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Édgar Veytia, el oscuro fiscal de Nayarit

Édgar Veytia es un hombre poderoso. Casado con la hija de la alcaldesa de Compostela, Alicia Monroy Lizola, el fiscal de Nayarit es temido por los lugareños, quienes desde el 20 de diciembre de 2013 lo señalan por sus presuntos nexos con el Cártel de Jalisco Nueva Generación. Familiares de desaparecidos –entre ellos Julián Venegas, compadre de Joaquín Guzmán Loera– documentan los desmanes del funcionario. Y él se jacta de que el estado es muy seguro… Claro, dicen, la dependencia que encabeza no recibe denuncias y mucho menos investiga.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) consolida sus operaciones en los estados del Bajío. La organización liderada por Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, domina gran parte del Océano Pacífico y del Golfo de México, y al extender su poderío a Quintana Roo, también controla el tráfico de estupefacientes por el Mar Caribe.

La organización criminal desplazó a sus rivales del Cártel de Sinaloa en algunas plazas. De acuerdo con un reporte de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), el CJNG opera en Quintana Roo, Veracruz, Guerrero, Estado de México, San Luis Potosí, Guanajuato, Michoacán, Colima, Jalisco y Nayarit.

En esa última entidad el fiscal estatal, Édgar Veytia, es señalado de brindar protección al cártel del Mencho. La acusación no es nueva. El 20 de diciembre de 2013 Proceso informó sobre las extorsiones, despojos, robos, levantones y secuestros de los que eran objeto los dueños y concesionarios de terrenos en Nayarit por parte de los sicarios de esa organización.

Según algunos de los afectados, Veytia los encabezaba.

La semana pasada, cuando se supo del levantón de Jesús Alfredo Guzmán Salazar, El Alfredillo, y de cinco personas más en el restaurante bar La Leche, en Vallarta, Jalisco, el fiscal de ese estado, Eduardo Almaguer Ramírez, destacó que el hijo de Joaquín El Chapo Guzmán estuvo en el municipio nayarita de Bahía de Banderas.

El pasado 1 de abril, presuntos policías estatales levantaron a Julián Venegas Guzmán, un compadre del Chapo que, según la Procuraduría General de la República (PGR), protegió al capo sinaloense tras su fuga del penal de Puente Grande, Jalisco, el 19 de enero de 2001. Sin embargo, Venegas Guzmán fue exonerado al comprobarse que su principal acusador, el testigo protegido Julio, mintió.

El 1 de abril, poco después de las 14:00 horas, Venegas y su pareja, Olivia Ofelia Solís Ibarra, salieron de Compostela, Nayarit, a bordo de un jeep tipo Wrangler azul, modelo 2001, rumbo a Puerto Vallarta, Jalisco, por la carretera federal número 200. Se detuvieron a cargar gasolina en la estación ubicada en el kilómetro 38.6, a 300 metros de la Preparatoria 7.

Continuaron el viaje y después de pasar la comunidad de Las Varas, a la altura del kilómetro 78, se toparon con un retén donde había seis hombres armados vestidos de negro y dos con uniformes de la policía de Nayarit, quienes les ordenaron detenerse y bajar del vehículo. Los presuntos oficiales subieron a Venegas en una Chevrolet blanca tipo Suburban, mientras que a Solís le arrebataron su bolso de mano y las llaves del vehículo.

Semanas después de la desaparición de Julián, su hijo José Venegas Oviedo presentó una denuncia ante Héctor Miguel Sánchez Banderas, coronel de infantería de la 13 Zona Militar.

En ella expuso que cuando Olivia les preguntó por qué se llevaban a Julián, los agentes le respondieron que si volvía a decir una palabra se la llevarían también a ella.

“A mi padre se lo llevaron hacia el sur por la carretera federal 200, en la Suburban blanca, la cual era escoltada por un jeep tipo Cherokee rojo de modelo reciente. El Wrangler se quedó sobre la cinta asfáltica.”

Cinco minutos después de que los agentes se llevaron a Julián, llegó una patrulla con dos agentes de la Dirección de Tránsito y Transporte del Estado, adscritos a la delegación Las Varas, de Nayarit, para retirar el vehículo que había quedado sobre la carretera. Olivia les explicó lo sucedido y les pidió un celular para comunicarse con la familia. Quince minutos pudo comunicarse con Luis, el hijo mayor de Julián, y le informó lo sucedido.

Cuando Olivia acabó de hablar, los agentes retiraron el vehículo y se alejaron; no levantaron ningún reporte ni dieron parte al Ministerio Público.

Luis se dirigió al lugar donde fue levantado su padre. Durante el trayecto hizo cuatro llamadas al 066 para reportar los hechos: una, cuando pasaba por la gasolinera mencionada, la segunda en las inmediaciones del poblado de Mesillas, la tercera en la entrada de Las Varas y la última al llegar al retén.

La persona que atendió sus llamadas le dijo que el reporte ya estaba hecho y lo había turnado. Nunca se presentó ninguna autoridad para auxiliarlo, relata Luis.

“Diez minutos después, dos patrullas de la Policía Nayarit pasaron por la carretera y mi hermano Luis les hizo una señal para que llegaran, pensando que iban a atender su reporte al 066. Los agentes tampoco les brindaron auxilio ni levantaron reporte, dejándolos nuevamente sin apoyo”, expuso José Venegas en la denuncia.

La denuncia

Los familiares de Julián Venegas presentaron una queja ante la CNDH el pasado 25 de mayo. Relataron que el 1 de abril esperaron en vano la llamada de los secuestradores. Al día siguiente, José, sus hermanos Luis y Grecia, así como su mamá y Olivia acudieron a la fiscalía a presentar la denuncia.

“Fuimos citados por el fiscal Édgar ­Veytia y procedieron a levantarnos la declaración sin asignarnos número de folio alguno ni abrir una averiguación previa. Al observar dicha actitud, informamos al gobernador del estado, Roberto Sandoval Castañeda, y al secretario de Gobierno, José Trinidad Espinoza, pero no nos otorgaron ninguna ayuda”, expusieron ante la CNDH.

La Fiscalía General del Estado de Nayarit no sólo no ha investigado sobre el paradero de Julián, sino que pidió a sus hijos no acudir al Ejército para “no entorpecer las indagatorias”.

El 9 de junio, Grecia Venegas, quien es ahijada de bautismo del Chapo Guzmán, dio una conferencia de prensa en la que denunció al fiscal Veytia de estar detrás de la ­desaparición de su padre y lo responsabilizó de lo que pudiera sucederle a su familia.

Al día siguiente, el Diario Crítica de Nayarit publicó una nota firmada por Óscar Quintero R., titulada Ahijada del Chapo Guzmán busca crear cártel en Nayarit, en la que decía:

“Siguiendo el ejemplo de Dámaso López Serrano, mejor conocido como El Minilic, identificado como ahijado de Joaquín Guzmán Loera, que comanda un Cártel en Sinaloa, ahora en Nayarit, Grecia Venegas Oviedo, también ahijada del capo El Chapo Guzmán, busca crear el suyo propio.

“Precisamente en el corazón del que fuera territorio del más importante narcotraficante de todos los tiempos, la sierra de Vallejo, en los municipios de Compostela, San Pedro Lagunillas y Bahía de Banderas, es secreto a voces el reclutamiento de gente armada al servicio del Cártel de Sinaloa.

“Las cabezas visibles son Grecia y Luis, hijos de Julián Venegas Guzmán, compostelense que pasó cuatro años en el penal del Altiplano por ser sospechoso de ayudar al Chapo en su fuga de 2001, cuando el capo se encontraba preso en el penal de Puente Grande.”

Diario Crítica sólo publica información de ese tipo con aprobación del fiscal Veytia, dicen los hijos de Julián Venegas. Cuando lo notificaron a la PGR y al Ejército se sorprendieron: “¿Qué le pasa al fiscal? ¿Quiere crear confusión y que el grupo rival al Cártel de Sinaloa te mate?”, le dijeron a Grecia.

Los familiares de Julián acudieron a la fiscalía. Veytia se molestó y le dijo a uno de los hijos del desaparecido: “Tu padre es un delincuente. Vayan y busquen a sus socios (del Cártel de Sinaloa)”.

En una rueda de prensa le preguntaron a Veytia si era amigo de Julián Venegas. “A él sólo lo he visto alguna vez”, respondió el fiscal.

La exesposa de Julián relata: “Mis hijos le reclamaron: ‘Si dice que mi padre era un delincuente, por qué cuando vino con usted a la fiscalía no lo detuvo y por qué le compró tierras, de las que por cierto aún le debe 80 mil pesos’. Tengo miedo; al fiscal no le gusta esta clase de publicidad”.

La desaparición de Édgar Antonio

Patricia López narra a Proceso aspectos sobre la desaparición de su hijo: “Mi hijo se llama Édgar Antonio Díaz López. Cuando se fue de casa tenía 23 años, cumplió los 24 en octubre de 2015. En agosto se fue a trabajar con El Pistas, Luis Arvizu Rodríguez. Mi hijo ganaba mil pesos a la semana sólo por acompañarlo, cuando en su anterior trabajo –la obra– ganaba mil 500 pesos. Mi hijo tenía una semana de empezar con El Pistas. Me puse mal y regresó a verme. Le dije, bueno, te ganó la ambición, la pereza o qué. Si no tuvieras otra opción, lo comprendía, pero no es así.

“Un muchacho, el tal Tacua –quien junto con otros seis desapareció después que mi hijo–, venía en la camioneta por él. Yo le decía: si te subes a esa camioneta haz de cuenta que morí, que me enterraste. Se fue. Yo me quedé muy mal. A los días enfermé y regresó a verme. Hablé bien con él, lo abracé. Le dije: no quieres entender. Nos sentamos en la cochera. Le pregunté con quién andan y qué hacen.

“Me dijo que no hacían nada, que sólo si veían a alguien que se le descompone el coche le ayudaban. Le comentó a su papá que les cobraban plaza a todos los que vendían, incluso a los traileros: ‘Apá: bien gacho que siento que nos manden a cobrarles. Yo me quedo en la camioneta porque sólo soy acompañante del Pistas’. Platicó que el cártel cobraba a todos. Su papá le pidió que nunca fuera a hacer algo malo.”

Patricia López se comunicaba con su hijo por teléfono o por mensaje de texto: “La última vez que lo escuché fue el viernes 28 de agosto. El 29 le escribí diciéndole que quería verlo antes de que me fuera a Tijuana. Me escribió: ‘Ahorita ya voy para allá, amá, para arriba; o sea, para Compostela. Eran las 11 de la mañana. Esa fue la última comunicación con él”, cuenta Patricia.

Brenda, la esposa del Pistas, le habló el lunes (1 de septiembre): “Me preguntó: ‘Paty, ¿qué sabes de tu hijo? Me dio pendiente’. Le dije: ‘¿Por qué?, ¿qué sabes?’. Me dijo que al Pistas lo levantaron en la costa, en el trayecto de Las Varas a Vallarta, pero no me dijo el punto exacto. No puse denuncia porque uno ve lo que pasa aquí y me preguntaba: ¿pues con quién denuncio? Además, Brenda me pidió que no denunciara, porque si estaban con vida los poníamos en peligro”.

Casi a los seis meses Patricia no resistió: “Le hablé a Brenda y le dije no puedo más. Tengo que ayudar a que regrese mi hijo. Me pidió que no dijera en qué andaba su esposo. Acudí a Guadalajara, allí puse la denuncia. Me hicieron la prueba de ADN y me ofrecieron atención psicológica. Me hablaban para darme un reporte de la investigación. Al final, les dije: ‘No quiero confundirlos más. Tengo miedo y por eso no había dicho las cosas como son, pero necesito conocer la verdad. Sé que a mi hijo lo levantó la Nueva Generación. La esposa del Pistas me dijo que su esposo se había portado mal’”.

El Pistas era el encargado de los halcones en Compostela; tenía unos 20 pero a su jefe le reportaba 40 para cobrar de más. Además, fuera del cártel tenía un lote de autos robados. En una ocasión le regaló a su jefe un auto de lujo.

A partir de ahí lo empezó a investigar. Lo cambió de plaza a Las Varas y de allí lo movió a Vallarta. Brenda dice que entre Vallarta e Ixtlán del Río El Pistas movía mercancía. No sabe si también droga o armas.

Un muchacho de esa mafia, quien luego desapareció, le dijo a Patricia que a Édgar Antonio lo tenían en un cerro, cerca de Nuevo Vallarta, donde todos los martes se reúnen los jefes del CJNG.

Lo levantaron los de la policía nayarita, le dijo, quienes todos los días primeros del mes no trabajan porque es cuando hacen los levantones. Ellos emplean una Suburban, que es escoltada por patrullas de la policía de Nayarit.

Después de la desaparición de Édgar Antonio, fueron levantados otros siete jóvenes, de los cuales sólo regresaron dos: El Junior, un consumidor de droga, y otro que la consume y la vende; ninguno pertenece al cártel.

Patricia López quiere encontrar a su hijo, pero tiene miedo. Responsabiliza al fiscal de lo que pueda sucederle a su familia.

Este reportaje se publicó originalmente en la edición 2072 de la revista Proceso del 27 de agosto de 2016.

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