Valle de Bravo: devastación arqueológica

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Se va a llamar “Plaza Patio Valle”. Se trata de un centro comercial moderno enclavado en la parte urbana de Valle de Bravo. Constará de una tienda de autoservicio Aurrera, área de comida, cines, locales comerciales, estacionamiento y áreas verdes. Se construirá sobre un predio que mide 3.6 hectáreas, cuyos propietarios son los empresarios Alejandro Martí y Alejandro Aboumrad.

Sólo que en este terreno había dos sitios con vestigios arqueológicos conocidos como Las Monjas y Casa Ídolos. Los trabajos iniciales de construcción de la plaza comercial habrían dañado parcialmente algunos de ellos. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se vio obligado a intervenir. Detuvo las obras e inició un “rescate arqueológico”.

Sus expertos descubrieron que ahí había importantes estructuras prehispánicas: altares, basamentos, tumbas, ofrendas. Pero en lugar de preservarlas en ese lugar el INAH prefirió desmontar varias de ellas y reubicarlas.

El propósito: “liberar” el predio para que pudiera continuar la construcción de la plaza comercial.


La historia del predio de Martí y Aboumrad es producto de una investigación conjunta realizada por los integrantes de Méxicoleaks a partir de la filtración de documentos a esta plataforma.

No es un caso aislado. Por el contrario, ejemplifica el fenómeno de devastación arqueológica que se esconde detrás del turismo residencial de lujo en Valle de Bravo.


El proyecto en Valle de Bravo. Mapa: KnightLab / Poder

La Peña

En Valle de Bravo existe una zona arqueológica denominada La Peña. Abarca una extensión de 30 mil metros cuadrados en las que se encuentran vestigios de la cultura Matlazinca, únicos en Mesoamérica.

Según los informes del INAH, los matlazincas permanecieron en este lugar durante 700 años. De hecho, lo convirtieron en un importante centro comercial, administrativo y urbano. Ello ocurrió en paralelo con el auge de Teotihuacán. Ambos pueblos sostuvieron estrechas relaciones.

La población abandonó el asentamiento por el año 650, probablemente huyendo de las guerras que libraban los mexicas y los tarascos. Alrededor del año 1200 se convirtió en un centro terapéutico –caracterizado por sus baños de vapor– y un centro ceremonial funerario para los peregrinos otomíes del sur del Nevado de Toluca, el cual revertía un carácter “sagrado” y “una cultura propia” hasta la llegada de los españoles en la región, en 1534.

No se sabe mucho más de la historia de esta zona arqueológica, pues una parte de los vestigios quedó inundada por el lago que se formó debido a la presa que se construyó en los años cuarenta del siglo pasado y otra gran parte fue tragada por la urbanización.

En 1951 se erigió el primer fraccionamiento en las cercanías del lago, abriendo paso al turismo residencial de lujo que caracteriza al municipio, y particularmente en la zona de La Peña, donde las casas exclusivas con vista al lago se cotizan entre 17 y 40 millones de pesos, según páginas inmobiliarias consultadas por Proceso.

Como resultado de la fiebre constructora, la década de los setenta marcó el inicio de un fuerte periodo de saqueos de los vestigios arqueológicos contra el cual el INAH se mantuvo inerte, señala el arqueólogo José Hernández Rivero en el ensayo titulado La zona arqueológica de Valle de Bravo durante el horizonte clásico, publicado en 2005.

Algunos vestigios hallados en la zona. Foto: Especial

Algunos vestigios hallados en la zona. Foto: Especial

En 1972, el arqueólogo Manfred Reinhold realizó exploraciones en la parte baja de La Peña, en las que descubrió estructuras ceremoniales y otros vestigios, entre ellos restos humanos y ofrendas. Observó que “el sitio es de tamaño considerable e importante”.

Sin embargo, de acuerdo con Hernández, el arqueólogo Reinhold recibió “órdenes superiores” que le obligaron a abandonar “intempestivamente” sus investigaciones, mientras que “a ese mismo periodo corresponde una serie de liberaciones que fueron otorgadas de manera irregular” debido a que no se hacían trabajos previos de rescate.

Así, durante más de diez años la permisividad del instituto fomentó un desarrollo urbano descontrolado que terminó por cubrir de concreto las estructuras, esculturas, vasijas, figurillas y ofrendas que dejaron los pobladores originarios durante más de mil años.

No fue sino hasta 1984 que la institución estableció una poligonal de protección de 30 mil metros cuadrados alrededor del sitio arqueológico. Pero la zona sureste –que “contenía importantes vestigios arqueológicos”– “se perdió total e irremediablemente para dar paso a la construcción de casas de fin de semana”, lamentó Hernández en el citado ensayo.

A finales de los ochenta, el propio municipio erigió el Centro de Salud encima de estructuras arqueológicas. El centro del INAH en el Estado de México (Cinahem) recibió una denuncia para detener la obra, pero no procedió ni realizó rescate alguno.


El proyecto en Valle de Bravo. Mapa: KnightLab / Poder

Ustedes los ricos…

En 1986, comuneros de Valle de Bravo, quienes habían cedido sus tierras agrícolas 40 años antes para inundar el valle, obtuvieron un amparo que reconoció su posesión legítima de los terrenos de La Peña.

Reunidos en el Consejo de Bienes Comunales de Valle de Bravo, aceptaron que el instituto realizara excavaciones y obras de rescate de los vestigios arqueológicos en la zona con la finalidad de que posteriormente liberara los terrenos. Incluso, aportaron recursos financieros y ayudaron en las obras de excavación.

Pasaron los años y los arqueólogos del INAH no liberaron los terrenos. Si bien los comuneros no podían erigir sus casas en las tierras, ése no era el caso de familias pudientes, las cuales construían residencias de lujo pese a los vestigios arqueológicos.

Entrevistado en el transcurso de esta investigación periodística, Hernández aseveró que la arqueóloga Silvia Gutiérrez Rivera –entonces a cargo de la zona– “liberó toda la parte que conocemos como La Peña rica (…) sin hacer ni un solo pozo de sondeo”, lo cual “le costó el empleo”. Y abundó: “Ese fue un motivo para que la gente de La Peña pobre, la parte norte, dijera ‘¿por qué ésos sí pueden construir y nosotros no?’”.

De acuerdo con informes del Archivo Técnico del INAH sobre la zona arqueológica, que fueron consultados para esta investigación, la propia institución mostró poco interés en los proyectos de rescate que llevó a cabo en los años noventa.

La zona arqueológica de Valle de Bravo. Foto: Especial

La zona arqueológica de Valle de Bravo. Foto: Especial

Así, en 1995 el arqueólogo Alfredo Dumaine López aseveró que no se pudieron llevar a cabo algunos trabajos durante las excavaciones debido a la “falta de presupuesto e interés, prometido por algunas autoridades del INAH”.

A pesar de ello, señaló que el equipo de arqueólogos realizó “el primer acercamiento sistemático” al sitio de La Peña, el cual “rebasó las expectativas al encontrarnos con un asentamiento muy complejo desde el punto de vista arquitectónico y arqueológico”.

Del archivo técnico del INAH se desprende que, mientras los equipos de arqueólogos descubrían cada vez más vestigios y basamentos piramidales en la zona –así como construcciones irregulares–, se incrementaba la presión por parte de los comuneros y el Cinahem agilizaba el otorgamiento de permisos.

Pese a la gran cantidad de casas erigidas de manera irregular, los registros del INAH indican que después de cuatro décadas el gobierno mexiquense sólo ha impuesto una multa. Se la aplicó a Francisco Rojas González, propietario de un terreno, en agosto de 1996.


El proyecto en Valle de Bravo. Mapa: KnightLab / Poder

Intereses corporativos

A la fecha sólo dos sitios han sobrevivido de manera relativa a la devastación: La Palma y Casa de Ídolos, pero a este último le queda poco tiempo. La razón: se encuentra dentro del predio propiedad de los empresarios Martí y Aboumrad.

Martí es accionista de De Procorp Sociedad de Inversión de Capitales y dueño de Grupo Martí, empresa líder en la venta de artículos deportivos. Aboumrad es presidente de Porcelanite y de Grupo Proa, empresa dedicada a los análisis clínicos y que forma parte del conglomerado empresarial de Carlos Slim, de cuyo hijo, Carlos Slim Domit, es además consejero suplente en Grupo Carso.

Entre 2004 y 2011 ambos adquirieron en Valle de Bravo varios terrenos que eran aledaños unos de otros y los fusionaron para formar un predio de 3.6 hectáreas. Lo pusieron a nombre de la empresa “Desarrollo Las Monjas, Valle de Bravo”, que constituyeron el 3 de agosto de 2006 y cuyas acciones se repartieron en partes iguales, según quedó asentado en el libro de Sociedades Mercantiles (folio 353036) del Registro Público de la Propiedad y de Comercio de la Ciudad de México.

Al principio pensaron hacer un fraccionamiento residencial en ese predio, pero pronto se decantaron por construir la “Plaza Comercial Patio Valle”. El proyecto abarcaría 1.7 hectáreas de las 3.6 que mide el predio, según quedó consignado en la licencia de impacto ambiental que la Secretaría del Medio Ambiente del Estado de México les otorgó el 3 de diciembre de 2012.

Martí y Aboumrad contrataron, entre otras, a México Retail Properties (MRP) para construir la plaza comercial. No era una apuesta menor: esta compañía desarrolla y opera 71 centros comerciales en 21 estados del país al estilo big box (todo en un lugar) de Estados Unidos.

En sus “patios” se instalan franquicias de Wal-Mart, Home Depot, Cosco y Bodegas Aurrera, entre otros. Su cofundador y presidente es Jerónimo Marcos Gerard, hermano de Ana Paula Gerard y, por tanto, cuñado del expresidente Carlos Salinas de Gortari.

De hecho, Adalberto Arellano Contreras, el arquitecto de MRP encargado de construir la plaza comercial, es a la vez apoderado legal de Desarrollo de las Monjas, la empresa constituida por Martí y Aboumrad.

Pero dentro del predio había dos áreas arqueológicas ya detectadas por el INAH: “Las Monjas” y “Casa de Ídolos”.

En la primera los expertos del instituto detectaron 40 “enterramientos humanos” con ofrendas, 60 piezas arqueológicas y llenaron más de 700 bolsas con “material cerámico y mítico” que trasladaron “para su resguardo” a las bodegas de la zona arqueológica El Terremoto, en Cuautitlán, según los datos que proporcionó el INAH en respuesta a la solicitud de información número 1115100007614.

En 2007 Hernández Rivero, arqueólogo a cargo de La Peña, emitió el oficio 401-725-2/1196A.J./07 mediante el que “libero” el área de Las Monjas para que Martí y Aboumrad pudieran construir su plaza comercial. Sólo puso como condición que respetaran dos “montículos arqueológicos”, los cuales quedarían como “áreas verdes” de dicha plaza.

Con ese oficio en mano, la empresa Desarrollo Las Monjas obtuvo licencia de impacto ambiental por parte del gobierno del estado y licencia de construcción por parte del municipio. Pero hizo trampa: la “liberación” por parte del INAH sólo era para el área de Las Monjas, pero quiso hacerla efectiva también para Casa de Ídolos.

El empresario Alejandro Martí. Foto: Octavio Gómez

El empresario Alejandro Martí. Foto: Octavio Gómez

“Rescate arqueológico”

En enero de 2014, la empresa constructora Cumhisa –subcontratada por Desarrollo Las Monjas— empezó los trabajos de nivelación del predio y, con ello, “arrasó con maquinaria pesada los restos de lo que parecían ser unas pirámides” y “sacaron grandes cantidades de camiones repletos con tierra, piedra y materiales arqueológicos”, señala una carta de vecinos dirigida al presidente Enrique Peña Nieto, fechada el 16 de enero de 2015.

La versión de Desarrollo Las Monjas es otra: “no hubo ninguna afectación”, sostuvo su representante legal, Adalberto Arellano Contreras –el mismo que es ejecutivo en MRP–, en una entrevista realizada el pasado lunes 7 de marzo.

De acuerdo con la empresa, el 17 de febrero de 2014, antes de iniciar los trabajos, su representante legal Alberto Arellano Contreras –el mismo que es ejecutivo en MRP– envió un oficio a la delegación del INAH en el Estado de México en el que solicita autorización para construir la plaza comercial.

Producto de dicha solicitud, los arqueólogos Ricardo Jaramillo Luque, director del Centro del INAH en el Estado de México, y José Hernández Rivero, responsable de la zona La Peña, acudieron al predio para realizar una inspección. Éste último apuntó en uno de sus informes que acudieron “para verificar el inicio de los trabajos de construcción” consistentes en “despalme y excavación de pozos con maquinaria pesada”.

“No sabíamos que el predio no estaba liberado hasta que el INAH nos hizo ver que el predio no había pasado por el proceso de liberación”, aseguró Arellano. Y añadió: “empezamos a investigar y efectivamente nos dimos cuenta que la fecha de la liberación y la fecha que se adquirió ese predio eran diferentes”.

Lo cierto es que el INAH detuvo las obras y propuso un “rescate arqueológico” de Casa de Ídolos, proyecto que duraría cuatro meses a partir del 6 de mayo de 2014, y que ocuparía medio centenar de personal –entre arqueólogos, ayudantes de arqueólogos, topógrafos, dibujantes y trabajadores– cuyos salarios serían pagados por la empresa Desarrollo Las Monjas, según se asienta en la minuta firmada el 30 de abril de ese año por Arellano Contreras y los funcionarios del INAH en el estado de México.

Los arqueólogos del instituto se sorprendieron. Los vestigios eran más de los esperados, y de mayor importancia. Encontraron altares, estructuras, firmes de piso de gravilla de “andesita color rosa”, fogones, entierros, ofrendas…

Algunos vestigios hallados en la zona. Foto: Especial

Algunos vestigios hallados en la zona. Foto: Especial

En uno de sus informes, Hernández destaca tres hallazgos: un altar central con una plataforma mayor compuesta de escalinatas; una plataforma “monumental” y un muro en talud con coronamiento de lajas.

Ante ello, Hernández propuso –y le fue aceptado– cambiar la dimensión de los trabajos. El “rescate arqueológico” pasó a una categoría mayor: el “salvamento arqueológico”, que prolongaría los trabajos otros cuatro meses a partir del 25 de agosto del 2014. Al final, se excavaron mil 184 metros cuadrados, se localizaron 28 entierros y 112 vasijas completas, así como tres grupos de estructuras.

El “salvamento arqueológico” implicó tres decisiones: la primera, “integrar” algunas estructuras a la plaza comercial para que “queden a la vista pública”. La segunda, volver a cubrir otros vestigios para “garantizar su conservación”. Y la tercera, “desmantelar” varias estructuras, removerlas del lugar y volverlas a ensamblar en algún museo “con fines didácticos”.

Es decir, en lugar de preservar los vestigios arqueológicos en el sitio, el Consejo de Arqueología del INAH, máxima instancia del instituto, optó por desmontarlos y llevárselos para que pudieran continuar las obras del centro comercial.

“Prefiero unos vestigios arqueológicos exhibidos en condiciones especiales pero bien conservados, a que estén ocultos o destruidos”, justificó Hernández en entrevista.

En dos oficios, emitidos el 26 de septiembre y el 8 de octubre, Hernández ordenó a los arqueólogos en el terreno “llevar a cabo a la brevedad el levantamiento” de las estructuras para “proceder a la liberación del área”, con el propósito de que “la empresa pueda empezar sus trabajos de remoción del suelo”.

Los arqueólogos no estaban de acuerdo, según lo consignaron en el Informe Técnico Parcial de Salvamento Arqueológico Casa de Ídolos, fechado el 23 de septiembre de 2015.

“Se nos indicó la desmantelación (sic) de estructuras, como una medida para evitar la destrucción masiva de los elementos arquitectónicos. Se tuvo que cumplir con dicha acción, aunque no se estuviera de acuerdo, por lo cual se implementó una serie de actividades como: pozos de sondeos bajo pisos, rupturas de muros en esquinas y centros, así como el vaciado de algunas estructuras”, apunta el informe.

Todavía hubo una etapa más de trabajos en Casa de Ídolos. Se trató de “trabajos de conservación-integración” de los vestigios. Iniciaron el 15 de noviembre de 2015 y duraría cinco meses.

No obstante, el pasado 18 de diciembre, apenas un mes después de iniciarse las labores de la última etapa, el arqueólogo Ricardo Arturo Jaramillo Luque, delegado del INAH en el Estado de México, emitió el oficio 401.B(4)77.2015/3062 en el que “se libera dicho predio para realizar los trabajos necesarios para la construcción de la plaza comercial Valle de Bravo”.

En entrevista, Arellano aseveró que “todos los permisos y demás han estado en regla”, por lo que la empresa espera la luz verde del INAH para iniciar la construcción del centro comercial. Cuestionado sobre el tiempo que tardaría en tener el proyecto ya acabado, planteó: “estamos viendo que sea en este cuatrimestre”. (Con información de Veneranda Mendoza).

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