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Voli de playa: Recompensa al esfuerzo

MAZATLÁN, Sin. (apro).- La dupla conformada por Juan Virgen y Lombardo Ontiveros hizo historia en el volibol de playa varonil mexicano: es la primera que clasifica directamente a unos Olímpicos por la vía del ranking mundial y la segunda que acude a la justa veraniega desde Juan Rodríguez y Joel Sotelo en Sídney 2000.

Con una victoria, una derrota y un juego por disputar aún en la fase de grupos de la justa olímpica –este martes perdió  3-1 ante Francia–, este binomio ostenta el título panamericano. Virgen y Ontiveros encontraron su vocación en una especialidad poco difundida en el país y su esfuerzo se vio recompensado en el Tour Mundial en Hamburgo, en el que obtuvieron el pase olímpico en junio pasado.

Hace cuatro años, Aurora Navarro, originaria de Guadalajara y aficionada al volibol, presenció un juego de Virgen y Miramontes en un tour nacional. Sin conocer a Juan, la mujer decidió apostar por la carrera de ambos.

De esa manera, ella cargó con toda la responsabilidad: renta de la casa, alimentos, servicios básicos del hogar, sustento, auto, viajes, e incluso los acompañó a Mazatlán para encomendar su preparación al entrenador Salvador González, reputado especialista en volibol de playa, quien admite que “sin esa persona, Juan no hubiera estado en la selección nacional”.

En el caso de Lombardo Ontiveros, su madre, una maestra de primaria de doble turno, arriesgó todo su capital, producto de su jubilación, en sus hijos Lombardo y Ulises. Pero en la primera gira europea los vástagos agotaron hasta el último centavo sin rendir los frutos esperados.

Afectado en lo anímico, Lombardo dejó el deporte para asimilar el fracaso. Cuatro años atrás, durante los Olímpicos de Londres, Ontiveros daba clases en el Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios (Cebetis) de Mazatlán, gracias a la plaza de educación física que le dejó su padre, ya en el retiro.

 

El despegue

Juan Virgen Pulido nació el 9 de abril de 1987 en la comunidad rural Los Otates, municipio de Santiago Ixcuintla, en Nayarit. Empezó a jugar volibol a los 14 años, y a esa edad participó en los estatales de secundaria, en los que un profesor lo convenció de seguir practicando el deporte para que representara a su estado en la Olimpiada Nacional. Juan asistió a varias, y cosechó una medalla de oro y una de plata.

En volibol de sala, Juan acudió a dos Mundiales Sub-18: en Tailandia 2013 su equipo fue cuarto lugar y en Italia 2005 terminó noveno. Virgen llegó al volibol de playa en 2007, y a finales de ese año viajó a Mazatlán, en compañía de Aldo Miramontes, gracias al apoyo de la señora Navarro.

Al año siguiente, la pareja irrumpió en los tours mundiales y torneos Norceca (Norte, Centroamérica y Caribe). Ganó la plata en los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe Mayagüez 2010, un cuarto lugar en los Panamericanos de Guadalajara 2011 y, contra los pronósticos, se coronó en los Panamericanos de Toronto 2015. Así se erigió como la primera monarca mexicana continental en la especialidad, tras imponerse al favorito, Brasil.

En junio de 2012, Juan y Aldo buscaron la plaza para Londres, en el Preolímpico de Mazatlán. La pareja se quedó a un juego de clasificar, tras perder la final ante Canadá, en el último torneo que jugaron juntos.

En dicha justa se permitió a los jugadores alternar con los jugadores de otros equipos en los llamados sets de oro, que definen al vencedor. El otro representativo nacional estuvo integrado por los hermanos Lombardo y Ulises Ontiveros. De ahí surgió la pareja Juan-Lombardo.

Virgen y Ontiveros no habían jugado juntos, pero se conocían porque ambos forman parte del grupo del entrenador Salvador González. A finales de 2012 iniciaron los entrenamientos y días después conquistaron un título en Arabia y otro en Norceca.

Con nueve años en Mazatlán, donde se casó, Juan tiene un hijo de dos años. Es economista egresado de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Su familia extendida es numerosa: tiene seis hermanos. Y su padre, un agricultor que se separó de la madre, procreó otros siete hijos.

En junio pasado, apenas se adjudicaron el boleto olímpico, Juan le llamó a su esposa y después a la señora Navarro. “Me comuniqué por teléfono con la señora Aurora antes que con mi madre. La clasificación olímpica es un sueño que la señora tenía desde que formamos equipo Aldo Miramontes y un servidor”.

“Dependí totalmente de esa familia. Quise que la señora Navarro se sintiera parte del logro, como el pilar de mi carrera. Sin ella no hubiera logrado nada. La familia López Navarro prácticamente nos adoptó como sus hijos, invirtió mucho dinero en nosotros. Jamás pensé que me llegaría a pasar esto gracias a esa familia.”

Virgen está convencido que en Río 2016 “cualquier equipo puede llegar al podio. Para nadie será fácil. Vamos a disfrutar la competencia y haremos lo que sabemos. La idea es aprovechar las oportunidades y, paso a paso, pensar que lo podemos lograr”.

Del retiro a la alta competencia

Lombardo Ontiveros nació en una familia de maestros el 9 de noviembre de 1983. En la casa siempre hubo balones, a causa del padre, profesor de educación física (ya jubilado) quien entonces acostumbraba impartir sus clases al lado de sus hijos.

En la secundaria, Lombardo practicó basquetbol y futbol, en menor medida. En vísperas de la Olimpiada Nacional, el papá lo animó a jugar volibol de sala, y le encantó. A los 17 años, apenas concluyó el bachillerato, el joven se sumó al grupo de Salvador González, cuyo proyecto principal era clasificar a Hilda Gaxiola y Mayra García a Atenas 2004.

Un año después asistió al Mundial Juvenil de la especialidad, en Italia, donde fue noveno, y compitió en un Norceca Juvenil, en el que fue distinguido como el Mejor Líbero del torneo.

Lombardo continuó sus entrenamientos junto a las mujeres. Al poco tiempo, González incorporó al grupo a Ulises (su hermano), y dos meses más tarde los Ontiveros formaron la pareja que ganó un torneo nacional y dominó el tour nacional entre 2003 y 2005.

Los Ontiveros se colgaron la presea de bronce en los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe 2006, y concluyeron en quinto lugar en los Panamericanos de Brasil 2007.

Se multiplicaron los tours nacionales, que reparten bolsas económicas a los vencedores. Pero los parientes los animaron a explorar las giras europeas. “¿Se animan a ir?”, preguntaron sus padres. “Por supuesto. El problema es el dinero… Entonces, mi mamá tomó la decisión de darnos todo lo que recibió de su jubilación, que nos alcanzó para recorrer cinco etapas en Europa”, rememora Lombardo.

“Tratamos de cumplir lo mejor posible el tour mundial, pero realmente no estábamos preparados. Simplemente nos fue mal. Regresamos con muchas broncas internas; esto está muy cabrón. Necesitamos algo más. No teníamos ni la experiencia para salir adelante en algunos partidos.

“Decidimos parar un año. Para entonces, Aldo Miramontes y Juan Virgen ya estaban en la ciudad. Dejamos que ellos se encargaran del volibol de playa. Simplemente nos hicimos a un lado. Para nosotros, regresar a la competencia era muy difícil, era volver a empezar.”

Con la decepción a cuestas, el padre apuró a Lombardo: “Ya ponte a trabajar, cabrón”. Y el atleta justifica: “Empecé a dudar totalmente de mí”. El hermano todavía jugó universiadas mundiales antes de retirarse.

“Pensaba: ¿de qué se trata la vida?, ¿qué voy a hacer después? No se me dificultó y entré a trabajar al Cebetis como profesor, impartiendo la carrera de Turismo” en 2012.

En diciembre de ese año, durante una competencia en Escuinapa, Sinaloa, coincidieron Lombardo y Juan, quien enseguida le planteó la idea de formar equipo. Y Lombardo abandonó el retiro, no sin antes involucrar a Salvador González. “Es el único que nos puede ayudar; no hay nadie más. Hubo algo que me empujó a aceptar la propuesta”.

Lombardo se sincera: “He tenido mis altibajos, y todavía no puedo asimilar la clasificación que logramos en Hamburgo; será hasta que empiecen los Olímpicos. Eso puede ser perjudicial, porque no vas preparado mentalmente. Tengo que trabajar y clarificar mi mente para poder entrar ahí. Creo que eso le pasa a todos los atletas”.

México forma parte del Grupo C. Eso significa que se enfrentará a Estados Unidos (cabeza de serie), Italia y Túnez. Los dos mejores de cada grupo avanzan directamente.

Con 20 años al frente de las selecciones nacionales de volibol de playa, Salvador González considera la continuidad como el principal punto a favor del binomio mexicano. El entrenador los recibió a temprana edad. Para entonces, Lombardo tenía 14 años y Juan, 18.

“El equipo mexicano ya tiene una cadena fuerte, está metido en un buen ritmo de competencia y está dando buena imagen entre los mejores del mundo, pero Juan y Lombardo exhiben eslabones débiles. Entre más fortalezcan esa parte, más fuerte será su cadena: si su físico no está bien, tendrán problemas. No es que no lo puedan resolver, pero les costará más trabajo.”

Para González, un quinto lugar en los Juegos Olímpicos será considerado un buen resultado. Aunque asegura que no hay favoritos, el entrenador pondera que la dupla mexicana “ha demostrado y ha incomodado mucho a los equipos extranjeros, porque los mexicanos son muy guerreros, muy luchones; buscan todos los balones. Su tipo de juego es de constantes  movimientos para desplazar los bloqueos altos. Por ello, su tipo de juego requiere de mucho físico”.

 

 

 

Acerca del autor

Reportero con 30 años de experiencia en temas deportivos, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha cubierto Copas del Mundo de Futbol, Gran Premio de Fórmula Uno, peleas de boxeo de título mundial, mundiales de ciclismo, Juegos Panamericanos y Juegos Centroamericanos.

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