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Música y arquitectura de Pani en el Conservatorio Nacional

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Definido como una “pieza maestra de la arquitectura contemporánea mexicana” y declarado monumento artístico en noviembre de 2012, por decreto presidencial, el edificio del Conservatorio Nacional de Música, construido en 1946 por el arquitecto Mario Pani (1911-1993), está cumpliendo 60 años de vida.

Su aniversario coincide con las celebraciones por los 150 años de la fundación del conservatorio, el 1de julio de 1866. Por ese motivo, la añeja institución presenta en el vestíbulo del edificio ubicado en Polanco la exposición Mario Pani: Música y Arquitectura, curada por Louise Noelle Gras, investigadora de la arquitectura del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La muestra, que concluirá este mes de junio, reúne 40 fotografías de Guillermo Zamora y Paulina Lavista, en las cuales aparecen el arquitecto Pani y su obra, la maqueta del Conservatorio, perteneciente al acervo de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, así como los archivos propiedad de la Academia de las Artes y la Dirección de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico Inmueble (DACPAI) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

La historia del Conservatorio Nacional de Música, publica el INBA, se remonta a los primeros años de la década de los sesenta del siglo XIX y tiene como símbolo la ópera Ildegonda del compositor mexicano Melesio Morales, para la cual se exigió en aquel momento un espacio al empresario Amibale Biacchi.

Como él se negara, los demandantes organizados en un grupo y apoyados por el público interrumpieron una función de Baile de Máscaras, de Verdi. Al final se constituyó, el 14 de enero de 1866, la Sociedad Filarmónica Mexicana, que consiguió que el día 27 del mismo mes se estrenara Ildegonda. Entre los objetivos de la organización se estableció la fundación de un Conservatorio que originalmente se instaló en una casa de la Academia de Música del padre Agustín Caballero.

Y se inauguró el 1 de julio de ese mismo año.

La sociedad se había formado con el apoyo del imperio de Maximiliano de Habsburgo, por lo que, al triunfo del gobierno liberal de Benito Juárez, se temió su disolución. No obstante –prosigue el relato el INBA–, el prócer le otorgó el edificio de la antigua Universidad y “la lista de sus socios se vio incrementada con la presencia de notables liberales”, ampliando sus actividades al arte dramático bajo las gestiones de José Valero y Aniceto Ortega.

En 1877, debido a problemas de la Sociedad Filarmónica, el gobierno decidió nacionalizar el Conservatorio y se integró al sistema educativo del Estado mexicano. Por las malas condiciones del edificio de la exUniversidad, a principios del siglo XX se trasladó a una casona de la colonia Tabacalera y luego a una casa de la calle de Moneda; sin embargo, por tratarse de una construcción del siglo XVIII, carecía de la infraestructura necesaria, como una sala de conciertos.

A la par de la creación del INBA formulada en 1946, el gobierno expropió los terrenos del Club Hípico Alemán, ubicados en las afueras de la Hacienda de los Morales, y se decidió construir ahí la nueva sede para el Conservatorio Nacional de Música. Se le encargó el proyecto a Mario Pani, arquitecto formado en la École des Beaux-Arts de Paris y autor de la Escuela Normal de Maestros.

Arquitectura musical

En un video publicado en la página web del Conservatorio, el arquitecto Raúl Delgado Lamas, director general de Sitios y Monumentos del Patrimonio Nacional de la Secretaría de Cultura del gobierno federal, describe el contexto en el que se construyó el edificio y el sello que Pani buscó darle.

Delgado relata que fue en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial cuando se le encomendó la obra a Pani.

Describe: “Mario Pani traza una forma de U, que tiene la forma de un diapasón; por el otro lado, las mismas herramientas que se utilizan para la composición musical, son empleadas en el diseño arquitectónico: La cadencia, el ritmo, la organización de toda la composición, que no es más que el ordenamiento armónico de las partes de un todo, con sus pausas, sus acentos, sus remates, en fin, lo va desplegando a lo largo de la composición arquitectónica del Conservatorio.”

Agrega que hay un eje “muy claro que estructura la composición” y la organización de los espacios, como el auditorio principal; los adyacentes, que son para ensayos, y las aulas, y todo ocupa un lugar y una jerarquía dentro de la “gran composición organizativa”, misma que “queda muy clara en el Conservatorio: el ritmo de las columnas, el ritmo de las ventanas…”.

El auditorio externo –sigue el arquitecto– es semihundido y se caracteriza en su fachada por unas “curvas sensuales” que lo hacen vibrar. El Conservatorio está rematado por un conjunto escultórico (de Armando Quezada) “muy discreto”, enfatizando la parte central del edificio.

Igual que la Escuela Nacional de Maestros, realizada “cuando se pensaba en grande”, como se consignó en un reportaje hecho por esta reportera en la revista Proceso del 6 de marzo de 2005 (pues se conjuntaba arquitectura, arte y un proyecto educativo, además de las esculturas de Quezada), el conjunto del Conservatorio integra dos murales de José Clemente Orozco a ambos lados del escenario circular del auditorio.

Participó también el arquitecto Roberto Engelking, “cuyos trabajos son representados con los dibujos abstractos hechos en varilla de fierro pintada en los muros del fondo del escenario en el teatro al aire libre”, leemos en el decreto de declaratoria de monumento de 2012.

De tal manera que es “una pieza maestra de la arquitectura contemporánea mexicana”, destaca Delgado, quien encuentra una relación estrecha entre la música y la arquitectura:

“En la música hay colores, hay reflejos, hay ecos y el espejo de agua (ubicado en los jardines) tenía ese sentido. No solamente es un espejo de agua, es un espejo de agua metido con toda la intención de hacerse un eco con el edificio. Los materiales que se usan son de la época, el concreto armado; también se utilizan –pues traemos todavía toda la cauda nacionalista– las piedras naturales del Valle de México… como revestimientos en las fachadas.”

Los materiales, a decir de Delgado Lamas, son funcionales, requieren de poco mantenimiento y son de fácil limpieza y alta durabilidad, porque en aquel entonces se consideraba que los edificios debían de ser perennes.

Remata: “La música es arquitectura que fluye y la arquitectura es música congelada, son dos artes que están hermanadas en la composición, en su creación.”

La revista México Desconocido resume en su sitio internet:

“…es difícil encontrar –sobre todo en una tradición arquitectónica como la mexicana– ejemplos en la arquitectura de una sensualidad musical tan lograda como la que consiguió Pani en el Conservatorio Nacional. Cualquiera diría que no cabía esperar otra cosa en el proyecto de un conservatorio… Sí, pero también puede decirse que no cualquiera puede establecer una relación tan inquietante como la que aquí obtuvo Pani entre la música y la arquitectura.”

Sonoridades

Nacido en la Ciudad de México en 1911, Pani regresó a México en 1934 luego de obtener su título en París y lo revalidó aquí para iniciar una larga trayectoria profesional, tanto arquitectónica como en la docencia.

“Lo novedoso de sus proyectos no radica en los materiales y en las formas, sino en sus conceptos para resolver los problemas con soluciones originales y adecuadas a los diversos requerimientos del país”, dice Bellas Artes en la información sobre la exposición conmemorativa de los 150 años del Conservatorio Nacional de Música (CNM).

¿Cómo logró conjuntar la música y la arquitectura en el conservatorio? Ya lo han señalado los expertos en los párrafos anteriores; pero Noelle destaca la condición de músico de Pani, quien –destaca el INBA– “fue un violonchelista consumado” y por ello “no es de extrañar “que el CNM haya sido exitoso, al dotarlo tanto de espacios para actividades públicas como para la enseñanza teórica y práctica”.

Entre sus obras pueden mencionarse el multifamiliar Alemán (1949), el Benito Juárez (1952) y la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco (1964). Colaboró también con Enrique del Moral en el Plan Maestro de Ciudad Universitaria y la Torre de Rectoría de la UNAM.

“Sus preocupaciones con respecto a la planificación y urbanización racional de las ciudades las compartió en su Taller de Urbanismo, y su interés por la arquitectura lo llevó a publicar la revista Arquitectura/México, de la cual fue editor de 1938 a 1979.”

Vale recordar que cuando se creó el Centro Nacional de las Artes, el arquitecto Teodoro González de León construyó un nuevo edificio para el Conservatorio Nacional, inspirado en La Villete de Portzamparc en París.

Los estudiantes lo consideraron “una aberración” y se declararon en “paro activo”, negándose al traslado. El entonces director del INBA, Rafael Tovar y de Teresa, los acusó de ser “un grupo” que rehuía en realidad los planes de estudio, y lamentó con una metáfora que se les ofreciera un BMW “y prefirieran un auto chiquito”, relató Proceso en octubre de 1997.

Hoy, en el marco del aniversario, se revalora el conjunto monumental de Pani.

Como parte de las celebraciones por el aniversario del Conservatorio, el próximo 29 de junio las orquesta Sinfónica Nacional y del Conservatorio ofrecerán un concierto especial en el cual interpretarán la obra de Carl Orff, Carmina Burana, bajo la dirección de Eduardo Diazmuñoz.

Y el 1 de julio, día específico en el que se conmemora su fundación, se inaugurará la muestra Melesio Morales. Archivo de una música mexicana del siglo XIX.

El CNM se ubica en Presidente Masaryk 582, Polanco, y está abierto de lunes a viernes, de 10 a 18 horas. La programación de sus actividades puede consultarse en http://www.conservatorio.bellasartes.gob.mx/

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