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Brasil: la izquierda acusa a TV Globo de “golpista”

RÍO DE JANEIRO (apro).- El canal de televisión Globo estuvo presente en la manifestación que el 31 de marzo –en la víspera del 52 aniversario del golpe militar– se llevó a cabo en esta ciudad en apoyo de la democracia y en contra la destitución de la presidenta Dilma Rousseff.

Sin embargo, esta vez no hubo cámaras ni reporteros entre los manifestantes.

Los enviados entraron algunos minutos en vivo pero lo hicieron por teléfono y mostrando imágenes desde un edificio ubicado al lado de la plaza donde se concentró la manifestación.

Pero la presencia de esa televisora estuvo en todos lados: en los carteles que rezaban “Globo golpista” y en los gritos de “el pueblo no es tonto, abajo el canal Globo”.

Ana Lisa, una joven jurista levanta alto un cartel que advierte “Hoy estamos aquí para recordar el golpe militar de 1964 y Globo tuvo una participación y un apoyo fundamental en la dictadura. Hoy es exactamente lo mismo que está pasando con Dilma Rousseff”.

En 2013, las organizaciones Globo reconocieron por primera vez en un comunicado que se equivocaron al apoyar el golpe militar. El 2 de abril de 1964, un día después del golpe, el periódico Globo publicó un editorial con el título “Resurge la democracia”.

El texto aseguraba: “Nosotros los brasileños debemos agradecer a los militares que nos protegieron de nuestros enemigos. Las fuerzas armadas no confundieron su importante misión con una servil obediencia al jefe de un solo poder, el Ejecutivo. Gracias a la decisión y al heroísmo de las fuerzas armadas, Brasil se salvó de un gobierno irresponsable que quería llevarlo por rumbos contrarios a su vocación y tradiciones”.

El peligro era el comunismo y el responsable, el presidente João Goulart. La dictadura militar duró hasta 1988. Fue una larga lucha popular de 21 años.

“Aunque los militares no están participando en este golpe contra Dilma Rousseff, no podemos arriesgar de nuevo la democracia, no podemos repetir la historia y Globo está repitiendo su papel”, añade Ana Lisa.

“Pedales tributarios”

La izquierda brasileña considera que el proceso de impeachment es “un golpe a la democracia”, aun cuando sea civil y parlamentario. Se aproxima al proceso que derrocó a Fernando Lugo del poder en 2012 en Paraguay.

El Frente Brasil Popular, que aglomera a los partidos y movimientos sociales de izquierda, repite hace meses que Rousseff no cometió ningún crimen que pudiera dar lugar a un impeachment. Para este Frente, la cuestión presupuestal sobre la cual se basa la acusación (el hecho de haber atrasado el pago de los gastos sociales para el presupuesto del año siguiente) no es una razón válida para quitarle el poder a una presidenta elegida. Argumenta también que todos los predecesores de la presidenta desde 1988 usaron este mecanismo.

De hecho, para una gran parte de la población –la que se informa principalmente por la televisión– la acusación contra Rousseff es muy confusa. Sin tener una estimación en cifras, una “gran” parte de la población cree que el impeachment tiene que ver con el escándalo de corrupción ligado a Petrobras y no entiende este mecanismo del presupuesto denominado “pedales tributarios”.

“Para ilustrar el impeachment, los medios muestran a Rousseff andando de bicicleta, una presidente pedaleando en medio de la confusión, de los escándalos, una imagen hecha a propósito y que no explica nada del impeachment”, dice Lamia Oualalou, corresponsal desde hace 10 años en este país de, entre otros, el periódico francés Le Figaro.

Al inicio este papel que jugaron los medios no preocupó tanto a los brasileños que apoyan al Partido de los Trabajadores (PT). La mayoría de los medios siempre estuvo en contra de este partido. Pero conforme más se aproxima la amenaza del impeachment y más se hace claro la participación de los medios en este proceso, más crece la acusación de “golpista” hacia el canal Globo.

Guerra política

Este rechazo al canal estrella de Brasil preocupó hasta a los anunciantes según el sitio de información Rede Brasil Atual. El 1 de abril, al día siguiente de la marcha, en una reunión a puerta cerrada en Sao Paulo, los responsables de las producciones publicitarias acordaron hacer un estudio de tres meses para saber si la mala imagen de Globo podía tener un impacto sobre sus productos. En realidad al día siguiente, las redes sociales les dieron una respuesta, empezando un boicot a los productos que anuncian en la Globo.

Otro boicot que toma importancia viene de los investigadores: un centenar de ellos firmaron un manifiesto donde cancelan su participaciones futuras en cualquier programa del Globo. La razón: “No hay ni siquiera un simulacro de debate público. Lo que sí hay es una guerra política en la cual los grandes medios han mostrado muchas pruebas de que están listos para tirar a la basura las instituciones democráticas que creamos con la lucha de generaciones de brasileños” explica el Manifiesto.

En respuesta, los presentadores del noticiero más visto en la noche, El Jornal Nacional, se defendieron asegurando “limitarse a los hechos políticos” y que no “pueden ser considerados responsables por los eventos que se viven el pais”. Joao Feres Junior, politólogo de la Universidad de Río ( UERJ), es responsable de un proyecto que se llama “manchometro” 3 y que calcula la cobertura favorable y desfavorable a cada partido.

En el caso de la presidente y del PT, las coberturas desfavorables son más numerosas. Por ejemplo, entre el 12 y el 19 de marzo, hubo manifestaciones tanto en contra como a favor de la destitución de Rousseff pero se le dio más tiempo a las protestas a favor, según ese estudio. En el Jornal Nacional de la TV Globo se difundieron 25 reportajes contrarios a Dilma Rousseff. Este escenario se repitió en los tres grandes diarios brasileños. El periodico la Folha de Sao Paulo publicó 17 artículos de opinión, 6 editoriales y 7 portadas contrarios. En el caso del Estadao, otro periódico importante, fueron también mucho más los artíiculos críticos a la presidente: 6 artículos de opinión, 10 portadas y 12 editoriales.

Finalmente, el periódico Globo tiene el récord de la cobertura negativa: 18 portadas, 13 artículos de opinión y 5 editoriales.

Para el profesor Joao Feres Junior, eso demuestra “una guerra mediática que no respeta en lo mas mínimo las prácticas básicas del periodismo, como dar voces a los dos lados y verificar los hechos”.

Luis Carlos Azenha, es un experiodista de TV Globo y conoce bien su funcionamiento. Su visión de la cobertura actual es clara:” cuando la oposición organiza manifestaciones, Globo comienza su cobertura desde la mañana como si fuera una gran fiesta cívica. Al contrario, cuando es la izquierda, sólo dedican unos minutos a las protestas”.

Los hechos le dieron razón esta semana: el lunes 11 de abril, cuando Lula estuvo en Río de Janeiro, en una gran protesta en el centro de la ciudad, TV Globo difundió un minuto de imagen desde su helicóptero y ni una palabra del discurso del expresidente.

Rumores y acusaciones sin pruebas

Pero lo más preocupante en la cobertura reciente brasileña es el número de informaciones falsas, rumores y acusaciones sin pruebas que fueron publicadas en la prensa y repetidas tal cual por los canales de TV.

En la investigación judicial del caso de corrupción de Petrobras, algunas “delaciones recompensadas” de acusados fueron “obtenidas” con anticipación por la prensa. Este esquema permite a un acusado tener una pena mucho menor a cambio de su colaboración con la Justicia, no importa si la delación está sustentada en pruebas.

Las fugas reiteradas a la prensa de esas delaciones antes de la presentación de pruebas, provocan cuestionamientos a los límites de la prensa.

La presunción de inocencia de las persones “delatadas” por el colaborador nunca fue tomada en cuenta por los responsables de las publicaciones.

Al contrario, los canales de TV se alegraron con las fugas, presentándolas como verdaderas y haciendo “programas especiales” y “reportajes exclusivos” sobre lo dicho por un acusado que la Justicia ya comprobó como corrupto.

Pero como si las fugas no fueran suficientes, también “inventaron” historias. El semanario Veja, sin lugar a duda tiene el récord en esta categoría desde hace mucho tiempo, pero con el tema actual se sobrepasó.

Un ejemplo reciente entre muchos otros: el 24 de marzo pasado, la revista publicó en su portada que Lula tenía el “plan secreto” de pedir asilo político a Italia para evitar la prisión. Este medio publicó una foto falsa del embajador italiano. Y a pesar de que la embajada italiana protestó y desmintió la información, la revista no hizo aclaración alguna.

El problema no sería tan grande si existiera diversidad de opciones para informarse. Pero igual que en México, los medios en Brasil gozan de una concentración tan fuerte que se puede definir como un monopolio, que le permite alcanzar todos los rincones de este país y tener un verdadero poder en el debate público.

En Brasil los tres mayores grupos (Abril, Globo, Band) tienen la misma linea editorial repetida en 190 vehículos de comunicación. Pero en realidad Globo se asoció con otros 35 grupos regionales que difunde sus programas en 350 medios en total.

“Brasil tiene una dificultad todavía más grande para frenar esta concentración. La Constitución dictada después de la dictadura, quería evitar todo tipo de censura. La Carta Mayor que reglamenta las concesiones determina que sólo pueden ser canceladas por un voto del Congreso, lo que resulta muy complicado de obtener cuando se trata de un medio, sin hablar de un medio todo poderoso como la Globo”, estima Eugênio Bucci, profesor en la Universidad de Sao Paulo y director de la edición brasileña de la Columbia Journalism Review.

Brasil hizo una reglamentación para varios sectores de la economía pero jamas tocó a los medios. Para el periodista João Freire “el PT se equivocó al haber dejado este tema del lado. Vieron que lograron ganar las elecciones aún con los medios en su contra y creyeron que estaban encima de sus alcances. Pero ahora están perdiendo la guerra”.

En una entrevista exclusiva de Lula con el periodista estadunidense Gleen Greenwald, residente en Brasil y responsable de las revelaciones de Edward Snowden, el periodista le comenta “ quiero hablar con usted del papel de los medios brasileños incitando las protestas y presionando la salida de Dilma. Como periodista, yo no soy brasileño, pero vivo en Brasil desde mucho tiempo, estoy escandalizado con los medios de comunicación aquí. Cuando los Organizaciones Globo, Veja, Estadio, están tan involucrados en el movimiento contra el gobierno, defendiendo a los partidos de la oposición” y le preguntó: ¿El control de las organizaciones de los medios de comunicación, por pocas familias muy ricas de Brasil, es un peligro para la democracia?

Lula le respondió que si es un peligro porque “el ideal sería tener una prensa muy democrática, que ella tenga su opinión política expresada en un editorial, pero que seria muy fiel a los hechos. Pues bien, aquí en Brasil usted no tiene más partido de oposición. Aquí en Brasil quienes hacen la oposición son, en realidad, los medios de comunicación. En 2010, ya teníamos un proyecto de regulación, pero el Congreso Nacional no quiso hacer nada pero yo creo que el tema va regresar ahora”.

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