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Gran Bretaña: Esclavitud moderna

LONDRES (apro).- Fátima tenía 14 años cuando fue traída a la fuerza de su pueblo en Pakistán al norte de Inglaterra, donde trabajó durante varios años como sirvienta en la mansión de una familia adinerada.

La joven fue forzada a trabajar durante al menos 14 horas al día por menos de 100 libras esterlinas a la semana (unos 130 dólares), muy por debajo del salario mínimo y vital. Fátima fue obligada además a trabajar bajo condiciones infrahumanas, golpeada y abusada verbalmente.

“Me sentía como un perro encadenado. Era como estar cavando mi propia tumba”, contó la adolescente.

“A pesar de que logré escapar de ese martirio, sigo sintiendo que estoy encadenada. Suelo tener pesadillas acerca de que mi jefa aún me persigue”, agregó.

La joven, que fue rescatada gracias a la labor de asistentes sociales y la Policía, logró ser trasladada a un refugio en Manchester, en el norte del país, desde donde solicitó su pedido de asilo en el Reino Unido.

Otro caso de esclavitud moderna fue el que padeció Serena, una joven nacida en Gambia.

Cuando la familia de la adolescente la obligó a casarse con un hombre de su misma nacionalidad que vivía en el Reino Unido, Serena pensó que su vida mejoraría y que así podría salir de la pobreza en la que se encontraba. Sin embargo, su nueva vida sería muy distinta a la soñada, ya que terminó siendo víctima de violación y abuso constantes.

La joven tenía sólo 15 años cuando arribó a Inglaterra, donde fue recibida por su nuevo ‘marido’ en el aeropuerto internacional de Heathrow, en el oeste de Londres.

De inmediato, Serena se dio cuenta que su esposo era mucho mayor que ella. La primera noche que estuvieron juntos, él la violó salvajemente y continuó abusando sexualmente de ella de forma diaria. La joven se dio cuenta muy rápido que su vida en Inglaterra sería un infierno, lo opuesto a las promesas que le habían hecho.

Su traficante mantuvo a Serena prisionera en un pequeño apartamento. Allí, grupos de hombres y mujeres ingresaban por la noche, pagaban dinero en efectivo, que les permitía tener sexo a la fuerza con ella. La joven era drogada constantemente para garantizar su sumisión y además era golpeada en caso de desobedecer o cerrar los ojos mientras era violada.

En una oportunidad, Serena se despertó después de haber sido dopada y se dio cuenta que estaba encadenada a la cama, antes de ser violada por un grupo de hombres desconocidos.

Las condiciones de vida de la joven eran infrahumanas. Estaba como prisionera en una habitación sin calefacción ni luz natural y con poca comida y agua. Era trasladada a diversas ciudades del centro y norte de Inglaterra, incluidas Birmingham y Manchester. En ciertas ocasiones era llevada a edificios abandonados, donde era violada o abusada junto a otras jóvenes.

Luego de varios años, Serena logró armarse de coraje y pudo escapar con éxito de sus captores, al escalar una pared externa de la vivienda donde se encontraba. La joven pidió ayuda al grupo The Salvation Army, que le encontró un refugio temporario por algunos meses, antes de que obtener la residencia permanente en el Reino Unido.

Brenda y “Missus”

El caso de Brenda, una joven procedente de Uganda, también da cuenta del grave problema de la esclavitud moderna en el Reino Unido.

La joven fue arrestada en su país luego de que un integrante de su comunidad la denunció por haber mantenido con una vecina una relación homosexual, que es ilegal en Uganda.

Fue transferida a un centro de detención, donde fue violada repetidas veces por sus guardias y torturada de forma frecuente. Después de ocho meses de ser víctima, Brenda quedó embarazada y fue dejada en libertad.

Una amiga la puso en contacto con Imelda, una ‘agente’ que le hizo creer que le conseguiría trabajo en el extranjero.

Así, le prometió a la joven un empleo como limpiadora, el cual le permitiría supuestamente enviar dinero a Uganda para pagar por la educación de su hija. La pequeña quedó bajo el cuidado de un integrante de su familia.

Al arribar al Reino Unido, a Brenda se le informó que trabajaría para ‘Missus’, la dueña de una casa. Ésta le informó de inmediato que le debía mucho dinero por haberla traído a Gran Bretaña desde Uganda y que tendría que trabajar duro para pagar la deuda.

Brenda fue obligada a limpiar la casa de forma diaria, sin derecho a descansos durante la jornada ni paga alguna.

Por las noches era encerrada en el subsuelo de la vivienda, donde ni siquiera tenía una cama donde dormir. La joven era golpeada, prácticamente no recibía comida y tenía prohibido salir de la casa.

Debido a las condiciones infrahumanas en las que vivía, su estado de salud se deterioró rápidamente y comenzó a sufrir problemas musculares y de visión.

Tras padecer varios meses ese infierno, una joven que visitaba la casa descubrió a Brenda encerrada en el sótano y la ayudó a escapar.

Un equipo de asistentes sociales le brindó los primeros auxilios, que le permitieron acceder a tratamientos médicos. Brenda obtuvo su permiso para permanecer en el Reino Unido y trabaja a tiempo parcial, luego de conseguir traer a su hija al país.

Fredek, esclavo

Otro caso de trabajos forzados en el Reino Unido fue el que padeció Fredek, un joven de Hungría.

En 2012, Fredek fue aconsejado por un conocido viajar al Reino Unido para trabajar supuestamente en una fábrica ganando más de tres mil 500 dólares al mes. Convencido de los beneficios económicos y para escapar a su situación de pobreza, el joven viajó durante dos días en carro con otros tres hombres, con quienes arribó a Inglaterra.

Ni siquiera había entrado a la vivienda donde iba a encontrarse con su contacto, cuando le retiraron su pasaporte y junto al grupo de húngaros con los que viajaba, fueron tomados prisioneros.

Fue forzado a trabajar por siete dólares a la semana en lugares como restaurantes de pizza, granjas de pollo, en la venta de teléfonos celulares o distribución de volantes en la vía pública.

También fue forzado a robar gasolina y otros productos y a abrir una cuenta de banco con datos falsos. Después de varias semanas, el joven intentó suicidarse, debido a que temía mucho por su vida en caso de tratar de escapar.

Luego de cinco meses de padecer esa situación y de escuchar a uno de sus captores decir que sería golpeado por no trabajar suficiente, logró escapar a través de una ventana abierta. Pidió auxilio a un policía.

El joven fue llevado a un refugio, recibió ayuda médica y cuidados y logró reinsertarse en la sociedad con un trabajo digno. También recibió orientación para ir a la Policía y seguir el procesamiento de los hombres que lo esclavizaron.

Esclavitud moderna se quintuplica

Los testimonios de Serena, Brenda y Fredek son ejemplos de las historias recogidas por el grupo benéfico The Salvation Army para la realización de un informe publicado el pasado 21 de agosto.

Según el documento, el número de casos de esclavitud moderna en Gran Bretaña se quintuplicó en los últimos cinco años, especialmente en el caso de menores procedentes del este de Europa y del sudeste asiático.

La entidad humanitaria destacó que sólo entre abril de 2015 y marzo pasado, brindó ayuda y asesoría en mil 805 casos de esclavitud moderna. En julio de 2011, esa cifra fue de 378 casos.

Según The Salvation Army, 44% de los casos involucraron explotación sexual, en tanto que 42% fueron de explotación laboral, especialmente en sectores como la agricultura y la construcción.

Del total de los casos denunciados en el país, 13% fueron por “servidumbre doméstica”.

Las autoridades británicas estiman que hay entre 10 mil y 13 mil víctimas de esclavitud moderna en el Reino Unido, y al menos 45 millones en todo el mundo.

La organización concluyó en su informe que en Gran Bretaña las víctimas de esclavitud moderna provienen de más de 100 países, pero la mayoría son de Albania, Polonia, Nigeria, Vietnam, Rumania, Eslovaquia, Sudán, Eritrea, China y Lituania.

Además, destacó que el mayor número de casos de esclavitud moderna en el país se dio en Londres (26.2%), seguida por el sudeste de Inglaterra (14%), el West Midland inglés (13%) y el noroeste de Inglaterra (10%). En Gales se registró 3.6% de todos los casos.

El Ministerio del Interior británico comenzó a compilar hace cinco años casos de esclavitud moderna en Inglaterra y Gales, tras denuncias de abusos y explotación de menores procedentes de otros países.

Sarah Newton, secretaria británica contra el extremismo, la esclavitud moderna y por el bienestar social, afirmó que la esclavitud en el país “había quedado escondida durante años”.

Agregó: “Nuestras políticas están diseñadas para incentivar a más víctimas de abusos a denunciar los casos y pedir ayuda”.

La funcionaria conservadora añadió: “Le damos la bienvenida al hecho de que haya más denuncias de casos de este tipo y consideramos que dichas denuncias son señal de que nuestros esfuerzos para revelar el flagelo que es la esclavitud moderna están funcionando”.

Anne Read, directora del área de esclavitud moderna y contra el tráfico de personas de Salvation Army, dijo que la naturaleza de dichos delitos “hace que sea siempre difícil conocer toda la extensión del problema”.

La experta destacó que “el aumento de denuncias puede que se deba a que hay más víctimas, pero también a las mejoras en los programas públicos de entrenamiento a asistentes sociales y a una mayor concientización de la población”.

De cualquier forma, consideró que el programa actual del gobierno para dar ayuda y apoyo a las víctimas de esclavitud moderna “es insuficiente”.

Según su análisis, “si estas víctimas no obtienen el apoyo que necesitan, entonces el peligro es que puedan volver a ser explotadas. Eso es lo peor que les podría pasar”.

Read consideró que “45 días no es tiempo suficiente para darles apoyo. Les da tiempo para respirar, tal vez para recuperar su status quo, pero ese es sólo el comienzo del proceso”.

El Ministerio del Interior indicó que el período inicial de 45 días de ayuda a las víctimas podría ser extendido a otros 14 días bajo ciertas condiciones, que aún no fueron precisadas.

En julio pasado, poco después de asumir como primera ministra británica, Theresa May escribió un artículo para el dominical inglés The Sunday Telegraph en el que indicó que Gran Bretaña “será líder mundial en la lucha contra la esclavitud moderna”.

Su texto decía: “Mi objetivo es crear una nueva ‘fuerza de tareas’ dentro del gabinete británico y destinar 33 millones de libras (43 millones de dólares) del presupuesto de ayuda internacional para financiar iniciativas en el extranjero”.

Un reciente informe elaborado a un año de la Ley contra la Esclavitud Moderna de 2015 –que creó May cuando se desempeñaba como ministra del Interior británica–, concluyó que el año pasado fueron procesadas 289 personas por el delito de esclavitud. Reconoció que esa cifra podría aumentar a medida que se incrementan las denuncias por ese flagelo.

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