Brexit: El dilema británico

“Estar o no estar”, esa es la cuestión que se definirá este jueves 23 en el Reino Unido. Ese día los votantes británicos decidirán si su nación se queda o se va de la Unión Europea. Y el resultado de la consulta no se puede predecir, pues las opiniones están divididas casi en mitades: ahora mismo se esgrimen en Gran Bretaña argumentos a favor y en contra de la permanencia. Algunos analistas creen que la salida de Europa devendrá en catástrofe económica. Otros, que así se ganará en presencia comercial y política en el mundo. Las apuestas siguen abiertas…

LONDRES (Proceso).- El cartel con el eslogan antieuropeo “Vote to Leave” (vota por salir) cubre el frente de una típica casa inglesa en el número 25 de Savernake Road, en el barrio de Gospel Oak en esta ciudad. Del otro lado de la calle, otro afiche anuncia “I’m in” (Estoy dentro), dando a entender que allí se votará por que Gran Bretaña permanezca en la Unión Europea (UE).

Esa división entre los votantes a favor y en contra del llamado “Brexit” –contracción de la frase “British exit”, para referirse a la posibilidad de que el país salga del bloque comunitario– se profundiza a medida que se acerca la fecha del voto crucial: el próximo jueves 23, unos 45 millones de británicos podrán decidir en las urnas si su país permanece en el bloque comunitario o se separa del grupo de 28 naciones, al cual pertenece desde 1975.

La victoria de los conservadores en las elecciones generales de mayo de 2015 en Gran Bretaña obligó a cumplir la promesa de campaña hecha por el ahora primer ministro, David Cameron, para convocar a un referéndum sobre la permanencia británica en la UE.

El mandatario inglés prometió convocar a ese voto tras las presiones de sus propios parlamentarios “euroescépticos” y ante el avance del eurofóbico y xenófobo Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), que lidera Nigel Farage.

Durante gran parte del invierno, Cameron se embarcó en una maratónica campaña por distintas capitales europeas para renegociar los términos de la membresía británica, negociaciones que concluyeron en una cumbre de dos días en Bruselas, los pasados 19 y 20 de febrero.

Dicho acuerdo permite darle a Gran Bretaña “un estatus especial” dentro del bloque si vota por permanecer en la UE, e incluye mantener permanentemente la libra esterlina como su moneda, no tener que formar parte de una mayor integración política de la Unión y limitar las prestaciones sociales a los migrantes de otros países europeos.

Los líderes europeos aceptaron además crear un “freno de emergencia” que permita al Reino Unido suspender el acceso de los inmigrantes europeos a determinados complementos salariales, durante sus primeros años de trabajo en el país.

Una vez activado el mecanismo, el gobierno podrá hacer uso de él durante un periodo máximo de siete años y no de los 13 a los que aspiraba Cameron.

También podrá ajustar al precio de costo de vida en el país de origen, las ayudas por hijo que le correspondan al trabajador si el menor no reside en el Reino Unido, medida no retroactiva que se aplicará desde su aprobación a los recién llegados y, tras un periodo de transición hasta 2020, a los que ya residen en el país.

Además se incluyó una cláusula que especifica que las condiciones del acuerdo quedarán sin valor si el resultado del plebiscito británico es contrario a la UE.

Otro logro del gobierno británico es una salvaguarda que permite a un Estado, que no integre la moneda única, aplazar políticas económicas de la eurozona o de la unión bancaria, si las considera una “amenaza” para sí.

En la balanza

Muchos analistas políticos en el Reino Unido coinciden en que la mayor incertidumbre asociada con la salida de la UE es que hasta ahora ningún país europeo optó por ese camino, y por ello es difícil pronosticar las consecuencias.

Si el Reino Unido abandona la UE, ello llevará de inmediato a un aumento de los ahorros para las arcas del país, pues el Estado británico no deberá contribuir más al enorme presupuesto europeo. En 2015 Gran Bretaña destinó 13 mil millones de libras (18 mil 740 millones de dólares) al presupuesto europeo, aunque sólo recibió 4 mil 500 millones de libras (6 mil 490 millones de dólares) de la Unión Europea.

El sitio independiente Full Fact, que analiza cifras oficiales y de la UE, confirmó que la contribución neta del Reino Unido a Europa fue de 8 mil 500 millones de libras (12 mil 250 millones de dólares), o 7% de lo que el gobierno británico destina al Servicio Nacional de Salud.

De todos modos, aquellos a favor de la permanencia en el bloque sostienen que parte de las contribuciones británicas a la UE son recuperadas a través de subsidios y ayudas a granjeros, como también en programas de desarrollo económico, científico y de investigación. El Tesoro afirma que los pagos de la UE a las arcas británicas fueron de 4 mil 400 millones de libras (6 mil 230 millones de dólares) en 2015, más otros 2 mil millones de dólares a organizaciones privadas. En total, los pagos de la UE a Gran Bretaña superarían los 8 mil 500 millones de dólares.

Respecto a las áreas de comercio e inversión, el Reino Unido se beneficia en gran forma del mercado común europeo, ya que entre Estados miembros no se imponen tarifas a importaciones o exportaciones.

Más de 50% de las exportaciones británicas tienen como destino países de la UE, con lo cual el Brexit golpeará duramente a ese sector, reduciendo el nivel de exportaciones e importaciones y llevando a una baja de la inversión. El grupo de análisis EY concluyó en un reporte publicado el pasado 27 de mayo que de 406 inversionistas encuestados, 31% dijo que reducirá o congelará sus inversiones en el Reino Unido para 2017 si gana el Brexit.

Y explicó además que el Reino Unido se encuentra en una buena posición para atraer a inversionistas extranjeros, luego de haber conseguido 887 proyectos de inversión directa extranjera en 2014, un aumento de 11% desde 2013. En el resto de Europa, esa proporción es de 10%. Eso podría cambiar en el caso de una salida del bloque.

Gran Bretaña también se beneficia de muchos acuerdos comerciales pautados entre la UE y otras naciones, incluyendo Estados Unidos, China y Brasil, y la salida del bloque afectará enormemente cientos de acuerdos para empresas británicas, con pérdidas millonarias. Las empresas británicas pueden acceder ahora a 500 millones de consumidores a través del mercado europeo.

En abril de 2016, el valor de las exportaciones del Reino Unido (a la UE y fuera) aumentó a 25 mil millones de libras (35 mil 860 millones de dólares), mientras que las importaciones (desde la UE y de fuera) aumentaron a 41 mil millones de libras (58 mil 800 millones de dólares), comparado con el mes previo.

Según la campaña que aboga por el Brexit, la salida de la UE le permitirá al Reino Unido establecer sus propios acuerdos comerciales con el resto de los países, liberándose de tarifas y regulaciones. Por ejemplo, Farage considera que Gran Bretaña podría seguir el ejemplo de Noruega o Suiza, que tienen acceso al mercado común pero no están restringidos por las leyes de la UE, especialmente en áreas de agricultura, pesca, justicia y asuntos de Interior.

“Si Gran Bretaña se suma al club noruego”, escribió la revista económica The Economist en un editorial en mayo pasado, “seguirá atado a casi todas las regulaciones de la UE, incluyendo las directivas de horas de trabajo, pero sin tener ninguna influencia en cómo se elaboran esas regulaciones”.

Para el saliente alcalde de Londres y uno de los principales activistas por el Brexit, el conservador Boris Johnson, Gran Bretaña debería adoptar un sistema de acuerdos comerciales, como en Canadá, “quitándonos de encima las tarifas comerciales”.

De todos modos eso requeriría años de negociaciones, periodo durante el cual las empresas británicas podrían verse seriamente perjudicadas.

Respecto a la inversión, los grupos proeuropeos consideran que el estatus del Reino Unido como principal centro financiero y de negocios del mundo se verá reducido al ya no poder servir como acceso a la UE para bancos y empresarios extranjeros; los simpatizantes del Brexit sugieren que, liberada de las regulaciones europeas, Gran Bretaña podría reinventarse y transformarse en una economía pujante, como las de Singapur o Hong Kong.

Varios sindicatos, entre ellos los metalúrgicos, de la construcción y el automotriz, advierten que la producción de vehículos y otros productos caerá enormemente si Gran Bretaña sale de la UE, con el consecuente despido de hasta 820 mil trabajadores los próximos dos años.

Las leyes europeas garantizan además derechos básicos a los trabajadores en áreas como licencias de maternidad y paternidad, paga durante vacaciones y resarcimientos por despidos. En caso del Brexit, muchas compañías y grupos de negocios buscarán presionar al gobierno para relajar esos estándares, como advirtió el jefe del Partido Laborista, Jeremy Corbyn.

Para éste, uno de los aspectos más negativos de la salida de la UE será una pérdida de derechos y beneficios históricos que lograron los trabajadores británicos en los últimos años, desde el salario mínimo y vital hasta compensación por lesiones en el trabajo y liquidaciones por despidos.

Corbyn también advirtió que los ingresos en recaudaciones fiscales para el Tesoro británico mermarán notablemente si las compañías que hacen grandes negocios con Europa, especialmente bancos y entidades financieras, trasladan sus sedes centrales a la UE. Esas mermas le costarían al menos 6 mil 200 dólares a cada familia británica, y de acuerdo con el Banco (central) de Inglaterra, podrían llevar al país a una nueva y profunda recesión económica.

Incertidumbre

De acuerdo con el grupo financiero Morgan Stanley, si gana la permanencia, es probable que haya un crecimiento económico lento y una inflación baja que forzarán al Banco de Inglaterra a aumentar las tasas de interés en 2017.

Si gana el Brexit, el Banco Central Europeo deberá estar listo para ofrecer liquidez al euro a través de líneas de canje swap y Gran Bretaña tendrá hasta dos años para renegociar acuerdos comerciales con países europeos.

El déficit en grandes cuentas corrientes es una de las principales vulnerabilidades económicas del Reino Unido, y la incertidumbre por la salida podría aumentar los ‘premiums’ de riesgo para bienes británicos. Los inversionistas querrán mayores niveles de retornos para compensar los riesgos, o simplemente intentarán reducir una exposición a dicho riesgos.

Un amplio estudio del think-tank Open Europe, que aboga por reformas profundas en la UE, concluyó en un informe publicado el pasado 31 de mayo que en el peor escenario de un Brexit, la economía británica perdería hasta 2.2% de su PIB para 2030. Por el contrario, destacó que si se mantiene dentro del bloque, su PIB aumentará 1.6% o más, debido a nuevos acuerdos comerciales con Europa.

Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, consideró que el Comité de Políticas Monetarias de la entidad no podrá contrarrestar de inmediato todos los efectos de semejante shock a la economía, y aclaró que el Banco Central Europeo deberá tomar acciones de emergencia en caso de ganar el Brexit, especialmente si ese resultado en el referéndum provoca una volatilidad en los mercados financieros, efectos potencialmente adversos en las economías de la eurozona y en el sector financiero global.

Uno de los puntos más contenciosos del debate es el de la inmigración.

Según la Oficina Nacional de Estadísticas, la migración neta total al Reino Unido es de unas 300 mil personas al año, pese a las promesas del gobierno de reducir esa cifra a 100 mil. De esos 300 mil, 184 mil son comunitarios y 188 mil, no comunitarios. En el país viven al menos 942 mil europeos orientales, especialmente rumanos y búlgaros, además de unos 791 mil europeos de otros países. El Reino Unido cuenta también con 2.93 millones de trabajadores no comunitarios, principalmente de China e India.

En tanto, cerca de 2 millones de británicos viven y trabajan en otros países de la UE, accediendo a sistemas de salud y pensiones en esas naciones.

Los ciudadanos europeos tienen derecho a vivir y trabajar en cualquier Estado miembro de la UE, pero ello cambiará para los británicos si Gran Bretaña abandona el bloque. Quienes quieren que el Reino Unido siga en el bloque comunitario admiten que las áreas de vivienda, salud y educación sufrieron como consecuencia de la inmigración al país, aunque consideran que los beneficios a la economía han sido enormes.

Por el contrario, los simpatizantes del Brexit consideran que una salida de la UE llevará a una merma significativa en el número de inmigrantes europeos y de esa forma el gobierno británico “tomará control de las fronteras”. Para ese grupo, el gran número de inmigrantes llevó a una baja en los salarios de los británicos, y severas carencias para los sectores de salud y otros servicios públicos básicos.

La entidad derechista The Migration Watch, que cita la campaña “Vote Leave”, pronostica que si Gran Bretaña permanece en la UE, la migración neta en el país se triplicará para los próximos 20 años, siendo 60% inmigrantes europeos.

“Se está subestimando mucho el impacto al rápido aumento de población, que podría cambiar para siempre el Reino Unido”, alertó el grupo en un documento de 19 páginas dado a conocer el lunes 13.

De todos modos, para expertos como el profesor Adrian Favell, de la London School of Economics, limitar la libertad de movimiento de los trabajadores europeos “detendrá la llegada de cerebros” al país, reduciendo el número de candidatos altamente calificados que los empleadores británicos pueden contratar. La libertad de movimiento en la UE también abre oportunidades laborales para trabajadores británicos que buscan empleo en Europa.

Otros de los puntos que generan mucho debate sobre el referéndum es la posición estratégica de Gran Bretaña en el mundo.

Para los simpatizantes del Brexit, abandonar la UE le permitirá a Gran Bretaña establecerse como una nación independiente con nuevas conexiones y alianzas en el mundo, mientras que quienes quieren seguir en el bloque, el país no puede perder su influencia en Europa y romper alianzas con nuevas potencias del siglo XXI.

Según The Economist, el Brexit traerá algunos beneficios al Reino Unido, “especialmente en torno a derechos de pesca en sus costas”, pero lo más probable es que deje a Gran Bretaña “como un país paria con acceso limitado al mercado común, sin influencia alguna y con pocos aliados en el mundo”.

El Reino Unido seguirá siendo miembro de la OTAN y de la ONU, pero si abandona Europa podría perder gran influencia con su principal aliado, Estados Unidos, que ve a Gran Bretaña como una puerta de acceso clave a la UE. El gobierno de Barack Obama considera que el Brexit “es una opción muy peligrosa, que podría desatar además consecuencias desastrosas para todo el continente europeo”.

Respecto al tema de Defensa, el exministro de Trabajo y Pensión, Iain Duncan Smith, quien apoya el Brexit, cree que al permanecer en la UE, Gran Bretaña deja “la puerta abierta” para el ingreso de terroristas, debido a la falta de controles y a las fronteras abiertas.

Sin embargo, exjefes de personal de Defensa, entre ellos lord Edwin Bramall y Jock Stirrup, opinan lo contrario, al considerar que la UE “es un pilar importante” para la seguridad nacional, especialmente “ante un Medio Oriente cada vez más inestable y el resurgimiento del nacionalismo y la agresión desde Rusia”.

Empate técnico

Lo cierto es que según los últimos sondeos, la población de Gran Bretaña está cada vez más dividida sobre la permanencia en la UE.

Un “sondeo de sondeos” elaborado por la influyente consultora YouGov el pasado jueves 9, que analizó y comparó distintas encuestas publicadas en las últimas semanas, confirmó que 45% de los británicos apoya que el Reino Unido siga en la UE, mientras que 44% está a favor del Brexit.

Dicho informe dijo además que aún hay 10% de electores indecisos, cuyos votos serán clave para definir la contienda del próximo 23 de junio. YouGov explicó que las campañas a favor y en contra de la permanencia en la UE están “cabeza a cabeza” en materia de votos, una creciente incertidumbre que ha llevado a pérdidas en la Bolsa de Valores de Londres y que según analistas económicos de la City podría hacer que la libra pierda hasta 30% de su valor.

Para Julian Wolfson, analista político y de estrategias del grupo Odey Asset Management LLP, en caso de ganar el Brexit, es probable que surja además la llamada “referendumitis”, un contagio independentista que se propagaría desde Cataluña hasta Holanda, pasando por Escocia e Irlanda del Norte, mientras que en Francia, una salida británica de la UE “podría incluso llevar a cambiar el resultado de las elecciones presidenciales del próximo año”.

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