros abandonados. Actualmente tiene 14 canes y los pasea en grupos divididos por hembras y machos. Tira las heces en contenedores ubicados en la colonia Conesa, “es la única zona entre comillas civilizada, porque estuve viviendo en San Jerónimo y no hay ningún lugar donde echar una caca, fuera de la Condesa no me ha tocado ver contenedores.

“Muchísimas veces me he echado broncas, demasiadas, con dueños irresponsables; la otra vez un tipo paseaba a un Gran Danés que se echó una caca como de vaca, le pedí que la recogiera y dijo que no tenía bolsa, le di una y vi que la levantó con cara de asco, se ve que en su vida había levantado una caca”.

Los problemas sociales de las heces caninas podrían encontrar un ejemplo drástico con el caso de la llamada “mataperros” de la Condesa. Una de las hipótesis planteada por la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal es que el envenenamiento de 11 perros en el Parque México habría sido provocado por la molestia de una mujer con los dueños que no levantan los desechos caninos.

En una nota publicada el 26 de octubre pasado por el periódico La Razón se difundió que la responsable de asesinar a los perros sería “una mujer de más de 75 años que es vecina de la zona y la cual, al parecer, padece diversas enfermedades naturales a causa de su edad. Los investigadores saben que la señora solía quejarse porque aseguraba que la jardinera afuera de su casa era utilizada por las mascotas como ‘baño público’”.

Sea a la intemperie, dentro de bolsas de plástico, en coladeras, parques o en rellenos sanitarios, la capital del país sigue acumulando miles de toneladas de heces… y aún no sabe qué hacer con ellas.

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