“Mi paso a la historia, inevitable”

LOS ÁNGELES, CAL. (Proceso).– Juan Gabriel está sentado en medio de un sofá blanco e inmenso en la sala de su casa en el oeste de Los Ángeles. Es casi el mediodía del miércoles 28 de julio de 1993 y está en pijama, en pantuflas y despeinado. Se acaba de despertar y pide con amabilidad que no se le tomen fotos.

“No es que sea grosero, es que no estoy presentable. Anoche me desvelé después de los ensayos y mire cómo quedé”, se excusa, ríe y estira los brazos para desperezarse.”

En tres días más daría un concierto en el estadio Rose Bowl de Pasadena, en el área metropolitana de Los Ángeles, y a pesar de su experiencia de 22 años en los escenarios populares más exigentes de América Latina y Estados Unidos estaba más ansioso que de costumbre.

No era cualquier concierto. Hasta ese momento, ningún artista latino había actuado en el Rose Bowl. Además, esa sería la primera presentación de Juan Gabriel fuera de la órbita de Televisa, que era entonces el más poderoso emporio de las telecomunicaciones de habla hispana. El exitoso cantautor había vendido los derechos a la principal competencia de esa televisora en Estados Unidos: la cadena en español Telemundo.

Fama y humildad

–Usted, Juan Gabriel, ha tenido una vida difícil, con una niñez en un orfanato, pero después logró el éxito y le ha ido muy bien. A sus 43 años, ¿es un hombre feliz?

–Yo sí, por supuesto que sí. Tengo todo para serlo, soy mexicano, tengo más de 25 años, soy demasiado feliz. Se lo juro. Se lo juro que sí, porque yo tengo mi conciencia muy tranquila. Soy alguien. Y he luchado mucho por estar donde estoy.

–¿Usted está consciente que es un fenómeno de masas y un ídolo popular?

–Sí, sí, pero no me la he creído –dice riendo–, y no me la he creído porque si yo me creyera de todas las adulaciones que me han hecho, pues ya estuviera muerto. También, si yo me creyera todo lo malo que han dicho de mí, pues también estaría muerto. Pero uno en la vida debe de tener equilibrio.

–Sí, ¿pero usted sabe lo que es para muchos millones de latinoamericanos?

–Claro que sé lo que soy, el lugar que tengo, porque yo estoy seguro de mí, y soy lo que he querido. De eso estoy seguro y convencido, lo que pasa es que no me lo creo –sonríe.

–¿La fama llega a agobiar?

–Yo siempre fui famoso, yo estoy acostumbrado a la fama. Siempre estuvo conmigo porque yo desde muy chiquitito he cantado, desde mis inicios en Ciudad Juárez. Pero en esta vida no es lo más difícil conseguir la fama ni el éxito. Lo más difícil es merecerlo.

–Entonces no le ha sido difícil lidiar con la fama…

–Lo más difícil es conseguir la humildad, en eso sí yo me esmero mucho. Porque para mí la fama la conseguí a costa de mi trabajo, mi esfuerzo y expresando mis sentimientos de una forma musical. Es así como nos hemos identificado con la gente. He despertado mucho cariño y ellos en mí también, mucho amor, porque en la vida todo es recíproco. Entonces, en lo que yo me esmero mucho es en conseguir la humildad, porque eso es lo más difícil.

–¿De vez en cuando se le suben los humos a la cabeza?

–No tengo por qué se me suban los humos. En primer lugar, porque yo vengo de una mujer muy divina, muy sabia, que era de Michoacán, de gente muy, muy humilde, inclusive de indios. Entonces, tenía una especie de sabiduría muy bella, independientemente de que era sirvienta. Y no me da pena decirlo, porque yo creo que lo más bello en la vida es servir, en la forma en que sea, porque el que no vive para servir no sirve para vivir.

–Entiendo su sentido de la humildad, pero le insisto, usted es muy popular. ¿Considera que como artista popular ya pasó a la historia?

–Pues sí, porque eso es inevitable. No es lo que yo quise. Todo lo que yo he hecho es porque yo he querido ayudar a mi familia, pero cuando una persona hace las cosas para un bien, le resultan muchas cosas positivas. Igualmente, a una persona que hace las cosas para mal, le suceden muchas cosas negativas.

–Pero su vida ha sido cuesta arriba.

–En mi caso yo emplee mi tiempo en ser cada vez mejor, porque yo eso me lo metí en la cabeza como si hubiera sido un balazo, y ese es mi camino. Entonces obviamente que, si yo dejo de estar aquí, en la tierra, pues obviamente yo paso a la historia aunque yo no lo quiera. No es falta de modestia –dice sonriendo.

–¿Por qué es tan cauteloso para dar entrevistas?

–Yo por lo regular entrevistas no concedo porque son muy pocas las personas que pueden entender mis palabras. Por lo regular mis palabras solo las oigo yo.

–¿No es por mantener su vida privada lejos de los reflectores?

–Yo no tengo ninguna vida personal ni tengo vida privada porque mi vida está muy en público, muy por encima de todas esas cosas. Mi vida es la que usted mira y la que se ve cuando yo salgo y canto en el escenario. Pero estoy consciente también de que esas cosas que se dicen de mí venden mucho porque no dejan de ser noticia.

–¿En algunas de las cosas que se han dicho de usted se ha sentido difamado?

–Pues sí, cómo no. Y no es que me duela a mí, porque como le digo: si no es cierto lo que dicen, para qué me preocupo, y si es cierto, pues ya qué le voy a hacer, ya la regué y, ni modo, muy mi problema. Pero a lo mejor lo que se dice o se deja de decir de mí yo mismo lo he provocado, a lo mejor hasta con astucia. No sé, ¿verdad? –dice con una sonrisa y extendiendo las manos.

–A usted le dicen El divo de Juárez. ¿Se siente identificado con la palabra divo?

–Si la gente me quiere llamar divo o “Amor eterno” o “Inolvidable” (esos son los títulos de dos de sus canciones) o qué sé yo, pues no importa. Yo soy un producto nacional, alguien del dominio público. Pero, más que nada, soy alguien agradecido de todo el amor de la gente. Eso es lo que me avala en mi vida, porque eso es lo que yo he sembrado: amor, respeto, mis canciones.

–Es usted un hombre muy acaudalado, famoso, querido por la gente. ¿Qué le falta en la vida?

–Nada –dice con serenidad–. Para mí lo más bello es haber llegado aquí y no pasar desapercibido por el mundo.

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* Fragmento de la entrevista difundida por la Agencia Notimex el 31 julio de 1993. El periodista es actual corresponsal de Proceso en Colombia.

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