Compra un perro caro ahora mismo

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En cada kilómetro cuadrado de la Ciudad de México conviven 5 mil 920 personas y mil 346 perros. En el amontonamiento de los edificios se escuchan por igual los pleitos de una pareja y los gemidos de otra; los aullidos de un can por el paso de una ambulancia y los ladridos del de junto en respuesta a que alguien tocó el timbre.

Entre los pobladores que no tienen perro hay de todo; algunos son cariñosamente empalagosos con la mascota del vecino y se lamentan porque en su familia no los dejan tener uno. Muchos son indiferentes; también hay quienes les temen y quienes los abominan. El dueño que pasea a su perro se encuentra en el camino con todos ellos.

También hay una amplia fauna de dueños. Quienes pasean a sus mascotas sin cadena y quienes les compran collares de oro y gorros en invierno. Quienes recogen las heces caninas y quiénes no. Quienes controlan a su mascota y quienes son controlados por ella. Los que nunca los pasean y los que viven para pasearlos. Los que son dueños de medio tiempo y los que se aburren de ellos.

Finalmente las autoridades son dócilmente permisivas con todos ellos. Cualquiera puede comprar el perro que quiera, cuando quiera y donde quiera. No importa que la raza no sea la adecuada para él o su familia, que carezca del espacio óptimo o ni siquiera tenga recursos para garantizar el bienestar de su mascota. ¿Quieres un perro? Ahora mismo puedes tenerlo.

Vida de perros. Gimnasio para mascotas en el DF. Foto: AP / Rebecca Blackwell

Vida de perros. Gimnasio para mascotas en el DF. Foto: AP / Rebecca Blackwell

Las ciudades viven un idilio con estas mascotas. En Estados Unidos existen 78 millones de perros de acuerdo con The American Pet Products Manufacturers Association. En Francia 40% de la población cuenta con un can y en la India viven 10.2 millones de estos cuadrúpedos. En la capital de México se estima que existen 2 millones y su población aumenta entre 12 y 15% anual, de acuerdo con investigaciones de la empresa Composcan.

El incremento de perros en las ciudades obedece a factores múltiples. La revista Colombiana de Ciencias Pecuarias publicó un estudio de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad de Antioquia en el que observa que, en el caso de los centros urbanos colombianos, el aumento de la población canina se debe a “la demanda de mascotas para llenar espacios afectivos en los entornos familiares, el aumento en la capacidad económica de las clases sociales permitiéndoles asumir gastos anteriormente no contemplados en su presupuesto y el fenómeno de desplazamiento de poblaciones campesinas desde las áreas rurales, trayendo consigo la cultura de la posesión de animales”.

La sociedad perro-hombre también se entiende gracias a los múltiples beneficios que le conlleva al segundo: reduce el estrés, es terapéutico, mejora trastornos sicológicos, ayuda a la mayoría de las personas que sufre alguna discapacidad, fortalece el funcionamiento del corazón, es auxiliar en depresiones… y una lista inacabable.

La buena relación entre hombres y perros es antiquísima; en 2008 un equipo de paleontólogos del Instituto Real Belga de Ciencias Naturales halló en una cueva en Bélgica evidencia científica de que el perro fue domesticado al menos hace 31 mil 700 años en el Paleolítico Superior.

Fueron protagonistas de la mitología griega y deidades en Egipto. Esa mancuerna entre humanos y cuadrúpedos no sólo se mantiene hasta nuestros días, sino que se ha fortalecido y potenciado.

Este contexto, llevado a la realidad de la cultura mexicana, está desatando un caos dantesco. La laxitud de la reglamentación ha banalizado la seria responsabilidad que conlleva la presencia de los perros en la diaria vida de esta esquizofrénica megalópolis.

Vida de perros. Gimnasio para mascotas en el DF. Foto: AP / Rebecca Blackwell

Vida de perros. Gimnasio para mascotas en el DF. Foto: AP / Rebecca Blackwell

Las legislaciones federales y locales son laxas y confusas en torno a la posesión de perros. La Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México es superficial en el tema y se limita a restringir algunas conductas, como tirar heces en la calle, mientras que la Ley de Protección de Animales señala algunas disposiciones genéricas sobre el derecho a la alimentación que debe tener la mascota, pero sin ahondar en detalles. No establece parámetros ni reglamentos precisos.

Los años recientes se han enviado y discutido algunas iniciativas en la materia, pero ninguna ha entrado en vigor. La que más se acercó fue la aprobada en 2014 por la Asamblea Legislativa local que obligaba a los dueños de perros a registrarlos y colocarles un chip con sus datos; no obstante, fue rechazada por el gobierno capitalino.

La organización Animal Héroes presentó en días recientes su iniciativa de Ley General de Bienestar Animal, que propone la creación de una Procuraduría y un Consejo de Bienestar Animal, un registro nacional de animales de compañía, regulación de su compra-venta y establecer obligaciones para una tutoría responsable.

Vida de perros. Gimnasio para mascotas en el DF. Foto: AP / Rebecca Blackwell

Vida de perros. Gimnasio para mascotas en el DF. Foto: AP / Rebecca Blackwell

Dado el nivel de crecimiento exponencial que representa la población canina y todas las implicaciones que conlleva, es imprescindible comenzar a discutir ésta y más iniciativas para reglamentar y velar por una idónea convivencia entre perros y humanos que sea benéfica para ambas partes.

No todo mundo debería tener un perro ni todos los habitantes están obligados a soportar a los dueños irresponsables. Adquirir un can no debe continuar equiparándose a comprar un nuevo teléfono celular o un mueble para la casa. Es una decisión que afecta drásticamente la vida de una metrópoli que, de por sí, carga con muchísimas más cruces.

www.juanpabloproal.com
Twitter: @juanpabloproal

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