Después del Brexit…

Gran Bretaña eligió la tormenta perfecta. La decisión de separarse de Europa implicará que se diluirá el poder de la City londinense –el mayor complejo financiero del mundo–, igual que los ingresos de las inmensas aseguradoras inglesas; los bancos emigrarán –y con ellos algunos de los mayores cerebros económicos del orbe–, el mercado de divisas se resquebrajará, los subsidios van a acabarse, tendrá que renegociar 53 tratados de libre comercio… y hasta deberá luchar contra el desmembramiento de su territorio.

LONDRES (Proceso).- Tras decidir salirse de uno de los bloques comerciales y políticos más poderosos del mundo, Gran Bretaña puso en marcha un peligroso proceso de separación por el cual buscará hallar un futuro fuera de la Unión Europea (UE), camino lleno de obstáculos y amenazas que pueden llevar al quiebre definitivo del Reino Unido, relegándolo aún más en el escenario mundial.

Luego de que 52% de los británicos votara a favor del Brexit en el histórico referéndum del jueves 23, el país se encauzó en una vía de nacionalismo y aislamiento.

En principio, el acuerdo que había logrado el primer ministro David Cameron tras intensas negociaciones con sus colegas europeos en febrero pasado –por el cual se le daba un “estatus especial” al Reino Unido como miembro de la UE en caso de elegir la permanencia– quedó anulado de inmediato.

Ello significará, entre otros aspectos, que a partir de ahora Gran Bretaña perderá salvaguardas y privilegios especiales con los que contaba la City de Londres como principal centro de finanzas de Europa.

Unas pocas firmas expresaron beneplácito ante la posibilidad de romper con las onerosas regulaciones de la UE, en tanto que varios banqueros dieron la bienvenida al fin de las ordenanzas europeas en materia de bonos y primas.

Sin embargo, para la mayoría de las instituciones financieras de la City, la forma en que operan y hacen negocios cambiará profundamente.

Sacudidas en la City

En los últimos 30 años, la City londinense se había vuelto mucho más internacional, con la presencia de bancos globales (particularmente de Estados Unidos) cada vez más dominantes. Un aspecto crucial de la presencia de esas entidades financieras en Londres es el principio europeo de “pasaporte” (passporting), que permite a esas firmas acceder al mercado único europeo sin restricciones.

Varios bancos habían advertido que el Brexit amenazaría la justificación para contar con tantos empleados en el Reino Unido. Fue por ello que tras el anuncio del resultado, bancos como JPMorgan, Barclays y HSBC anunciaron el probable despido de miles de sus empleados, con posibles traslados a Fráncfort, Dublín o París.

Una de las actividades dominantes en la City es el comercio de divisas. Los analistas y economistas consideran que es muy probable que Londres pierda la corona en ese sector. En la capital británica se comercializaban hasta 2 billones de dólares al día en monedas extranjeras, principalmente euros.

El Banco Central Europeo había tratado de frenar ese comercio del euro fuera de la eurozona, pero no logró avanzar al respecto debido a un dictamen el año pasado del máximo tribunal de la UE. Sin embargo, muchos analistas en la City consideran que ese privilegio para el Reino Unido sólo existía gracias a su membresía en el bloque. Fuera, el país enfrenta la amenaza de perder ese negocio.

Respecto de las aseguradoras, otro sector que se concentra en Londres, se espera que los centros financieros asiáticos, como los de Singapur y Tokio, le roben el primer puesto a grupos como Lloyds, hasta ahora líder a escala mundial.

Además de “mudar” empleos a otros centros financieros, la City también perderá a sus cerebros más experimentados.

El libre movimiento de personas –un aspecto clave de la membresía en la UE– le permitió a la City expandirse y contratar a miles de ejecutivos, banqueros y analistas de todo el continente. Cerca de 11% de los 360 mil empleados de la City provienen de otros países de la UE, en su mayoría de Irlanda, Francia e Italia, en tanto que 78% son británicos.

En función del tipo de acuerdo que se paute post-Brexit entre el Reino Unido y la UE, la City muy probablemente pierda su posición como principal centro financiero del mundo, e incluso de Europa.

Si el próximo gobierno británico, encabezado por el sucesor de David Cameron, logra renegociar un acceso al mercado único europeo, opción cada vez más improbable de acuerdo con funcionarios de Bruselas, ello incluirá inevitablemente el fin de un trato preferencial y de privilegios.

De todos modos, los acuerdos no entrarán en vigor hasta que Gran Bretaña salga oficialmente de la UE, posiblemente después de dos años de negociaciones, luego de que el gobierno británico invoque el artículo 50 del Tratado de Lisboa. Ese periodo de dos años podría incluso ser extendido, pero sólo si los restantes 27 miembros de la UE así lo acuerdan. El plazo extra permitiría al Reino Unido reajustarse a las nuevas condiciones regulatorias y suavizar el shock al sector financiero y económico.

Una vez que Londres invoque el ar­tículo 50, no podrá participar de ninguna discusión o debate en el Consejo Europeo. De ese modo, el Reino Unido quedará excluido de cualquier decisión en las altas esferas de poder de la UE, antes de abandonar oficialmente el bloque.

El divorcio

Ese engorroso proceso de separación requiere además que Gran Bretaña se desvincule de leyes y regulaciones –plasmadas en más de 80 mil páginas– que lo atan a la UE.

Bajo ese “acuerdo de divorcio”, el Reino Unido y la UE deberán ponerse de acuerdo acerca de cómo dividir bienes, resolver temas de presupuesto europeo y establecer futuros derechos de ciudadanos comunitarios en el Reino Unido y viceversa. Ese nuevo acuerdo requerirá de la aprobación de una mayoría de países de la UE, como también de los Parlamentos europeo y británico.

Durante el periodo de dos años de negociaciones posterior a la invocación del artículo 50, el Reino Unido y la UE también deberán alcanzar nuevos acuerdos de comercio, pero se espera que estas discusiones continúen por lo menos cinco o siete años.

El Reino Unido podría comerciar con la UE bajo las reglas de la Organización Mundial del Comercio. Ello significará que los exportadores británicos tendrán que pagar nuevas tarifas europeas, del mismo modo que lo hacen Estados Unidos y China. El sector de servicios del Reino Unido, que representa 80% de la economía británica, perderá el acceso preferencial al mercado único europeo. Y los acuerdos de libre comercio que la UE negoció con 53 países, entre ellos Canadá, Singapur, Corea del Sur y México, ya no incluirán al Reino Unido. Londres deberá renegociar con cada uno de esos países por separado.

Es improbable que la UE modifique los requisitos para permitir que el Reino Unido acceda al mercado único sin que acepte a cambio el libre movimiento de personas, contribuya al presupuesto europeo y acepte las regulaciones de la UE, aspectos todos que la campaña del Brexit rechazó categóricamente.

Además Bruselas tratará de evitar que otros países del bloque sigan el ejemplo británico y quieran abandonar la UE, frenando un catastrófico “efecto dominó”.

Por otro lado, uno de los puntos clave en el poder de negociación del Reino Unido es que se trata de un gran mercado para las exportaciones europeas, especialmente de alimentos de Francia y automóviles de Alemania.

Y en el momento que Gran Bretaña abandone formalmente la UE, dejará de contribuir al presupuesto europeo. Ello significará que los 11 mil millones de euros que el Tesoro británico destina a las arcas europeas se quedarán en el Reino Unido. Esos fondos extra podrían ser destinados a mejorar el Servicio Nacional de Salud –como había prometido la campaña por la salida de la UE–, o para abolir el IVA en los combustibles.

En tanto, los granjeros británicos dejarán de recibir subsidios de la UE, estimados en 2 mil 910 millones de euros en 2015. Aún no está claro cuántos de esos subsidios continuará pagando el gobierno británico o si los cancelará por completo.

También es incierto cuánto recibirán en el futuro las regiones más pobres de Gran Bretaña, ya que dejarán de contar con subsidios regionales de la UE. En total, el Reino Unido recibía cerca de 7 mil 200 millones de euros al año en subsidios y ayudas.

El Reino (des)Unido

Otro de los puntos clave en el divorcio respecto de la UE será la migración. El Reino Unido buscará reducir los niveles de inmigración, probablemente a partir de un sistema de puntos como el de Australia, basado en experiencia laboral, salario, educación y nivel de inglés.

Ello significará darles prioridad a los inmigrantes altamente calificados y bloquear el ingreso de aquellos sin preparación o experiencia laboral. Se espera que millones de inmigrantes europeos sean deportados si no cuentan con esos niveles de experiencia laboral o salarial.

Pero antes de que ello ocurra, el Reino Unido deberá clarificar el estatus de unos 2.2 millones de trabajadores europeos que viven en el país. Las regulaciones para la reunificación familiar podrían endurecerse. En todo caso, cualquier suspensión del libre movimiento de personas no ocurrirá por al menos durante dos años.

Además, 2 millones de británicos, en su mayoría pensionados, estudiantes o trabajadores del sector financiero, viven en países de la UE, así que cualquier medida tomada por Londres que perjudique a los inmigrantes europeos podría provocar represalias contra los británicos.

El gobierno británico adelantó que endurecerá de inmediato las regulaciones por subsidios a migrantes.

Muchos analistas y politólogos advierten que el Brexit también implicará un aumento de los partidos de ultraderecha en el Reino Unido, especialmente el xenófobo Partido por la Independencia del Reino Unido, el Partido Nacionalista Británico y la Liga de Defensa Inglesa. Todos ellos abogan por la expulsión de millones de inmigrantes.

De hecho, este mes el Comité parlamentario británico de Asuntos de Interior confirmó que investigará el aumento de grupos ultraderechistas tras el asesinato de la legisladora laborista Jo Cox, acribillada por estar a favor de la inmigración y la llegada de refugiados sirios al país.

Según expertos, al menos siete grupos de extrema derecha que comparten ideologías racistas, islamofóbicas y antiinmigración están activos en el norte de Inglaterra, especialmente en las ciudades de Leeds, Bradford, Halifax y Dewsbury.

La salida de la UE presenta además un desafío mayor para el Reino Unido: su quiebre y partición definitivas, con reclamos de independencia por parte de Escocia y Gales, y la posible unión de las dos Irlandas.

En Inglaterra, donde votaron más de 28 millones de electores, 53.4% lo hizo a favor del divorcio europeo, frente a 46.6% que prefirió la permanencia, mientras que en Gales, donde sólo votaron 1.5 millones de electores, 52.5% lo hizo por la salida, mientras que 47.5% lo hizo por mantener el statu quo.

Pero tanto en Escocia como en Irlanda del Norte la mayoría de los electores decidió votar por la permanencia en la UE, en 62% y 55.8%, respectivamente, marcando una división clara con el resto del Reino Unido.

Luego de esos resultados tan dispares, tanto los gobiernos de Escocia como de Irlanda del Norte anunciaron que revaluarán su relación con el resto de Gran Bretaña.

En Escocia, la carismática ministra principal y jefa del Partido Nacionalista Escocés, Nicola Sturgeon, quien promovió y perdió un referéndum por la independencia escocesa hace dos años, anunció que su agrupación podría volver a convocar un plebiscito independentista.

Sturgeon confirmó además que planea emprender conversaciones de forma autónoma con la UE “para proteger” su lugar en el bloque.

La ministra principal quiere involucrar a todos los escoceses en el proceso constitucional independentista, que requerirá la aprobación del Parlamento escocés.

Para ello, creará un grupo de expertos que asesore al Ejecutivo en cuestiones jurídicas, financieras y diplomáticas con vistas a la independencia.

La oposición, compuesta principalmente por conservadores y laboristas, se ha manifestado hasta ahora en contra de un segundo referéndum. En el caso de Irlanda del Norte, Martin McGuinness, del nacionalista Sinn Féin, cuyo brazo militar, el ahora desbandado Ejército Republicano Irlandés luchó durante décadas en un sangriento conflicto por la unificación de las dos Irlandas, recomendó un voto de independencia del Reino Unido, y la unión con la República de Irlanda.

El Sinn Féin, socio del Partido Democrático Unionista en el Ejecutivo de Belfast, de poder compartido entre protestantes y católicos, reclama a Londres un referéndum sobre la unidad de Irlanda, independiente del Reino Unido.

McGuinness aseguró: “El gobierno británico no tiene mandato democrático para representar los intereses” de Irlanda del Norte en las futuras negociaciones con la UE.

Irlanda del Norte tendrá la única frontera terrestre entre el Reino Unido y la UE, al compartir la isla en que está asentada con la República de Irlanda, que sigue siendo miembro del bloque comunitario. Las implicaciones de la salida británica de la UE para esta frontera, que ha permanecido abierta bajo las normativas europeas de libre movimiento, aún no están claras.

De todos modos, una creciente división en la isla irlandesa es un tema potencialmente muy explosivo, ya que allí se libró un sangriento conflicto armado de más de 40 años entre católicos y protestantes, que terminó con un saldo de unos 3 mil 500 muertos y miles de heridos, y finalizó en 1998 con la firma del Acuerdo del Viernes Santo.

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